14 enero 2022

ESPIRITISMO Y PROGRESO

 CONTRIBUCIÓN DEL ESPIRITISMO AL PROGRESO DE LA HUMANIDAD




(…)Cuando los Espíritus han adquirido en un mundo cualquiera la suma de progresos que el estado de este mundo permite, lo abandonan para encarnarse en otro más adelantado, donde adquieren nuevos conocimientos, y así sucesivamente hasta que no siéndoles necesaria la encarnación en un cuerpo material, viven exclusivamente de la vida espiritual, no dejando por eso de progresar, si bien en otro sentido y por otros medios.



Llegados a la cumbre del progreso, gozan de la suprema felicidad y son admitidos en los consejos del Todopoderoso, saben sus pensamientos y son sus mensajeros y ministros directos para el gobierno de los mundos, teniendo a sus órdenes los demás Espíritus, en diferentes grados de perfeccionamiento.



(…)El hombre tiene una acción directa así sobre las cosas como sobre las personas que le rodean. A menudo una persona de la que poco caso se hace, ejerce una influencia decisiva sobre otras que tienen una reputación muy superior. Depende esto de que, en la tierra, se ven más caretas que caras, y de que los ojos están deslumbrados por la vanidad, el interés personal y todas las malas pasiones. La experiencia demuestra que puede obrarse en el espíritu de los hombres a pesar suyo.



Un pensamiento superior, fuertemente pensado, valga la redundancia, puede, según su fuerza y elevación, impresionar más o menos lejos a hombres que ninguna conciencia tienen del modo como a ellos ha llegado, de la misma manera que el que lo emite no tiene conciencia del efecto producido por su emisión.



Este es un funcionamiento constante de las inteligencias humanas y de su acción reciproca. Unid a esto la acción de los desencarnados, y calculad, si podéis, la potencia incalculable de esa fuerza compuesta de tantas otras reunidas.



¡Si se pudiese sospechar el mecanismo inmenso que el pensamiento pone en juego, y los efectos que produce de individuo a individuo, de grupo a grupo, y la acción universal de los pensamientos de unos hombres sobre otros, quedaríamos deslumbrados! Nos sentiríamos anonadados ante esa infinidad de detalles, ante esas innumerables redes enlazadas entre si por una poderosa voluntad, y obrando armónicamente para alcanzar un objeto único: el progreso universal.


Por medio de la telegrafía del pensamiento el hombre apreciará en todo su valor, la ley de la solidaridad, reflexionando que no hay un pensamiento, sea criminal, sea virtuoso, que no tenga una acción real sobre el conjunto de los pensamientos humanos y sobre cada uno de ellos.



Y si el egoísmo le hiciese desconocer las consecuencias para otro de un pensamiento perverso que le sea personal, será inducido por ese mismo egoísmo a pensar bien, para aumentar el nivel moral general, pensando en las consecuencias que a él le resultarían del pensamiento malo de otro.



¿No son consecuencia de la telegrafía del pensamiento esos choques misteriosos que proceden de la alegría o sufrimiento de una persona querida, alejada de nosotros? ¿No es a un fenómeno del mismo género que debemos los sentimientos de simpatía o repulsión, que nos arrastran hacia ciertos Espíritus y nos alejan de otros? Ciertamente es este un campo inmenso para el estudio y la observación; pero del que solo los contornos podemos descubrir. El estudio de los detalles será consecuencia de un conocimiento más completo de las leyes que rigen la acción de unos fluidos sobre otros.




También hoy, nadie puede negarlo, el mundo está en un período de transición, solicitado por las costumbres rancias, por las creencias insuficientes del pasado, y las nuevas verdades que progresivamente le son descubiertas. Como el arte cristiano sucedió al pagano, transformándolo, el arte espiritista será complemento y transformación del arte cristiano.



En efecto, el Espiritismo nos demuestra el porvenir bajo un nuevo aspecto más a nuestro alcance. Según él, la dicha esta más cerca de nosotros, esta a nuestro lado, en los Espíritus que nos rodean y que nunca han cesado de relacionarse con nosotros. La moral de los elegidos y de los condenados no está aislada; existe incesante solidaridad entre el cielo y la tierra, entre todos los mundos de todos los universos; la dicha consiste en el mutuo amor de todas las criaturas llegadas a la perfección y en la constante actividad cuyo objeto es el de instruir y conducir hacia aquella misma perfección a los que están atrasados.



El infierno esta en el corazón del mismo culpable que halla castigo en sus propios remordimientos, pero no es eterno, y el perverso, entrando en el camino del arrepentimiento, encuentra la esperanza, sublime consuelo de los desgraciados.



Si, es cierto que la especie parece que degenera, que se bastardea; las enfermedades se apoderan de vosotros antes de la vejez; hasta la misma infancia padece sufrimientos que por punto general acostumbran a pertenecer a otra edad de la vida, pero todo eso es una transición.



Vuestra época es mala; concluye y da a luz; concluye un periodo doloroso y da a luz una poca de regeneración física, de adelanto moral, de progreso intelectual. La raza nueva de que ya he hablado, tendrá más facultades, más resortes a disposición del Espíritu; será mayor, más fuerte, más bella.



Desde el primer momento, se pondrá en armonía con las riquezas de la creación, que vuestra raza indolente y fatigada desdeña o ignora; vosotros habréis hecho grandes cosas para ella, que aprovechar y marchar por el camino de los descubrimientos y perfeccionamientos, con un ardor febril cuya potencia no conocéis.



Más adelantados también en bondad, vuestros descendientes harán lo que vosotros no habéis sabido hacer de esa desgraciada tierra, es a saber: un mundo feliz, en el que ni el pobre será rechazado, ni despreciado, sino socorrido por instituciones amplias y liberales. Ya se dibuja la aurora de estos pensamientos; su luz nos llega por momentos.



He ahí, amigos, el día en que la claridad brillará en la oscura y miserable tierra; en que la raza será buena y bella según el grado de adelanto que haya conquistado; en que el sello estampado en la frente del hombre no será ya el de la reprobación, sino el de la alegría y la esperanza.



Entonces una multitud de Espíritus adelantados se colocarán entre los colonos de esa tierra, y como que estarán en mayoría, todo cederá ante ellos. La renovación tendrá lugar y la faz del globo será cambiada porque esa raza será grande y poderosa, y el momento en que aparezca señalar el principio de los tiempos felices.- (Obras Póstumas. Creación. Allan Kardec)



El espíritu encarnado está obligado a proveer de alimento a su cuerpo y a luchar por su seguridad y bienestar, y en esta búsqueda ejercitará y desarrollará sus facultades. Su unión con la materia es útil para su adelanto, razón por la cual la encarnación es una necesidad.



Además, debido al trabajo inteligente que realiza sobre la materia en beneficio propio, ayuda a la transformación y al progreso material del planeta que habita y así es como, al mismo tiempo que labra su propio adelanto, coopera con la obra del Creador, de quien es un agente inconsciente.



Sin embargo, la encarnación del espíritu no es constante ni perpetua, sino transitoria. Al dejar el cuerpo no toma otro instantáneamente, ni tampoco durante un lapso más o menos considerable; vive la vida del espíritu, que es su vida normal, de manera que la suma del tiempo transcurrido durante las diferentes encarnaciones es poca cosa comparada con el tiempo que pasa en estado de espíritu libre.



En el intervalo entre una encarnación y otra, el espíritu también progresa, pues aprovecha, para su adelanto, los conocimientos y la experiencia adquiridos durante la vida corporal. Examina lo hecho durante su estancia en la Tierra, pasa revista a todo lo que ha aprendido, reconoce sus faltas, traza sus planes y toma las resoluciones, con cuya ayuda espera guiarse en una nueva existencia y en un nuevo intento por mejorar. Cada existencia es un paso hacia adelante en la vía del progreso, una especie de escuela de aplicación.



