Presidenta: Solveig Nordström

Solamente reuniones por Skype hasta nuevo aviso.

Presidenta: Solveig Nordström
"Tendré siempre mis oidos abiertos para escuchar el llanto de alguien y mis ojos estarán observando para descubrir a los solitarios, escondidos en los pliegues de su manto de amargura" (Rabindranath Tagore)

27 de marzo de 2020

LLAMAD Y SE OS ABRIRÁ



(...)En 1917, Suzette, huyendo de su propia conciencia, se sumergía en la búsqueda exterior y había conseguido decorar el castillo con sentido artístico y habilidad, logrando un inusitado éxito.
Angélique le había propuesto a Suzette invitar a un extraño personaje lionés que vivía en París: Madame de Couberville, a fin de realizar con ella algunas experiencias psíquicas.
Aunque era refractaria a ese tipo de investigaciones, con las cuales no se sintió afín desde las bien cuidadas sensaciones realizadas por el viejo profesor de M. y teniendo como objetivo agradar a sus familiares que encontraron la idea fantástica, resolvió aceptar.
De ese modo, después de estar algunos días en Nantes, Julien-Paul, al retornar de París en uno de los pocos viajes que hacía para estar informado de los acontecimientos que tenían lugar en su Empresa, trajo a Madame de Couberville.
La simpática señora de aspecto distinguido cautivó a todos. Descendía de los célebres Courtenay (Antigua familia y Casa que ofreció innumerables condes y nobles a Edessa durante las Cruzadas, perdiendo el prestigio tras cruentas persecuciones de que fueron víctimas en el pasado) agradable, todos sus temas preferidos eran expuestos en un lenguaje y principios éticos relevantes.
Había conocido personalmente a M. Henri Suasse, el célebre biógrafo de Hippolyte-León Denizard Rivail, que la posteridad conocía con el seudónimo de Allan Kardec, y asistió a las memorables reuniones de la Federación Espírita Lionesa de las que participó y donde trabó amistad con el insigne escritor espírita León Denis, cuando daba sus memorables conferencias en aquella Entidad y en los Salones importantes de aquella Ciudad.
A través de M. Sausse se hizo espiritista, trabando contacto con el Mundo Espiritual y conocimiento más directo de la Doctrina Espírita, que la fascinaba. Madame de Couberville disertó con facilidad y emoción sobre el historial de los fenómenos mediúmnicos en el mundo y las circunspección y seriedad con que el Profesor Rivail los encaró, durante las pesquisas que realizó.
Investigador metódico y analista severo –agregó- no se entregó al entusiasmo o a la emoción del deslumbramiento. Más bien, se mantuvo en permanente vigilancia examinando profundamente, cada información, cada revelación, las que eran sometidas a averiguaciones incesantes, tras lo cual y solamente entonces, pasaba a acatar sin refutación. De temperamento científico, no se permitía la menor liviandad, sin por ello perder el buen humor que le era habitual. Tal vez, todo era consecuencia de haber ejercido antes el magisterio durante muchos años.
Cuantos lo trataron , fueron unánimes en testimoniar su honestidad y la grandeza de su alma. Aún aquellos que se convirtieron en sus más férreos adversarios, jamás encontraron un punto vulnerable en su carácter diamantino o algo que tiznase su limpidez.
De la constante reflexión, del estudio metódico y paciente, de la observación tenaz y del análisis profundo, surgieron Obras incomparables, preparándolo para ser el encargado de brindar al futuro y a la humanidad, irrefutables conceptos sobre Dios, la vida, el alma, la inmortalidad, la comunicación de los Espíritus, la Reencarnación…”
Con voz pausada, clara, de agradable entonación, la señora era escuchada con admiración por el selecto público, que jamás había oído la menor referencia sobre el tema. Las informaciones que les habían llegado referentes a los Espíritus, poseían un carácter despectivo o bien estaban rodeadas de supersticiones y misterios absurdos. Sin embargo, la narradora les ofrecía una visión muy distinta a ese respecto desprendiéndose de SUS PALABRAS CONNOTACIONES MORALES SUPERIORES, IMPREVISTAS.
