14 octubre 2021

PRINCIPIOS ESPÍRITAS I

 


 Como ciencia, el Espiritismo se dirige a la razón; ¿pero cómo se dirige al corazón humano?

1 ° Como consolador en la prueba; 2 ° Haciéndole amar la vida, la naturaleza, el universo, como una obra solidaria y armoniosa, totalmente impregnada de amor, poesía, belleza.

 

 ¿Cómo consuela el Espiritismo al hombre en sus pruebas?

– Dándole a entender que el sufrimiento es una educación necesaria para su destino; que engrandece el alma, forma el juicio, templa el carácter, refina las sensaciones, e inspira el sentimiento noble de piedad, por el cual nos parecemos más a Dios.


Estos son los consuelos que todavía se dirigen a la razón; pero las verdaderas penas del corazón, tales como la pérdida de aquellos a los que queremos, de una madre, de un niño, de un amigo, etc., ¿no son absolutamente penas inconsolables?

− No hay penas inconsolables. Precisamente son las que el Espiritismo consuela mejor, ya que, gracias a su enseñanza y gracias a sus prácticas, sentimos alrededor nuestro la presencia de nuestros difuntos queridos. Su fluido nos envuelve; nos hablan, a veces se dejan ver y hasta fotografiar. La fe religiosa da solamente la esperanza: el Espiritismo da la certeza y hace tocar la realidad.


¿El Espiritismo niega pues a la muerte? − No, pero la libra de espantos y temores de los perjuicios que la rodean. El Espiritismo nos hace amar la vida y nos enseña a no temer a la muerte.


¿Cómo hace amar la vida el Espiritismo?

− Presentándonosla como una de las etapas necesarias de nuestro destino. Además, nos da a entender cómo la existencia humana, a pesar de su duración y sus apariencias efímeras, se relaciona con plano general de evolución, de amor y de belleza que constituye el universo.

(...)La suprema dicha consiste en el goce de todos los esplendores de la Creación, que ninguna lengua humana podría expresar y que ni la imaginación más desarrollada podría concebir. 


Consiste en el conocimiento y la penetración de todas las cosas, en la carencia de todas las penas físicas y morales, en una satisfacción íntima, en una serenidad de alma que nada turba, en el amor puro que une todos los seres, resultado de ningún roce ni contacto con los malos, y, sobre todo, en la visión de Dios y en la contemplación de sus misterios revelados a los más dignos. 


Consiste también en las funciones, cuyo encargo es una dicha. Los espíritus puros son los mesías mensajeros de Dios para la transmisión y la ejecución de sus voluntades. Llevan a cabo las grandes misiones, presidiendo a la formación de los mundos y a la armonía general del Universo, cometido glorioso al cual se llega con la perfección. Los espíritus de rango más elevado son los únicos iniciados en los secretos de Dios, inspirándose en su pensamiento, puesto que son sus representantes directos(...) (Cielo e Infierno. Allan Kardec).


 ¿Cómo se relaciona la vida humana con el plano general del universo?


− Como la parte se relaciona con el todo; así como el detalle se reduce del conjunto. El universo es el océano eterno de la vida; la existencia humana procede de allí en su principio y regresa allí a su fin.


 ¿No es justamente lo que se conoce por panteísmo?

− En forma alguna, porque el ser humano, es decir el espíritu encarnado o desencarnado, conserva su personalidad y su identidad en la vida universal, como ciertas corrientes que circulan en el océano sin mezclar sus aguas con él.


 ¿Si la vida humana no existiera, faltaría entonces alguna cosa en el universo?

− Ciertamente, porque el hombre resume en si mismo todas las vidas de los diversos reinos de la naturaleza: del mineral, del vegetal, del animal, y los completa por la conciencia y la libertad. La vida humana es el fenómeno consciente de la naturaleza.


¿La naturaleza es, pues, eterna?

− La naturaleza es el efecto; solo la causa es eterna: es Dios.


 Entonces, ¿Dios es el autor de la naturaleza?

− Sí; por todas partes encontramos su fuerza, su inteligencia, su amor y el reflejo de su belleza.


¿La naturaleza es entonces el reflejo de Dios?

− Sí; la naturaleza es una transparencia bajo la cual se descubre a Dios; cada uno de los fenómenos de la naturaleza es el símbolo de un pensamiento divino.


 ¿Cómo es que tan pocos hombres ven la naturaleza de esa manera?

− Porque el mayor número de hombres mira estas cosas con un ojo cansado por la costumbre o falseado por la pasión. El hombre que guardó la juventud del corazón y la pureza de la mirada ve la naturaleza y la vida en la verdadera luz. Es en este sentido que Jesús dijo: «felices los corazones puros, porque verán a Dios» y también: «si su mirada es simple, todo su cuerpo será iluminado.»



¿Pero esta forma de comprender la naturaleza no es exclusivamente mística puesto que la ciencia moderna ve allí sólo un fenómeno puramente material?

− Precisamente es el error de la ciencia contemporánea ver en la naturaleza sólo el fenómeno material; y es también su castigo no poder, a causa de ello, abarcar la ley de la naturaleza ni la vida profunda de los seres que encierra. El espírita, como su nombre indica, busca siempre en todas partes "el espíritu " de las cosas; y es el espíritu que le responde y le instruye.


¿Así, el espírita está en comunión más íntima con la naturaleza?

− Ciertamente; esa es la comunión verdadera y universal. En medio de la naturaleza, el espírita nunca está solo. El mundo de los espíritus le rodea, una protección invisible le envuelve; por todas partes descubre un misterio y oye voces. Siente que un amor inmenso queda en el fondo de toda vida; que cada ser repite un canto del gran poema y aporta su nota particular al concierto universal.




Dijo antes que el Espiritismo tenía también una estética especial, ¿se entiende como una concepción de la Belleza?

− Es la única estética, la única que es adecuada a la razón universal: la estética espiritualista.


 ¿Qué es la estética?

− Es la ciencia de las leyes de la belleza.


¿Qué es la belleza?

− Es aquello que gusta al espíritu y encanta los ojos.


¿Por qué lo que es bello es aquello que gusta al espíritu y a los ojos?

− Porque lo bello está conforme con la naturaleza, como la naturaleza, a su vuelta, está conforme con la idea divina, que es el modelo eterno.

¿La naturaleza es pues la expresión de la belleza?

− Sí, la naturaleza es el primer hecho estético que se impone a nuestro pensamiento y a nuestras miradas. Es la regla impecable, el modelo de donde las artes sacarán siempre la medida de su inspiración.


¿Cómo expresa el hombre la belleza de la naturaleza?

− Por las artes.

 ¿Qué son las artes?

− Las artes son la expresión material de los tres elementos que constituyen la belleza, es decir la idea, la forma y la vida.


 ¿Dónde saca el artista la idea o mejor el ideal de sus obras?

 − En la contemplación interior de una belleza increada, divisada como un espejismo de la belleza eterna, que es Dios visto en sus obras. Es esta visión interna que llamamos concepción del genio e inspiración.


¿El artista no debe simplemente imitar entonces a la naturaleza?

− Si, pero no debe ser el copista servil, como lo pretende la escuela dicha realista. Debe tomarle solamente las formas sensibles, los signos materiales necesarios para dar cuerpo al ideal que está en él. Cuanto más un artista se acerca al ideal, más expresa la realidad; lo mismo que cuanto más nos acercamos a un alma, mejor poseemos y conocemos al hombre entero.





¿Cuál diferencia hay entre las Artes, las Ciencias y la Industria?

− Son esas, tres formas de la actividad humana que tienen cada una su objeto particular, pero que se solidarizan por la unidad del plazo que deben alcanzar. La industria tiene como objeto la utilidad bajo todas sus formas: oficios, invenciones, descubrimientos, etc.; la ciencia tiene como objeto las leyes que rigen la esencia de las cosas y de los seres, es decir la verdad; las artes tienen como objeto la belleza, que es el esplendor de la verdad, es decir el brillo del Ser en el universo.


¿La Verdad y la Belleza no deben unirse para constituir el Bien?

− Evidentemente, la verdad, la belleza y el bien son una sola y única cosa; son tres facetas de un solo y único diamante: la verdad, que es la ciencia, la belleza, que es el arte, deben resumirse en el bien, que es el amor. «Toda ciencia, dijo un pensador, que no nos lleva al amor es una ciencia estéril que se traiciona a si misma.»