Usualmente, la encarnación no es un castigo, tal cual algunos piensan, sino una condición inherente a la inferioridad del espíritu, así como un medio para progresar (El Cielo y el Infierno, cap. III, n.º 8 y ss., Primera Parte).



A medida que el espíritu progresa moralmente, se va desmaterializando, es decir, que al sustraerse a la influencia de la materia se depura. Su vida se espiritualiza, sus facultades y percepciones aumentan, mientras que su felicidad será proporcional al progreso realizado. Pero, como actúa en virtud de su libre arbitrio puede, por negligencia o mala voluntad, retardar su adelanto.



Prolonga, consecuentemente, la duración de sus encarnaciones, las cuales se convertirán en un castigo conforme a sus faltas, por lo que permanecerá en los grados inferiores obligado a recomenzar la tarea. Depende del espíritu, pues, abreviar con su trabajo de depuración de sí mismo la duración del período de encarnaciones.



El progreso material de un planeta guarda íntima conexión con el progreso moral de sus habitantes. Ahora bien, como la creación, tanto de mundos como de espíritus, es incesante, y como éstos aceleran o retardan su progreso en virtud de su libre arbitrio, resulta que hay mundos más o menos antiguos y con diferentes grados de progreso moral y físico, de lo cual dependerá lo materializada de la encarnación y la rudeza del trabajo.



Desde este punto de vista, la Tierra es uno de los planetas menos adelantados; poblado por espíritus relativamente inferiores, la vida corporal en él es más penosa que en otros mundos. Pero existen también moradas más atrasadas donde la vida es aún más dificultosa. Los habitantes de esos mundos considerarían a la Tierra un lugar de felicidad.



Cuando los espíritus han adquirido en un planeta la suma del progreso que el estado del mismo permite, lo abandonan para encarnar en otro más adelantado en el que podrán adquirir nuevos conocimientos, y así sucesivamente, hasta que la encarnación en un cuerpo material ya no sea necesaria y vivan exclusivamente en el mundo espírita, en el que seguirán progresando todavía en otro sentido y por otros medios.



Al alcanzar el punto culminante del progreso, gozan ya de la suprema felicidad. Integrando los consejos del Todopoderoso, conocen su pensamiento y se convierten en sus mensajeros y ministros directos en el gobierno de los mundos, teniendo bajo sus órdenes a espíritus de todas las categorías.



Es así que todos los espíritus, encarnados o desencarnados, sin importar el grado jerárquico al que pertenezcan, desde el último hasta el primero poseen atribuciones en el gran mecanismo universal. Todos son útiles al conjunto, al mismo tiempo que lo son para con ellos mismos. A los menos adelantados corresponden tareas materiales, en un principio inconsciente, mas con el tiempo inteligentes.



Por doquier hay actividad en el mundo espírita, pues la holgazanería inútil no existe. La colectividad de espíritus es, en cierta forma, el alma del Universo. Ella conforma el elemento espiritual que actúa en todo y por doquier impulsada por el pensamiento divino. Sin este elemento, sólo la materia inerte existiría, sin finalidad ni inteligencia y sin otro motor que las fuerzas materiales, que dejarían una enorme cantidad de problemas por resolver.



En cambio, si tomamos en cuenta la acción del elemento espiritual individualizado, todo tiene una meta, una razón de ser, todo se explica. Contrariamente, si no tomamos en cuenta al factor espiritual se tropieza con dificultades insalvables.



Considerad que las almas actuales ya vivieron en un tiempo pasado; que pudieron ser bárbaras, como el siglo que las engendró, mas han progresado, y como en cada nueva existencia traen lo adquirido en vidas anteriores, las almas de los tiempos civilizados no son creadas más perfectas, sino que se fueron perfeccionando por sí mismas con el transcurso del tiempo, con lo que tendréis la única explicación lógica de la causa del progreso social (El libro de los Espíritus, cap. IV y V, Libro Segundo).




Algunas personas piensan que las diferentes existencias del alma se llevan a cabo en diferentes mundos, y no en un mismo globo, y que en cada uno de ellos el espíritu vivirá sólo una vez. Esta doctrina sería admisible si todos los habitantes de la Tierra poseyesen un mismo nivel intelectual y moral, pues entonces para continuar progresando deberían ir, indefectiblemente, a otro mundo, ya que su reencarnación en la Tierra sería inútil; pero todos sabemos que Dios no hace nada inútil.



Dado que en la Tierra encontramos todos los grados de inteligencia y moralidad, desde el salvajismo cercano a la animalidad hasta la civilización más avanzada, y que la Tierra ofrece un vasto campo al progreso, uno se pregunta: ¿Por qué el salvaje iría a buscar en otro sitio el grado superior cuando lo tiene a su lado en escala progresiva? ¿Por qué el hombre civilizado habría de pasar sus primeras etapas en mundos inferiores, mientras que otros análogos a esos mundos se hallan alrededor suyo, comprobándose, además, que se puede progresar no sólo pasando de un pueblo a otro, sino permaneciendo en el mismo pueblo y hasta en el mismo núcleo familiar?



De no ser así, Dios habría realizado un acto inútil al colocar la ignorancia y el saber, la barbarie y la civilización, el bien y el mal conviviendo unidos, cuando es precisamente ese contacto el que ayuda a los atrasados a avanzar.



No hay necesidad de que los hombres cambien de mundos en cada etapa, así como a un escolar no le es preciso cambiar de escuela todos los años. Lejos de ser esto una ventaja para el progreso, sería una traba, ya que el espíritu estaría privado del ejemplo que le ofrece la visión de los grados superiores y no tendría la posibilidad de repasar sus errores en el mismo medio y ante quienes hubiese ofendido, posibilidad que constituye para él el más poderoso medio de adelanto moral. Si después de una corta cohabitación los espíritus se dispersasen, mostrándose extraños unos con otros, los lazos de familia y amistad no tendrían tiempo suficiente para consolidarse y serían rotos.




En todas esas encarnaciones debería hacer nuevos aprendizajes, constituyendo esos cambios incesantes un obstáculo para su progreso. El espíritu debe permanecer en el mismo mundo hasta que haya adquirido la suma de los conocimientos y el grado de perfección que él le pueda ofrecer.



El principio es el siguiente: Los espíritus abandonan un mundo por otro más adelantado, cuando el que habitaban ya no les brinda más posibilidades de progreso. Si algunos lo abandonan antes, se debe a causas individuales que Dios en su sabiduría toma en cuenta.



Todo tiene su finalidad en la Creación. Si no fuese así, Dios no sería sabio ni prudente. Si la Tierra sólo fuese una única etapa en el progreso de cada individuo, ¿qué utilidad tendría para los niños que mueren a edad temprana venir a pasar algunos años, meses u horas en la Tierra, si ese tiempo insuficiente les impedirá adquirir nuevos conocimientos? Lo mismo podemos decir con respecto a los idiotas y retrasados mentales. Una teoría no es buena si no resuelve todos los problemas que a ella atañen.



El problema de las muertes prematuras fue un escollo para todas las doctrinas, salvo para la Doctrina Espírita, que lo resolvió de una manera racional y completa. Para quienes realizan un progreso normal, hay una gran ventaja en el hecho de volver a hallarse en el mismo medio para continuar lo que dejaron inconcluso, a menudo en la misma familia o en contacto con las mismas personas, o bien para reparar el mal que hayan podido hacer o para sufrir la ley del talión.



Debemos considerar, pues, a las plagas destructoras y a los cataclismos como medios de llegadas y partidas colectivas, como actos providenciales para renovar la población corporal del planeta y para fortalecerla mediante la introducción de elementos espirituales más depurados.