Entretejía opiniones sobre la JUSTICIA DIVINA, afirmando: “que no se atrevía a abordar el tema de la DIVINIDAD, directamente por faltarle conocimientos suficientes razonables para la tentativa” Y PRESENTABA A LA REENCARNACIÓN COMO UNA NECESIDAD IMPERIOSA, DEPURADORA PARA UNOS E ILUMINATIVA PARA OTROS, EXPERIENCIA INDISPENSABLE PARA EL PROGRESO DEL ESPÍRITU, CUYO ORIGEN SE PIERDE EN LOS INCONTABLES MILENIOS DE LA CREACIÓN TERRENA…
Profunda conocedora de la filosofía expuesta en El libro de los Espíritus y sensiblemente inspirada, Madame de Couberville se transformó en el centro de las tertulias, en el majestuoso Château de Niesembaum.
Durante toda una semana de continuas explicaciones, sugirió ideas, fundamentó conceptos, azuzó observaciones ,exponiendo con simplicidad y lógica inconfundible. Sostenía siempre, citando a ALLAN KARDEC, que: FE INQUEBRANTABLE ES AQUELLA QUE PUEDE MIRAR FRENTE A FRENTE A LA RAZÓN, EN TODAS LAS ÉPOCAS DE LA HUMANIDAD.
-Para tan segura filosofía –aducía Madame de Couberville- los hechos constituyeron los cimientos fundamentales, sobre los cuales había sido erigida la Doctrina en sí misma.
ALLAN KARDEC NO SUGIRIÓ CONCEPTOS BUSCANDO DESPUÉS DATOS POSTERIORES QUE LOS CONFIRMARAN. PARTIERON DE LAS EXPERIENCIAS CIENTÍFICAS A LAS CONCLUSIONES FILOSÓFICAS.
LA DOCTRINA ES UNA CONSECUENCIA NATURAL DEL TESTIMONIO DE LAS INVESTIGACIONES.
DIFIRIENDO DEL CRITERIO DE TODAS LAS DEMÁS FILOSOFÍAS: LAS BASES DEL ESPIRITISMO –DIOS, INMORTALIDAD, COMUNICABILIDAD DE LOS ESPÍRITUS, REENCARNACIÓN Y PLURALIDAD DE LOS MUNDOS HABITADOS- ESTABAN ASENTADAS EN LOS PRINCIPIOS MORALES RESULTANTES DEL INTERCABIO MEDIÚMNICO.
LA MEDIUMNIDAD, ASÍ EXAMINADA, FUE EL VEHÍCULO MEDIANTE EL CUAL SE PUDO PENETRAR EL BISTURÍ DE LA INDAGACIÓN, RESPONDIENDO CON VITALIDAD Y SEGURIDAD A LOS ANÁLISIS QUE SE PROPUSIERON.”
Innumerables narraciones que pertenecían a la Mitología y a la superstición, depuradas de lo fantástico y de lo sobrenatural, se hicieron dignas de aceptación y análisis cultural. Aparte de eso, la más valiosa contribución ofrecida por la Ciencia Espírita ha sido la certeza de la sobrevivencia: la muerte de la muerte.
Ante esa realidad, el soñado aniquilamiento de la vida, celebrado por las escuelas nihilistas y materialistas, se reduce a la pobreza de los parcos y desunidos sentidos físicos . En otra dimensión prosiguen el amor y el odio, los sentimientos elevados y los soeces, las construcciones santificantes y las viles, en natural proceso, dando curso a la vida que se transfiere de dimensión, sin desaparecer.
En el silencio de la tumba no se diluyen los ideales ni las pasiones, las luchas ni las miserias a las que se aferran las criaturas. Cada ser es, en el Más Allá, lo que cultivó el cuerpo, prosiguiendo conforme se habituó, en la vivencia de la verdad, como acción de la delincuencia.”
Madame de Couberville exponía, raramente interrumpida para esclarecimientos innecesarios, conforme se desprende de los fragmentos que transcribimos de sus excelentes informes.
La mediumnidad –informaba, serena –soportó la sospecha de los psiquiatras y la incursión metapsiquista. Todas las respetables teorías que fueron elaboradas con el fin de explicarlas, cayeron por tierra. Sólo el concepto espírita aclaró definitivamente toda la gama de sus manifestaciones.
Los médiums- y aquí me refiero a los hombres y mujeres honestos que se convierten en paradigmas de una nueva era- acentuó-, tienen un relevante papel en la Historia Universal. Surgieron en todos los períodos humanos y en las más diversas culturas de Oriente como de Occidente, impulsando el progreso de los pueblos y anticipando los acontecimientos históricos.
Despojados de lo fantasioso con que los vistieron los siglos y la imaginación, se revelaron criaturas dotadas de superior percepción, por medio de la cual sintonizan con otras fajas vibratorias que envuelven al planeta, extrayendo de allí el contenido de ennoblecimiento que les es transmitido por los Espíritus triunfadores del túmulo.
No hay ninguna otra enseñanza más consoladora, mejor fundamentada, más lógica que la Espírita.
Las explicaciones bien ordenadas, obedeciendo a un programa hábilmente elaborado, confirmaban en los creyentes la fe y despertaba en los incrédulos la curiosidad. “Antes de intentar convertir a alguien en espírita –escribió Allan Kardec y repetía la gentil señora-, tornadlo espiritualista.”


