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29 marzo 2025

PRINCIPIOS ESPÍRITAS I



 Como ciencia, el Espiritismo se dirige a la razón; ¿pero cómo se dirige al corazón humano?

1 ° Como consolador en la prueba; 2 ° Haciéndole amar la vida, la naturaleza, el universo, como una obra solidaria y armoniosa, totalmente impregnada de amor, poesía, belleza.

 

 ¿Cómo consuela el Espiritismo al hombre en sus pruebas?

– Dándole a entender que el sufrimiento es una educación necesaria para su destino; que engrandece el alma, forma el juicio, templa el carácter, refina las sensaciones, e inspira el sentimiento noble de piedad, por el cual nos parecemos más a Dios.


Estos son los consuelos que todavía se dirigen a la razón; pero las verdaderas penas del corazón, tales como la pérdida de aquellos a los que queremos, de una madre, de un niño, de un amigo, etc., ¿no son absolutamente penas inconsolables?

− No hay penas inconsolables. Precisamente son las que el Espiritismo consuela mejor, ya que, gracias a su enseñanza y gracias a sus prácticas, sentimos alrededor nuestro la presencia de nuestros difuntos queridos. Su fluido nos envuelve; nos hablan, a veces se dejan ver y hasta fotografiar. La fe religiosa da solamente la esperanza: el Espiritismo da la certeza y hace tocar la realidad.


¿El Espiritismo niega pues a la muerte? 

− No, pero la libra de espantos y temores de los perjuicios que la rodean. El Espiritismo nos hace amar la vida y nos enseña a no temer a la muerte.


¿Cómo hace amar la vida el Espiritismo?

− Presentándola como una de las etapas necesarias de nuestro destino. Además, nos da a entender cómo la existencia humana, a pesar de su duración y sus apariencias efímeras, se relaciona con plano general de evolución, de amor y de belleza que constituye el universo.

(...) La suprema dicha consiste en el goce de todos los esplendores de la Creación, que ninguna lengua humana podría expresar y que ni la imaginación más desarrollada podría concebir. 


Consiste en el conocimiento y la penetración de todas las cosas, en la carencia de todas las penas físicas y morales, en una satisfacción íntima, en una serenidad de alma que nada turba, en el amor puro que une todos los seres, resultado de ningún roce ni contacto con los malos, y, sobre todo, en la visión de Dios y en la contemplación de sus misterios revelados a los más dignos. 


Consiste también en las funciones, cuyo encargo es una dicha. Los espíritus puros son los mesías mensajeros de Dios para la transmisión y la ejecución de sus voluntades. Llevan a cabo las grandes misiones, presidiendo a la formación de los mundos y a la armonía general del Universo, cometido glorioso al cual se llega con la perfección. Los espíritus de rango más elevado son los únicos iniciados en los secretos de Dios, inspirándose en su pensamiento, puesto que son sus representantes directos(...) 

(Cielo e Infierno. Allan Kardec).


 ¿Cómo se relaciona la vida humana con el plano general del universo?



− Como la parte se relaciona con el todo; así como el detalle se reduce del conjunto. El universo es el océano eterno de la vida; la existencia humana procede de allí en su principio y regresa allí a su fin.


 ¿No es justamente lo que se conoce por panteísmo?

− En forma alguna, porque el ser humano, es decir el espíritu encarnado o desencarnado, conserva su personalidad y su identidad en la vida universal, como ciertas corrientes que circulan en el océano sin mezclar sus aguas con él.


 ¿Si la vida humana no existiera, faltaría entonces alguna cosa en el universo?

− Ciertamente, porque el hombre resume en si mismo todas las vidas de los diversos reinos de la naturaleza: del mineral, del vegetal, del animal, y los completa por la conciencia y la libertad. La vida humana es el fenómeno consciente de la naturaleza.


¿La naturaleza es, pues, eterna?

La naturaleza es el efecto; solo la causa es eterna: es Dios.


 Entonces, ¿Dios es el autor de la naturaleza?

− Sí; por todas partes encontramos su fuerza, su inteligencia, su amor y el reflejo de su belleza.


¿La naturaleza es entonces el reflejo de Dios?

− Sí; la naturaleza es una transparencia bajo la cual se descubre a Dios; cada uno de los fenómenos de la naturaleza es el símbolo de un pensamiento divino.


 ¿Cómo es que tan pocos hombres ven la naturaleza de esa manera?

− Porque el mayor número de hombres mira estas cosas con un ojo cansado por la costumbre o falseado por la pasión. El hombre que guardó la juventud del corazón y la pureza de la mirada ve la naturaleza y la vida en la verdadera luz. Es en este sentido que Jesús dijo: «felices los corazones puros, porque verán a Dios» y también: «si su mirada es simple, todo su cuerpo será iluminado.»



¿Pero esta forma de comprender la naturaleza no es exclusivamente mística puesto que la ciencia moderna ve allí sólo un fenómeno puramente material?

− Precisamente es el error de la ciencia contemporánea ver en la naturaleza sólo el fenómeno material; y es también su castigo no poder, a causa de ello, abarcar la ley de la naturaleza ni la vida profunda de los seres que encierra. El espírita, como su nombre indica, busca siempre en todas partes "el espíritu " de las cosas; y es el espíritu que le responde y le instruye.


¿Así, el espírita está en comunión más íntima con la naturaleza?

− Ciertamente; esa es la comunión verdadera y universal. En medio de la naturaleza, el espírita nunca está solo. El mundo de los espíritus le rodea, una protección invisible le envuelve; por todas partes descubre un misterio y oye voces. Siente que un amor inmenso queda en el fondo de toda vida; que cada ser repite un canto del gran poema y aporta su nota particular al concierto universal.



Dijo antes que el Espiritismo tenía también una estética especial, ¿se entiende como una concepción de la Belleza?

− Es la única estética, la única que es adecuada a la razón universal: la estética espiritualista.


 ¿Qué es la estética?

− Es la ciencia de las leyes de la belleza.


¿Qué es la belleza?

− Es aquello que gusta al espíritu y encanta los ojos.


¿Por qué lo que es bello es aquello que gusta al espíritu y a los ojos?

− Porque lo bello está conforme con la naturaleza, como la naturaleza, a su vuelta, está conforme con la idea divina, que es el modelo eterno.

¿La naturaleza es pues la expresión de la belleza?

− Sí, la naturaleza es el primer hecho estético que se impone a nuestro pensamiento y a nuestras miradas. Es la regla impecable, el modelo de donde las artes sacarán siempre la medida de su inspiración.


¿Cómo expresa el hombre la belleza de la naturaleza?

− Por las artes.

 ¿Qué son las artes?

− Las artes son la expresión material de los tres elementos que constituyen la belleza, es decir la idea, la forma y la vida.


 ¿Dónde saca el artista la idea o mejor el ideal de sus obras?

 − En la contemplación interior de una belleza increada, divisada como un espejismo de la belleza eterna, que es Dios visto en sus obras. Es esta visión interna que llamamos concepción del genio e inspiración.


¿El artista no debe simplemente imitar entonces a la naturaleza?

− Si, pero no debe ser el copista servil, como lo pretende la escuela denominada realista. Debe tomarle solamente las formas sensibles, los signos materiales necesarios para dar cuerpo al ideal que está en él. Cuanto más un artista se acerca al ideal, más expresa la realidad; lo mismo que cuanto más nos acercamos a un alma, mejor poseemos y conocemos al hombre entero.




¿Cuál diferencia hay entre las Artes, las Ciencias y la Industria?

− Son esas, tres formas de la actividad humana que tienen cada una su objeto particular, pero que se solidarizan por la unidad del plazo que deben alcanzar. La industria tiene como objeto la utilidad bajo todas sus formas: oficios, invenciones, descubrimientos, etc.; la ciencia tiene como objeto las leyes que rigen la esencia de las cosas y de los seres, es decir la verdad; las artes tienen como objeto la belleza, que es el esplendor de la verdad, es decir el brillo del Ser en el universo.


¿La Verdad y la Belleza no deben unirse para constituir el Bien?

− Evidentemente, la verdad, la belleza y el bien son una sola y única cosa; son tres facetas de un solo y único diamante: la verdad, que es la ciencia, la belleza, que es el arte, deben resumirse en el bien, que es el amor. «Toda ciencia, dijo un pensador, que no nos lleva al amor es una ciencia estéril que se traiciona a si misma.»


(...)En efecto, el Espiritismo nos demuestra el porvenir bajo un nuevo aspecto más a nuestro alcance. Según él, la dicha está más cerca de nosotros, está a nuestro lado, en los Espíritus que nos rodean y que nunca han cesado de relacionarse con nosotros. 


La moral de los elegidos y de los condenados no está aislada; existe incesante solidaridad entre el cielo y la tierra, entre todos los mundos de todos los universos; la dicha consiste en el mutuo amor de todas las criaturas llegadas a la perfección y en la constante actividad cuyo objeto es el de instruir y conducir hacia aquella misma perfección a los que están atrasados. 


El infierno está en el corazón del mismo culpable que haya castigo en sus propios remordimientos, pero no es eterno, y el perverso, entrando en el camino del arrepentimiento, encuentra la esperanza, sublime consuelo de los desgraciados.


 ¡Qué inagotables manantiales de inspiración para el arte! ¡Que obras maestras de todo género no podrán originar las nuevas ideas, reproduciendo las escenas tan múltiples de la vida espiritista! En vez de representar despojos fríos e inanimados, se ve a la madre teniendo a su lado a la hija querida en su forma radiante y etérea; la víctima perdonando a su verdugo; el criminal huyendo en vano del espectáculo sin cesar renaciente de sus culpables acciones; el aislamiento del egoísta y del orgulloso en medio de la multitud: la turbación del Espíritu que nace a la vida espiritual, etc., etc. 