Si en esas catástrofes se produce una destrucción muy grande de cuerpos, sólo habrá vestiduras rasgadas, pero ningún espíritu perecerá: se limitarán a cambiar de ambiente. La diferencia reside en que en vez de partir aisladamente abandonan la Tierra en gran número, ya que aunque partan por una causa o por otra, fatalmente, tarde o temprano, deberán hacerlo.



Las renovaciones rápidas y casi instantáneas que se operan en el elemento espiritual de la población, como consecuencia de las catástrofes destructoras, apuran el progreso social. Sin las emigraciones e inmigraciones que se producen de tiempo en tiempo para impulsar con fuerza a la Humanidad, ésta marcharía con extremada lentitud.



Es notable que las grandes calamidades que diezman a las poblaciones sean seguidas siempre por una era de progreso en el orden físico, intelectual o moral y, como consecuencia, en el estado social de las naciones donde esas catástrofes ocurrieron. La finalidad de estos hechos es operar una transformación en la población espiritual, que es la población normal y activa del planeta.



Esta transfusión que se opera entre la población encarnada y la población desencarnada de un mismo globo se realiza igualmente entre los mundos, ya sea individualmente, en condiciones normales, o en masa, en circunstancias especiales.



Por lo tanto, hay emigraciones e inmigraciones colectivas de unos mundos a otros. Así se produce la introducción de elementos enteramente nuevos en la población de un mundo. Al mestizarse las nuevas razas de espíritus con las ya existentes, emergerán nuevas razas de hombres.



Como los espíritus no pierden nunca lo ya adquirido, traen con ellos la inteligencia y la intuición de los conocimientos que poseen. En consecuencia, imprimen su sello a la raza corporal que llegan para animar. No es necesario crear nuevos cuerpos especialmente para ellos; como la especie corporal existe, encontrarán cuerpos listos para recibirlos. Simplemente se trata de nuevos habitantes; en un comienzo formarán parte de la población espiritual, luego encarnarán como los demás.



Los mundos progresan físicamente por la elaboración de la materia y moralmente por la depuración de los espíritus que en ellos viven. La felicidad está en relación directa con el predominio del bien sobre el mal, y a su vez, el predominio del bien es producto del adelanto moral de los espíritus. El progreso intelectual no basta, ya que con la inteligencia pueden hacer el mal.



Cuando un mundo llega a uno de esos períodos de transformación que lo hará ascender de jerarquía, se operan mutaciones en su población encarnada y desencarnada; es entonces cuando ocurren las grandes emigraciones e inmigraciones. 


Quienes, a pesar de su inteligencia y su saber, perseveran en el mal, en su rebeldía contra Dios y sus leyes, son una traba para el progreso moral ulterior, una causa permanente de inquietud para el reposo y la felicidad de los buenos; razón por la que son excluidos y enviados a mundos donde aplicarán su inteligencia y la intuición de los conocimientos adquiridos para ayudar a progresar a quienes los rodean, al mismo tiempo que expiarán, a través de una serie de penosas existencias, caracterizadas por el trabajo duro, sus faltas pasadas y su endurecimiento voluntario.



¿Qué papel desempeñarán ellos en medio de esos pueblos aún en la infancia de la barbarie, si no es el de ángeles o espíritus caídos enviados en misión expiatoria? ¿Acaso no será para ellos un paraíso perdido el mundo del cual fueron expulsados? Y tal morada, ¿no sería para ellos un lugar de delicias, en comparación con el medio ingrato en el cual se encontrarán relegados durante miles de siglos, hasta que hayan merecido su liberación? El vago recuerdo intuitivo que conserven será para ellos como un espejismo lejano que les recordará lo que han perdido por su falta.



Al mismo tiempo que los malos abandonan el mundo que habitaban, otros espíritus mejores los reemplazan. Para éstos, que llegan de un mundo menos avanzado, al que dejaron gracias a sus propios méritos, el nuevo hogar será una recompensa. Así es como la población espiritual se renueva y purga de sus peores elementos, con lo cual el estado moral del mundo mejora. Estas mutaciones a veces son parciales, es decir, limitadas a un pueblo, a una raza; otras veces son generales, mas esto acontece cuando el período de renovación llega para el mundo.




La raza adámica presenta todos los caracteres de una raza proscrita. Los espíritus que la componen fueron exiliados en la Tierra, ya poblada, pero por hombres primitivos, inmersos en la ignorancia, a quienes debía hacer progresar llevándoles las luces de una inteligencia desarrollada.



¿Y acaso no es tal el papel desempeñado por esa raza hasta el presente? Su superioridad intelectual prueba que el mundo de donde provenía era más avanzado que la Tierra. Pero ese mundo estaba a punto de entrar en una nueva fase de progreso y esos espíritus, debido a su obstinación, no supieron adaptarse a las nuevas condiciones. Su desubicación hubiera significado un obstáculo para la marcha providencial de los acontecimientos. Por este motivo fueron excluidos, al tiempo que otros merecieron ocupar sus lugares.



Al relegar a esta raza a un mundo de trabajo y sufrimientos, Dios tuvo razón en decir: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. En su mansedumbre, le prometió que le enviaría un Salvador, quien le señalaría la ruta a seguir para poder escapar de este lugar de miserias, de este infierno, y alcanzar la bienaventuranza de los elegidos.




Este Salvador, que Él envió en persona de Cristo, enseñó la ley de amor y caridad, desconocida por ellos, la que debía ser la verdadera áncora de su salvación. Para lograr que la Humanidad avance en determinado sentido, espíritus superiores, aunque sin alcanzar las cualidades de Cristo, encarnan de tiempo en tiempo sobre la Tierra para llevar a cabo misiones especiales, las que ayudarán al mismo tiempo a su progreso personal si las cumplen de acuerdo con los designios del Creador.



Decid que todas esas almas formaban parte de la colonia de espíritus exiliados en la Tierra en tiempos de Adán y que se hallaban mancilladas por los vicios que motivaron su exclusión de un mundo mejor, y tendréis la única interpretación racional del pecado original, pecado propio de cada individuo y no el producto de la responsabilidad de la falta de un tercero a quien jamás se ha conocido. Decid que esas almas, o espíritus, renacen en la Tierra incorporadas en la vida material en múltiples oportunidades para progresar y depurarse y que Cristo llegó para iluminar a esas mismas almas, no sólo en razón de sus vidas pasadas, sino en vista de sus existencias ulteriores, y únicamente entonces daréis a su misión la dimensión real y formal que puede ser aceptada por la razón.



Un ejemplo cotidiano, sorprendente por su analogía, hará más comprensible aún el significado de los principios que acabamos de exponer: El 24 de mayo de 1861 la fragata Ifigenia llegaba a Nueva Caledonia llevando consigo una compañía disciplinaria compuesta por 291 hombres. El comandante de la colonia les leyó en el momento de su llegada la orden del día, redactada en los términos que siguen: “Al llegar a esta tierra lejana, vosotros ya habéis comprendido el papel que os está reservado. “Siguiendo el ejemplo de los valientes marinos que trabajan a vuestro lado, nos ayudaréis a llevar con hidalguía, a las tribus salvajes de la Nueva Caledonia, la antorcha de la civilización.



¿No es acaso la vuestra una hermosa y noble misión? Creo que la cumpliréis dignamente. “Escuchad las órdenes y los consejos de vuestros superiores. Yo soy su cabeza; deseo que entendáis bien mis palabras.



La elección de vuestro comandante, oficiales, suboficiales y cabos constituye una garantía segura de los esfuerzos que se intentarán para hacer de vosotros excelentes soldados. Es más, para elevaros a la altura de buenos ciudadanos y transformaros en colonos honorables si así lo deseáis.



