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22 de mayo de 2019

Obsesión


OBSESIÓN Y TRASTORNOS MENTALES

Por Marta Antunes Moura- Revista “El Reformador” Mayo de 2019
 Traducción Alessandra Almeida
En "El libro de los médiums", Allan Kardec conceptualiza obsesión como la acción persistente o el dominio que algunos espíritus logran adquirir sobre ciertas personas.
Es practicada por los espíritus inferiores, que buscan dominar. Presenta caracteres muy diversos, desde la simple influencia moral, sin perceptibles signos externos, hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales.
Los espíritus que producen obsesión, conocidos como obsesores, presentan una característica muy específica que es la imposición. Esto es, ellos dan órdenes y quieren ser obedecidos. 
Por otra parte, al individuo que se encuentra bajo el yugo obsesivo se le denomina obsesionado. El cuadro obsesivo se refiere a las acciones del obsesor y del obsesionado. La obsesión no se restringe a la acción nociva de un perseguidor (el obsesor) y el sufrimiento de una víctima (el obsesionado).
Se trata de un proceso complejo, muchas veces de difícil resolución, sobre todo en las obsesiones graves, que puede estar vinculado a las experiencias vividas en otras encarnaciones y en los comportamientos y estilos de vida de la actual existencia.
Para las ciencias médicas, la obsesión se define como un "estado mental neurótico de tener un deseo incontrolable de insistir en una idea o una emoción".
Habitualmente, el paciente es consciente de la anormalidad e intenta oponer resistencia a esos pensamientos. El neurótico es el individuo que sufre o padece neurosis, palabra que presenta diferentes significados para la Medicina.
Algunos investigadores creen que su uso debe quedar limitado a la descripción de un síntoma mental desagradable en un individuo que está intacto, en las pruebas que evalúan la realidad; otros estudiosos lo han aplicado al proceso etiológico, y conflicto inconsciente que hace aflorar la ansiedad. Por otro lado, algunos investigadores consideran que las neurosis poseen una base física. Para confundir aún más el cuadro, algunos pretenden abandonar completamente los términos neurosis y psiconeurosis, sustituyéndolos por disturbios de la ansiedad (estados de pánico, fobias y neurosis obsesivas-compulsivas.
Toda acción obsesiva es siempre desagradable, penosa y fatigosa: "ella provoca una agitación febril, movimientos bruscos y desordenados debido a la asociación con entidades espirituales de baja vibración moral, lo que hace aumentar la desarmonía psíquica que, a su vez, se refleja en el cuerpo. 
La acción de los bienhechores espirituales, manifestada por la oración, pase o agua magnetizada, "por el contrario, es tranquila, suave, y agradable".
Las causas de la obsesión son variables y, para combatirlas o neutralizarlas, es necesario imponer una acción contraria y efectiva.
De la misma manera que las enfermedades resultan de las imperfecciones físicas, que hacen al cuerpo accesible a las influencias perniciosas exteriores, la obsesión es siempre el resultado de una imperfección moral, que da acceso a un espíritu malo.
A causas físicas se oponen fuerzas físicas; a una causa moral, se tiene que oponer una fuerza moral.
Para preservarlo de las enfermedades, se fortifica el cuerpo; para librarlo de la obsesión, es necesario fortificar el alma.
De ahí la necesidad de que el obsesionado trabaje por su propia mejora, lo que basta en la mayoría de las veces para liberarlo del obsesor, sin recurrir a terceros.
El Espíritu Emmanuel enseña que, independientemente de que la obsesión esté asociada a trastornos mentales, hecho que puede agravar el proceso obsesivo, las enfermedades tienen origen en los comportamientos del Espíritu inmortal.
La mayoría de las molestias proceden del alma, de las profundidades del ser.
¿Cuántas enfermedades bautizadas por la ciencia médica no pasan de estados vibratorios de la mente en desequilibrio?
Cualquier desarmonía interior atacará naturalmente al organismo en su zona más vulnerable (locus minoris resistentiae). Uno experimentará los efectos en el hígado, otro, en los riñones, y, aún otro, en la propia sangre.
En tesis, todas las manifestaciones mórbidas se reducen al desequilibrio, cuya causa dimana del mundo mental.
Los trastornos o disturbios mentales son disfunciones en el funcionamiento de la mente, que pueden afectar a cualquier persona en cualquier edad y, generalmente, son provocados por complejos cambios en el sistema nervioso central.
Se trata de una condición patológica de la mente.
En este sentido, la mediumnidad y la obsesión podrían ser fácilmente entendidas como un estado patológico de la mente, si se considerase sólo la práctica médica o psicológica.
Especialmente porque durante el trance mediúmnico y en los graves procesos obsesivos (fascinación y subyugación) el individuo se encuentra en un estado alterado de la conciencia.
En realidad, el futuro nos apunta a un estudio más profundo del pensamiento y de los procesos mentales. André Luiz aclara al respecto:
"Como cimiento vivo de todas las realizaciones en el plano físico y extrafísico, encontramos el pensamiento por agente esencial. Sin embargo, sigue siendo materia - la materia mental, en la que las leyes de la formación de las cargas magnéticas o de los sistemas atómicos prevalecen bajo nuevo sentido".
 Otro gran desafío científico es definir criterios que aclaren lo que es acción obsesiva, provocada por Espíritus desencarnados, y un trastorno mental, ya que ambos pueden presentar síntomas iguales o similares. Sin embargo, es un hecho que todos los pacientes que dicen ver y sentir la presencia de seres espirituales, oírlos o conversar con ellos, ocasional o frecuentemente, sufren de un desorden mental.
El proceso inverso también es cierto: no todos los pacientes con trastornos mentales presentan procesos obsesivos. De ahí el peligro y la imprudencia que, a veces, ocurren en el medio espírita, al definirse una facultad mediúmnica ostensiva o un proceso obsesivo. Todo cuidado es poco.
En realidad, la Medicina y las Neurociencias tienen por delante un largo camino por recorrer en sus estudios e investigaciones, porque se sabe que el cerebro no ve, oye o siente el mundo exterior, sino que construye respuestas a los estímulos que recibe (interna o externamente) del Espíritu. Se puede, entonces, hacer lectura errónea de los estímulos captados por el médium o por el obsesionado identificándolos como ilusiones o alucinaciones, comunes a los procesos patológicos de la mente.
¿Cuántos no se resignan con las verdades que la Doctrina Espírita ha dilvulgado a la mente humana desde hace más de un siglo?, dicen inconscientemente que la mediumnidad genera la locura.
Y multiplican teorías complicadas que les justifiquen el modo de pensar, observándola simplemente como "estado mórbido", dando la idea de especialistas que sólo examinan los problemas del hombre natural a través del hombre enfermo.
En vista de la mediumnidad como percepción peculiar de la estructura psíquica de cada uno de nosotros, la encontraremos en los más diversos grados en todas los seres humanos.
A la vista de ello, podemos situarla fácilmente en el campo de la personalidad, entre los demás sentidos de que se sirve el Espíritu, a fin de expresarse y evolucionar hacia la vida superior.
No ignoramos, sin embargo, que los sentidos descarriados conducen fatalmente a la distracción y al desvarío.

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