Y si el artista quiere levantarse por encima de la esfera terrestre hasta los mundos superiores, verdaderos edenes en que los Espíritus adelantados gozan de la felicidad adquirida, o reproducir algunas escenas de los mundos inferiores, verdaderos infiernos en que reinan como soberanas las pasiones, ¡que conmovedoras escenas, que cuadros palpitantes de interés no reproducirá! 


Si, el Espiritismo abre al arte un campo nuevo, inmenso e inexplorado aún, y cuando el artista reproduzca con convicción el mundo espiritista, tomar en semejante origen las más sublimes inspiraciones, y su nombre vivirá en los futuros siglos, porque a las preocupaciones materiales y efímeras de la vida presente, sustituirá el estudio de la vida futura y eterna del alma (...) (Obras Póstumas. Kardec.)



Entonces, ¿todo debe resumirse en el amor?

− Sí, el amor es el principio y el fin de las cosas; todo procede de él; todo debe regresar a él. Es la ley de progreso para los pueblos; es la condición del adelanto para el individuo. Toda la ley del destino se encuentra en esta palabra.


¿Cómo es el amor ley del progreso para los pueblos?

− Lo mismo que Dios hizo los granos de arena para vivir unidos en la misma orilla, los granos de trigo para abrazarse sobre la misma espiga y los granos de uva sobre el mismo racimo, así hizo a los hombres para vivir unidos en la familia, luego en la ciudad, en el país, y finalmente en la humanidad. Es la condición esencial de la civilización.


(...) La ley grabada en la conciencia se enseña a todos. Dios ha hecho de la dicha el precio del trabajo y no del favor, a fin de que indudablemente tuviesen los hombres el mérito de ella. Cada uno es libre de trabajar o de no hacer nada para su adelanto. El que trabaja mucho y pronto, antes es recompensado, mientras que el que se extravía en la ruta o pierde su tiempo, retarda su llegada, y no puede culpar a nadie sino a sí mismo. El bien y el mal son voluntarios y facultativos. Siendo libre el hombre, no es impulsado fatalmente ni hacia el uno ni hacia el otro. (Cielo e Infierno. Allan Kardec).


¿Entra pues en el plano del amor, es decir en plano de Dios, que todos los hombres sean hermanos y que todos los pueblos se unan un día en la fraternidad universal?

− Sí, es la ley del amor devolver todo a la unidad, es decir a la imagen y semejanza de Dios, que es uno.


¿Esta noción del amor humanitario no destruye la noción del patriotismo?

− De ninguna manera, pero la explica y la modifica según la misma ley de la naturaleza y de los progresos de la historia.

¿Cómo hace eso?

− La ley de la naturaleza y la de la historia piden que el círculo del amor progresivamente se extienda en el curso de los siglos. La humanidad, en cada una de sus etapas, el hombre, en cada una de sus existencias, se afinan y se dilatan más. Es para amar cada vez más que los hombres y los pueblos están sometidos a la ley ineluctable de las reencarnaciones aquí abajo y en otros mundos del espacio. La vida individual y la vida colectiva evolucionan por ciclos: el primero, es la familia; el segundo, la ciudad; la tercera, la patria; la cuarta, la humanidad; el último, el universo.


(...)El principio siempre es el mismo: para los Espíritus elevados la patria es el universo. 


En la Tierra, es el lugar donde se encuentra la mayor cantidad de personas con las que simpatizan.” La situación de los Espíritus y su modo de ver las cosas varían hasta lo infinito en virtud de su grado de desarrollo moral e intelectual. 


Por lo general, los Espíritus de un orden elevado sólo permanecen en la Tierra por poco tiempo. Todo lo que se hace en este mundo es tan mezquino en comparación con las grandezas de lo infinito; las cosas a las cuales los hombres otorgan más importancia son tan pueriles para los Espíritus, que estos encuentran aquí pocas razones para sentirse atraídos, a menos que se los haya convocado para cooperar en el progreso de la humanidad. 


Los Espíritus de un orden intermedio vienen a la Tierra con mayor frecuencia, aunque consideran las cosas desde un punto de vista más elevado que cuando estaban vivos. 


Los Espíritus vulgares, en cierto modo, están asentados aquí, y constituyen el conjunto de la población circundante del mundo invisible. Han conservado con escasas variantes las mismas ideas, los mismos gustos y las mismas inclinaciones que cuando tenían la envoltura corporal. Se entrometen en nuestras reuniones, en nuestros asuntos y entretenimientos, en los que toman parte más o menos activa, según su carácter. Como no pueden satisfacer sus pasiones, gozan junto con los que se entregan a ellas, y los incitan a hacerlo. No obstante, entre esos Espíritus los hay más serios, que ven y observan para instruirse y perfeccionarse (...) 

(Libro de los Espíritus. Kardec. #317).



¿A qué ciclo de la historia humana hemos llegado actualmente?

− Al ciclo de transición entre al amor a la patria y al del género humano.


¿Así, el patriotismo está llamado a desaparecer?

− En su noción exclusiva y celosa, sí; en su noción histórica e íntima, ¡no!


¿Qué entiende usted por esto?

− Hay un patriotismo estrecho y feroz que es el egoísmo de los pueblos, ése debe perecer. El que un hombre viva a este lado de la frontera, y otro más allá, no resulta que deban odiarse, pelearse y matarse. Pero hay un patriotismo que cada hombre lleva en su corazón, que está hecho de emociones íntimas, alegrías y dolores comunes, memorias sagradas; ése jamás perecerá; forma parte integrante de la conciencia humana. 


No obstante, esta noción íntima se dilata y se engrandece con el progreso de la vida, la supresión de las distancias que separan los pueblos, el carácter internacional de las relaciones que las reúnen. Un día, este patriotismo será absorbido por la humanidad entera; la verdadera patria estará por todas partes dónde el hombre puede nacer, amar y morir. La difusión del Espiritismo ayudará a esta transformación.


¿Y después del amor de la humanidad, será el amor universal?

− Sí. El pensamiento y el amor siguen la misma ley. Lo mismo que el progreso del pensamiento humano consiste en abrazar horizontes cada vez más vastos, y que el genio del hombre puede ser adecuado al universo, así el corazón humano también, debe dilatarse, ensancharse indefinidamente por los crecimientos del amor. Es por la ley que el hombre se acerca a Dios. Nos hicimos «a su imagen y a su semejanza» solo por la facultad que poseía nuestro espíritu de abrazar todo el universo en un solo y único arranque de amor.




¿No estamos todavía muy lejos de realizar este ideal de amor y de bondad universales?



− Colectivamente, sí; individualmente, ¡no! Existen actualmente sobre la Tierra almas que han llegado a tal grado de evolución que sus aspiraciones son más vastas y más grandes que el mundo donde viven. Sus sacrificios, por ejemplo, sus actos de amor son la fuerza más grande del género humano. Es con las almas sublimes que Dios prepara las grandes transformaciones morales del futuro.


¿Podemos esperar que un día la humanidad colectiva alcance este ideal de amor y de bondad, que es solamente reparto de algunas almas de élite?

− Sí, sea en este mundo, sea en otros. Es la ley de los mundos que ellos también deben ascender en la luz y en el amor al mismo tiempo que los espíritus encarnados en su superficie


¿Así los mundos habitados también evolucionan en el amor universal?

− Sí. Lo mismo que soles innumerables son llevados, con sus comitivas de planetas, hacia un centro irresistible que los atrae, así las almas y el mundo gravita alrededor del sol eterno, alrededor de la Inteligencia suprema: Dios. Esta ascensión, esta subida del universo hacia las cumbres constituye el progreso ilimitado en la luz, el movimiento, la actividad, la alegría serena. Es la vida eterna en la acepción plena de la palabra, que resume todo el destino de los seres, toda historia de los pueblos, toda evolución universal.


(...) El amor no tiene límites, llena el espacio, dando y recibiendo a sus divinos consuelos. “El mar se extiende en perspectiva infinita. Su último límite parece confundirse con el cielo, y el espíritu se deslumbra con el magnífico espectáculo de estas dos grandezas. Así es que el amor, más profundo que las olas, más infinito que el espacio, debe reuniros a todos, hombres y espíritus, en la misma comunión de caridad, y obrar la admirable fusión de lo que es finito y de lo que es eterno.”(...) 

(Cielo e infierno. Allan Kardec).


(...) El Espíritu que tiene el sentimiento de la armonía, es como el Espíritu que ha adquirido un caudal intelectual; ambos gozan de la propiedad inalienable que han amasado. 


El Espíritu inteligente que enseña la ciencia a los que la ignoran, goza la dicha de enseñar, porque sabe la felicidad que procura a los que instruye; lo mismo sucede con el que hace vibrar el éter a los acordes de la armonía que está en él, pues goza de la dicha de ver satisfechos a los que le escuchan. 


La armonía, la ciencia y la virtud son las tres grandes concepciones del Espíritu: la primera le arrebata, la segunda le ilumina y la tercera le eleva. Poseídas en toda su plenitud, se confunden y constituyen la pureza. 


¡Oh! Espíritus puros que tenéis la armonía, la ciencia y la virtud, ¡descended a nuestras tinieblas e iluminad nuestro camino! ¡Mostradnos la guía que habéis tomado con el fin de que sigamos vuestras huellas! (...) 

(Obras Póstumas. Allan Kardec.)



Bibliografía consultada

-        Denis, León. Síntesis doctrinaria y Espiritismo práctico.

-        Kardec, Allan. El libro de los Espíritus.

-        Kardec, Allan. El Cielo y el Infierno

-        Kardec, Allan. Obras Póstumas


25 marzo 2023

ESPIRITISMO Y TRANSFORMACIÓN HUMANA

 

 ACCIÓN DEL ESPIRITISMO EN LA TRANSFORMACIÓN HUMANA

 

 

Tres son los elementos fundamentales que el Espiritismo utiliza para transformar la humanidad en una sociedad mejor:


1. Amor,
2. Trabajo,
3. Solidaridad.


1 - El amor


Incluye la comprensión y la tolerancia, pues quien ama comprende al ser amado y sabe tolerarlo en todas las circunstancias. Abarca también la Verdad, pues quien ama sabe que el objetivo supremo del Amor es la Verdad. Nadie ama la mentira, pues hasta los mentirosos apenas soportan la falta de la verdad.