21 de marzo de 2020

EDUCACIÓN PARA LA MUERTE II


La muerte según el espiritismo



Morir es nacer.

No temáis la muerte los que tengáis limpia la conciencia y hayáis cumplido bien vuestro destino en esta jornada de la vida eterna.

No os aflijáis los que os quedáis aquí por los que se van, porque estos son los que realmente nacen, mientras que los que lloráis sois los que permanecéis en la tumba aprisionados.

Como fenómeno fisiológico, la muerte es como el nacimiento. El hombre nace sin dolor y sin conciencia del suceso. El hombre muere sin dolor también, y, por lo común, sin saber darse cuenta de la mutación de su ser.

Aparte de las molestias acarreadas por la enfermedad, el fenómeno de la separación del espíritu del cuerpo no engendra dolores físicos, y se parece a un sueño del que se despierta en la inmensidad de lo infinito, y allí la inteligencia recobra y ensancha en lucidez, se siente ya sin cuerpo, dándose entonces razón de que ha muerto en la existencia orgánica y que acaba de nacer a la vida libre.

Mas allá de la tumba no están la nada, la oscuridad, ni la noche eterna. Todos los átomos del cadáver vuelven al universo para entrar en el círculo perpetuo de la creación, y al dejar de ser parte de una organización humana, van a convertirse en aire respirable para otros seres, a trasformarse en savia de las plantas, en perfume de las flores, en vapores de las nubes, en gotas del rocío y en agua de las fuentes.

El oxigeno que os vivifica y hace latir vuestras arterias, el azoe que toma plasticidad en vuestros tejidos, los óxidos y sales que las dan consistencia, han estado en las organizaciones de vuestros padres: los aromas que embalsaman los floridos campos, y que con placer aspiráis los vivos, contienen átomos que han sido parte constitutiva de los cuerpos de vuestros hijos y de vuestros hermanos: la disgregación de sus esqueletos presta elementos a los frutos con que os alimentáis y se disuelven en el agua con que mitigáis vuestra sed.

Este es el circulo eterno de la materia, siempre en movimiento y siempre viva.
El fenómeno al que dais el nombre de muerte son transformaciones necesarias para su progreso. Lo mismo en la materia que en el espíritu, morir es renacer, cambiar de forma la vida; pero en rigor nada muere, en el sentido que generalmente se da a esta fatídica palabra.

La materia, que había estado aprisionada por un tiempo más o menos largo, constituyendo la parte Plástica del hombre, adquiere libertad y se sumerge en el giro eterno del Universo.

El fluido vital, que era el lazo de unión de todos los átomos y la causa de todas las sinergias conservadoras, restringe su difusibilidad, abandona la periferia de la organización, se concentra en los órganos más importantes, cerebro, corazón y pulmones, retírase de estos también, a la manera como el calor se va de un cuerpo que se enfría, y la esencia de la vida se marcha con el espíritu para comenzar otra fase de la existencia, para realizar otra etapa en el progreso sin fin, que es la Ley de todo lo creado.

Aquel se ha perfeccionado suficientemente, y si además la antorcha del espiritismo iluminó su razón durante su vida material, la transición de una a otra existencia es tranquila y dichosa, y la inteligencia penetra en el mundo de la luz, donde nada está oscuro, ni nada es opaco, donde todos los cuerpos aparecen transparentes para el espíritu, donde se ve sin ojos, se oye sin oídos y se habla sin lengua; por que se ve, se toca, se habla y se siente con el pensamiento y la conciencia.

En ese nuevo mundo aguardan al espíritu mayores progresos y más grandes perfecciones, porque todo progreso realizado es la preparación para otro superior; y de este modo la inteligencia del universo, repartida en todos los seres, después de circular por la materia, se acumula en torno de la causa increada, formando todas las almas puras el periespíritu de Dios, fundiéndose en colectividades de seres idénticos cuando han llegado a las mayores perfecciones, y constituyendo una unidad de todas las individualidades que han alcanzado el mismo grado de progreso espiritual. 




No lloréis los que os quedáis por los que se van, porque ellos no dejan de estar entre vosotros, aunque hayan franqueado el pórtico del templo de la verdadera luz, pues desde su nueva morada irradian en fluido hasta vuestro espíritu; y cuando llegue a vosotros el turno de abandonar este planeta, saldrán sonrientes a recibiros y a envolveros en el éter universal, instruyéndoos en las maravillas de la creación y en los ulteriores destinos de vuestro ser, para que veáis convertida en realidad, por vuestros esfuerzos de estudio y de amor, la gran aspiración de todos, que es comprender la inteligencia suprema. Y la comprenderéis, porque estaréis fundidos en ella, y seréis la fuerza que realice sus pensamientos. 


Anastasio García López.
Almanaque de espiritismo (1873)
 

20 de marzo de 2020

EDUCACIÓN PARA LA MUERTE


La Extinción de la Vida


La insistencia del hombre en la negación de su propia inmor-
talidad
no ocurre, como generalmente se piensa, de las dificulta-
des para probarla científicamente, ni de la visión caótica del
mundo en que se pierden los espíritus escépticos, que viven
como aturdidos entre las certezas e incertidumbres del conoci-
miento humano. Ocurre apenas del sentimiento de fragilidad
humana, considerado tan importante por los existencialistas. 



El instinto de muerte de la tesis freudiana, en un mundo en que todo
muere, nada permanece, como señalaba Protágoras desolado,
supera y aplasta en la sensibilidad humana el instinto de vida, las
ansias existenciales generalmente confundidas con el elan vital
de Bergson. 



Sintiéndose frustrado y desolado ante la fatalidad
irremovíble de la muerte, y llevado a la desesperación ante la
irracionalidad de las proposiciones religiosas, el hombre ve
secarse sus esperanzas en el invierno único e irremisible de la
vida material. 