Vuestra disciplina será severa; debe serlo. Puesta en nuestras manos, será firme e inflexible, sabedlo bien; mas también, justa y paternal; ella sabrá distinguir el error del vicio y de la degradación...”



A estos hombres, expulsados por su mala conducta de un país civilizado y enviados en castigo a convivir con un pueblo bárbaro, ¿qué les dice su jefe? “Habéis infringido las leyes de vuestro país; allí fuisteis causa de inquietud y escándalo; fuisteis expulsados. Os envían aquí, pero podréis redimiros de vuestro pasado mediante el trabajo; podréis crearos una posición honorable y convertiros en honestos ciudadanos. Tenéis una hermosa misión que cumplir: civilizar tribus salvajes. La disciplina será severa, pero justa, pues sabremos distinguir a quienes se conduzcan correctamente. Vuestro destino depende de vosotros; podéis mejorarlo si así lo deseáis, ya que poseéis vuestro libre arbitrio.”



Para esos hombres relegados en medio de la barbarie, ¿no es acaso la madre patria un paraíso perdido por sus faltas y su rebelión contra la ley? En esa tierra lejana, ¿no son ellos ángeles caídos? ¿Las palabras del comandante no se asemejan a las que Dios formuló a los espíritus exiliados en la Tierra?: “Habéis desobedecido mis leyes, y es por eso que os he exiliado del mundo donde hubierais podido vivir felices y en paz. Aquí estaréis condenados a trabajar, mas podréis, por vuestra buena conducta, merecer el perdón y reconquistar la patria que habéis perdido por vuestra falta, es decir, el cielo.”



En un primer momento, la idea de decadencia parece encontrar en contradicción con el principio que establece que los espíritus no pueden retroceder. Mas es necesario pensar que no se trata de un regreso al estado primitivo.



El espíritu, aunque en una posición inferior, no pierde nada de lo que ya ha adquirido, su desarrollo moral e intelectual es el mismo, sea cual fuere el medio en el que se halle. Está en la misma posición del hombre de mundo condenado a la cárcel por sus fechorías. Ciertamente, se halla degradado, venido a menos en lo que respecta a su situación social, mas no se volverá ni más estúpido ni más ignorante.



¿Podemos pensar acaso que esos hombres enviados a Nueva Caledonia van a transformarse de repente en modelos de virtud, que van a abjurar de golpe de sus errores pasados? Para pensar así, sería preciso no conocer a la Humanidad. Por la misma razón, los espíritus de la raza adámica, una vez trasplantados en esta tierra de exilio no se despojaron inmediatamente de su orgullo y malos instintos; mucho tiempo aún conservaron sus tendencias originales, un resto del antiguo cáncer, pues bien, ¿no es ése el pecado original?




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07 enero 2022

ALLAN KARDEC INSTRUMENTO DE LIBERTAD

 


La doctrina de la creación del alma en el acto del nacimiento constituye un sistema de creaciones privilegiadas. Los hombres son extraños entre sí, pues nada los une. Los lazos de familia son puramente carnales. No existe solidaridad con un pasado en el que no se existía ni con la nada después de la muerte.



Toda relación termina junto con la vida. Tampoco hay solidaridad con el porvenir. Con la reencarnación, en cambio, los hombres son solidarios con respecto al pasado y al futuro: las relaciones se perpetúan en el mundo espiritual y en el corporal, la fraternidad se basa en las leyes mismas de la Naturaleza y el bien tiene su meta y el mal sus consecuencias ineludibles.



Con la reencarnación desaparecen los prejuicios de razas y de castas, ya que el mismo espíritu puede renacer rico o pobre, gran señor o proletario, patrón o subordinado, libre o esclavo, hombre o mujer. La reencarnación es el argumento más lógico de todos los invocados contra la injusticia de la servidumbre, la esclavitud y la sujeción de la mujer al más fuerte. La reencarnación funda el principio de la fraternidad universal en una ley natural, y en ésta basa el principio de igualdad de derechos sociales y, en consecuencia, el de libertad.



Si se hace abstracción en el hombre de su espíritu libre, independiente y sobreviviente a la materia, sólo queda de él una máquina organizada, sin responsabilidad y carente de fines, manejada por la ley civil con escaso éxito y apta para la explotación. En resumen: el hombre sería sólo un animal con inteligencia. Si no espera nada después de la muerte, no hay frenos que detenga su pasión por aumentar los goces materiales. Si sufre, no tiene otra perspectiva ni otro refugio que la desesperación y la nada. Mas, si tiene la certeza de un futuro, del reencuentro con los seres amados y el temor de volver a ver a quienes ofendió, todas sus ideas cambian.



Aunque el Espiritismo sólo hubiese quitado al hombre sus dudas acerca de la vida futura, ya hubiera hecho más por su adelanto moral que todas las leyes disciplinarias que lo frenan, pero no lo cambian.



Sin la preexistencia del alma, la doctrina del pecado original sería inconciliable con la noción de justicia divina, ya que responsabilizaría a todos los hombres por el pecado de uno solo. Carecería, además, de sensatez y justicia si, ateniéndonos a tal doctrina, creyéramos que ese alma no existía en la época en que se cometió la falta, por la cual se pretende responsabilizarla. Con la preexistencia, sabemos que el hombre trae consigo al renacer el germen de las imperfecciones y defectos que no ha corregido y que se traducen en instintos innatos y tendencias determinadas hacia tal o cual vicio. Allí reside su auténtico pecado original, por el cual sufre naturalmente sus consecuencias, mas, con una diferencia capital, su sufrimiento se origina en errores propios y no en los de un tercero.



Además, existe una segunda diferencia que alivia, consuela y representa equidad: cada existencia ofrece al hombre los medios para redimirse y reparar, así como para progresar, ya sea liberándose de alguna imperfección o adquiriendo nuevos conocimientos, hasta el momento en que su purificación sea completa y no tenga más necesidad de la vida corporal y pueda vivir entonces la vida de los espíritus, eterna y bienaventurada.



Debido a esa misma razón, quien ha progresado moralmente trae al renacer cualidades naturales, al igual que quien ha progresado intelectualmente posee ideas innatas, se identifica con el bien, lo practica sin esfuerzo, sin cálculo, y, por así decirlo, sin pensar siquiera.



En cambio, quien está obligado a combatir sus malos instintos permanece todavía en estado de guerra interno. El primero ya venció, el segundo lucha por vencer. Por consiguiente, hay virtud original, como hay saber original y pecado, o dicho con más propiedad, vicio original.



El Espiritismo experimental estudió las propiedades de los fluidos espirituales y su acción sobre la materia. Ha demostrado la existencia del periespíritu, presentido por los antiguos y designado por San Pablo “cuerpo espiritual”, es decir, el cuerpo fluídico que acompaña al alma después de la destrucción del cuerpo tangible.



Sabemos hoy que el periespíritu es inseparable del alma, que es uno de los elementos constitutivos del ser humano y el vehículo transmisor del pensamiento que durante la vida corporal sirve del lazo entre el espíritu y la materia. El periespíritu juega un papel muy importante en el organismo y en un sinnúmero de enfermedades que están ligadas estrechamente con la Fisiología y la Psicología.



El estudio de las propiedades del periespíritu, de los fluidos espirituales y de los atributos fisiológicos del alma abre nuevos horizontes a la ciencia y explica una infinidad de fenómenos incomprensibles hasta hoy, debido a la ignorancia de la ley que los gobierna. Estos fenómenos son negados por el materialismo porque se relacionan con lo espiritual, a la vez que calificados de milagros o sortilegios por otras creencias. Tales son, entre otros, los fenómenos de doble vista y de visión a distancia, de sonambulismo, ya sea natural o provocado, de efectos físicos, catalepsia y letargia, presciencia, presentimientos, transfiguraciones, apariciones, transmisión de pensamiento, fascinación, curas instantáneas, obsesiones y posesiones, etcétera.