Con el desarrollo psicobiológico, el amor egoísta del hombre a sí mismo se transmuta, según ya vimos, en amor altruista, amor a los otros; que expandiéndose desde el núcleo familiar engloba también a la Sociedad, a nuestro país y a la Humanidad.

 

Algunos espíritas dicen que los espíritas no tenemos patria, porque sabemos que podemos renacer en diferentes países. Eso es absurdo, pues entonces tampoco amaríamos al padre ni a la madre, que con frecuencia varían en diferentes encarnaciones.


El Amor no tiene límites, pero nosotros, los hombres, somos creaciones limitadas y estamos restringidos, en cada existencia, por las limitaciones de la condición humana.


Amamos de manera especial a quienes están unidos a nosotros en esta vida o a los que se unieron a nosotros en vidas anteriores.


Amamos a todos los seres y a todas las cosas en proporción a nuestra disposición mental para comprender la realidad. Y amamos nuestra tierra, el mundo en que nacemos y vivimos, y a la gente a que pertenecemos, sección de la población mundial que corresponde a la población de nuestra Tierra. Y amamos a nuestro planeta Tierra y a toda la humanidad que la puebla, compañeros nuestros y maestros en esta divina aventura por el camino del progreso evolutivo. Y amamos a los que están más allá de la Tierra, en las zonas planetarias espirituales, como amamos, por intuición mental y efectiva a todos los seres y cosas de todo el Universo.

 

Lo ilimitado del amor se impone a los límites temporales de nuestra condición actual. Y ese es nuestro primer escalón hacia la trascendencia espiritual. En la medida en que nuestra capacidad infinita de amar se concretiza en realidad afectiva (nacida de los sentimientos profundos y verdaderos del amor) sentimos que nos vamos elevando a planos superiores de afectividad intelectual y moral, y vamos al mismo tiempo aumentando nuestro respeto a todas las manifestaciones de la vida y de la belleza en todo el Universo.

 

El Amor no es placer, ni preferencia, ni deseo: es afección; es decir, afectividad en acción, flujo permanente de vibraciones espirituales del ser que se expanden hacia todo lo que forma la realidad. Fue por eso que Francisco de Asís amó con la misma ternura y el mismo afecto, llamándolos hermanos, a los minerales, a los vegetales, a los animales, a los hombres y a los astros en el infinito. Las ondas del Amor alcanzan todas las distancias, alturas y profundidades, aunque no puedan ser medidas como hacemos con las ondas hertzianas de la radio.

 

Después de sobrepasar los límites posibles de la Creación, el Amor alcanza su objetivo principal, que es Dios, y en Él se transfunde. El Espiritismo profundiza el conocimiento de la Realidad Universal; no pretende modificar el Mundo en que vivimos por medio de cambios superficiales en sus estructuras. Esa es la actitud de los hombres ante los desequilibrios e injusticias sociales. Mas l@s espíritas van más allá y más hondo buscando las causas de los efectos visibles. Si queremos apagar una lámpara eléctrica, nada adelantamos con soplarla, es necesario desactivar el conmutador que permite el flujo de la electricidad.

 

Si queremos transformar la Sociedad, nada adelantamos con modificar su estructura hecha por los hombres, sino que hemos de modificar a los hombres que modifican las estructuras sociales. El hombre egoísta produce el mundo egoísta, el hombre altruista producirá el mundo generoso, bueno y bello, que todos deseamos. No podemos hacer una buena plantación con malas simientes. Tenemos que mejorar las simientes. 

 

Las relaciones humanas se basan en la afectividad humana. Entre corazones insensibles no hay afecto, y cuando éste falta el dolor campea en el mundo, pues solamente él puede enternecer los corazones endurecidos. El Espiritismo enseña que el corazón de piedra es duro porque le falta comprensión de la realidad debido a la influencia de tradiciones negativas religiosas que el hombre desarrolló en tiempos salvajes y brutales. Cuando se ha ofrecido a los hombres una visión más humana y más lógica de la Realidad Universal, sus relaciones han mejorado.

 

El Espiritismo surgió en una etapa de acelerado desarrollo cultural y espiritual, en que los espíritas contaron y cuentan con los mejores medios de que la humanidad terrestre haya jamás dispuesto para adquirir conocimientos y progresar. En esta época hay que recuperar el amor por la doctrina de la que hablaba Urbano de Asís Xavier, médium destacado brasileiro; recuperar el amor por los compañeros que se dedican a sembrarla renunciando a sí mismos y a sus propias condiciones profesionales e intelectuales; recuperar el amor por el pueblo hambriento de esclarecimientos precisos y seguros; recuperar el amor por la Verdad que continúa sofocada por las mentiras de las tinieblas.

 

Los médiums de grandes posibilidades se ven rodeados de multitudes de aprovechados, que los llevan casi siempre al fracaso o al agotamiento precoz. Solamente los interesados los procuran: los que pretenden aprovechar sus obras en beneficio propio; los que desean solamente presentarse como íntimos del médium; los que procuran consolación pasajera con su presencia; los que buscan chuparles los beneficios fluídicos, etc....


Los mismos médiums acaban muchas veces desanimados y desviándose hacia otros campos de actividades buscan donde poder gozar, por lo menos, de convivencias menos penosas. La explotación inconsciente y consciente de los médiums por los propios adeptos de la doctrina, es uno de los factores más negativos que entorpecen el desarrollo del Espiritismo en el mundo. La contribución que estos médiums podrían dar para la ejecución de las metas doctrinarias se pierde en las menudencias de las consultas personales y los mensajes cotidianos semejantes a confesiones religiosas, tocados más de emoción embaucadora que de raciocinio y esclarecimiento. Eso es lo que todos piden, como niños llorones acostumbrados a dormirse con la monotonía del arrullo. Incluso hasta un médium como Arigó, dotado de un temperamento agresivo como el de Joao Batista y asistido por una entidad positiva como el dr. Fritz, acabó envuelto en una red de intereses contradictorios que lo envolvieron en maniobras que lo aturdieron, mezcladas con calumnias y campañas difamatorias que lo llevaron, en su ignorancia de labriego inculto, a precipitarse, sin quererlo, a su destrucción precoz.

 

Cada espírita, al aceptar y comprender la grandeza de la causa de las Enseñanzas y su finalidad suprema - que es la transformación moral, social, cultural y espiritual de nuestro mundo- asume un serio compromiso con su propia conciencia.


La aparición de un médium como Chico Xavier o Arigó no tiene ya el sentido restringido que tenía la aparición de una pitonisa o de un oráculo en el pasado, sino que tiene una importancia similar a la que tuvo la aparición de un Juan Bautista o de un Cristo en la fase crítica de la caída del mundo clásico grecorromano, durante la trágica agonía de la civilización mitológica. 

 

Actualmente, después de más de un siglo de siembra espírita, en la hora cierta y precisa de la cosecha, vemos nuevamente al pueblo elegido ocupado en intrigas a la Puerta del Muladar, mientras “los romanos crucifican entre ladrones” a quienes se habían sacrificado en reencarnaciones providenciales.


Esa mentalidad de lechuzas agoreras y de troyanos que no escuchan a Casandra, proviene del egoísmo, (esa lepra del corazón humano, según la expresión de Kardec), del comodismo y del prejuicio mental.

 

La falta de estudio serio y sistemático de la doctrina, que permite la infiltración de elementos extraños en el cuerpo doctrinario causándole deformaciones superfluas imaginadas como novedades, envilece con la marca de Caín la conciencia espírita de los grupos de traidores. Esos traidores no traicionan solamente a la doctrina, al Cristo y a Kardec sino también a la Humanidad y al Futuro.

 

¿Dónde queda el principio del Amor en todo esto? ¿Cuál de ellos reveló amor a la Verdad? ¿Cuál probó amar y respetar la doctrina? ¿Cuál mostró amar a su semejante y quiso, por eso, realmente ayudarlo, orientarlo, esclarecerlo? A este fin superior sobreponen el interés falso y mezquino de pavonearse ante los ojos que necesitan luz, de presentarse con un conocimiento superficial ante los que nada saben, imponer a criaturas ingenuas su manera mentirosa de ver la enseñanza pura de Kardec.


El amor no está en los que se confabulan, en los que se comprometen recíprocamente para el engaño, implicándose en la solidaridad de la profanación consciente o inconsciente. El amor está en los que repelen la farsa y condenan el gesto egoísta de los que escamotean la verdad en provecho propio, llevando a multitudes ingenuas y desprevenidas a corromper la doctrina esclarecedora.


El amor en ese caso puede parecer impiedad, mas es piedad, puede asemejarse a la injuria y a la agresión, mas es ayuda y salvación. Las condenaciones violentas de Jesús a escribas y fariseos no fueron dictadas por el odio, sino por la indignación justa, necesaria, indispensable del Maestro, que sacudía a aquellas almas impuras para librarlas de la impureza con que corrompían a las almas sencillas.

 

Quien no tiene inteligencia para comprender eso, debe por lo menos tener la delicadeza del médico André Luiz, quien, arrojado a las zonas del umbral, se contentó con hacer trabajos de limpieza y lavado en los hospitales de los planos superiores para aprender la grandeza de la humildad, la nobleza de los pequeños, en vez de rebelarse contra las leyes divinas en la búsqueda de la Verdad.

 

El movimiento espírita, como todo el negro panorama religioso de la Tierra, está lleno de ignorantes revestidos o no de grados universitarios, que se juzgan maestros iluminados y son solamente los ciegos del Evangelio que conducen a otros ciegos al barranco. Impedirles cometer ese crimen de vanidad afrentosa es el deber de los que saben realmente amar y servir. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!” advirtió Jesús, no para condenarlos al fuego del Infierno, sino para salvarlos del infierno de sí mismos.


