24 mayo 2019

Dr. Bezerra Menezes


  Oración psicografiada por Divaldo Franco


!Señor!
Algunos hombres se reúnen en el mundo para pedir y quejarse, maldiciendo. 
 
En cambio, las legiones humanas dedicadas a la fe se entregan para que las comandes; las multitudes sintonizan contigo buscando servirte.

Permítenos ahora agradecerTe por estos días de entendimiento fraternal que vivimos en la Casa que nos habéis prestado para la planificación de las actividades evangélicas del futuro.

 Permítenos hacer esta petición, con agradecimiento y alabanza de forma diferente.

Cuando casi todos piden por los infelices, nos atreveremos a suplicar por los verdugos; cuando los corazones suplican en favor de los caídos, de los delincuentes, de los que se agreden, nos proponemos interferir en beneficio de los que fomentan las caídas, los delitos y la violencia; cuando los pensamientos se vuelven a interceder por los paralíticos, los carentes, los desilusionados, nos alentamos a formular nuestras rogativas por aquellos que responden por todos los errores que asolan la Tierra, estableciendo la miseria social, la quiebra moral y el pronunciado descenso de la ética en el comportamiento.

No te queremos pedir por las víctimas, sino, por sus verdugos, los que entenebrecen los sentimientos, la conciencia y la conducta, complaciéndose como chacales sobre los cadáveres de los vencidos.

Tú que eres nuestro Pastor y prometiste apoyo a todas las ovejas, tienes misericordia de ellos, los hermanos que se han cegado a sí mismos y, ensangrentados, atienden las llamaradas del odio en la Tierra y fomentan las desgracias que dominan en el mundo.

Tú puedes hacerlo, Señor, y es por eso que, Te agradezco todos los dones de la paz que hemos disfrutado. No podemos olvidar a aquellos que arden en las llamaradas crueles de la ignorancia, alucinados por los desequilibrios que los hacen profundamente desdichados.

Canaliza nuestros sentimientos de amor hacia los hermanos enloquecidos en la voluptuosidad del placer, que congelaron el corazón lejos de los sentimientos de humanidad y que tendrán que despertar, un día, bajo el látigo de la conciencia que nadie puede evitar.

Porque ya pasamos, en épocas remotas, por estos caminos, es que te suplicamos por ellos, los hermanos más infelices que desconocen la propia negligencia.

En cuanto a nosotros, enséñanos a no disfrutar de la felicidad mientras haya en la Tierra y en la Patria del Cruzeiro seres humanos que lloran,  que se debaten en los desvíos de la perturbación, y, que consciente o inconscientemente, niegan Tu sabiduría, Tu amor y Tu guía con ternura como Pastor que eres de nuestras vidas.

Cuando tus discípulos, aquí reunidos, terminamos esta tarea del día, nos damos las manos, y, emocionados, repetimos como los devotos del pasado: 
 
- "¡Ave Cristo! En tus manos depositamos nuestras vidas, para que de ellas hagas lo que sea conveniente, sin consultar lo que queremos, porque sólo tú sabes lo que es de mejor para nosotros".

Hijos del alma, que os bendiga el Padre de Misericordia y que Jesús permanezca con nosotros son los votos del servidor humilde y paternal de siempre.

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