Demostrando que tales fenómenos obedecen a leyes tan naturales como las que rigen para los fenómenos eléctricos, así como las condiciones normales en que se producen, el Espiritismo destruye el imperio de lo maravilloso y sobrenatural, y, en consecuencia, la fuente de la mayor parte de las supersticiones. Al mismo tiempo que hace comprender la posibilidad de ciertos hechos hasta hoy considerados quiméricos, rechaza otros, demostrando su imposibilidad e irracionalidad. (La Genesis. Capítulo I. 35-40. Allan Kardec).

 

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825. ¿Hay en el mundo posiciones en que el hombre pueda jactarse de disfrutar de una libertad absoluta?

“No, porque todos vosotros os necesitáis mutuamente, tanto los pequeños como los grandes.”



826. ¿En qué condición el hombre podría gozar de una libertad absoluta?

“En la del ermitaño en un desierto. Desde el momento en que dos hombres están juntos, tienen derechos que respetar y, por consiguiente, ya no gozan de una libertad absoluta.”



833. ¿Hay en el hombre algo que escape a todo tipo de coacción y por lo cual goce de una libertad absoluta?

“Por el pensamiento el hombre goza de una libertad sin límites, pues el pensamiento no conoce obstáculos. Se puede impedir su manifestación, pero no aniquilarlo.”



835. La libertad de conciencia, ¿es una consecuencia de la libertad de pensar?

“La conciencia es un pensamiento íntimo que pertenece al hombre, al igual que el resto de sus pensamientos.”



841. Por respeto a la libertad de conciencia, ¿debemos permitir que se difundan doctrinas perniciosas, o podemos –sin atentar contra esa libertad– intentar que vuelvan al camino de la verdad aquellos que se han extraviado por seguir principios falsos?

“Sin duda podéis intentarlo, e incluso debéis hacerlo. Pero enseñad, según el ejemplo de Jesús, mediante la dulzura y la persuasión, y no por la fuerza, lo cual sería peor que la creencia de aquel a quien queréis convencer. Si hay algo que está permitido imponer, es el bien y la fraternidad. Con todo, no creemos que el medio de lograr que se los admita sea obrar con violencia, pues la convicción no se impone.”



842. Dado que todas las doctrinas abrigan la pretensión de ser la única expresión de la verdad, ¿mediante qué señales podemos reconocer a aquella que tiene derecho a presentarse como tal?

“Será la que haga más hombres de bien y menos hipócritas, es decir, hombres que lleven a la práctica la ley de amor y caridad en su mayor pureza y en su aplicación más amplia. Mediante esa señal reconoceréis que una doctrina es buena, pues toda doctrina cuya consecuencia sea sembrar la desunión y establecer una demarcación entre los hijos de Dios, sólo puede ser falsa y perniciosa.”

 

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La libertad es la facultad que le permite al individuo decidir u obrar según su voluntad. De esta manera, el (...) hombre es por naturaleza, dueño de sí mismo, es decir, que tiene el derecho de hacer todo lo que crea conveniente o necesario para la conservación y el desenvolvimiento de su vida. Esa libertad no es absoluta, y no podría serlo, por la sencilla razón de que al convivir en sociedad, tiene el deber de respetar ese mismo derecho en cada uno de sus semejantes. (10)



Para que el hombre pudiera gozar de libertad absoluta, sería necesario que viviera aislado como el eremita en el desierto. Desde el momento en que dos hombres estén juntos, existen entre ellos derechos recíprocos que les corresponde respetar. (01) Por lo tanto, la libertad es relativa y debe ser adecuada a la libertad del otro, porque la libertad y el derecho de una persona terminan donde comienzan la libertad y el derecho del otro.



La comprensión de la ley de libertad nos hace entender que para progresar nos necesitamos unos a otros y que todos tenemos derechos recíprocos que es necesario respetar, puesto que cualquier perjuicio que provoquemos a nuestro semejante como consecuencia de actos que hayamos realizado, no quedará impune ante la Ley de Dios. Es por esta razón que la enseñanza de Jesús de no hacer a los otros lo que no nos gustaría que los otros nos hagan (Mateo, 7: 12) – enseñanza conocida como regla de oroestablece los límites de nuestra libertad y nos orienta acerca de cómo vivir en sociedad según los derechos y los deberes que nos corresponden. Ante Dios, el hombre es responsable de su pensamiento.



Se ha comprendido debidamente la ley de libertad cuando aprendemos a establecer una relación entre la libertad de pensar y la libertad de conciencia. Como sabemos, la libertad de pensar es absoluta en el ser humano: En cuanto al pensamiento el hombre goza de ilimitada libertad porque no hay manera de ponerle obstáculos. (...) (04)



Volando en las alas del pensamiento, la mente espiritual refleja sus propias ideas tanto como las ideas de las mentes con las cuales establece afinidad, según los procesos naturales de sintonía. En los seres primitivos (la mente) aparece debajo de la ganga del instinto; en las almas humanas surge en medio de las ilusiones que invaden la inteligencia, y en los Espíritus Perfeccionados se muestra como precioso brillante que revela la Gloria Divina. Cuando desde nuestra posición espiritual, confinados como nos hallamos entre la animalidad y lo angelical, nos dedicamos al estudio de la mente, tendemos a considerarla como el campo de nuestra conciencia despierta dentro de la franja evolutiva en la cual el conocimiento adquirido nos permite obrar. (13)



Se comprende así que el pensamiento a todo le infunde acción, (...) es creativo y transformador, destruye y vuelve a construir para alcanzar como resultado el acrisolamiento, la sublimación. (...) (14)



En ese contexto, la conciencia representa, tal como nos esclarecen los Espíritus de la Codificación, un pensamiento íntimo que pertenece al hombre, como todos los otros pensamientos. (06)



Es el (...) centro de la personalidad, centro permanente e indestructible que subsiste y se mantiene a través de todas las transformaciones del individuo. La conciencia no es solamente la facultad de percibir, sino también el sentimiento que tenemos de vivir, obrar, pensar y querer. Es única e indivisible. (...) (12)



Entre tanto, a medida que los Espíritus evolucionan, la conciencia del bien y del mal está mejor definida en ellos, de modo que la libertad de conciencia, al regular las relaciones interpersonales, refleja (...) una de las características de la auténtica civilización y del progreso. (07)



La conciencia, entendida como facultad de determinar evaluaciones morales o juicios de valor, es un atributo mediante el cual el hombre puede conocer y juzgar tanto su realidad como la realidad de los otros. Los juicios realizados por la conciencia y las interpretaciones de los hechos y de los acontecimientos cotidianos presentan limitaciones porque están fundamentados en los parámetros morales que cada uno establece para sí mismo. La conciencia es el fruto de las experiencias y creencias individuales elaboradas en el contexto cultural donde está insertada la criatura humana, y se pone de manifiesto en concordancia con la evolución espiritual del ser. De esta manera, mientras que la libertad de pensar es ilimitada, la libertad de conciencia es restringida, porque depende del nivel evolutivo del Espíritu. La conciencia que no está esclarecida puede alimentar ideas malsanas, generar y provocar acciones moral y éticamente abusivas, que derivan en la manifestación de sufrimientos y desarmonías para sí misma y para el prójimo. Los impedimentos a la libertad de conciencia, la propagación de doctrinas perniciosas y la esclavitud humana son ejemplos de los desvíos provocados por Espíritus imperfectos dominados por el orgullo y el egoísmo. Debemos actuar con cautela cuando condenamos las acciones, ideas o creencias de las personas para no atentar contra la libertad de conciencia. No obstante, es oportuno tener en cuenta, que reprimir (...) los actos exteriores de una creencia si ocasionan perjuicios a terceros, no es atentar contra la libertad de conciencia, porque esa represión en nada afecta la libertad a la creencia, que se conserva íntegra. (08)