2 - El trabajo


Es exigencia del principio de trascendencia. El hombre trabaja por necesidad, como quieren los teóricos de la Dialéctica Materialista. Mas no sólo para suplir sus necesidades físicas de subsistencia y sobrevivencia. No solamente, como quieren los teóricos de la voluntad de poder, para adquirir poder. Ni siquiera, como también pretenden Bentham y los teóricos de la ambición, para acumular posesiones que representen poder. La búsqueda de las causas en ese campo, es trascendente.


En el desenvolvimiento de la Civilización, el trabajo individual se va extendiendo progresivamente, con los métodos de división del trabajo, hacia la fase superior del trabajo colectivo. Por eso, es en el trabajo y a través del trabajo como el ser humano se realiza como ser, desenvolviendo sus potencialidades.

 

La extrema especialización de la Era Tecnológica nació en las cavernas cuando en los primeros clanes el hombre se encargó de la guerra, de la caza y de la pesca, y la mujer de criar, alimentar y orientar a los hijos. La Revolución Industrial en Inglaterra marcó un momento decisivo en la evolución humana para la adquisición de la conciencia de solidaridad humana. Es mediante el esfuerzo común (y hecho en conjunto) de las relaciones del trabajo, como se desenvuelve el sentido de comunidad, comprobando la necesidad del principio espírita de solidaridad y tolerancia para el mayor rendimiento, mayor estímulo y mayor perfeccionamiento de las técnicas de producción.

 

La competencia del mercado, que estimula la ganancia y la voracidad de los individuos y de los grupos, de las empresas y de los sistemas de producción, se opone a la conjunción de las conciencias en la solidaridad del trabajo común que procura el bienestar de todos. Los teóricos que condenan a las comunidades de trabajo orientadas hacia el interés de la mayoría, reducen la finalidad superior del trabajo a intereses mezquinos de enriquecimiento de individuos y de grupos particulares. La propia realidad los contradice con el espectáculo gigantesco del trabajo de la Naturaleza orientada hacia la grandeza de todo.


Remy Chauvin considera a los insectos sociales como expresiones de sistemas colectivos de trabajo y de vida en donde el egoísmo individualista y grupal (socio centrismo) no impidió el desenvolvimiento normal de la solidaridad. La Naturaleza entera es un ejemplo que el hombre rechaza en nombre de su egoísmo, de su vanidad y de sus ambiciones desmedidas. Estos tres elementos funcionan en la especie humana como puntos de atracción hipnóticos que han impedido el libre flujo de las energías libres del trabajo, condensándolas en formas institucionales tiránicas. Los esfuerzos por romper estas formas dominantes por métodos violentos representan una reacción instintiva que lleva fatalmente, como lo demuestra el panorama histórico actual, a nuevas formas de organización. Ese círculo vicioso sólo puede ser roto por una profunda y general comprensión del verdadero sentido del trabajo, que no lleva a luchas y disensiones, sino a la conjunción y armonización de todas las fuentes y todos los recursos del trabajo, en los más diferenciados sectores de actividad. La proposición espírita en ese sentido, como fue en su tiempo la proposición cristiana original, encarna los más altos ideales de la especie, orientados hacia el trabajo comunitario en acción y fines.

 

Hegel observó, en sus estudios de Estética, que la dialéctica del trabajo se revela en los reinos de la Naturaleza. El mineral es la materia prima de las elaboraciones futuras, presentándose como la concentración de las energías que constituyen las reservas básicas; el vegetal es donación pues las fuerzas del mineral se abren hacia la floración y los frutos de la vida; el animal es la vida en expansión dinámica, síntesis de las elaboraciones de los dos reinos anteriores, que dirige esos resultados al futuro, a la síntesis superior del Hombre, en el cual las contradicciones se resuelven en la armonía psicofísica y espiritual del ser humano, dotado de conciencia.

 

Toca ahora a esa conciencia elaborar la grandeza de la Tierra de los Hombres (según la expresión de Saint Exupéry). Parece que Exupéry, aviador, poeta y profeta, representa el arquetipo actual de la evolución humana buscando el Infinito. Por eso, Simone de Beauvoir consideró a la Humanidad, no como la especie a que nos referimos por alegoría a los planos inferiores, sino como un devenir, un proceso de mutaciones constantes en dirección al futuro. 

 

Hoy somos todavía reflejo de los primates obtusos y violentos, antropófagos (según Tagore) devoradores de sí mismos y de sus semejantes, escarnecedores y corruptores de la condición humana. Pero mañana seremos hombres, seres humanos que encarnarán las fuerzas naturales bajo el dominio de la Razón y de la Conciencia. Tendremos entonces la República de los Espíritus, formada por la solidaridad de conciencias de que trata René Hubert en su Pedagogía General.

 

Como puede apreciarse de estos datos, la Enseñanza Espírita nos ofrece una precognición del hombre en su condición espiritual, sin las deformaciones teológicas y religiosas de la visión común, ataviada de supersticiones e idealizaciones superfluas. Habiendo penetrado objetivamente en el mundo de las causas, un siglo antes de que las Ciencias Materiales lo hiciesen, la Ciencia Espírita, experimental e inductiva -y que tiene ahora todos sus principios fundamentales endosados por aquellas, en investigaciones tecnológicas y de laboratorio- no formuló una estructura dogmática de suposiciones para imaginar al hombre después de la muerte y al hombre del futuro.


La imagen que nos dio del hombre nuevo hace un siglo está hoy plenamente confirmada por los hechos. La controvertida cuestión de la sobrevivencia espiritual fue resuelta tecnológicamente de manera positiva, comprobando la tesis espírita. Falta poco para que se rompa, en las manos ya trémulas de los teólogos, la Túnica de Nessus* bordada con los dogmas religiosos, que generó por todas partes angustias y desesperación.
*Metafóricamente, representa una o influencia destructiva.


Ahora estamos en condiciones de pensar tranquilamente en un futuro mejor para la Humanidad, en etapas mejores de su evolución. Podemos ahora integrarnos conscientemente a la gigantesca oficina de trabajos de la Tierra, preparando el camino de las generaciones venideras. Las revelaciones ya no nos llegan gratuitamente, pues como enseña Kardec, brotan de los esfuerzos en conjunto del hombre esclarecido y de los espíritus conscientes.

 

Los dos mundos en que nos movemos, el espiritual y el material, abrirán sus compuertas para que sus aguas se encuentren en el esplendor de una nueva aurora. Y el Sol que origina esa aurora ya no será una llama solitaria en la oscuridad total de los espacios vacíos, sino sólo una antorcha olímpica entre millones de antorchas que jalonan las conquistas futuras del hombre en la escalada sin fin de la Evolución. Prometeo no volverá a ser sacrificado por querer robar el fuego celestial de Zeus, porque ese fuego es el mismo que resplandecerá en el cuerpo espiritual de la resurrección, que brilla en el alma humana y define su naturaleza divina. 

 

Nos basta continuar en nuestro trabajo para tener nuestra parte asegurada en la Herencia de Dios, pues como enseñó el Apóstol Pablo, somos herederos de Dios y coherederos del Cristo. 

 

El conocimiento es nuestra fe, la cual no se funda en palabras, sacramentos e ídolos muertos, sino en la certeza de las verificaciones positivas y en las conquistas del trabajo humano, generador constante de nuevas formas de energía para la escalada humana a la trascendencia espiritual.


3 – Solidaridad


La solidaridad espírita se manifiesta particularmente en el campo de la asistencia a la pobreza, a los enfermos y desvalidos. El gran impulso en ese sentido fue dado, desde el inicio del movimiento doctrinario en Francia, por el libro El evangelio según el Espiritismo, de Allan Kardec, quien trabajó silenciosamente en la elaboración de esa obra, sin decir nada a nadie. Seleccionó numerosos mensajes psicografiados, procedentes de diversos países en los que el Espiritismo ya florecía. Su intención era señalar a los espíritas un derrotero para la práctica religiosa, basándose en lo que él llamaba esencia de la enseñanza moral de Cristo.

 

Conociendo profundamente la Historia del Cristianismo y las dificultades con que los originales del Evangelio habían sido escritos en épocas y lugares diferentes, tanto como el problema de los evangelios apócrifos y de las interferencias mitológicas en los textos canónicos y las interpolaciones ocurridas en estos, descartó todos esos elementos espurios para ofrecer a los espíritas una obra pura, despojada de todos los accesorios comprometedores. Su trabajo solitario y abnegado nos dio una obra maestra que cuenta con millones de ejemplares incesantemente reeditados en el mundo.

 

La solidaridad espírita no es solamente interna, entre los adeptos y compañeros. Se proyecta por lo menos en tres dimensiones.


a) en el medio social general de la comunidad espírita, más allá de los grupos domésticos y de las instituciones cerradas;

b) incluye a todas las criaturas vivas, protegiéndolas, amparándolas, estimulándolas en sus luchas por la trascendencia espiritual, procurando ayudarlas sin pedir nada a cambio, ni siquiera la simpatía doctrinaria, pues quien ayuda no tiene el derecho de imponer cosa alguna;


c) se eleva a los planos superiores para unirse a Kardec y a su obra, a todos los espíritus esclarecidos que luchan por la propagación del Espiritismo en el mundo, y a Dios y a Jesús en la Solidaridad cósmica de los mundos solidarios.

 

En estas tres dimensiones la Solidaridad Espírita realiza, como si estuviera apoyada en tres poderosas palancas, el esfuerzo supremo de elevar el mundo, estimulando a los seres humanos hacia la trascendencia espiritual. Las mentes que todavía no alcanzaron a comprender este proceso pueden encerrarse en grupos e instituciones de tipo eclesiástico, aislándose en ambientes de madriguera, donde los espíritus mistificadores y embusteros se guarecen fácilmente. Pero en la proporción en que los adeptos así aislados, o por lo menos algunos de ellos, procuren realmente comprender la doctrina, la situación se modificará, despertando a los indolentes hacia actividades mejores.