Su impotencia se revela como absoluta, apagando
en su espíritu las esperanzas y la confianza en la vida que le
sustentaban en la mocedad. 



La vida se extingue en sí misma y a sus ojos por todas partes, 

en todos los reinos de la Naturaleza, y
ninguno jamás ha conseguido impedir el flujo arrasador del
tiempo, que lleva arrastrando las cosas y los seres, envejeciéndo-
los y desgastándolos, por grandes, más fuertes y brillantes que
puedan parecer. 



El paso inexorable de los años marca minuto a
minuto, con una seguridad fatal y una puntualidad exasperante,
el fin inevitable de todas las cosas y todos los seres.


Al contrario de lo que se dice popularmente, no son los viejos
quienes sueñan con la inmortalidad, sino los jóvenes. Porque
estos, en la seguridad ilusoria de su vitalidad, son más propicios
a aceptar y cultivar esperanzas de renovación. 

Por más geniales
que sean, por más realistas que se muestren, los jóvenes – con
excepción de los que sufren de desequilibrios orgánicos y psí-
quicos – creen en la vida que usufructúan sin preocupaciones.

Alegándose que son los viejos y no los jóvenes quienes se interesan por las religiones, creyéndose que este interés de la vejez por
la ilusión de la sobrevivencia es la desesperación del náufrago
que se apega a una tabla de salvación. Imagen aparentemente
apropiada, mas en verdad falsa. 

El viejo religioso, generalmente
fanático, sabe muy bien que sus días están contados y teme la
posibilidad de su encuentro con los jueces implacables con que
las religiones los amenazaran, desde la infancia remota.
Quieren generalmente prevenirse de lo que les pudiera acontecer al pasar
hacia la otra vida cargados de pecados que las religiones prometen aliviar. 

El miedo de la muerte está tan generalizado entre las
personas que entran en la recta final de la existencia, que Heidegger acentuó, con cierta ironía, la importancia de la partícula
Dasein en las expresiones sobre la muerte. La mayoría de las personas
dicen morirse al contrario de moriremos, porque el se refiere a
los otros y no a sí mismo. 

La figura jurídica de la legítima defensa, en los casos de asesinato, se institucionalizó racionalmente el
derecho de matar que, si por un lado reconoce la validez social
del instinto de conservación, por otro lado legitima en los códigos del mundo el sentido oculto de la partícula Dasein en los fraudes
inconscientes del lenguaje. 

Por otro lado, esta partícula confirma
el deseo individual de que los demás mueran, y no nosotros,
demostrando la inocuidad de los mandamientos religiosos. 

Por otra parte, esta inocuidad, como se sabe, se reveló en el propio
Sinaí, cuando Moisés, aún con las Tabla de las Leyes en las
manos, ordenó la matanza inmediata de dos mil israelitas que
adoraban el Becerro de Oro.

Llegamos así a la conclusión de que la posición del hombre
frente a la muerte es ambivalente, colocándolo en un dilema sin
salida, perdido en el laberinto de sus propias contradicciones. De
este desespero resulta la locura de las matanzas colectivas, de las
guerras, del apelo humano a los procesos genocidas, tan espantosamente evidenciados en la Historia Humana. 

Los arsenales atómicos del presente, y particularmente el recurso novedoso de las bombas de neutrones, revelan en el hombre el deseo inconsciente, pero racionalizado por las justificaciones de seguridad, de
extinción total de la vida en el planeta.

 Los versos consagrados del poeta:  “Antes morir, que vivir como esclavos”, valen por una catarsis colectiva. 

La extinción de la vida es el supremo
deseo de la Humanidad, que solo no se realiza gracias a la impo-
tencia del hombre ante la rigidez de las leyes naturales. Por esto
la Ciencia acelera sin cesar el descubrimiento de nuevos medios
de matanza masiva. 

Los esclavos de la vida prefieren la muerte.
Este panorama apocalíptico solo podrá modificarse a través
de la Educación para la Muerte. No se trata de una educación
especial ni supletoria, sino de una para-educación sugerida y
hasta también exigida por la situación actual del mundo. 

El problema de la llamada explosión demográfica, con el acelerado
desenvolvimiento de la población mundial, imposible de ser
detenida por todos los medios propuestos, nos demuestra la
necesidad de una revisión profunda de los procesos educacionales, de manera que se puedan reajustar a las nuevas condiciones
de vida, cada vez más intolerables. 

Como señaló Kardec, solamente la Educación podrá llevarnos a las soluciones deseadas.

Los recursos que, en ocasiones como esta, son siempre producidos por la misma Naturaleza, ya nos fueran dados a través de la
también llamada explosión psíquica de los fenómenos paranormales. 

El conocimiento más profundo de la naturaleza humana,
llevado por las pesquisas psicológicas y parapsicológicas hasta
las profundidades del alma, revela que el nuevo proceso educacional debería alcanzar los mecanismos de la consciencia subliminal de la teoría de Frederich Myers, de manera que sustituya
las introyecciones negativas y desordenadas del inconsciente por
introyecciones positivas y racionales. 

La teoría de los arquetipos de Jung,
como también su teoría parapsicológica de las coincidencias significativas, pueden ayudarnos en dos planos: el de la
trascendencia y el de la dinámica mental consciente. 