Por otro lado, siempre que nos sea posible, podemos y debemos orientar hacia el camino de la verdad a quienes se extraviaron, valiéndonos, según el ejemplo de Jesús, de la dulzura y de la persuasión, pero no de la fuerza. (09)



Como nos esclarecen los Espíritu Superiores, si (...) algo se puede imponer, es el bien y la fraternidad. Pero no creemos que la violencia sea el mejor medio para conseguir que se los acepte. La convicción no se impone. (09)



Otro abuso de la manifestación de la conciencia es la esclavitud, es decir, la sumisión de la voluntad, el cercenamiento de la libertad de trasladarse, de obrar y de pensar del ser. Independientemente de la forma en que se manifieste, la esclavitud es contraria a la ley de Dios porque es un abuso de la fuerza, aunque forme parte de las costumbres de un pueblo. La ley humana que consagra la esclavitud es contraria a la Naturaleza porque asemeja al hombre a los irracionales y lo degrada física y moralmente. (02)



La esclavitud humana es un mal. El (...) mal es siempre el mal, y no hay sofisma que logre que una mala acción se transforme en buena. Pero, la responsabilidad del mal es relativa a los medios de que disponga el hombre para comprenderlo. Aquel que saca provecho de la ley de esclavitud, siempre será culpable de violar la ley de la Naturaleza. (03)



A pesar del sufrimiento que existe en el Planeta, lo cierto es que la Humanidad ha progresado y que se ha generalizado mundialmente la preocupación por valorizar la paz entre los pueblos y los individuos: De un siglo a otro, el hombre encuentra menos dificultades para pensar sin trabas, y en cada nueva generación, se amplían las garantías individuales en lo referente a la inviolabilidad del fuero interno. (...) En cuanto a las discrepancias religiosas, las llamas de las hogueras han sido sustituidas por las luces del esclarecimiento, y en la catequesis filosófica o política, tengamos la certeza de que, de aquí en adelante, se intentará emplear cada vez más la fuerza de la persuasión en vez de la imposición por la fuerza. (11)


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Bibliografía:


1. KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus. Pregunta 826.

2. __________. Pregunta 829. Comentario.

3. __________. Pregunta 830.

4. __________. Pregunta 833.

5. __________. Pregunta 834.

6. __________. Pregunta 835.

7. __________. Pregunta 837.

8. __________. Pregunta 840. Comentario.

9. __________. Pregunta 841. 

10. KARDEC, Allan. La Génesis. Capítulo 1. 35-40.

11. CALLIGARIS, Rodolfo. As Leis Morais.

12. __________. Ibídem.

13. DENIS, Léon. El problema del Ser, del Destino y del Dolor. Tercera Parte. Ítem XXI.

14. XAVIER, Francisco Cândido. Pensamiento y Vida. Por el Espíritu Emmanuel. Capítulo 1.

15. __________. Ibídem.

16 diciembre 2021

SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

 

 

Ver video: Meditación "Segunda venida de Cristo":

https://youtu.be/8GxDn7ssZGI


Considerando la alta significación de la Natividad en tu vida, puedes oír y atender las llamadas de los pequeños olvidados en catres de orfandad o relegados a las pajas de la miseria, en memoria de Jesús cuando pequeño.


Consigues comprender las dificultades de los que caminan por la vía de la amargura, experimentando deshonra y humillación y les das la mano en gesto de solidaridad humana, recordando a Jesús en los constantes testimonios; abres los brazos en socorro a los enfermos, extendiéndoles el medicamento saludable o la cura balsamizante, deseando disminuir la intensidad del dolor, evocando Jesús entre los enfermos que lo buscaban, infelices.


Ofreciste entendimiento a los que se frustraron moralmente y se esconden en las esquinas del desprecio social, buscándolos para levantarlos, reverenciando a Jesús que nunca se desvió de la misericordia para los que fueron recogidos en las redes de la criminalidad, muchas veces bajo el yugo de obsesores crueles; preparas la mesa, decoras el hogar, inundas la familia de alegría y rodeas los amigos de mimos y cariño pensando en Jesús, el Excelente Amigo de todos…

 

Todo esto es Nacimiento sin duda, como mensaje festivo que derrama bendiciones de consuelo y amparo, esparciendo en la Tierra las promesas de un Mundo Mejor, en los patrones establecidos por Jesús a través de las líneas maestras del amor.

 

Hay, sin duda, muchos otros corazones junto a los cuales deberías celebrar el Nacimiento, firmando nuevos propósitos en homenaje a Jesús. Compañeros que dañan tu honra y se apartan; amigos que se volvieron contra tu afecto y se hicieron adversarios; conocidos caprichosos que exigieron alto tributo de amistad y amargaron tus alegrías; hermanos en la fe que cambiaron el concepto al respecto tuyo y tiraron espinos por donde sigues; colaboradores de tu ideal, que sin motivo se levantaron contra tu dedicación, creando disensiones y rebeldía a tu lado; enemigos de ayer que se detienen en enemigos de hoy, difamadores que siempre constituyeron dura provocación.

 

Todos ellos son oportunidades para la celebración del Nacimiento por tu sentimiento cristiano y espirita. Olvida los males que te hicieron y pídeles que te perdonen las dificultades que ciertamente también les impusiste. Dirígeles una tarjeta colorida para desvanecer la oscuridad de la aversión que los mantuvo en silencio y a la distancia en los cuales, tal vez, inconscientemente te complaces. Probablemente algunos hasta le gustarían de reatar lazos…

 

Dales esta oportunidad por amor a Jesús, que todo instante, aunque conociendo los enemigos los amó sin cansancio, ofreciéndoles oportunidades de recuperación. La Natividad es regalo del Cielo a la Tierra como ocasión de rehacer y recomenzar. Detente a contemplar las criaturas que pasan apresuradas. Si tuvieras ojos de ver las percibirás triste, sucumbidas, como si cargasen pesados fardos, a pesar de exhibir tejidos costosos y apariencia cuidada. Explotan fácilmente, transformando la faz y dejándose consumir por la cólera que las vence implacablemente.

 

Todas desean comprensión y amor, entendimiento y perdón, sin valor de ser quien comprenda o ame, entienda o perdone. Esparce una nueva claridad en esta Natividad, en la senda por donde avanzas en la búsqueda de la Vida. Engrandécete en las pequeñas donaciones, creciendo en los deberes que pocos se proponen ejecutar.

 

Desde que ya puedes dar los valores amonedados y las contribuciones del entendimiento moral, distribuyes, también, las joyas sublimes del perdón a los que te hicieron o hacen sufrir. Sentirás que Jesús, escogiendo un humilde refugio para vivir entre los hombres sembrando alegrías incomparables, nace, ahora, en tu corazón como informándote que todo el día es natividad para quien lo ama y desea transformarse en carta-viva para anunciarlo a las criaturas desatentas y sufridoras del mundo.

 

Solamente así escucharás en el interior del alma y entenderás la salutación inolvidable de los ángeles, en la noche excelsa: “Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra, buena voluntad para los hombres” – viviendo un perenne nacimiento de bendiciones por amor a Jesús. (Espíritu y Vida. Chico Xavier por  Emmanuel).