 

Todo trabajo espírita es exigente y penoso, porque participa de una gran batalla: la de la Redención del Mundo, iniciada por el joven carpintero Jesús, hijo de María y de José. Esa batalla no es la de Dios contra el Diablo, el extraño ángel de luz que se rebeló para fundar el Infierno. Esa ingenua concepción de las civilizaciones agrarias y pastoriles tuvo su tiempo y su función, su efecto de control en fases de barbarie, mas no pasa de ser una alegoría inadecuada para nuestro tiempo.


Todo en el Evangelio, como Kardec demostró, desde que es separado del clima mitológico, se vuelve claro y demuestra la posición evidentemente racional del Cristo. El joven carpintero no pertenecía a la era Mitológica y cerró esa época con su paso por la Tierra y la propagación de su enseñanza. El mito se vengó de él, pues también lo transformó en mito. Por mucho tiempo, hasta nuestros días, la figura humana de Jesús figuró en la nueva mitología, en la fase romana del Renacimiento Mitológico, en la que se destacó la figura del Emperador Juliano el Apóstata, que después de aceptar el Cristianismo se apostató y se empeñó en la salvación de sus dioses antiguos.

 

Los residuos de la mentalidad mitológica de las civilizaciones arcaicas, particularmente la griega y la romana, reaccionaron, como era natural, contra el racionalismo cristiano. De esa manera, en la mente de las poblaciones bárbaras del Imperio Romano decadente, Jesús fue transformado en un mito de la Era Agraria.


Los curas y obispos del Cristianismo naciente, todos impregnados por la carga mitológica de un largo pasado de ignorancia y supersticiones, no fueron capaces de comprender el racionalismo de las propuestas cristianas. Por el contrario, llenos de temor y espanto, contribuyeron a la deformación del cristianismo. Antes y después de la caída del Imperio, los cristianos hicieron concesiones necesarias a los pueblos bárbaros para absorberlos en el seno de la Religión Redentora.


Donde quiera que los cristianos se impusieran por la fuerza del número y de las armas, las iglesias paganas eran transformadas en templos cristianos, conservándose cautelosamente las tradiciones mitológicas más arraigadas.


El ejemplo clásico y más conocido de esa táctica romana es la Catedral de Notre Dame en París, que todavía guarda en sus subterráneos los restos de un templo de la Diosa Lutecia.


La diosa pagana fue conservada en el templo, mas con el nombre de Nuestra Señora, para que el pueblo ingenuo aceptase así el culto cristiano a María bajo el prestigio secular de la diosa pagana.

 

Blavatsky recuerda que la Diosa Ceres, divinidad de la fecundación y en muchas religiones más específicamente diosa de los cereales, proveyó al cristianismo naciente una de las más conocidas imágenes de nuestra Señora en la que ella está representada con el manto estrellado del Cielo, en pie sobre el globo terrestre: Ceres cubriendo la Tierra con su manto celeste para fecundarla.


Ese mismo proceso de transposición ocurre hoy en el Sincretismo Religioso Afrobrasileño y en las formas de sincretismo de otros países de América, donde los ritos y las figuras de los dioses o santos católicos son absorbidos por las religiones africanas trasplantadas por el tráfico negrero de esclavos al nuevo continente. Jesús se volvió Oxalá, nuestra Señora se volvió Lemanyá, San Jorge se volvió Ogum (dios de la guerra,) San Sebastián se volvió Oxum (dios de la caza, etc., etc....)


Basta que leamos El Libro de hechos de los Apóstoles, en el evangelio, y las epístolas de Pablo (anteriores a los Evangelios) para que tengamos la confirmación de esa verdad histórica. En la primera epístola de Pablo a los Corintios, en el tópico referente a los Dones Espirituales, tenemos una descripción viva del llamado culto pneumático (del griego: pneuma, espíritu) las sesiones mediúmnicas realizadas por los primeros cristianos y en las cuales, según las investigaciones históricas modernas, que confirman los datos de la Tradición, se manifestaban espíritus inferiores lleno de odio contra Cristo. Esas manifestaciones intimidantes fueron consideradas como diabólicas, reforzando la imagen tradicional del Diablo en la mente ingenua de los adeptos. La lucha entre el Bien y el Mal es simplemente el proceso dialéctico de la evolución. El Mal es la ignorancia, el atraso, la superstición. El Bien es el conocimiento, el progreso, la adecuación de la mente a la realidad. Esa es la gran lucha de las cosas y de los seres, representada por la revuelta absurda de Luzbel, Ángel de luz, que se entregó a la envidia y se convirtió en adversario de Dios.


Esos símbolos de un pasado bárbaro y distante todavía prevalecen en la Tierra como residuos míticos que el tiempo va desgastando en la misma proporción en que la Cultura se desenvuelve. La Ciencia se encargó de ajustar la mente humana a la realidad terrestre, los hombres se envanecieron y se negaron a sí mismos en las ideas materialistas, colocándose por debajo de todo cuanto existe. Duro castigo que el orgullo humano todavía no ha reconocido.

 

La Ciencia afirma que nada se pierde en la Naturaleza, todo se transforma. El hombre aprueba eso con entusiasmo y, sin saberlo, se ríe de sí mismo, pues no comprende que sólo él no subsiste, solamente él es polvo que revierte al polvo. Esa es la verdadera caída del hombre, que se rebaja al polvo en un mundo en que todo se eleva incesantemente en la dirección de los planos superiores.


La tentación simbólica de Jesús en el desierto se asemeja a la tentación de Buda en la floresta. Es la tentación de los hombres por la fascinación de los bienes terrenales. Cuando el hombre se apega a la tierra (con t minúscula porque nos referimos a la tierra que pisamos y no el Globo Terrestre), se niega a evolucionar y es reprendido por las fuerzas de la evolución, que lo impelen a salir de su cueva de insecto para alcanzar la condición existencial de su especie. La ley de la existencia no es el polvo, sino la trascendencia espiritual. 

 

Puede el hombre andar de rodillas por las calles y las carreteras, ayunar, mortificarse, usar cilicio cuanto tiempo quiera, mas con eso no se volverá mejor. Volverá a tener reencarnaciones difíciles y dolorosas para aprender, con el sufrimiento y con la decepción, que no se busca a Dios arrastrándose sino elevándose en el amor y en la dedicación a los otros.


Las prácticas religiosas de purificación son egoístas, aumentan la miseria humana y el apego del hombre a sí mismo. Las tentaciones que sufrimos no vienen del Diablo, sino de nosotros mismos, de nuestra ignorancia y de nuestro apego hipnótico a los bienes perecederos de la vida terrenal.

 

El Diablo es el ogro traganiños de los adultos, el espantajo de los supersticiosos.


Giovanni Papini, escritor católico italiano contemporáneo, en su libro IL DIABOLO, escandalizó al Vaticano, pregonando la conversión del Diablo. No podía admitir ese mito impío en su teología. El Padre Teilhard de Chardin, en sus estudios teológicos, negó la condenación eterna del Diablo. El Espiritismo se limita a señalar la naturaleza mitológica del Diablo y a demostrar, práctica y lógicamente, la imposibilidad de la caída del Angel Luzbel.


La evolución espiritual es irreversible. El espíritu que se elevó al plano angelical no puede retroceder, no puede tener envidia ni otros sentimientos humanos. El ángel malo es una contradicción en sí mismo, pues la Angelitud es la condición divina que el espíritu busca y alcanza en la existencia.


La lucha del hombre para transformar el mundo es la lucha del hombre consigo mismo, pues es él quien hace el mundo, y lo hace a su imagen y semejanza. Dios creó la Tierra y todos los mundos del espacio, pero dio cada mundo a los hombres que los habitan, para que ellos aprendan su oficio paterno de Creador, intentando crear el mundo humano que les compete.


Es evidente que existe el mundo físico, material, en que nacemos, vivimos y morimos. Y es también innegable que, sobre ese mundo físico y con sus materiales, los hombres han construido un mundo diferente, hecho de artificios humanos. El mundo material y su contraparte espiritual (que los científicos comienzan a descubrir como antimateria) constituyen el mundo natural. Mas sobre ambas partes de ese mundo natural los hombres construyen sus mundos ficticios.

 

Cada Civilización es un mundo imaginario que el hombre construyó con su trabajo, modelando en arcilla y piedra sus sueños y sus ilusiones. Esos mundos artificiales son el reflejo de las ideaciones humanas en la materia. Nosotros los creamos, alimentamos, desenvolvemos, dirigimos y matamos. Los mundos bárbaros creados en la Tierra eran ingenuos; los mundos civilizados, presentan una gradación que refleja la evolución humana, viniendo desde las civilizaciones agrarias, fantaseadoras y alegóricas, hasta las grandes civilizaciones orientales, masivas y arrogantes y las Civilizaciones Teocráticas, míticas y supersticiosas; llegando a las Civilizaciones Científicas, politeístas y pretenciosas, que se transforman en Civilizaciones Tecnológicas, materialistas y conflictivas y que morirán para dar lugar a la Civilización del Espíritu, en la búsqueda cultural de la Trascendencia.


Según Arnold Toynbee,
historiador británico, filósofo, autor y profesor de investigación de historia internacional, más de veinte grandes civilizaciones ya existieron en la Tierra. Ahora está surgiendo ante nuestros ojos y bajo nuestros pies una Nueva Civilización, la del Espíritu, que podemos llamar Cósmica o Espiritual. Es para preparar el advenimiento de esa Civilización del Espíritu que del Espiritismo surgió. Nada adelantamos con querer hacer del Espiritismo una religión dogmática, cargada de misticismo tonto o de materialismo alienante.