(...)En efecto, el Espiritismo nos demuestra el porvenir bajo un nuevo aspecto más a nuestro alcance. Según él, la dicha está más cerca de nosotros, está a nuestro lado, en los Espíritus que nos rodean y que nunca han cesado de relacionarse con nosotros. 


La moral de los elegidos y de los condenados no está aislada; existe incesante solidaridad entre el cielo y la tierra, entre todos los mundos de todos los universos; la dicha consiste en el mutuo amor de todas las criaturas llegadas a la perfección y en la constante actividad cuyo objeto es el de instruir y conducir hacia aquella misma perfección a los que están atrasados. 


El infierno está en el corazón del mismo culpable que haya castigo en sus propios remordimientos, pero no es eterno, y el perverso, entrando en el camino del arrepentimiento, encuentra la esperanza, sublime consuelo de los desgraciados.


 ¡Qué inagotables manantiales de inspiración para el arte! ¡Que obras maestras de todo género no podrán originar las nuevas ideas, reproduciendo las escenas tan múltiples de la vida espiritista! En vez de representar despojos fríos e inanimados, se ve a la madre teniendo a su lado a la hija querida en su forma radiante y etérea; la víctima perdonando a su verdugo; el criminal huyendo en vano del espectáculo sin cesar renaciente de sus culpables acciones; el aislamiento del egoísta y del orgulloso en medio de la multitud: la turbación del Espíritu que nace a la vida espiritual, etc., etc. 


Y si el artista quiere levantarse por encima de la esfera terrestre hasta los mundos superiores, verdaderos edenes en que los Espíritus adelantados gozan de la felicidad adquirida, o reproducir algunas escenas de los mundos inferiores, verdaderos infiernos en que reinan como soberanas las pasiones, ¡que conmovedoras escenas, que cuadros palpitantes de interés no reproducirá! 


Si, el Espiritismo abre al arte un campo nuevo, inmenso e inexplorado aún, y cuando el artista reproduzca con convicción el mundo espiritista, tomar en semejante origen las más sublimes inspiraciones, y su nombre vivirá en los futuros siglos, porque a las preocupaciones materiales y efímeras de la vida presente, sustituirá el estudio de la vida futura y eterna del alma (...) (Obras Póstumas. Kardec.)



Entonces, ¿todo debe resumirse en el amor?

− Sí, el amor es el principio y el fin de las cosas; todo procede de él; todo debe regresar a él. Es la ley de progreso para los pueblos; es la condición del adelanto para el individuo. Toda la ley del destino se encuentra en esta palabra.



¿Cómo es el amor ley del progreso para los pueblos?

− Lo mismo que Dios hizo los granos de arena para vivir unidos en la misma orilla, los granos de trigo para abrazarse sobre la misma espiga y los granos de uva sobre el mismo racimo, así hizo a los hombres para vivir unidos en la familia, luego en la ciudad, en la patria, y finalmente en la humanidad. Es la condición esencial de la civilización.


(...) La ley grabada en la conciencia se enseña a todos. Dios ha hecho de la dicha el precio del trabajo y no del favor, a fin de que indudablemente tuviesen los hombres el mérito de ella. Cada uno es libre de trabajar o de no hacer nada para su adelanto. El que trabaja mucho y pronto, antes es recompensado, mientras que el que se extravía en la ruta o pierde su tiempo, retarda su llegada, y no puede culpar a nadie sino a sí mismo. El bien y el mal son voluntarios y facultativos. Siendo libre el hombre, no es impulsado fatalmente ni hacia el uno ni hacia el otro. (Cielo e Infierno. Allan Kardec).


¿Entra pues en el plano del amor, es decir en plano de Dios, que todos los hombres sean hermanos y que todos los pueblos se unan un día en la fraternidad universal?

− Sí, es la ley del amor devolver todo a la unidad, es decir a la imagen y semejanza de Dios, que es uno.


¿Esta noción del amor humanitario no destruye la noción del patriotismo?

− De ninguna manera, pero la explica y la modifica según la misma ley de la naturaleza y de los progresos de la historia.

¿Cómo hace eso?

− La ley de la naturaleza y la de la historia piden que el círculo del amor progresivamente se extienda en el curso de los siglos. La humanidad, en cada una de sus etapas, el hombre, en cada una de sus existencias, se afinan y se dilatan más. Es para amar cada vez más que los hombres y los pueblos están sometidos a la ley ineluctable de las reencarnaciones aquí abajo y en otros mundos del espacio. La vida individual y la vida colectiva evolucionan por ciclos: el primero, es la familia; el segundo, la ciudad; la tercera, la patria; la cuarta, la humanidad; el último, el universo.


(...)El principio siempre es el mismo: para los Espíritus elevados la patria es el universo. 


En la Tierra, es el lugar donde se encuentra la mayor cantidad de personas con las que simpatizan.” La situación de los Espíritus y su modo de ver las cosas varían hasta lo infinito en virtud de su grado de desarrollo moral e intelectual. 


Por lo general, los Espíritus de un orden elevado sólo permanecen en la Tierra por poco tiempo. Todo lo que se hace en este mundo es tan mezquino en comparación con las grandezas de lo infinito; las cosas a las cuales los hombres otorgan más importancia son tan pueriles para los Espíritus, que estos encuentran aquí pocas razones para sentirse atraídos, a menos que se los haya convocado para cooperar en el progreso de la humanidad. 


Los Espíritus de un orden intermedio vienen a la Tierra con mayor frecuencia, aunque consideran las cosas desde un punto de vista más elevado que cuando estaban vivos. 


Los Espíritus vulgares, en cierto modo, están asentados aquí, y constituyen el conjunto de la población circundante del mundo invisible. Han conservado con escasas variantes las mismas ideas, los mismos gustos y las mismas inclinaciones que cuando tenían la envoltura corporal. Se entrometen en nuestras reuniones, en nuestros asuntos y entretenimientos, en los que toman parte más o menos activa, según su carácter. Como no pueden satisfacer sus pasiones, gozan junto con los que se entregan a ellas, y los incitan a hacerlo. No obstante, entre esos Espíritus los hay más serios, que ven y observan para instruirse y perfeccionarse (...) (Libro de los Espíritus. Kardec. #317).



¿A qué ciclo de la historia humana hemos llegado actualmente?

− Al ciclo de transición entre al amor a la patria y al del género humano.


¿Así, el patriotismo está llamado a desaparecer?

− En su noción exclusiva y celosa, sí; en su noción histórica e íntima, ¡no!


¿Qué entiende usted por esto?

− Hay un patriotismo estrecho y feroz que es el egoísmo de los pueblos, ése debe perecer. El que un hombre viva a este lado de la frontera, y otro más allá, no resulta que deban odiarse, pelearse y matarse. Pero hay un patriotismo que cada hombre lleva en su corazón, que está hecho de emociones íntimas, alegrías y dolores comunes, memorias sagradas; ése jamás perecerá; forma parte integrante de la conciencia humana. 


No obstante, esta noción íntima se dilata y se engrandece con el progreso de la vida, la supresión de las distancias que separan los pueblos, el carácter internacional de las relaciones que las reúnen. Un día, este patriotismo será absorbido por la humanidad entera; la verdadera patria estará por todas partes dónde el hombre puede nacer, amar y morir. La difusión del Espiritismo ayudará a esta transformación.


¿Y después del amor de la humanidad, será el amor universal?

− Sí. El pensamiento y el amor siguen la misma ley. Lo mismo que el progreso del pensamiento humano consiste en abrazar horizontes cada vez más vastos, y que el genio del hombre puede ser adecuado al universo, así el corazón humano también, debe dilatarse, ensancharse indefinidamente por los crecimientos del amor. Es por la ley que el hombre se acerca a Dios. Nos hicimos «a su imagen y a su semejanza» solo por la facultad que poseía nuestro espíritu de abrazar todo el universo en un solo y único arranque de amor.




¿No estamos todavía muy lejos de realizar este ideal de amor y de bondad universales?