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La actualidad del pensamiento de Jesús sorprende a los estudiosos más escépticos de la problemática humana, siempre compleja y desafiante, en estos días. Profundo conocedor de la psique, Jesús penetraba con seguridad en el interior del individuo y descubría las causas reales de las aflicciones que el inconsciente de cada uno procuraba ocultar.

 

No permitiéndose derivativos ni aplazamientos, enfrentaba las cuestiones con elevado criterio de sabiduría, que desnudaba las más intrincadas personalidades psicopatológicas, proponiendo con rigor la terapia compatible, elucidando en cuanto a la responsabilidad personal y eliminando la sombra proyectada bajo el cual muchos se ocultaban.

 

Por procesos más demorados, la psicología profunda llega, en el momento, a las mismas conclusiones que Él lograba con facilidad desde hace dos mil años. Roberto Assagioli, por ejemplo, con su psicosíntesis, penetró en las causas de las enfermedades, apoyándose en la realidad “transpersonal” del ser como factor desencadenante de las mismas.

 

Abraham Maslow descubrió la “psicología del ser” y abrió espacio para su entendimiento profundo en relación con la psicogénesis de las enfermedades que deterioran la personalidad del hombre.

 

Groff, relacionando la mente con el cerebro, va más allá y enfrenta al ser inmortal como agente de innúmeras psicopatologías.

 

Melanie Klein y Carl Johnson, freudiana, propone para los esquizofrénicos terapéuticas fundamentales en el amor, en la caridad, en el perdón cristiano como las de mayor eficacia, aunque se reconozcan arreligiosos.

 

La personalidad destacada de Jesús impresionaba, de forma indeleble, a todos aquellos que lo encontraban. Identificado con Dios, lo demostraba en todos sus pasos, clamando a los oyentes la conquista de la realidad, el reino de los cielos, que se encuentra en el interior de cada uno.

 

 Su propuesta de comparación de valores, los materiales con los espirituales, ofrecía la excelente oportunidad para el despertar mental al respecto de la vida y la consecuente experiencia vivencial en clima de armonía íntima, con una identificación entre las posibilidades y las circunstancias existenciales. Sin utilizar expresiones y conceptos intercalados, hablaba un lenguaje de simple comprensión para la masa ignorante y para las mentes más prestigiadas que lo buscaban.

 

Extraordinario narrador de historias, una de las artes más difíciles en el área del discurso, y poeta impar, debido a las imágenes puras en su riqueza de colores y de significado, sus enseñanzas se eternizaron, reconocidos como de los más bellos jamás anotados por la gnosis. El sermón de la montaña, considerado la “carta magna de los derechos humanos”, es un desafío de no-violencia, propio para esta época, así como fue para aquella en que Jesús lo anunció.

 

Los que lo escucharon, jamás se alejaron de su magia incomparable. No solamente, Jesús es actual por las terapias de amor y por las enseñanzas que propone al hombre contemporáneo, sino, también, por el ejemplo de felicidad y exteriorización de paz que irradiaba.

 

En cuanto a las ambiciones sin control que conducen a las inteligencias al paroxismo y a la alucinación de la posesión, de la fama, de la gloria, de las disputas ciegas, Jesús resurge en la consciencia moderna en plenitud, jovial y amigo, afortunado por la humanidad y la seguridad íntima La actualidad necesita urgentemente de Jesús descrucificado, compañero y terapeuta en atendimiento de emergencia, a fin de evitarle la caída en el abismo. (Jesús y la actualidad. Divaldo Franco).


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(…) "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo", añadiendo: "Esta es toda la ley y los Profetas". Con esas palabras: "El cielo y la tierra no pasarán sin que todo sea cumplido hasta una coma", Jesús quiso decir, que era menester que la ley de Dios recibiese su cumplimiento: es decir, que fuese practicada por la tierra en toda su pureza, con todo su desarrollo y todas sus consecuencias; pues ¿de qué serviría haber establecido esta ley, si quedase subsistente el privilegio de algunos hombres o de un solo pueblo? Siendo todos los hombres hijos de Dios, son, sin distinción, objeto de una misma solicitud.

 

Pero la misión de Jesús no fue simplemente la de un legislador moralista sin más autoridad que su palabra; vino a cumplir las profecías que anunciaron su venida; recibía su autoridad de la naturaleza excepcional de su espíritu y de su visión divina, vino a enseñar a los hombres que la verdadera vida no está en la tierra, sino en el reino de los cielos; a enseñarles el camino que conduce a ella, los medios para reconciliarse con Dios, y hacer presentir la marcha de las cosas futuras, para el cumplimiento de los destinos humanos. 




Sin embargo, no lo dijo todo, y sobre muchos puntos se limitó a dejar el gérmen de verdades que El mismo declara que no podían ser comprendidas; habló de todo, pero en términos más o menos explícitos, porque para entender el sentido oculto de aquellas palabras, era preciso que ideas nuevas y conocimientos nuevos vinieran a dar la clave, y estas ideas no podían venir antes de cierto grado de madurez del espíritu humano. La ciencia debía contribuir poderosamente al nacimiento y al desarrollo de estas ideas; luego era preciso dar a la ciencia el tiempo para progresar. (Evangelio Según Espiritismo cap I).


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(…) Sin prejuzgar sobre la naturaleza de Cristo y no considerándolo, por hipótesis, sino como un espíritu superior, es necesario reconocer que él es un espíritu del orden más elevado, muy superior por sus virtudes al hombre común terrestre.

 

Debido al prodigioso resultado que produjo su venida, sabemos que su encarnación en este mundo fue una misión confiable solamente a los mensajeros directos de la Divinidad para el cumplimiento de sus designios.

 

Suponiendo que Cristo no fuese Dios encarnado, sino un enviado de Él encargado de transmitir su palabra, Cristo sería más que un profeta, sería un Mesías divino. Como hombre poseía la organización de los seres carnales. Pero como espíritu puro, liberado de las influencias de lo terreno, vivía más de la vida espiritual que de la corporal, de la cual no poseía una sola debilidad.

 

La superioridad de Jesús sobre los hombres no se relacionaba con las cualidades particulares de su cuerpo, sino con sus perfecciones espirituales. Su espíritu dominaba totalmente a la materia y también a su periespíritu, formado con los elementos más puros de los fluidos terrestres (cap. XIV, ítem 9). Su alma debía unirse al cuerpo sólo para lo más indispensable.

 

Debido a la más amplia liberación de su espíritu, poseería la facultad de doble vista permanente que, además de una penetración excepcional, sería totalmente superior a la que poseen los hombres comunes.

 

Lo mismo debía ocurrir con todos los fenómenos que dependen de los fluidos periespirituales o psíquicos. La calidad de esos fluidos le otorgaban un inmenso poder magnético que era favorecido por su deseo incesante de hacer el bien.

 


En las curaciones que realizaba, ¿actuaba Jesús como un médium? ¿Se le puede considerar un poderoso médium curativo? No, porque el médium es un intermediario, un instrumento que sirve a los espíritus desencarnados, y Cristo no necesitaba asistencia: actuaba sin ayuda, en razón de su poder personal, así como pueden hacerlo en ciertos casos los encarnados en la medida de sus fuerzas.

 

Por otra parte, ¿Qué espíritu hubiese osado insuflarse sus propios pensamientos y encomendarle la retransmisión? Si recibía alguna influencia extraña, ésta sólo podía provenir de Dios, ya que según la definición dada por un espíritu, Jesús era Médium de Dios.(La Genesis cap. XV).


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(…) ¿Cuál ha sido el arquetipo más perfecto que Dios haya otorgado al hombre para servirle de guía y modelo?

- Ved a Jesús.