La Educación para la Muerte socorrerá a la vida, restableciéndole la
esperanza y el entusiasmo de las nuevas generaciones por las
nuevas perspectivas de la vida terrenal. 

Una nueva cultura, ya
esbozada en nuestros días, pronto se definirá como la salida
natural que hasta ahora buscamos inútilmente para el impasse.

Vivimos hasta ahora en un torniquete de contradicciones alimentadas por groseros e inhumanos intereses inmediatistas. El mundo se presenta en una fase de renovación cultural, política y social, poblado por nuevas generaciones que ansían por el futuro y se encuentran oprimidas y marginalizadas por el dominio arbitrario de los viejos, dolorosamente apegados a vicios incurables de un pasado en escombros. 

La prudencia miedosa de los viejos y el anacronismo fatal de sus ideas, de sus supersticiones y de su apego desesperado a la vida como ella fue y no como ella es, aplastan bajo la presión de la mentalidad anticuada apoyada en el dominio de las estructuras tradicionalmente montadas de
los dispositivos de seguridad. 

Esta situación negativa es transitoria, en virtud de la muerte, que renueva a las generaciones, mas prolongándose en estos dispositivos garantiza la prolongación indefinida de la situación, al mismo tiempo en que las nuevas generaciones, marginalizadas políticamente, no disponen de
experiencias y conocimientos para enfrentar a los dominadores,
cayendo en la apatía y el desinterés por la vida pública. 

Esta situación se agrava con la ocurrencia de intentos generalmente
ingenuos e inconsecuentes de jóvenes explorados por grupos
violentos, lo que provoca el desencadenamiento de represión
oficial, generalmente seguida de actos terroristas.
Es lo que se ve, principalmente, en los países europeos arrasados material y espiritualmente por la segunda guerra mundial.

Este impasse internacional solo podrá ser roto por medidas y
actitudes válidas de gobiernos de las naciones en que el choque
de mentalidades antagónicas no ha llegado a producir estragos
materiales y morales irrecuperables. 

Mucho puede contribuir
para restablecer un estado normal en las instituciones cultura-
les, a través de cursos y divulgaciones, por los medios de comunicación organizados y dados por especialistas hábiles.

La Educación para la Muerte, dada en las escuelas de todos
los grados, no como materia independiente, sino ligada a todas
las materias de los cursos, insistiendo en el estudio de los problemas existenciales, irá despertando las consciencias, a través
de datos científicos positivos, para la comprensión más clara y
racional de los problemas de la vida y de la muerte. 

Todo el empeño debería concentrarse en la orientación ética de la vida
humana, basada en el derecho a la vida comunitaria libre, en que
todos los ciudadanos puedan gozar de las franquicias sociales
sin restricciones de orden social, político, cultural, racial o de
castas. 

Lo importante será demostrar, objetivamente, que la vida
es el camino de la muerte, pero que la muerte no es el final de la
existencia humana, pues esta prosigue en las hipóstasis espirituales del universo, en las cuales el espíritu se renueva moralmente
y se prepara con vistas a nuevas encarnaciones en la línea de la
evolución óntica de la Humanidad.

Nacimiento y muerte son fenómenos biológicos que se inter-
penetran. La vida y la muerte constituyen el elemento básico de
todas las vidas, que, por esto mismo, son también mortales.
El infierno mitológico de los paganos debería haber desaparecido
con el advenimiento del Cristianismo, pero fue sustituido por el
infierno cristiano, más cruel y feroz que el pagano. 

Las plañideras antiguas dejaron de llorar profesionalmente en los velorios, mas las ceremonias funerales de la Iglesia sustituyeron de manera más desgarradora y desesperada, con pompas sombrías y
latinajos lastimeros, prolongados en semanas y meses, el lamento
por aquellos que apenas cumplieran una ley natural de la vida.

La idea trágica de la muerte sobrevive en nuestro tiempo, a pesar
del avance de las Ciencias y del desenvolvimiento general de la
Cultura. Hace millones de años que morimos y aún no aprendemos que vida y muerte son ocurrencias naturales. 

Y las religiones de la muerte, que vampirescamente viven de los gordos
rendimientos de las celebraciones fúnebres y de los rezos indefinidamente pagados por los familiares y amigos de los muertos,
se empeñan en un combate contra quienes pesquisan y revelan
el verdadero sentido de la muerte. 

La idea fija de que la muerte
es el final y el terror de las condenas después de la muerte sustentan este comercio necrófilo en todo el mundo. 

Contra este comercio simoniaco será necesario que se desarrolle la Educación para la Muerte, que, restableciendo la naturalidad del fenómeno, dará a los hombres la visión consoladora y plena de
esperanzas reales de la continuidad natural de la vida en las
dimensiones espirituales y la certeza de los retornos a través del
proceso biológico de la reencarnación, claramente enseñado en
los propios Evangelios. 

Conociendo el mecanismo de la vida, en
que nacimiento y muerte se reversan incesantemente, los instintos de muerte y sus impulsos criminales se atenuarán hasta
desaparecer por completo. 