Las nuevas generaciones que se encarnan para realizarlo no temen a Dios ni al Diablo, simplemente confían en los planes irreversibles de Dios, que se ejecutan según las leyes de la conciencia humana en relación telepática permanente con las entidades angelicales al servicio de Dios. El Espiritismo es la Proposición de Dios, ratificada por los Espíritus Superiores, para la transformación y elevación de la Tierra. 

 

"Curso de Espiritismo Práctico". Herculano Pires

 

 

                                                    

17 octubre 2021

DEL MIEDO AL AMOR


Ai Generado, Jesús, Discípulos, Cristo
Pixabai

 Por José Alonso Quintanilla

El miedo se ha clasificado como una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta de forma innata en todos los animales debido a la herencia genética, incluyendo también al ser humano para quien el miedo supone una angustia por un riesgo o daño real o imaginario, presente, futuro o incluso pasado.

(Escuchar podcast haciendo clic aquí)

 

 Como todas las emociones, se manifiesta en diferentes grados o matices. El temor es miedo a algo que se piensa que ya ha sucedido y aprensión es la aversión a tocar algo. Existe también un miedo breve y súbito, procedente de una causa pequeña: el susto, que procede del portugués, y también la alarma que etimológicamente significa 'a las armas'. Al mayor grado de intensidad del miedo se le asocian la fobia, el terror y el pavor. El pánico es el miedo sin fundamento, colectivo y descontrolado. 

 

Los diferentes rostros del miedo son por todos conocidos en nuestras vidas. Desde el inicio de la pandemia es posible que hayamos sentido ansiedad en algún momento debido a esta situación estresante, llegando hasta el extremo de convertirse en pánico o crear alguna fobia debido a la incesante información sobre la peligrosidad del virus y sus consecuencias.

 

El miedo es una emoción que puede tener diferentes respuestas. Puede llegar a ser paralizante sin saber como actuar, como una respuesta instintiva de querer alejar al depredador al tratar de parecer muerto; o también puede ocasionar el instinto de huida como evitación del peligro, o el instinto de ataque para hacer frente al mismo.

 

En nuestra sociedad tenemos miedo al dolor y al sufrimiento que recientemente se han visto paliados gracias a los avances tecnológicos en la medicina y a los fármacos. Pero también se dan casos extremos de miedo a vivir, miedo al amor, miedo al rechazo, miedo al fracaso, miedo a la pobreza… y para los más mayores que hemos sufrido las enseñanzas desacertadas de la religión católica, el miedo a Dios y al temible infierno.

 

En nuestra cultura se nos ha impregnado de miedos de diversa índole, desde la escuela donde los profesores o los compañeros podían ridiculizarte ante los demás por una respuesta equivocada o comportamiento diferente, con miedo a que llegara incluso al castigo físico. Nos hacían tener miedo a la crítica, al peligro, a la responsabilidad, a la desaprobación, a la autoridad, al cambio, a las alturas, al sexo, a lo desconocido y miedo al propio miedo.

 

El miedo predomina tanto en nuestra sociedad actual que constituye la emoción principal que gobierna nuestro mundo. Al tener relación con nuestra supervivencia se halla en un lugar especial en nuestras mentes.

 

Muchas de las acciones que realizamos se llevan a cabo por miedo en lugar de actuar por Amor. A veces se cuida del cuerpo por miedo a la enfermedad y no por apreciación y valoración a nosotr@s mism@s. Nos comportamos adecuadamente por miedo al qué dirán, por dar una imagen agradable, en lugar de hacerlo por aprecio a los demás. Realizamos tareas de voluntariado por motivos personales o ambicionando puestos elevados, en lugar de efectuarlos movidos por un sentimiento altruista, por miedo a la desaprobación o miedo a incumplir las Leyes Universales. Tratamos de manifestarnos con superioridad sobre los demás con nuestros conocimientos por miedo a no ser valorados o respetados en un ámbito social cada vez más competitivo. Conducimos con cuidado por temor a las multas por exceso de velocidad sin pensar que hemos de cuidar y respetar nuestra propia vida y la de los demás. Realizamos nuestro trabajo por miedo a la sanción o al despido sin disfrutar por el hecho de hacer las cosas de forma correcta...

 

En cambio, el sentimiento del Amor es una forma de ser, en la que somos afectuosos, cuidadosos, generosos, indulgentes, sinceros. En el amor nos convertimos en seres colaboradores, protectores, atentos, agradecidos, humildes, plenos, puros de intención. Es más que una emoción o un pensamiento, por eso se dice que es “un estado de ser”.

 

El Amor es una manera de estar en el mundo que expresa nuestro deseo sincero de ayuda, de consuelo en las pérdidas familiares, de facilitar el trabajo, de ayuda en problemas económicos, enfermedad o falta de trabajo. Amar es una forma a través de la cual podemos iluminar el mundo.




Tod@s tenemos la oportunidad de contribuir a la belleza, la armonía del planeta y los seres que lo habitamos, con nuestra bondad hacia todos los seres vivos y ensalzando el espíritu humano. Aquello que libremente nos da la vida fluye de nuevo a nosotros porque somos igualmente parte de esa vida. Lo que hacemos hacia los demás, revierte sobre nosotr@s mism@s. Algo que los grandes filósofos y santos nos han invitado a experimentar. Como el psicólogo y filósofo humanista Eric Fromm que nos habla del “amor como arte”, así como es un arte vivir. Expresaba que el Amor abarca diferentes áreas de la vida cotidiana, alcanzando a la familia y amigos, el amor hacia uno mismo como ser humano, el amor a todos los seres vivos y el amor a Dios.



El Amor es un sentimiento que perdura en el tiempo, trascendiendo a las emociones, ya que proviene de una comprensión, un conocimiento, una experiencia trascendente, arraigada en nuestra conciencia, por lo que tiene un efecto curativo sobre el miedo que desde el punto de vista de la medicina vibracional está constituido por una vibración más baja que proviene de una emoción primaria o instintiva.

 

El miedo es curado por el amor, como comenta el psiquiatra Jerry Jampolsky en sus publicaciones (por ejemplo, Amar es Liberarse del Miedo). Esta fue también la base para la curación en el “Centro de Curación por la Actitud” en Manhasset, en Long Island fundado por el psiquiatra David Hawkins. La curación por la Actitud tiene que ver con la interacción del grupo con los pacientes que tienen enfermedades mortales y terribles, y todo el proceso de la curación tiene que ver con dejar ir el miedo y reemplazarlo con el Amor.  Debido al éxito conseguido, con los mismos fundamentos se crearon nuevos centros en México y Santo Domingo.

 

Se emplea el mismo procedimiento de curación que han llevado a cabo los grandes santos y seres iluminados, cuya sola presencia tenía la capacidad de curar debido a la intensa vibración de amor que irradiaban. También esta capacidad de sanación, que tiene como fundamento la sanación espiritual, es transmitida por los pensamientos cariñosos hacia la personas.

 

Chico Xavier es conocido principalmente por sus obras asistenciales en la ciudad de Uberaba. A partir de los años 70 se dedicó a ayudar a personas pobres mediante la creación de una fundación. Logró un gran reconocimiento en Brasil, especialmente en los últimos años, por su benevolencia y asistencia al prójimo. En 1981 fue nominado para el Premio Nobel de la Paz.


También Divaldo Franco con la creación de la Mansión del Camino en 1947,  adoptó a más de 600 niños, ofreciéndoles educación y alimento para desenvolverse en la sociedad y que  al emanciparse le han ofrecido más de doscientos nietos. Además de atender diariamente la alimentación de más de tres mil niños y adolescentes del exterior, así como la educación en diferentes escuelas con las que cuenta el complejo. Ayudando a otras tres instituciones benéficas de Brasil con asistencia médica, medicinas, alimentos, educación, integración familiar, e inserción laboral.


En la historia reciente tenemos como ejemplo a la Madre Teresa que se le atribuye la curación de un gran número de personas por estos mismos procedimientos de amor incondicional y la presencia iluminada.

 


Para las personas que están familiarizadas con las leyes de la conciencia, este tipo de curas que parece “milagroso” se entiende como fenómenos comunes que pueden explicarse, tal como describe Allan Kardec en La Génesis en el capítulo XV sobre los denominados “milagros” realizados por el Maestro Jesús.

 

Se puede recordar este proceso de curación que se manifestaba al estar próximo al Maestro Jesús con su capacidad de irradiar altos niveles de amor, recomendando a aquellos a quienes sanaba no volver a incurrir en el error que les había conducido a esa situación de enfermedad la cual se sitúa en una baja frecuencia vibratoria, teniendo que aprender a elevar su propia conciencia a través de la transformación personal para mantener el estado de sanación.

 

Por lo tanto, se puede decir que el Amor transforma a las personas. Un ejemplo de ello es sobre un cazador que en un día de caza al ver un pato volando le disparó y éste cayó al suelo, cuando el cazador se acercó a recogerlo observó que aún no estaba muerto aunque sí herido y otra ave compañera había bajado al suelo situándose sobre él con sus alas extendidas para protegerle. El cazador al ver éste acto de amor nunca más pudo volver a cazar.

 

Una vez que el Amor nos ha transformado hay cosas que nunca más podemos volver a hacer. Así como hay cosas que no podrían hacerse si no fuera por la trascendencia transformadora del Amor, como arriesgar la propia vida para salvar a una persona como ocurrió en los atentados de Londres con el joven español que salvó la vida de una mujer perdiendo la suya tratando de defenderla.

 

Es conveniente diferenciar lo que se denomina “querer” de Amar. El querer implica egoísmo, ya que esperamos un intercambio con la otra persona, las cosas se hacen por interés, esperando un beneficio. Por eso, a veces, cuando realizamos acciones hacia las personas sin ninguna intención y sin esperar nada a cambio, tienen miedo y sospechan de este Amor.