Es Jesús para el hombre el arquetipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra. Dios nos lo ofrece como el modelo más perfecto, y la doctrina que ha enseñado es la más pura expresión de su ley, porque estaba animado del Espíritu divino y fue el Ser más puro que haya aparecido en la Tierra.

 

Si algunos de los que pretendieron instruir al hombre en la ley de Dios han hecho que en ocasiones aquél se extraviara con falsos principios, esto ha sido porque se dejaron dominar ellos mismos por sentimientos demasiado terrenales y por haber confundido las leyes que rigen las condiciones de la vida del alma con aquellas otras que regulan la existencia del cuerpo.

 

Muchos han presentado como leyes divinas lo que no era otra cosa que leyes humanas, creadas para servir a las pasiones y dominar a los hombres. (Libro de los Espíritus ítem 625)

 

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 (…) La inmersión de Jesús en los fluidos groseros del orbe terrestre es la historia de la redención de la propia humanidad que sale de las urnas del "yo", para elevarse a las altas cimas de la libertad.


 Viviendo en la época de los reinados de Augusto y Tiberio, cuyas vidas quedaron marcadas con un vigor no habitual en la Historia, Su nacimiento y Su muerte marcaron los tiempos indeleblemente, constituyéndose en señal divisoria de la Civilización, como acontecimiento predominante en los hechos importantes de la vida humana.



 Aceptando como lugar de nacimiento el reducto humildísimo de un pesebre, en el momento significativo en que se estaba llevando a cabo un censo, elaboró desde el primer momento la profunda lección de la humildad, para inaugurar un reinado diferente entre los seres, en el preciso momento en que la supremacía de la fuerza entronizaba a la espada y la púrpura alfombraba el suelo, tapizando el piso por donde pasaban los triunfadores. Y jamás se apartó de la directriz inicialmente asumida: la de servir a todos.


 Acompañando la marcha alocada del espíritu humano, que se encuentra atado a los sucesivos ciclos de los renacimientos inferiores en la rueda de sus pasiones esclavizantes, hizo que pioneros y embajadores de Su Morada, Lo precediesen cantando las glorias superiores de la vida de lo bello, para propiciar los sueños elevados y ansias sublimes... (Primicias del reino por Amelia Rodrigues).


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(…) Hay dos aspectos de Cristo: Cristo el hombre y Cristo el espíritu. En el hombre adorar a Cristo en espíritu es mucho más importante que celebrar material y socialmente su nacimiento.   


Cristo debe nacer dentro de nosotros en espíritu, debe nacer nuevamente en nuestra conciencia, esa es la segunda venida de Cristo.  




Representa una injusticia hacia Cristo celebrar su nacimiento solo con fiestas y regalos. Eso está muy bien pero la falta de una comunión profunda y devota con el espíritu de Cristo al celebrar la navidad constituye una grave omisión en la práctica Cristiana.


Una forma de celebrar la Navidad Espiritual el 24 de diciembre es haciendo oración y meditación.

 

El Maestro Jesús dijo: “la mies es mucha y los obreros pocos”, las bendiciones que trae aparejada la presencia de Dios y de Cristo están a disposición de los que hagan el esfuerzo de entrar en comunión con ambos en el estado de oración y meditación.

 

El Maestro Jesús fue enviado al mundo para despertar el verdadero espíritu de Cristo en el interior.  Donde quiera que estés comprométete a celebrar primero  la Navidad Espiritual y luego la Festividad Social.

 

Observando ambas celebraciones se experimentará un gran despertar al esforzarte por comulgar con Dios con Cristo y con los grandes maestros.  

 

En Navidad nos preparamos para afrontar, de un modo óptimo, el nuevo año que está próximo a comenzar, es una forma maravillosa de iniciar el año nuevo mediante un mayor esfuerzo espiritual.

 

Cada día tenemos que transformarnos liberando y abandonando toda maldad e ignorancia nadie más puede hacerlo por ti.

 

Todos los grandes maestros están activos y la misión de algunos consiste en tratar de afianzar el bien en este mundo y en la medida en que sean capaces de hacerlo a través de las mentes receptivas, el poder de la oscuridad se debilita y el poder de Dios se vuelve más fuerte.

 

Cuando un gran santo resucita en el espíritu y, sin embargo, adopta una forma para responder a los devotos sinceros y receptivos significa que ese gran santo tiene un papel que desempeñar en el destino del mundo y vela por el destino del mundo.


Tiene una misión que llevar a cabo quien pone los poderosos pensamientos de paz en las mentes de algunas almas. 

 

Ellos están tratando de establecer la paz y la armonía sobre la tierra y elevarla a un nivel espiritual superior pero no pueden hacerlo si los seres humanos no lo permiten.  

 

En cada buen pensamiento se encuentra el hogar secreto de Cristo es allí donde está Él, pero no saldrá de su escondite mientras lleves la ignorancia contigo, mientras no aprendas a amar a los que te odian y a vivir los demás principios de la vida de Cristo.

 

Cuando Cristo vino a la tierra nació en Oriente, se dice que cuando cumplió 15 años su familia procuró concertarle un matrimonio como era la costumbre por entonces, pero El eligió abandonar su hogar se dirigió hacia la India y el Tíbet donde permaneció quince años con los maestros.

 

Recordarás que había tres sabios que vinieron de oriente para visitar a Jesús en el momento de su nacimiento, Él devolvió aquella visita durante esos años de cuya actividad la Biblia no guarda registro, luego retornó a Jerusalén para predicar su mensaje, pero poca gente apreció a Jesús. 


Solo cuando ya había partido, algunos tomaron plena conciencia de lo que Él era y entonces las generaciones sucesivas comenzaron a construir iglesias en su honor, aún así  pocas personas a lo largo de los siglos han vivido realmente la vida de Cristo.

 

Esa es la razón de que millones de personas que se consideran Cristianas no sean felices o no estén espiritualmente satisfechas. Es muy sencillo aprender acerca de Cristo y sus enseñanzas, pero practicar lo que Él enseñó no es tan fácil.

 

He vivido la vida de Cristo en cada una de las formas en que me ha sido posible, por dicha razón puedo asegurar que la forma de vida que Él enseñó constituye la única vía hacia la verdadera felicidad.

 

Mucha gente piensa que vivir a la manera de Cristo es demasiado difícil, pero también es muy difícil convertirse en una persona famosa o rica, y grande es la angustia  cuando te das cuenta de que no puedes satisfacer tu deseo a pesar de haber hecho un enorme esfuerzo.

 

No obstante aunque encuentres dificultades, al tratar de encarnar los principios de Cristo en tu vida, si perseveras, la recompensa suprema será tuya, el monumento permanente del amor Crístico.

 

Jesús fue lo más perfecto que el hombre puede llegar a ser y ¿Qué le ofreció la humanidad? en lugar de apreciarlo fue crucificado. Si te parece intolerable el pequeño maltrato que a otros se infieren, piensa en lo que Cristo sufrió por prodigar Amor. De todos los buenos actos que realizó, el más grande fue aquel en el que dijo desde la cruz:  "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen".

 

Ofrendamos hoy nuestro tributo a ese gran Cristo que ha construido en nuestros corazones un monumento permanente de amor. (Así hablaba Yogananda).

 

Como ocurrió en la antigüedad, el Maestro Jesús sigue siendo venerado por los sabios de Oriente que tienen la comprensión, a través de sus conocimientos y mediumnidad, de Su gran valor como guía, modelo y terapeuta para la Humanidad. 

 

Según han ido avanzado los siglos, Sus enseñanzas se han mantenido también en en aquellos lugares, centros espirituales que con sinceridad han sabido mantener Sus preceptos y devoción hacia Cristo sin importar culturas, razas y tradiciones religiosas, tal como Él demostró con su ejemplo.

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Reflexiones

Reflexión 18/5/19

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