Los deseos malsanos de extinción de
la vida, que originan los suicidios, los asesinatos y las guerras,
tenderán a transformarse en los instintos de la vida.

 La esperanza y la confianza en Dios, como también la confianza en la vida
y en las leyes naturales, crearán un nuevo clima en el planeta,
hoy devastado por la desesperación humana. 

El miedo y la desesperación desaparecerán con el esclarecimiento racional y científico del misterio de la muerte, este enigma que la resurrección de Jesús y sus enseñanzas, como también las del Apóstol
Pablo, ya deberían haber esclarecido hace dos mil años.


Educación para la muerte. Capitulo 4. J. Herculano Pires. Editorial Paidea.

17 de marzo de 2020

DEL ABISMO A LAS ESTRELLAS



Víctor Hugo describe en estas páginas la historia de Susi Sara, sus aciertos y desaciertos en la profesión médica en los años en los que transcurre la Primera Guerra Mundial y posteriores a ésta. 


Basada en una historia real rica de emociones, revive el estilo y la profundidad de ese gran novelista francés preocupado por los graves problemas humanos, transmitiendo en sus páginas informaciones históricas y enseñanzas morales concienciando a las personas que se encuentren viviendo situaciones similares a las tratadas en la presente obra.


La protagonista en este libro es la doctora Susi Sara. Perdida en la soledad de la noche Susi Sara escuchaba a su corazón:

 “¿Es que valía la pena esa lucha horrenda por la que atravesaba? se preguntó.

¿La vida es solo amarguras, ilusiones, cansancios o todo esto significa un preludio para la vida? ¿Cuál es la finalidad del existir humano?".


"Nacida del caos caprichoso del ocaso, ¿la inteligencia se encamina hacia el aniquilamiento?"

"¿Como entonces la inconsciencia genera la conciencia?, ¿El acaso produce la finalidad, lo deforme engendra la armonía, la estupidez realiza el equilibrio, lo ciclópeo consigue el orden?"



"No habiendo una causa que preceda a todo ¿Cómo analizar el conjunto consecuente? "¿Porqué el amor y el odio la alegría y el disgusto, la cuna y la tumba, el bien y el mal, ese constante díptico en flagrante oposición?"


"El átomo y la galaxia, ¿No son consecuencias el uno del otro, símiles perfectos a pesar de la diferencia de masa y volumen"


Estaba en esa meditación sin perturbaciones cuando le pareció oír en lo más profundo de su alma:

 “Todo es perfecto en la Creación Divina. El orgullo humano es el que impide tener una clara visión de las causas, por estar fijado en el utilitarismo de los efectos mezquinos. Deambulante del instinto, de donde llegó, el hombre retiene los llamados a la violencia y a las pasiones a las cuales llegó antes que brillen en él los astros de la felicidad que lo elevarán en la búsqueda de los tesoros de la alegría pura y de las fortunas intransferibles qué deberá conseguir con su esfuerzo personal. Vivir es también despedirse del cuerpo, muriendo en parte en la argamasa celular, a fin de vivir sin el cuerpo, liberado de él en la plenitud de la vida”.


Al mismo tiempo Susi recordó el sueño que había tenido el Día de la Paz y volvió a ver mentalmente al ser angelical que le había hablado. Experimentó entonces aquella inconfundible e inolvidable sensación de bienestar íntimo tan pocas veces disfrutada.


La voz interior prosiguió amena y calma: “El hombre en la Tierra no es un paria del destino. Se torna execrable cuando lo quiere e infame por propia elección”. 


“La Naturaleza lo incita a la belleza, el dolor a la renovación, tanto como la poda al revestimiento; la vida lo emula a la solidaridad, así como el infortunio a la bondad; la esperanza lo vitaliza para crecer en cuanto la dificultad lo inclina a la sumisión y lo desafía para el combate, solamente las armas deberán estar hechas de elementos no agresivos ni vengativos".


“La Divinidad le favorece con el aire, la lluvia, el sol y el paisaje; le facilita la adquisición del pan, la preservación de la salud, la convivencia social y lo impulsa a crecer”… 


“Los limitados, aquellos para los que escasean los recursos, están inscritos en los códigos del equilibrio que proponen resarcimiento y redención”. 


“La lluvia que renueva el arroyo está constituida por las partículas que el sol extrajo del riacho…Siempre hay retornos hasta que el sol de la intemperancia apaciguándose no absorba nuevos compromisos que tendrá que devolver… Por tanto, nadie alzará el vuelo hacia el triunfo, partiendo de un suelo sembrado de cadáveres, de víctimas indefensas"...


Susi reacciono inconscientemente, trató de desembarazarse de la suave imposición sin lograr éxito.


El magnetismo envolvente, agradable, la melodía de la voz aterciopelada que resonaba en la acústica de su alma la sensibilización con deliciosa emotividad.


El interlocutor invisible y poderoso, manipulado perdón manipulando el complejo mecanismo del mundo mental, prosiguió con su explicación:


“El hombre está predestinado a la ventura. Los tropiezos e impedimentos que le dificultan el camino ascensional, puede apartarlos en base a honorables esfuerzos".