− Colectivamente, sí; individualmente, ¡no! Existen actualmente sobre la Tierra almas que han llegado a tal grado de evolución que sus aspiraciones son más vastas y más grandes que el mundo donde viven. Sus sacrificios, por ejemplo, sus actos de amor son la fuerza más grande del género humano. Es con las almas sublimes que Dios prepara las grandes transformaciones morales del futuro.


¿Podemos esperar que un día la humanidad colectiva alcance este ideal de amor y de bondad, que es solamente reparto de algunas almas de élite?

− Sí, sea en este mundo, sea en otros. Es la ley de los mundos que ellos también deben ascender en la luz y en el amor al mismo tiempo que los espíritus encarnados en su superficie


¿Así los mundos habitados también evolucionan en el amor universal?

− Sí. Lo mismo que soles innumerables son llevados, con sus comitivas de planetas, hacia un centro irresistible que los atrae, así las almas y el mundo gravita alrededor del sol eterno, alrededor de la Inteligencia suprema: Dios. Esta ascensión, esta subida del universo hacia las cumbres constituye el progreso ilimitado en la luz, el movimiento, la actividad, la alegría serena. Es la vida eterna en la acepción plena de la palabra, que resume todo el destino de los seres, toda historia de los pueblos, toda evolución universal.


(...) El amor no tiene límites, llena el espacio, dando y recibiendo a sus divinos consuelos. “El mar se extiende en perspectiva infinita. Su último límite parece confundirse con el cielo, y el espíritu se deslumbra con el magnífico espectáculo de estas dos grandezas. Así es que el amor, más profundo que las olas, más infinito que el espacio, debe reuniros a todos, hombres y espíritus, en la misma comunión de caridad, y obrar la admirable fusión de lo que es finito y de lo que es eterno.”(...) (Cielo e infierno. Allan Kardec).


(...) El Espíritu que tiene el sentimiento de la armonía, es como el Espíritu que ha adquirido un caudal intelectual; ambos gozan de la propiedad inalienable que han amasado. 


El Espíritu inteligente que enseña la ciencia a los que la ignoran, goza la dicha de enseñar, porque sabe la felicidad que procura a los que instruye; lo mismo sucede con el que hace vibrar el éter a los acordes de la armonía que está en él, pues goza de la dicha de ver satisfechos a los que le escuchan. 


La armonía, la ciencia y la virtud son las tres grandes concepciones del Espíritu: la primera le arrebata, la segunda le ilumina y la tercera le eleva. Poseídas en toda su plenitud, se confunden y constituyen la pureza. 


¡Oh! Espíritus puros que tenéis la armonía, la ciencia y la virtud, ¡descended a nuestras tinieblas e iluminad nuestro camino! ¡Mostradnos la guía que habéis tomado con el fin de que sigamos vuestras huellas! (...) (Obras Póstumas. Allan Kardec.)


Bibliografía consultada

-        Denis, León. Síntesis doctrinaria y Espiritismo práctico.

-        Kardec, Allan. El libro de los Espíritus.

-        Kardec, Allan. El Cielo y el Infierno

-        Kardec, Allan. Obras Póstumas


06 octubre 2021

CONGRESO NACIONAL 2021

Con la presencia de DIVALDO PEREIRA FRANCO 

Asegure su plaza reservando a través del siguiente enlace:

https://forms.gle/h7E2byAys19CsyKN9 y efectuando un primer pago del 50% antes del 15 de Octubre; el resto lo deberá pagar antes del 15 de Noviembre. A partir del 16 de Noviembre consultar disponibilidad.






01 octubre 2021

EDUCACIÓN PARA LA VIDA ANTE LA MUERTE




1) Educación para la muerte por Herculano Pires

2) Repaso de los items 149 a 167 El alma después de la muerte. El libro de los Espíritus

3) Repaso de "El temor a la muerte". El Cielo y el Infierno

4) Videos recomendados:

    Desencarnación de Dimas

(2) Desencarnación de Dimas - YouTube

    La vida en el mundo espiritual Chico Xavier/André Luiz

(2) vida después de la muerte Chico Xavier - YouTube


1) EDUCACIÓN PARA LA MUERTE

Estamos en una fase  histórica en que el misterio de la muerte fue resuelto ampliamente y con seguridad. No habrá más posibilidades de duda en lo  relativo a la sobrevivencia de todos los seres vivos al fenómeno  universal de la muerte.


Nada se acaba; la duración de las cosas y de los seres es infinita. Este es un aspecto de la realidad que  estuvo siempre expuesto a la observación humana, probándose  incesantemente por si mismo, desde las selvas hasta las más  elevadas civilizaciones.

 

Estas pruebas llegaron en nuestro tiempo  a un punto decisivo, gracias al desarrollo de las Ciencias,  al esclarecimiento cultural que alejó de las mentes más desenvueltas y capacitadas las dudas creadas por las supersticiones y  por el comercio religioso de la muerte en todo el mundo.

 

A pesar  de esto, la posición de la Ciencia al respecto de la cuestión  permaneció invariable en los últimos siglos, particularmente en los siglos XVIII y XIX. El entusiasmo por las conquistas técnicas, por las victorias en la lucha contra el dogmatismo de la  Iglesia y la esperanza ilusoria de una rápida y fácil explicación  del mundo por las teorías mecanicistas, generaron el materialismo simplista y alegre que Marx y Engels llamarían utópico,  reservando para si mismos la clasificación pomposa y temeraria  de materialismo científico. 


Así también en la segunda mitad del siglo XIX surgía la Ciencia Espírita y se abría para  el mundo una visión más seria y detallada de la realidad total del  Universo. Como acentuó Conan Doyle, a las invasiones inconsecuentes y dispersas de los espíritus en nuestro mundo terreno, sucedía una incursión organizada, dirigida por Espíritus Superiores, con una finalidad clara y definida de revelar la verdad cristiana,  hasta entonces estafada, en su pureza esencial. Solo entonces la muerte comenzó a mostrar a los seres humanos su cara oculta, revelando al mismo tiempo el sentido verdadero de la vida y, como  acentuó León Denis, su pesada responsabilidad.

 

Las prácticas  misteriosas y aterradoras de la preparación de los seres humanos para la muerte fueron difuminándose por las informaciones compiladas por  Denizard Rivail, discípulo y continuador de Pestalozzi, en el desenvolvimiento de una educación para la muerte.

 

Toda la larga fase anterior, envuelta en supersticiones mágicas y misticismo alienante, de los tiempos primitivos hasta la  primera mitad del siglo XIX, fue apenas de preparación dramática, sombría y trágica de la criatura humana para el misterio  insondable de la muerte en que toda la Humanidad estaba sumergida.


Es increíble que las iglesias cristianas se esforzaran tanto, hasta  hoy, para mantener esta situación desesperante en el mundo.


Aunque el Papa Pablo VI, mostrándose preocupado  con su muerte próxima, declaró que nada dice la Iglesia sobre la  muerte, a no ser que sobreviviremos a ella en una forma de vida  misteriosa.


De misterio en misterio, como se ve, los problemas  fundamentales de la vida y de la muerte fueron escapando de las manos de los clérigos. Hoy estos asuntos pasaron hacia el ámbito  de la Ciencia. Mas será la Educación y la Pedagogía que, en  última instancia, cabe hoy la obligación de elaborar los programas de orientación educativa de todos nosotros para el acto de morir.

 

En la didáctica especializada de esta nueva disciplina  resalta, como punto central nuevo campo educativo, el acto educativo. En el se concentra, como en el núcleo del átomo, todo  el poder organizador y orientador del proceso a desarrollarse.


Para René Hubert y Kerchensteiner, el acto educativo es un acto  de amor. En las pesquisas sobre la Educación primitiva, entre los  salvajes, se evidenció que la naturaleza de la Educación es  esencialmente afectiva y amorosa.

 

Esto nos muestra que la Educación para la Muerte no puede ser coercitiva, autoritaria, constreñidora y mucho menos aterrorizadora.

 

Las religiones de la muerte, por lo tanto, se negaron a si mismas al optar por el terrorismo  de las maldiciones y de las amenazas para educar a los seres humanos  en el difícil oficio de morir y de soportar la muerte a su alrededor.

