06 septiembre 2026

EL GRAN ENIGMA

 DIOS Y EL UNIVERSO: EL GRAN ENIGMA



9. Objeciones y contradicciones


El problema divino, por ser el más vasto, el más profundo de los problemas, ya que abarca a todos los demás, ha sido motivo de teorías y sistemas sin número que corresponden a otros tantos grados de la comprensión humana, a otras tantas etapas del pensamiento en su marcha hacia lo absoluto..


 En este dominio, las contradicciones abundan. Cada religión explica a Dios a su manera; cada teoría lo describe a su modo. Y de todo esto resulta una confusión, un caos inextricable. ¡Qué formas tan variadas de la idea de Dios !- De esta confusión, los ateos han sacado argumentos para negar la existencia de Dios y los positivistas, para declararle incognoscible.


 ¿Cómo remediar este desorden? ¿Cómo escapar a estas contradicciones? De la manera más sencilla. Basta elevarse lo suficientemente por encima de los sistemas y las teorías para unirlas en su conjunto a través de lo que tienen en común. Basta elevarse hasta la Gran Causa, en la cual todo se resume y se explica.


 La estrechez de miras ha desnaturalizado y comprometido la idea de Dios. Suprimamos las barreras, las prisiones, los sistemas cerrados que se contradicen, excluyen y combaten para sustituirlos por las grandes miras de las concepciones superiores. A ciertas alturas, la ciencia, la filosofía y la religión, hasta aquí divididas, opuestas y hostiles bajo la influencia de sus concepciones restringidas, se unen y funden en una poderosa síntesis expresada a través del Espiritualismo Moderno.


 Así se cumple la ley de evolución de las ideas. Después de la tesis hemos tenido la antítesis. Estamos alcanzando la síntesis, que resumirá a todas las formas y creencias y será la gloria del siglo 20 el haberla establecido y formulado.


 Examinemos rápidamente las objeciones más comunes. La más frecuente es la que consiste en decir: Si Dios existe, si es -como lo pretendéis- bondad, justicia y amor, ¿por qué el mal y el sufrimiento reinan a nuestro alrededor? Dios es bueno, y millones de pobres seres sufren en su alma y en su carne. Todo es dolor y desgarro en la vida de las multitudes. La iniquidad es soberana sobre nuestro globo, y la ardiente lucha por la existencia hace en él nuevas víctimas cada día.


Como lo hemos demostrado en otras páginas, el sufrimiento es un poderoso medio de educación para las almas. Desarrolla en ellas la sensibilidad, que es ya, por sí sola, un acrecentamiento de la vida. A veces es una de las formas de la justicia, un correctivo para nuestros actos inmediatos o lejanos.


El mal no es más que la consecuencia de la imperfección humana. Si Dios hubiese hecho a los seres perfectos, el mal no existiría. Pero entonces el Universo estaría fijo, inmóvil en su monótona perfección. La magnífica ascensión de las almas a través del infinito sería suprimida de una vez. ¡Nada para conquistar; nada para desear! Mas, ¿ qué sería una perfección sin méritos, sin esfuerzos para obtenerla? ¿Podría tener el valor de un premio para nosotros?


 En resumen: el mal sólo es lo menos evolucionando hacia lo Más; lo inferior hacia lo superior; el alma hacia Dios.


 Dios nos ha hecho libres: de ahí la existencia del mal, fase transitoria de nuestra ascensión. La libertad es la condición necesaria de la variedad en la unidad universal. Sin ella, la monotonía hubiera hecho un Universo insoportable. Dios nos ha dado la libertad con ese impulso de vida inicial por la cual el Ser evolucionará por medio de su propio esfuerzo a través de los espacios y de los tiempos sin límites, en la escala de las vidas sucesivas, en la superficie de los mundos que pueblan la extensión.


 Nosotros emanamos de Dios, como nuestro pensamiento emana de nuestro Espíritu, sin fraccionarlo, sin disminuirlo. Libres y responsables, nos volvemos dueños y forjadores de nuestros destinos. Mas, para desarrollar los gérmenes y las fuerzas existentes en nosotros, es necesaria la lucha, la lucha contra la materia, contra las pasiones, contra todo lo que llamamos el mal. Esta lucha es dolorosa y los fracasos numerosos. Sin embargo, poco a poco, la experiencia se adquiere, la voluntad se templa, el bien se desprende del mal. Una hora viene en que el alma triunfa sobre las influencias inferiores, se recobra y eleva por medio de la expiación y la purificación hasta la vida feliz.. 


Entonces comprende y admira la sabiduría y la previsión de Dios, que, al hacer de ella el árbitro de sus propios destinos, ha dispuesto todas las cosas de manera que pueda lograrse, mediante ella, la mayor felicidad posible para cada uno de nosotros.


EL GRAN ENIGMA, DIOS Y EL UNIVERSO                                                  LEÓN DENIS



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