"¿Qué es la vida en la Tierra? Un instante comparado con la elocuencia de la eternidad".


"¿Qué es el poder en el mundo? Un hálito de nada ante la grandeza del Infinito".


"Entre tanto, es por esos nadas que el hombre desperdicia la paz y desbarata esperanzas, saltando al pozo inmediato de la desventura donde desaparece poco a poco consumido, alucinado".


En el hombre son innatas las ideas de Dios, de la Inmortalidad, de la Justicia qué recompensa con premios o a latigazos, del Amor…


"Lo entorpece el orgullo que expele miasmas mefíticos, terminando por intoxicar a aquellos que lo producen. La felicidad tan anhelada, está al alcance de una conciencia tranquila, que surge de un carácter recto y de una mente sana. La tranquilidad jamás asfixiara a los remordimientos y el poder de cualquier talante nunca adquirirá la fortuna de la paz, si no se basa en la humildad, en la honorabilidad, en el bien. El poder real es aquel que no puede ser robado y que tiene su génesis en el espíritu: los valores intrínsecos incorruptibles".


“Todas las cosas mantienen una correlación entre sí. Es tan importante el Sol que dona su luz y el calor, como el gusano que abre canales en la tierra para aireación de las raíces. Es tan valioso el brillante que refleja los astros cuanto el grano de trigo que produce el pan. Sin aquel se puede pasar, sin éste, es más difícil. En el mundo escasean los panes en cuanto se multiplican las gemas y la miseria irrumpe incontrolable".


“Reflexiona y detén tus pasos. Nadie puede convertirse en árbitro de la vida o de la muerte. Ninguna persona puede tomar en sus manos el destino de otra y hacer de él lo que le plazca".


"La Tierra no es una nave a la deriva en el Océano de oxígeno que la envuelve, ni el hombre es un objeto para ser consumido por las pasiones."


"No te hundas más. No hay tesoros más valiosos que la Paz, ni posesión más preciosa que la rectitud del comportamiento. Todo pasa, menos las acciones practicadas que fomentan libertad o producen grilletes crueles, matrices que se transforman en la producción de los implementos futuros para el espíritu".


 "Dios pulsa en ti. Haz silencio y lo escucharás. Entrégate sin recelos".


"Hoy caminas ignorando la ruta de mañana. No perjudiques el porvenir, vencida por la inquietud de la prisa. No te afanes por el oro, no te devolverá lo que supones perdido, ni aplacara tu sed de venganza. El mejor vino puede competir, con un sorbo de agua fresca ante la inclemencia de la sed que se pretende saciar".


Despierta y vive… Siempre es tiempo aunque las oportunidades pasen. Aprovecha y retrocede…


Tras esto se produjo un incomparable silencio en el alma. Susi pareció haberse desligado de la amorosa presión. Había luna llena y estaba sentada frente al Sena. Experimentaba una inefable emoción y quizá podía ver diluirse en el claro de Luna una diáfana forma que brillaba cerca de ella.



Se hubiera quedado allí, disfrutando ese bienestar que la infundida paz.


Sacudió la cabeza, se irguió y se puso en marcha. La noche brillaba en lo alto y las horas transcurrían. (...)


por Victor Hugo / Psicografiado por Divaldo Pereira Franco.
Capítulo 7 La ascensión al poder con el alma vencida.
Ediciones "Juana de Angelis" - Buenos Aires - Argentina

16 de marzo de 2020

REFLEXIÓN SOBRE ACTUALIDAD

Bellísima reflexión del psicólogo F. Morelli, que circula entre nuestros queridos vecinos italianos:


“Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan que pensar...


En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando...


En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquéllos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquéllos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.


En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?


En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.


En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no)espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?




En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.


Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos porqué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todos ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya esté bastante en deuda y que nos lo esté viniendo a explicar esta epidemia, a caro precio.


(Cit. F. MORELLI, traducido al español)

5 de marzo de 2020

EL ESPÍRITA Y EL MUNDO ACTUAL

EL ESPÍRITA Y EL MUNDO ACTUAL

 

 

La Tierra está pasando por un período crítico de crecimiento. Nuestro pequeño mundo, cerrado en concepciones mezquinas y obtusos y estrechos límites, madura para el infinito. Sus fronteras se abren en todas direcciones.

El Espiritismo vino para ayudar a los seres humanos en esa transición. Procuremos, pues, comprender nuestra responsabilidad de espíritas, en todos los sectores de la vida contemporánea. 

No somos espíritas por casualidad, ni porque precisamos del auxilio de los Espíritus para la solución de nuestros problemas terrenos. Somos espíritas porque asumimos en la vida espiritual grandes responsabilidades para esta hora
del planeta. 

Ayudémonos a nosotros mismos, ampliando nuestra comprensión del sentido y de la naturaleza del Espiritismo, de su importante misión en la Tierra. Y ayudemos al Espiritismo a cumplirla.
 
El mundo actual está lleno de problemas y conflictos. El crecimiento de la población, el desarrollo económico, el progreso científico, el aprimoramiento técnico y la profunda modificación de las concepciones de la vida y del hombre, colcándonos ante una situación de temerosa inestabilidad. 