 

Simone de Beauvoir observó, en contacto con materialistas  ideológicamente convencidos, que morir es una necesidad natural del ser humano, que los materialistas temen, principalmente, la  soledad de la muerte. Nada saben, como los religiosos, sobre los  secretos de la muerte. Tendrá que ser por esto que siempre mueren con los ojos abiertos, dejando a los vivos el trabajo de cerrarlos para estar acompañados.


Si los materialistas pudiesen ser filósofos, no les importaría la  soledad de la muerte, puesto que si en ella todo se acaba, no  podría haber soledad. Y será también por esto que no puede  haber una Filosofía materialista.

 

La esencia de la Filosofía es la  libertad y su objeto es ella misma. La Filosofía es la captación  libre de la realidad que nos dará una libre concepción del mundo.


El materialista no es libre, puesto que está preso a la idea fija de que todo es materia.


No es por casualidad que estamos en un mundo tan lleno de conflictos y angustias. Pagamos caro el mundo fantasioso que orgullosamente construimos sobre el mundo natural de la Tierra.

 

Adaptar este mundo humano a la realidad planetaria es tarea  urgente, que cabe a todos y a cada uno de nosotros. El acto educativo, en el proceso de la educación para la muerte, se revela aún más profundo y significativo que en la educación común.

 

Comienza por el llamado de una consciencia esclarecida y madura a las consciencias inmaduras, para elevarse  sobre los conceptos erróneos a los cuales se apegan. Tenemos  que revelar y justificar para estas consciencias, con datos científicos actuales, el mecanismo individual y colectivo de la muerte.

 
Urge hacer comprender al ser humano que la muerte no es un mal, sino  un bien de la naturaleza y una necesidad para el ser  humano. Tenemos que demostrar que el muerto no es un cadáver, sino un ser  inmortal que, al pasar por la vida y la muerte se enriqueció con  nuevas experiencias, adquirió más saber, desenvolvió sus facultades o potencialidades divinas.

 

Tenemos que esclarecer el  sentido de la palabra hasta hoy empleada de manera alienante,  esclareciendo que la condición divina del ser humano es simplemente el producto de una existencia de trabajo, amor y abnegación,  en que la criatura supera, en las vías de la trascendencia, el  condicionamiento animal del cuerpo material y la ilusión sensorial que lo imanta al vivir animal.

 

Tenemos que trascender la sistemática habitual de las escuelas y de las iglesias, que se apegan al  pragmatismo, a las subfilosofias del vivir por vivir, desvendando  el verdadero significado del placer y del amor, como elementos  de sublimación de la criatura humana en las funciones vitales y  genésicas de la especie.

 

El mandamiento del amor al prójimo  ha de ser colocado en plano racional, libre de las amenazas  opresivas y de la maraña de las conveniencias inmediatistas.

Mostrar que el Amor a Dios, la más elevada forma de amor  existente en la Tierra, no se hace con miedo y terror, sino de comprensión; no se dirige a un mito, sino a una Consciencia que  nos impulsa en la práctica de la justicia y de la bondad, sin  discriminaciones de especie alguna.

 

Tenemos que esclarecer  que la muerte está en nosotros mismos y no fuera de nosotros,  que convive con la vida en nosotros. Como enseñaba Buda, “la  muerte nos visita en cada una de nuestras respiraciones”.

 

Tenemos que demostrar que, en verdad, morir es simplemente dejar el condicionamiento animal y pasar a la vida espiritual. La fase más difícil del acto educativo es la que da la comprensión del desapego a los bienes pasajeros del mundo, sin  despreciarlos, como forma de preparación para las actividades de  abnegación amorosa que hemos de ejercer después de la muerte.

 

Mas no tendremos que exagerar las promesas de más allá del  túmulo, puesto que no se promete lo que no se puede dar, sino  enseñar que solo se llevará, en el cambio de la muerte, el bagaje  de las conquistas que se realizan aquí, en la vida terrenal.

 

No  seremos premiados, sino pagados en la otra vida, justamente  pagados por todo lo que demos gratuitamente en esta vida. Esta  enseñanza, acompañada de ejemplos vivos de nuestra vivencia,  demostrará a los educandos que no usamos palabras piadosas,  sino que los convidamos a caminar a nuestro lado, haciendo lo  que hacemos.

 

Tendremos que sustituir las ideas de recompensa por  las de consecuencia. Pero si hiciéramos todo esto sin amor,  pensando apenas en nosotros mismos, nuestros actos no tendrán  repercusión, puesto que nada más hicimos que cumplir con  nuestro deber, en el contrato social y universal de la convivencia  humana.

 

Ninguno hace sin haber aprendido, pero ninguno aprende sin hacer. Así, la reciprocidad de nuestro quehacer nos liga  profundamente a los otros en las redes de la ley de acción y reacción, demostrándonos de manera objetiva y subjetiva que todos precisamos de la ayuda de los demás.

 

La convivencia  humana se entreteje de intereses, desconfianzas, despechos y  aversiones, sobre un paño de fondo en que el amor, la simpatía y  el respeto ofrecen precaria base de sustento. Gran parte de este  tejido de malquerencias recíprocas provienen de motivos ocultos,  provenientes de envidias y celos. Porque unos están mejor dotados que otros y la vanidad humana no permite a los inferiores  perdonar a los más agraciados por la naturaleza o por la fortuna.

 

El problema de la reencarnación explica estas diferencias, muchas veces chocantes, y alienta a los infelices con esperanzas  racionales, demostrándoles que cada uno de nosotros será el  responsable único por su condicionamiento individual. 


Los  seres humanos aprenden a tolerar sus derrotas hoy para alcanzar victorias futuras, y en este aprendizaje se superan a si mismos, modificando el tenor inferior de las relaciones sociales. 


Las pesquisas  científicas actuales sobre la reencarnación hacen parte necesaria  de la educación para la muerte, que en el caso pierde la mayoría  de sus aspectos negativos, transformándose en promesa de  recompensa posible. Al mismo tiempo, sustituyendo las amenazas religiosas absurdas por los socorros de las buenas acciones  en la vida de prueba, que será siempre pasajera, predisponiendo a  las criaturas condiciones espirituales en la vida presente. 


Las  pruebas científicas del poder del pensamiento, que hoy se revela  como forma de comunicación permanente en la sociedad humana, nos demuestra la conveniencia de la conformidad y de la  alegría íntima en las relaciones sociales.

 

El acto educativo, en esta extensión y en esta profundidad,  se torna el más poderoso instrumento de transformación del  ser humano, llevándolo a descubrir en si mismo las más poderosas  fuentes de energía de que podemos disponer en el mundo, y  basta esto para darnos la Nueva Consciencia que apagará en  nosotros todos el fermento viejo del que hablaba Jesús a los  fariseos, los residuos animales de nuestra condición humana.

 

No será con sermones tejidos con palabras mansas y palabrería emotiva, ni con piedad fingida, bendiciones formales del  profesionalismo religioso, promesas de un cielo de delicias al  lado de amenazas de condenas eternas que podremos despertar a  los seres humanos para una vida más elevada.

 

Tenemos que colocar los  problemas humanos en términos racionales, sin contradicciones  amedrentadoras. El ser humano reacciona, consciente o inconscientemente, a todas las amenazas y condenas, y a todas las injusticias  de la sociedad y de las potencias divinas.

 

Hasta hoy, hemos sido tratados como animales en fase de domesticación y reaccionamos intensificando la violencia y la revuelta por toda la Tierra.


De ahora en adelante precisamos pensar seriamente en la educación positiva del ser humano en la vida, con vistas a su educación  para la muerte.

 

El instinto de posesión y las ambiciones del  poder desencadenaron en la Tierra la ola de violencias que hoy nos asombra. Mas el ser humano es racional y puede superar esta  situación desastrosa ante la revelación de las primaveras secretas del amor y de la bondad.

 

En su consciencia está la marca divina  del Creador, en la idea de Dios que Descartes descubrió en las  profundidades de si mismo. En un mundo y en una sociedad en que los estímulos son, en la mayoría negativos, los ejemplos  deplorables, las leyes injustas, las religiones mentirosas entregados al tráfico de la simonía, la moral hipócrita y así por delante,  en que los buenos se hunden en la miseria para que los malos  vivan con las tripas llenas, no habrá condiciones para el desenvolvimiento de las virtudes del espíritu, sino solamente para los  vicios de la carne.