 

A pesar de todo, el Amor transforma todo a su alrededor debido a la energía que irradia. Sin necesidad de “hacer nada” actúa silenciosamente debido a su poderosa naturaleza transformando las situaciones.


Además, el Amor nos relaciona con el perdón, al aumentar lo positivo de los demás en lugar de sus defectos y al mismo tiempo sirve como antídoto para el orgullo. También nos relaciona con la gratitud, virtud que elimina la falta de humildad y nos permite percibir 
la bondad de la vida en cada una de sus manifestaciones.

 

Cuanto más amamos, más podemos amar. El Amor es ilimitado. El Amor engendra amor. Incrementa las endorfinas, que son las hormonas que mejoran la vida, nos permite vivir más tiempo y más sanos.

 

Después de más de dos mil años de la máxima “Amad a los demás como a vosotros mismos y tratadles como os gustaría ser tratados”, y que la doctrina espírita ha tenido como enseña desde sus inicios, la medicina moderna, con los ejemplos citados anteriormente, aboga por la práctica del Amor, ya que se ha comprobado que los niveles elevados de conciencia son por sí mismos capaces de sanar en algunos casos, transformar a las personas e iluminar a los demás fomentando las mejores cualidades del ser humano.

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Amor sobre todas las cosas 

del Libro "Momentos de Salud y Conciencia de Divaldo Franco inspirado por Joanna de Ángelis

Jesús recomendó que el amor debe ser la piedra angular de todas las construcciones. Lo consideró el mandamiento mayor y sintetizó toda la Ley y los profetas en el amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. En esa instrucción de aspecto triple está presente la totalidad de las realizaciones humanas, las ambiciones y metas.

 

El amor a Dios significa el respeto y la acción preservadora de la vida en sus más variadas expresiones, del cual el ser llega a formar parte, íntegramente de él, consciente del conjunto cósmico. La responsabilidad ante la Naturaleza, sin agredirla ni despreciarla, antes bien, colaborando para su desarrollo y armonía, expresa el amor que contribuye a la obra divina y rinde homenaje a su Autor.

 


El amor al prójimo es consecuencia de aquel que se profesa al Progenitor; muestra la fraternidad que debe unir a todos, por ser Sus hijos dilectos que marchan de regreso a Su seno. Sin este sentimiento hacia su hermano, el ser se desorienta en la soledad y se debilita, perdiendo entusiasmo por las actividades esclarecedoras.

 

El amor a sí mismo, sin la pasión ególatra, lo eleva a las cumbres de la plenitud, y lo auxilia en el desarrollo de los ignorados tesoros que en él yacen adormecidos. Ese amor se manifiesta como una forma de preservar y dignificar la existencia física, para ponerse en armonía con el conjunto general y convertirse en un polo de irradiación de alegría, paz y bienestar que a todos impregna. 

 

Observa si te encuentras en la condición de quien cumple con la recomendación del Maestro. En esa síntesis perfecta dispones de todo lo necesario para tu actual existencia y la solución para todos tus problemas. Analiza con serenidad tu conducta en relación a Dios, al prójimo y a ti mismo. En caso de que te encuentres en falta con alguno de los postulados de la tríada superior, proponte corregir la deficiencia y modifica tu conducta en el sentido de la plenitud.

 

Descubrirás, por cierto, la necesidad de amar al Padre Celestial y al prójimo de acuerdo a tus posibilidades. No obstante, padeces restricciones o pasiones con relación a ti mismo. En ciertos períodos te detestas, mientras que en otros te justificas, confesándote víctima de los otros. Es necesario que te ames con rectitud. Dedícate a la meditación saludable en torno a tus deficiencias para corregirlas, y a tus valores para ampliarlos.

 

Aplica en ti la severidad sin crueldad y el amor sin compasión, para colocarte en la ruta del equilibrio, del crecimiento. Amarse es una manera de perfeccionarse en espíritu, en emoción y en cuerpo. Sin despreciar ningún componente del conjunto armonioso que eres, ámate, lucha con tenacidad para superarte cada día más, establece nuevas directrices y objetivos promisorios que alcanzarás si eres generoso, activo y perseverante en el bien, en relación a ti mismo.


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Capítulo XI. Libro III  Ley de Justicia, Amor y Caridad 


886. ¿Cuál es el verdadero sentido de la palabra caridad, tal como Jesús la entendía?

“Benevolencia para con todos, indulgencia para con las imperfecciones de los demás, perdón de las ofensas.” El amor y la caridad son el complemento de la ley de justicia, porque amar al prójimo es hacerle todo el bien que nos es posible y que querríamos que se nos hiciese a nosotros mismos. Ese es el sentido de las palabras de Jesús: Amaos los unos a los otros como hermanos. 


La caridad, según Jesús, no se limita a la limosna: abarca todas las relaciones con nuestros semejantes, sean ellos inferiores, iguales o superiores a nosotros. 


La caridad nos impulsa a ser indulgentes, porque también nosotros necesitamos la indulgencia de los demás. La caridad nos prohíbe humillar a los desdichados, contrariamente a lo que se hace tan a menudo. Si ante nosotros se presentara una persona rica, le dispensaríamos mil consideraciones y deferencias. Si fuera pobre, no nos parecería necesario preocuparnos por ella. Por el contrario, cuanto más digna de lástima sea su situación, tanto más debemos precavernos de no aumentar su desdicha con un trato humillante. El hombre verdaderamente bueno se esfuerza por elevar al inferior a su propio nivel, para disminuir de ese modo la distancia que existe entre ambos.

 

887. Jesús también ha dicho: Amad a vuestros enemigos. Ahora bien, el amor a nuestros enemigos, ¿no es contrario a nuestras tendencias naturales? Y la enemistad, ¿no proviene de la falta de simpatía entre los Espíritus?

 “No cabe duda de que no se puede sentir por los enemigos un amor tierno y apasionado. No es eso lo que Jesús quiso decir. Amar a los enemigos significa perdonarlos y devolverles bien por mal. De ese modo nos hacemos superiores a ellos, mientras que con la venganza nos colocamos por debajo.”

 

888. ¿Qué pensar de la limosna?

“El hombre reducido a pedir limosna se degrada moral y físicamente; se embrutece. En una sociedad basada en la ley de Dios y en la justicia es necesario proveer a la vida del débil sin humillarlo. Esa sociedad debe garantizar la existencia de los que no pueden trabajar, sin dejar su vida a merced del acaso y de la buena voluntad.”

 

[888a] – Entonces, ¿reprobáis la limosna?

“No; lo reprobable no es la limosna, sino la forma de darla. El hombre de bien, que entiende la caridad según Jesús, va al encuentro del desdichado sin esperar a que este le tienda la mano. 


”La verdadera caridad es siempre buena y benevolente. Radica tanto en la manera de hacerla como en el acto en sí. Un servicio que se presta con delicadeza vale el doble. En cambio, si se lo hace con altanería, puede que la necesidad de quien lo recibe haga que lo acepte, pero su corazón se conmoverá poco. 


”Recordad también que la ostentación quita, ante Dios, el mérito del beneficio. Jesús dijo: Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha. Con ello os enseña a no empañar la caridad con el orgullo. 


”Es preciso distinguir la limosna, propiamente dicha, de la beneficencia. El más necesitado no siempre es el que pide. El temor a la humillación detiene al verdadero pobre, que a menudo sufre sin quejarse. A este es a quien el hombre realmente humanitario sabe ir a buscar sin ostentación. 


”Amaos los unos a los otros: esta es toda la ley. Ley divina mediante la cual Dios gobierna los mundos. El amor es la ley de atracción para los seres vivos y organizados. La atracción es la ley del amor para la materia inorgánica  Nunca olvidéis que el Espíritu, sean cuales fueren su grado de adelanto y su situación –reencarnado o en la erraticidad–, se encuentra siempre entre un superior que lo guía y perfecciona, y un inferior para con el cual tiene que cumplir esos mismos deberes. Por consiguiente, sed caritativos, no sólo con esa caridad que os hace sacar del bolsillo el óbolo que fríamente dais a quien se atreve a pedíroslo, sino también con la que os lleva al encuentro de las miserias ocultas. Sed indulgentes para con los defectos de vuestros semejantes. En vez de despreciar la ignorancia y el vicio, instruidlos y moralizadlos. Sed afables y benévolos para con todo lo que os sea inferior. Haced lo mismo en relación con los seres más ínfimos de la creación, y habréis obedecido a la ley de Dios.” SAN VICENTE DE PAUL

 

889. ¿Hay hombres reducidos a la mendicidad por su propia culpa?

“Sin duda, pero si una buena educación moral les hubiese enseñado a practicar la ley de Dios, no caerían en los excesos que causan su perdición. De ello principalmente depende el mejoramiento de vuestro globo.” (Véase el ítem 707.) Amor materno y filial

 

890. El amor materno, ¿es una virtud o un sentimiento instintivo común a los hombres y a los animales?

“Lo uno y lo otro. La naturaleza ha dado a la madre el amor a sus hijos con vistas a la conservación de estos. No obstante, en el animal ese amor se limita a las necesidades materiales; cesa cuando los cuidados se vuelven innecesarios. En el hombre, en cambio, permanece toda la vida e implica una dedicación y una abnegación que son virtud. Incluso sobrevive a la muerte y sigue al hijo más allá de la tumba. Podéis ver, pues, que en él hay algo más que en el animal.”

 

891. Dado que el amor materno está en la naturaleza, ¿por qué hay madres que aborrecen a sus hijos, a menudo desde el nacimiento?

“A veces es una prueba elegida por el Espíritu del hijo, o una expiación en caso de que él haya sido, a su vez, un mal padre o una mala madre, o un mal hijo en otra existencia (Véase el ítem 392). En todos los casos, la mala madre sólo puede estar animada por un Espíritu malo que trata de obstaculizar al del hijo, a fin de que este sucumba bajo la prueba que eligió. Con todo, esa violación de las leyes de la naturaleza no quedará impune, mientras que el Espíritu del hijo será recompensado por los obstáculos que haya superado.”