 

El acto educativo, en la Educación para la Muerte, se constituye en un proceso complejo que debe abarcar todas las facultades humanas, para elevarlas al plano de las funciones superiores  del espíritu.

 

Comenzando en el individuo, primera brecha por la  cual se puede inyectar la idea nueva en relación constante con la  muerte, este acto de amor se extenderá a las comunidades, contagiando al mundo.

 

Es lo que Jesús comparó a la acción del  fermento en una medida de harina, para levarla. Es también el  poquito de sal que da gusto a la insipidez del mundo, a través de  aquellos que se dispongan a salarse a si mismos para transmitir a  los otros el estimulo salino. Todas estas cosas no son nuevas, son  viejas, pero en verdad no envejecen.

 

Hace dos mil años Jesús de  Nazaret, carpintero e hijo de carpintero, enseñó al mundo los  principios de la Educación para la Muerte y enriqueció sus  enseñanzas con su ejemplo personal. Ejemplificó la inmortalidad, resucitando en su cuerpo espiritual, el cuerpo bioplasmático que los materialistas descubrieran y que se apresuraron a esconder de la Humanidad.

 

Mas la Educación para la Muerte fue entonces  transformada en las Religiones de la Muerte por los mercaderes  de los templos y el mundo retornó a las tinieblas, apegado a los  mitos y enriqueciendo el panteón mitológico con la imagen del  carpintero crucificado por judíos y romanos en colusión.

 

Nos  cabe ahora, en la antevíspera científica y tecnológica de la Era  Cósmica, disponernos a luchar por la reimplantación de la Educación para la Muerte, que enseñará a los seres humanos a vivir bien para morir bien, o sea, morir conscientes de que no mueren, pues la Ley del Cosmos no es la muerte, sino la vida sin fin,  indestructible en la realidad infinita de la Creación. 


La Hora de la Magia se agotó en las selvas, en los intentos  ingenuos de los seres humanos primitivos, de descubrir y controlar las  leyes naturales, dominando la naturaleza por medios ilusorios y  grotescos.

 

La Hora de las Religiones se escurrió por el cuello del reloj de arena o en las clepsidras goteantes. 


La Hora de la Ciencia desapareció en las minucias de la técnica. 


Mas surgió al final la Hora de la Verdad, en que toda la realidad se transforma en estructuras invisibles, en el polvo atómico y sub-atómico de las  inversiones de la antimateria. Es la Hora Esperada de la Resurrección del Espíritu.



2-3) Repasar los items de la visión espírita sobre la muerte en "El Libro de los Espíritus", "El Cielo y el Infierno" y "La Génesis":






4) Videos recomendados








Bibliografía

- Calle, Ramiro. Enseñanzas para morir en paz.
- Gyampso, Lama Jinpa. Morir y volver a nacer.
- Kardec, Allan. El libro de los Espíritus
- Kardec, Allan. El cielo y el infierno.
- Kardec, Allan, La Génesis
- Oliveira, Therezinha. Ante los que partieron.
- Pires, Herculano. Educación para la muerte.

18 septiembre 2021

OPTAR POR LA VIDA SIEMPRE

 La humanidad en general vive en un estado de sueño, de letargo, y por esta misma razón sufre de la enfermedad más dominante, que es la ignorancia de uno mismo, de su destino, del sentido de la existencia.




Acomodados a la situación en la que se encuentran, los individuos se quejan, pero no hacen casi nada para cambiar los factores degenerativos del conjunto social, normalmente presentes en sí mismos.


Se lamentan por una necesidad masoquista de inspirar compasión, no hacen ningún esfuerzo real para superar todos los obstáculos que aparecen como amenaza o impedimento para su progreso.


La conciencia del sueño predomina en el mundo moderno, debido a sus concesiones al placer inmediato, sin propuestas ni oportunidades para liberar las emociones. Así, la sociedad se divide en grupos que son hostiles entre sí, distanciándose cada vez más unos de otros, cuando convendría eliminar las barreras separatistas, y no mantener la ignorancia de las infinitas posibilidades de realización y despertar.


Inevitablemente, surge el momento en que el ser es inducido a despertar o permanecer en la muerte de la realidad.


Para despertar del pesado sueño al que está sometido, todo el esfuerzo posible es necesario, para que pueda romper las cadenas que lo atan al proceso de autocompasión e infelicidad, de baja autoestima y falta de respeto para sí mismo.


Estar despierto es sentirse pleno, consciente de la realidad interior y de las infinitas posibilidades de crecimiento que están a su alcance; liberarse de los miedos que le inmovilizan, redescubrir la alegría de vivir y de actuar, ampliar el campo de la comunicación con la naturaleza y todos los seres; multiplicar los medios de dignificación humana, poniéndolos al alcance de todos, sometiéndose a la elocuente propuesta de iluminación que se puede encontrar en todas partes...



-- OPTAR POR LA VIDA

    - Alegría de vivir
    - Diferentes causas
    - Pensamiento ideal
    - Autoestima
    - Imperativos de la paciencia

-- PROPUESTAS

    - Educación
    - Lecturas edificantes diarias
    - Agradecimiento
    - Oración
    - Servicio al prójimo
    - Meditación
    - Autoiluminación
  
 

La conciencia de responsabilidad y de seguridad no se alcanza automáticamente, más bien es adquirida por el esfuerzo personal constante. Esa adquisición no se logra de repente, sino en el día a día, de hora en hora, a través de las pequeñas cosas hasta alcanzar las grandes conquistas.


El individuo debe optar por sí mismo como escribió Kierkegaard, el filósofo y teólogo danés del siglo XIX.


Optar por si mismo significa el resultado de un análisis exhaustivo de la vida y de sus finalidades extraordinarias, representando un esfuerzo para vivir, para descubrir que uno mismo existe, y que nada, jamás, puede destruir su realidad.


Descubrirse como un@ es, y aceptarse, constituye la opción por si mism@, perfeccionándose para nuevos y futuros logros que llevan al cumplimiento de su destino de ser pensante, facultando el discernimiento de realizar sus aspiraciones fundamentales, esenciales.


Es cómodo aunque trágico huir psicológicamente de la vida, sin conseguirlo jamás realmente. El hombre forma parte de un conjunto armónico que constituye la Creación. Su desarmonía dificulta el orden, el equilibrio general, que el debe esforzarse por no desorganizar.


El egoísmo, hijo de la inmadurez, lo vuelve exigente e ingrato, llevándolo a la rebeldía cuando es contrariado en sus pasiones infantiles, lo que le propicia las distorsiones psicológicas y los primeros pensamientos sobre el suicidio.


Por otro lado, aparecen individuos que se aferran a los objetivos que se les representan como vida: amar apasionadamente a alguien, cuidar de otros, dedicarse a una labor, a una tarea artística o no, a un ideal o a la abnegación, y que concluida la motivación se niegan a vivir, debilitándose emocionalmente hasta la extenuación y sucumbiendo después...


Estas personas no optaron por si mismas. Realizaron un mecanismo de transferencia, sin que hayan experimentado la belleza de la vida y sus últimas finalidades. Quien se considera libre para morir, asume un compromiso con la libertad para vivir.


La opción por un@ mism@ ofrece una alta responsabilidad para con la vida, un encanto nuevo para descubrir todas las bellezas que estaban oscurecidas por el pesimismo, una libertad con alto grado de movimiento.


El amor se le expresa mas pleno, porque, amándose a si mismo, irradia este sentimiento en todas las direcciones y llena todos los vacíos interiores con alegría y realización, mediante la auto-disciplina, que se revela como guía eficaz de los pensamientos y actos de libertad.


- La alegría de vivir

La vida es un poema de belleza, cuyos versos se componen de propuestas de luz, escritas en la partitura de la Naturaleza, que exalta su presencia en todo lugar.







En consecuencia, la oportunidad de la existencia física constituye un cuadro separado de encanto y conquistas, a través de cuyo aprendizaje la vida del ser humano es un poema de gran belleza.


Hay sol y armonía por todas partes, invitando a la paz y a la participación en su feliz conjunto. Sin embargo, sólo la criatura humana, se presenta como triste, marcada por una salud moral influenciada por actitudes y acciones del pasado, de compromisos mal orientados, de realizaciones desastrosas, transfiriéndolas de una etapa para otra, hasta que resuelva solucionar las dificultades desde dentro hacia fuera, para de esa forma alcanzar sus objetivos con un esfuerzo dirigido adecuadamente.


Es necesario, por tanto, que la alegría de vivir forme parte activa del programa de la construcción personal de la criatura inteligente. Aprovechando al máximo toda la magia existente que ofrece el Universo, retomando la maravillosa fuerza interior que está al alcance de todo aquel que desea elevarse, liberarse de los tormentos y ataduras con el pasado.


El destino del ser humano es la libertad. Ser libre significa no ser dependiente, sino optar por lo que constituye una emulación para la victoria; no aferrarse al pasado, ni preocuparse por el futuro, viviendo el presente en paz y con alegría.


A medida que el ser humano madura psicológicamente, la alegría de vivir constituye una poderosa razón para la búsqueda de la iluminación. Esa alegría no excluye, desde luego, los episodios de reflexión por el dolor, de ansiedad por el amor, de espera por la salud , la presencia de la enfermedad, la angustia momentánea, de inquietud ante lo que está ocurriendo.


Estos fenómenos, aunque forman parte del curso existencial, no eliminan la alegría, sino que le dan razón de ser, porque después de cada desafío le sigue una victoria; después de cada prueba le sucede una conquista; en cada aventura de dolor presenta un nuevo nivel de equilibrio, haciendo de la alegría una constante y motivación para la producción de nuevos valores.


La alegría proporciona al cerebro un mayor aporte de enzimas especiales encargadas de producir salud facilitando la risa. Es un potente estimulante de la producción de inmunoglobulina salival (sIgA), portadora de factores inmunizantes, que propician la equilibrio orgánico constante, evitando la invasión de diversos virus y bacterias perjudiciales.


Cuando te ríes, se estimulan preciosos músculos faciales y generales, eliminas toxinas nocivas acumuladas, que acaban intoxicando al individuo. La risa es una forma de expresar alegría, sin que sea necesaria una carcajada estruendosa, nerviosa o descontrolada en su exteriorización.


Hoy en día, la risoterapia es un recurso precioso para evitar ciertas alteraciones, también ayuda en la la recuperación de patologías graves, especialmente las infecciosas, degenerativas de la máquina orgánica y diversos trastornos emocionales y psíquicos.


El autoconocimiento revela al individuo sus posibilidades y limitaciones, abriendo espacios para la renovación y la conquista de nuevos horizontes de salud y plenitud, sin conciencia de culpa, sin estigmas.


Por tanto, la Psiconeuroinmunología viene a demostrar que el estado de la salud puede ser alcanzado por el propio individuo que decide renovarse y creer en sí mismo, en sus inmensas reservas de energías, en el valor de sus conquistas. Perfectamente compatible con la Ley de Causa y Efecto, los logros positivos pueden eliminar o disminuir el peso de los negativos y perjudiciales.


La criatura humana es su psique. Según como actúe, así serán las manifestaciones del mundo del "yo" y del Ser.


El pensamiento, por tanto, cuando está bien construido, actúa sobre el mecanismo del sistema nervioso, en el cerebro, y estos, conjugados, producen enzimas protectoras que hacen que el organismo sea inmune a muchas invasiones de agentes destructivos, propiciando la salud.


La alegría de vivir es una invitación a una existencia rica en producciones morales, espirituales, artísticas, culturales, estéticas y nobles.


La fatalidad existencial es dejar de vivir bien, que es una de los objetivos humanos. Vivir bien, que es una conquista personal, intransferible y especial que nunca puede alterarse ni perderse, fomentar la felicidad y trabajar por la paz que todos anhelan.


- Diferentes causas

Todas las grandes preocupaciones del espíritu pueden ocasionar la locura: las ciencias, las artes e incluso la religión proporcionan su contingente. La causa principal de la locura es una predisposición orgánica del cerebro, que lo hace más o menos sensitivo a ciertas impresiones. Dada una predisposición a la locura, esta tomará el carácter de la preocupación principal, en cuyo caso se convertirá en una idea fija. Esa idea fija podrá ser la de Dios, los ángeles, el diablo, la fortuna, el poder, un arte, una ciencia, la maternidad, un sistema político o social, los Espíritus, etc.


Entre las causas más numerosas de sobreexcitación cerebral, es preciso contar las decepciones, las desgracias y los afectos contrariados, que son al mismo tiempo las causas más frecuentes de suicidio.


Ahora bien, el verdadero espírita observa las cosas de este mundo desde un punto de vista tan elevado, que le parecen pequeñas y mezquinas comparadas con el porvenir que lo aguarda; la vida es para él tan corta y fugaz, que las tribulaciones no le resultan más que los incidentes desagradables de un viaje.


Lo que a otros les produciría una violenta emoción, a él lo afecta medianamente. Sabe, por otra parte, que los pesares de la vida son pruebas que sirven para su adelanto si las sufre sin murmurar, porque será recompensado según el valor con que las haya soportado. Así, sus convicciones le otorgan una resignación que lo preserva de la desesperación y, por consiguiente, de una causa incesante de locura y suicidio.


Conoce, además, por las comunicaciones con los Espíritus, la suerte angustiada de los que abrevian voluntariamente sus días, y ese cuadro es apropiado para hacerlo reflexionar.


Por ese motivo el número de los que han rechazado esa decisión funesta de abandonar la vida voluntariamente gracias al Espiritismo es considerable. Que los incrédulos se rían de él cuanto quieran. Por mi parte, les deseo el consuelo que la doctrina espírita proporciona a todos los que se han tomado el trabajo de sondear sus misteriosas profundidades. (Allan Kardec) L.E. Introducción.



- Pensamiento ideal


Como todas las expresiones de la evolución dependen del pensamiento, porque provienen de él, es fácil pensar que sustituyendo el que sea incorrecto por otro que parezca favorable. Para aquellas personas que digan no saber cómo discernir cuál es el pensamiento ideal del otro que es pernicioso, basta con hacer una evaluación de aquel que le sirvió como apoyo en una determinada situación o lo que experimentó y fue causa de perturbación, pasando así a realizar nuevas construcciones de pensamientos.






Al principio, la acomodación llevará al individuo a repetir el error y a no creer en el éxito de la tarea que acaba de comenzar. En este caso, depende del individuo insistir y perseverar, abriendo un nuevo espacio en el campo mental viciado, plantando las nuevas semillas de optimismo y esperanza, para salir de ese estado enfermizo. Después, es esencial empezar a valorar todo lo que le rodea, estableciendo nuevas pautas de entendimiento, para liberarse de las construcciones negativas-pesimistas.


El nuevo hábito se implantará lentamente en el subconsciente hasta que se convierta en una parte integral del comportamiento.


Pensar bien o mal es una cuestión de costumbre. Cada vez que ocurre un pensamiento servil, malsano, perverso y malicioso injusto, sustitúyelo inmediatamente por uno digno y saludable, amoroso, confiado, justo, sosteniéndolo con una energía firme del deseo de que sea así.


Lo que uno piensa se convierte en realidad, como es natural. Por eso, pensar y actuar son términos de la misma ecuación existencial. Primero pensar, luego actuar, para no arrepentirse cuando se empieza a reflexionar.


Las construcciones mentales superiores, que producen los hábitos saludables se renuevan y crecen en el ser, originados en el Espíritu, que los capta desde el Pensamiento Divino, del que proceden todas las fuerzas de edificación y de realización total.


- Autoestima (Autoamor)


El individuo está siempre en el momento presente, que es su instante decisivo. Por lo tanto, el pasado no puede servir como parámetro, excepto para aprender a no repetir errores, ya que es irrecuperable, pero reparable.








No hay nada que pueda ser recuperado en el área moral que ha sido comprometida, siempre que haya un interés real, se puede corregir. Por lo tanto, es negativo mantener la nostalgia por lo que ya ha pasado, sentirse frustrado por lo que a uno le gustaría que ocurriera pero no ocurrió, o profundamente arrepentido por el fracaso del que fue objeto.


Esos sentimientos no pueden modificar las consecuencias desencadenado en el pasado, sin embargo, pueden reformular las bases de la acción que se repetirá en una nueva forma, así modificando los resultados futuros. Por eso debemos perdonar todo y a todos, también perdonarse a sí mismo, recomponerse emocionalmente uno mismo y continuar la tarea donde se extravió.