 

892. Cuando los padres tienen hijos que les causan pesares, ¿son excusables por no haberles prodigado la ternura que habrían tenido para con ellos en caso contrario?

“No, porque es una carga que se les ha confiado, y su misión consiste en esforzarse al máximo para reconducirlos al bien. No obstante, esos pesares suelen ser la consecuencia de una mala costumbre que les han dejado contraer desde la cuna. En ese caso, cosechan lo que sembraron.”


Del libro OBRAS PÓSTUMAS de Allan Kardec


(...) Jesús se da a sí mismo esta calificación con una persistencia notable, puesto
que solo en muy raras circunstancias se llama Hijo de Dios. En sus labios no puede
tener otro significado que el recordar que también Él pertenece a la humanidad,
asimilándose así a los profetas que le precedieron y a los cuales se compara,
aludiendo a su muerte, cuando dijo: JERUSALÉN QUE MATAS A LOS
PROFETAS. La insistencia que emplea en designarse como Hijo del hombre
parece una protesta anticipada contra la cualidad que prevé que se le dar más
tarde, a fin de que quede bien sentado que no salió de sus labios.


Es de notar que, durante esta interminable polémica que ha apasionado a los
hombres por espacio de una larga serie de siglos, y aun dura, que ha encendido
las hogueras y hecho derramar torrentes de sangre, ha disputado sobre una
abstracción: la naturaleza de Jesús, de la que se ha hecho piedra angular del
edificio, aunque Él nada haya hablado de ella; y que se ha olvidado una cosa, la
que Cristo ha dicho ser toda la ley y los profetas, es a saber: el amor a Dios y al
prójimo, y la caridad, de la que hizo condición expresa para la salvación. Se han
aferrado a la cuestión de afinidad de Jesús con Dios, y se han tenido en completo
silencio las virtudes que recomendó y de que dio ejemplo.


El mismo Dios desaparece ante la exaltación de la personalidad de Cristo. En
el símbolo de Nicea se dice simplemente: Creo en un solo Dios, etc.; pero, ¿cómo
es ese Dios? No se hace mención alguna de sus atributos esenciales: la soberana
bondad y la soberana justicia. Estas palabras hubieran sido la condenación de los
dogmas que consagran su parcialidad para con ciertas criaturas, su inexorabilidad,
sus celos, su cólera, su Espíritu vengativo, en el que se apoyan para justificar las
crueldades cometidas en su nombre. (Obras Póstumas item 9)


Consistiendo la acción del Espiritismo en su poder
moralizador, no puede tomar ninguna forma autocrática, pues haría entonces lo
mismo que condena. Su influencia será preponderante por las modificaciones que
introducirá en las ideas, opiniones, carácter, hábitos de los hombres y relaciones
sociales, influencia tanto mayor cuanto que no será impuesta. El Espiritismo,
poderoso como filosofía, no podría menos que perder, en este siglo de raciocinio,
transformándose en poder temporal. No será él, pues, quien hará las instituciones
sociales del mundo regenerado, sino los hombres bajo el imperio de las ideas de
justicia, caridad, fraternidad y solidaridad, mejor comprendidas a causa del
Espiritismo. (Obras Póstumas Expiaciones colectivas).


(...) Los hombres no pueden ser felices si no viven en paz, es decir, si no están
animados de un sentimiento de benevolencia, indulgencia y condescendencia
reciprocas, en una palabra, mientras procuren destruirse unos a otros. La caridad y
la fraternidad resumen todas esas condiciones y todos los deberes sociales, pero
suponen la abnegación, y esta es incompatible con el orgullo y el egoísmo. Luego,
con estos vicio, no es posible la verdadera fraternidad, ni por consiguiente, la
igualdad y libertad, porque el egoísta y el orgulloso lo quiere todo para si.


Estos serian siempre los gusanos roedores de todas las instituciones progresivas, y en tanto que reinen, los sistemas sociales más generosos y mas sabiamente
combinados, caerán a sus golpes. Bello es sin duda proclamar el reino de la
fraternidad, pero, ¿a que hacerlo, existiendo una causa destructora del mismo?
Eso es edificar en terreno movedizo, y tanto valdría como decretar la salud en un
país malsano. Si se quiere que en ese país estén buenos los hombres, no basta
enviarles médicos, pues morirán como los otros, sino que es preciso destruir las
causas de insalubridad. Si queréis que los hombres vivan como hermanos en la
tierra, no basta que les deis lecciones de moral, sino que es necesario destruir las
causas de antagonismo, atacar el principio del mal, el orgullo y el egoísmo. He aquí
la llaga y en ella debe concentrarse toda la atención de los que seriamente quieren
el bien de la humanidad. Mientras este obstáculo subsista, verán paralizados sus
esfuerzos, no solo por una resistencia inerte, sino también por una fuerza activa
que sin cesar trabajar por destruir su obra, porque toda idea grande, generosa y
emancipadora arruina las pretensiones personales.


Se dirá que es imposible destruir el egoísmo y el orgullo, porque son vicios
inherentes a la especie humana. Si así fuese, preciso sería desesperar de todo
progreso moral; y sin embargo, cuando se considera al hombre en las diversas
edades, no puede desconocerse un progreso vidente, y si ha progresado, puede
progresar aun. Por otra parte, ¿no se encuentra, acaso, algún hombre desprovisto
de orgullo y egoísmo? ¿No se ven, por el contrario, esas naturalezas generosas,
en las que el sentimiento de amor al prójimo, de humildad, de desinterés y de
abnegación parece innato? Su número es menor que el de los egoístas, cierto,
pues de lo contrario, no dictarían estos la ley, pero hay más de las que se cree; y si
parecen tan poco numerosas, es porque el orgullo se pone en evidencia, al paso
que la virtud modesta permanece en la oscuridad. Si, pues, el egoísmo y el orgullo
fuesen condiciones necesarias de la humanidad, como la de alimentarse para vivir,
no habría excepciones. Lo esencial es, por lo tanto, conseguir que la excepción se
eleve a regla, y para ello se trata, me todo, de destruir las causas que producen y
conservan el mal. (Obras Póstumas. Egoismo y orgullo).



(...) Jesús sentó el principio de la caridad, de la igualdad y de la fraternidad; hizo
ellos una condición expresa para la salvación, pero estaba reservado a la tercera
manifestación de la voluntad de Dios, el Espiritismo por el conocimiento que da de la vida espiritual, por los nuevos horizontes que descubre y las leyes que revela; le
estaba reservado el sancionar ese principio, probando que no solo es una doctrina
moral, sino una ley natural, y que es conveniencia del hombre practicarla. Así lo
hará cuando, cesando de ver en el presente el principio y el fin, comprenda la
solidaridad que existe entre el presente, el pasado y el porvenir. En el inmenso
campo de lo infinito que el Espiritismo le hace entrever, se anula su importancia
personal; comprende que solo no es ni puede nada; que todos tenemos necesidad
unos de otros y que no somos unos más que otros: doble golpe asestado al orgullo
y al egoísmo.


Mas para esto le es menester la fe, sin la que permanecer forzosamente en el
atolladero del presente; no la fe ciega que huye de la luz, restringe las ideas, y
mantiene, por lo tanto, el egoísmo; sino la fe inteligente, razonada, que quiere la
claridad y no las tinieblas, que rasga valerosamente el velo de los misterios y dilata
el horizonte; esta fe, elemento primero de todo progreso, que le da el Espiritismo;
fe robusta, porque esta fundada en la experiencia y en los hechos, porque le da
pruebas palpables de la inmortalidad de su alma, le enseña de donde viene, a
dónde va y por que se halla en la tierra; por que fija, en fin, sus inciertas ideas
sobre su pasado y su porvenir.


Una vez pisado este camino, no teniendo el orgullo y el egoísmo las mismas
causas de sobreexcitación, se extinguirán poco a poco por carecer de objeto y de
alimento, y todas las relaciones sociales se modificarán bajo el imperio de la
caridad y de la fraternidad bien comprendidas.


¿Puede esto acontecer en virtud de un cambio brusco? No, es imposible;
nada hay brusco en la naturaleza; jamás recobra súbitamente la salud el enfermo;
pues entre la salud y la enfermedad media siempre la convalecencia. No puede,
pues, el hombre cambiar instantáneamente su punto de vista y dirigir la mirada
desde la tierra al cielo; el infinito le confunde y le deslumbra, y le es necesario
tiempo para asimilarse las ideas nuevas. El Espiritismo es, sin contradicción, el
mas poderoso elemento moralizador, porque mina por su base al orgullo y al
egoísmo, dando un punto de apoyo a la moral: en materia de conversión, ha hecho
milagros; cierto que no son más que curas individuales y con frecuencia parciales;
pero lo que ha producido en los individuos es prueba de lo que un día producir en
las masas.


No puede arrancar de una sola vez todas las malas hierbas; da la fe:
esta es la buena semilla, pero a la semilla le es necesario tiempo para germinar y
dar buenos frutos. He aquí por que todos los espiritistas no son aun perfectos. Ha
tomado al hombre en mitad de la vida, en el fuego de las pasiones, en la fuerza de
las preocupaciones, y si en tales circunstancias ha operado prodigios, ¿qué será
cuando le tome al nacer, virgen de todas las impresiones malsanas, cuando mame
la caridad con la leche y sea mecido por la fraternidad, cuando toda una
generación, en fin, sea educada y alimentada en esas ideas, que desplegándose a
la razón, fortificarán en vez de desunir? Bajo el imperio de semejantes ideas, que
habrán llegado a ser la fe de todos, el progreso no hallará obstáculos en el orgullo
y el egoísmo, las instituciones se reformarán por si mismas y la humanidad
avanzará rápidamente hacia los destinos que le están prometidos en la tierra
mientras espera los del cielo. (Obras Póstumas. Egoísmo y orgullo)



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