Una vida interior bien dirigida enseña al individuo a aceptarse a sí mismo tal como es, sin querer imitar modelos transitorios.


Ser auténtico con uno mismo, amarse a sí mismo, sin derivar ambiciones inspiradas en el egoísmo, ni creerse mejor que que otros, es una victoria sobre los conflictos y complejos que atormentan y y complejos que atormentan y permiten la devaluación de la persona, amargada por las luchas internas y los fracasos externos.


Aceptándose a sí mismo como es, desarrollando los recursos internos para crecer más y conquistar nuevos valores morales, el ser alcanza la meta de las ambiciones que anhelaba, sin saberlo, sin sufrir los impactos perturbadores de las alturas, ni las aflicciones de los serviles.


Este comportamiento sugiere la experiencia del amor, como una forma de lucidez. Al amar, uno busca olvidarse de sí mismo para darse a sí mismo, enriqueciéndose mientras promueve a los demás.


Este despliegue de sentimientos afectivos constituye el momento glorioso de autorrealización, cuando el ser canta una canción de entusiasmo por la vida, exaltándola y glorificándola dentro de uno mismo a sí mismo y alrededor de sus propios pasos. Esta manifestación del amor brota de dentro, como un sol que sale suave y hermoso, creciendo hasta alcanzar su máximo, con una diferencia, que este nunca decae, permaneciendo para calentar e iluminar.


Mientras persista el sentimiento de amor-permutación, dar para recibir, o recibir primero para dar después, el egoísmo, el sentido de niño psicológico sigue siendo dominante, dificultando la maduración real.


Este amor que lleva al olvido de sí mismo - de las pasiones perturbadoras, exigencias irrazonables, ilusiones injustificables ilusiones injustificables- es una conquista interior que dignifica y libera.


- Los imperativos de la paciencia


Es probable que pocos amigos piensen en esto: paciencia como inmunización contra el suicidio.


En las áreas de la actividad humana, muchas veces, surgen para la criatura determinados picos de provocación, para cuya travesía no siempre va a estar a el conocimiento superior. Es necesario que el alma se apoye en el bastón invisible de la paciencia, a fin de no resbalar en sufrimientos mayores.



Tener paciencia no solo es saber esperar, es comprender
cuando no se da algo en el momento en que lo esperas.


Es por eso que nos permitimos enviar reiterados ruegos a los hermanos domiciliados en el plano físico, a fin de que se dediquen al cultivo de la comprensión.


Si te encuentras bajo el impacto de conflictos domésticos, ante aquellos que se hagan campo de vibraciones negativas, usa la tolerancia tanto como sea posible, en auxilio a la seguridad del grupo familiar al cual te vinculas.


En las decepciones, sean cuáles fueren, reflexiona en el valor de la ponderación en tu propio beneficio.


Antes los golpes que te lancen, olvida las injurias y los agravios, y piensa en las oportunidades de trabajo que te darán el apoyo defensivo contra el desapego.


Bajo acusaciones que reconozcas y merecidas, olvida el mal, y no alimentes el fuego de la discordia.


Cuando te falte actividad profesional, continúa actuando, tanto como puedas, en las tareas de auxilio espontáneo a los demás, aprendiendo que la actividad noble atrae actividades nobles, y, con eso, pronto estarás en nuevas posiciones de servicio, según tus necesidades.


Si el desánimo te amenaza por este o aquel motivo, recuerda la importancia de tu ayuda fraternal en apoyo de alguien, y no te des el lujo de paradas improductivas.


En cualquier obstáculo a superar en el camino, conserva la paciencia por apoyo y guía, y de pensamiento confiante en la divina Providencia, seguirás adelante, apartando lejos la tentación de la fuga y reconociendo, en tiempo corto, que hay siempre un futuro mejor para cada uno de nosotros y que, en todas las tribulaciones de la existencia, vale la pena esperar el socorro de Dios.


En esta fase del desarrollo de la vida interior, el ser comienza a creer en su destino espiritual, que es la conquista de la felicidad a partir de este momento, y, tranquilizado en cuanto a los factores que le debilitan, avanza sin preocuparse de los errores que quedan en la retaguardia.


Sólo creyendo en las propias posibilidades y esforzándose por vivirlas, a pesar de los obstáculos que surgen, es como puede alcanzar la finalización con éxito del viaje interior y del autodescubrimiento utilizando las técnicas que pueden aplicarse para aprovechar los beneficios de esta realización.


El acto de aprender a amar lo que uno hace, a hacer bien lo que le gusta lo que a uno le gusta, compartir con todos las alegrías y esperanzas de la vida en el triunfo, da pleno sentido al ser existencial que ahora puede hacer todo lo que hizo Jesús, identificándose con Dios.


La pregunta 950 de "El libro de los Espíritus" expresa ¿Qué pensar del que se quita la vida con la esperanza de llegar más pronto a una vida mejor? “¡Otra locura! Que haga el bien y estará más seguro de alcanzarla. El suicida retrasa su entrada en un mundo mejor, y él mismo pedirá volver para concluir esa vida que interrumpió debido a una idea falsa. Una falta, sea cual fuere, nunca abre el santuario de los elegidos.”


Todo sacrificio hecho a expensas de la propia felicidad es un acto altamente meritorio ante Dios, porque consiste en la práctica de la ley de caridad. Ahora bien, dado que la vida es el bien terrenal que más aprecia el hombre, el que renuncia a ella por el bien de sus semejantes no comete un atentado, sino que lleva a cabo un sacrificio. No obstante, antes de hacerlo, debe reflexionar acerca de si su vida no podría ser más útil que su muerte.



- PROPUESTAS



Se hace preciso fomentar una educación que busque rodear al individuo de afectos fuertes y sólidos, para que nunca se sienta solo.

Una educación que trabaja el significado existencial, la resiliencia ante el dolor, el proyecto de vida...

Y sobre todo, una educación que cuida la espiritualidad desde temprana edad y abre una perspectiva de eternidad y trascendencia.




PREVENCIÓN DEL SUICIDIO

 

Cuando la idea del suicidio, quizás, te venga  a la cabeza, Recuerda y Agradece, ante todo, la bondad infinita de Dios, que te instaló en la residencia planetaria, sólidamente estructurada, que te mantiene seguro/a en el Espacio Cósmico.

 

Pide ayuda a un especialista en psicología transpersonal. Tendrá en cuenta otras perspectivas que abarcan las múltiples dimensiones del ser humano que pueden ser de valiosa ayuda.


Ora pidiendo ayuda a los Mensajeros de la Divina Providencia.

 

Medita en el Amor y la necesidad de esos corazones que disfrutan de tu convivencia.  Aunque no valores en absoluto su cariño,  y a pesar de la imposibilidad en la que te reconoces para medir cuánto vales para cada uno de ellos, es razonable considerar cuántas lesiones mentales les causarías con la violencia practicada contra ti mismo.

 

Si la perniciosa idea sigue torturándote, aunque te sientas mal, refúgiate en un posible trabajo, en el que resultes útil a los que te rodean.

 

Visita un hospital, donde podrás evaluar las ventajas que tienes, frente a la gran cantidad de personas con enfermedades irreversibles.

 

Acude personalmente a una institución de caridad, donde se reúnen hermanos necesitados de todo el apoyo, o al banco de alimentos y ropa, para quienes algunos momentos de diálogo amistoso se convierten en valiosos medicamentos.

 

Visita a alguien que te conoce, comparte tus inquietudes tratando de aliviar la carga de la angustia. Comprobarás como se reducirá.

 

Asiste espontáneamente a los contactos con personas reeducadas que están internadas en las cárceles, con el fin de hacerles algún pequeño favor que requieran.

 

Recordar la lectura diaria de una página esclarecedora, capaz de renovar tus pensamientos.

 

Comprométete al servicio del Bien al prójimo, sea el que sea, y esfuérzate por olvidarte de ti mismo, porque la destrucción voluntaria de tus posibilidades físicas no solo representa un acto de desprecio por las bendiciones que enriquecen la Vida, sino también será tu retirada obligada de la intimidad de ti mismo, en la que, por un tiempo indefinible, permanecerás envuelto en tus propios disturbios.

 

La oración es invaluable para quienes sufren. Debemos orar siempre que nos enfrentemos a un desafío existencial,

 

Siempre que nos veamos golpeados por las pruebas de la vida. En este sentido, el Espíritu suicida o quien quiera escapar de la Vida, independientemente de las causas que le provoquen su sufrimiento, debe buscar consuelo espiritual en la oración.

 

 

EL PODER DE LA ORACIÓN

 

El poder de la oración está en el pensamiento. No depende de las palabras, ni del lugar, ni del momento en que se hace.


Por tanto, se puede rezar en cualquier lugar y en cualquier momento, solo o en grupo. La influencia del lugar y el tiempo solo se puede sentir en circunstancias que favorezcan el recuerdo.

 

La oración común tiene una acción más poderosa, cuando todos los que rezan están asociados de todo corazón con el mismo pensamiento y tienen el mismo objetivo.


Pero, ¿Qué importa conocer a un gran número de personas si cada una actúa de forma aislada y por su cuenta? Cien personas reunidas pueden rezar como egoístas, mientras que dos o tres, unidos por la misma aspiración, rezarán como verdaderos hermanos en Dios, para que la oración que dirijan a Dios tenga más fuerza que la de las otras cien (ESE Cap. XXVII, ítem 15).

 

Mediante la oración, el hombre atrae la competencia de los buenos Espíritus, que vienen a sostenerlo en sus buenos propósitos e inspirar buenos pensamientos.

 

De esta manera, adquiere la fuerza moral necesaria para superar las dificultades y volver al camino recto, si se ha apartado de él. De esta manera, también puedes alejarte de las consecuencias que atraerías por tus propias faltas. (ESE Capítulo XXVII, ítem 11).

 

Si dividimos los males de la Vida en dos partes, una consistente en males que el hombre no puede evitar, otra de las tribulaciones que él mismo es la causa principal, por su negligencia o sus excesos [...], veremos que el segundo supera al primero en gran número.


Por tanto, resulta bastante evidente que el ser humano es el autor de la mayoría de sus aflicciones, de las que se salvaría si actuara siempre con prudencia y sabiduría. […] Todos los espíritus recomiendan la oración. Renunciar a la oración es ignorar la bondad de Dios; es rechazar, para ti mismo, su ayuda y, para los demás, renunciar al bien que puede hacerles (ESE Cap. XXVII, punto 12).


- Autoiluminación










Después de que el ser humano desarrolló el intelecto y la razón se dió cuenta de que estos logros no eran suficientes para su existencia, porque no lo llenan interiormente.



En el vacío existencial que lo aturde, se diseña la necesidad de auto-iluminación, es decir, el auto-encuentro, la auto-realización.



Este fenómeno es comprensible, porque la iluminación es la venida a la realidad, el encuentro con la realidad, la plenitud íntima.



La autoiluminación ocurre cuando hay una predisposición psíquica, a veces también inesperadamente, como sucedió a Buda, San Francisco y miles de otros, sucediendo de la misma manera cuando el ser está bajo una inmensa emoción, como sucedió con Saulo, cuando vio a Jesús a las puertas de la ciudad de Damasco, o discretamente, en el silencio de la mente y el corazón.



El que se ilumina, descubre la vida en su grandeza y experimenta un sentimiento ilimitado de compasión acompañado de gratitud a todos los que le han precedido, a los contemporáneos y a los que vendrán después...



Esta fascinante experiencia trasciende los logros del intelecto, caracterizando el despertar del sueño convencional y monótono de la vida física y sus exigencias, abriendo un espacio íntimo rico en paz y bienestar.



Con ella se rompe la dualidad del ser, en la que el ego y el yo luchan por la primacía, con seguir armonizándolos en una suave identificación de objetivos, en la que ya no luchan, sino que se unen en un mismo propósito existencial.



Es el ejemplo de células que siempre están activas, pero que no trabajan exclusivamente para sí mismas, sino para el conjunto orgánico, perpetuándose en mitosis hasta el momento del consumo por muerte biológica.



Este es el momento significativo de la expansión del amor, que se mueve más allá del círculo estrecho del ego y del yo, para servir a la sociedad en su conjunto, contribuyendo con armonía y bendiciones de solidaridad y bienestar.



Con la iluminación se adquiere la sabiduría, esta etapa que va más allá del conocimiento, alcanzando el altiplano moral del ser, del encuentro en el mundo con todos y no ser amordazado o encarcelado a nadie.



Se convierte en el que ilumina, aunque no lo desee, en un observador de su propia conciencia, dilatándola y usándola para la compasión y el amor.



Tomando conciencia de lo que le sucede y sucede a su alrededor, supera pasiones emocionales, intereses egoístas y desequilibrios.



De alguna manera, para que ocurra la iluminación, es necesario alcanzar el estado de inocencia, la superación de sospechas y vicios, la modificación de estructuras y conceptos morales.



No se trata de la conquista de una inocencia que existe en los niños, que es la ignorancia sobre las cosas, sino la anulación de la malicia, las intenciones dudosas y envidiosas.



El hombre sabio es inocente, muy diferente, sin embargo, de un niño, que ignora quién es, qué debe hacer, por qué está en la tierra ...



A medida que envejece, pierde su inocencia, mientras que el hombre sabio, cuanto más inocente pasa el tiempo, más feliz, más seguro se presenta.



El ego se diluye en el ser profundo, y no hay tormento ni ansiedad en él.



En esta etapa no teme al futuro, no sufre los recuerdos del pasado, no se aflige con la llegada de la vejez, y mucho menos con la perspectiva de la muerte.



La autoliberación es también la forma más efectiva de entender a los demás, porque el individuo se conoce a sí mismo, después de haber descubierto de dónde vino, a dónde va y cómo alcanzar el nuevo nivel de felicidad.



Cuando la inteligencia se vuelve capaz de alcanzar un conocimiento más elevado y poderoso que el que es fruto de la reflexión, el campo se prepara para la autoiluminación, que puede surgir como relámpago o ser alcanzada suave y delicadamente...



Es esencial que todos los esfuerzos se apliquen a la conquista de la auto-iluminación, que se transforma en la identificación de la verdad, la comprensión de Dios, en la que el razonamiento da paso a la intuición, a la captura completa del Pensamiento Cósmico.


Si el ser iluminado entiende que uno no pertenece y que todo el esfuerzo en favor del prójimo y del mundo en el que se encuentra, forma parte de su vida.


Cuando Jesús dijo que el reino de los cielos está dentro de nosotros, creó la posibilidad de que, a partir de la auto-iluminación, el individuo ya lo haya penetrado y comience a fructificarlo.


La iluminación no tiene límites, porque su campo de expansión es infinito.


Gracias a este logro, se alcanza una etapa superior de comprensión que refleja inusualmente la belleza de la existencia y la evolución.


Se puede afirmar que el propósito principal de la existencia corporal es el logro de esta admirable experiencia.


No se supone que sea algo inalcanzable, lo cual es solo para aquellos que se contentan con la existencia sensualista, trabajan las pasiones de servidumbre y los placeres adormecedores de los órganos sensoriales.


La autoiluminación rompe esta barrera preventiva.


Aparte de la realidad de la vida inmortal, el candidato a la iluminación interior avanza trabajando los sentimientos, desarrollando la compasión por la vida y por todos los seres sintientes para que el amor domine los paisajes del corazón.


Enfoca tus pensamientos en Jesús, e incluso sin apartarte de los deberes que te conciernen con la familia, la sociedad y los demás, trabaja en la expectativa de la auto-iluminación.


Después de experimentarlo, nada más te perturbará, proporcionándote comprender el estado numinoso, libre y samadi del reino de los cielos.


Bibliografía:

Franco, Divaldo Pereira. 2013. Vida, desafios y soluciones. Por el Espíritu Joanna de Ángelis.

Franco, Divaldo Pereira. 1985. Invitaciones a la vida. Por el Espíritu Joanna de Ángelis.

Kardec, Allan. 1857. El libro de los Espíritus. Introducción.

Xavier, Francisco Cándido. 2000. Atención. Por el Espíritu Emmanuel.



Reflexiones

Reflexión 18/5/19

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