Las viejas religiones se sienten amenazadas hasta lo más hondo de sus cimientos. Amenazan ruina, al impacto del avance científico y de la propagación del escepticismo. Descreyentes de los viejos dogmas, los hombres se vuelven para la fiebre de los instintos, es una inútil tentativa de regresar a la irresponsabilidad animal.

El espírita no escapa a esa exposición del instinto. Mas el Espiritismo no es una vieja religión, ni una concepción ya superada. Es una enseñanza nueva, que apareció precisamente para cimentar el futuro. Sus bases no son dogmáticas, más bien científicas y experienciales.

Su estructura no es teológica, más bien filosófica, apoyada en la lógica más rigurosa. Su finalidad religiosa no se define por las promesas y las amenazas de la Teología, más por la consciencia de la libertad humana y de la responsabilidad espiritual de cada individuo, sujeta al control natural de la ley de causa y efecto. 

El espírita no tiene el derecho de atemorizarse, ni de huir a sus deberes y entregarse a los instintos.

Su deber es uno solo: luchar por la implantación del Reino de Dios en la Tierra.
 
¿Más, como luchar? Este libro procuró indicar, a los espíritas, varias maneras de proceder en las circunstancias de la vida y en vista de los múltiples problemas existentes
en la hora presente. No se trata de ofrecer un manual, con reglas uniformes y rígidas, sino de presentar el esbozo de un camino, con base en la experiencia personal de los autores y en la inspiración de los Espíritus Superiores que los auxiliaron a escribir estas páginas. 

La lucha espírita es incesante. Sus frentes de batalla comienzan en su propio interior y van hasta los límites del mundo exterior. Mas el espírita no está solo, pues cuenta con el auxilio constante de los Espíritus del Señor, que presiden la propagación y el desarrollo del Espiritismo en la Tierra.

La mayoría de los espíritas llegarán al Espiritismo acometidos por el dolor, por el sufrimiento físico o moral, por la angustia de problemas y situaciones insolubles. Una vez integrados en la Doctrina, no pueden y no deben continuar con las preocupaciones personales que interfieran en su transformación conceptual. 

El Espiritismo les abrió la mente para una comprensión enteramente nueva de la realidad. Es necesario que todos los espíritas procuren alimentar, cada vez más, esa nueva comprensión de la  vida y del mundo, a través del estudio y de la meditación. 

Es necesario también que aprendan a usar la poderosa técnica de la oración, tan desmoralizada por el automatismo
habitual a que las religiones formalistas la relegaran.

La oración es la técnica más poderosa de que disponemos los espíritas, como nos enseñó Kardec, como lo proclamó León Denis y como lo acentuó Miguel Vives. La oración verdadera, brotada de lo más íntimo del ser humano, como la fuente transparente brota de las entrañas de la tierra, es de un poder incalculable para el hombre. 

El espírita tiene que utilizar constantemente la oración. Ella le calmará el corazón inquieto y aclarará los caminos
del mundo. La propia ciencia materialista está hoy probando el poder del pensamiento y su capacidad de transmisión al infinito. 

El pensamiento empleado en la oración lleva aún la carga emotiva de los más puros y profundos sentimientos. El espírita ya no puede dudar del poder de la oración, pregonado por el Espiritismo. 

Cuando algunos «maestros» ocultistas o espíritas ignorantes llamen a la oración "muleta", el espírita experimentado debe recordar que Cristo también la usaba y también la enseñó. ¡Bendita muleta es esa, que el propio Maestro de los Maestros no arrojó a la margen del camino, en su luminoso pasaje por la Tierra!

El espírita sabe que la muerte no existe, que el dolor no es una venganza de los dioses o un castigo de Dios, más una fuerza de equilibrio y una ley de educación, como explicó León Denis. 

Sabe que la vida terrena es apenas un período de pruebas y
reparaciones, en que el espíritu inmortal se perfecciona, con vistas a la vida verdadera, que es la espiritual. Los problemas angustiantes del mundo actual no pueden perturbarlo. 


El está amparado, no en una fortaleza perecible, más bien en la seguridad dinámica de la comprensión, del apercibimiento constante de la realidad viva que le rodea y de que él mismo es parte integrante. 

Las mudanzas incesantes de las cosas, que nos revelan la
inestabilidad del mundo, ya no pueden asustar al espírita, que conoce la ley de evolución. ¿Cómo puede él inquietarse o angustiarse, delante del mundo actual?.


El Espiritismo le enseña y demuestra que este mundo en el que ahora nos encontramos, lejos de amenazarnos con la muerte y la destrucción, nos acecha con la continuidad de una vida nueva. 

El espírita tiene que enfrentar el mundo actual con la
confianza que el Espiritismo le da, esa confianza racional en Dios y en sus leyes admirables, que rigen las constelaciones atómicas en el seno de la materia y las constelaciones astrales en el seno del espacio infinito. 


El espírita no teme, porque conoce el proceso de la vida, en sus múltiples aspectos, y sabe que el mal es un fenómeno
relativo, que caracteriza los mundos inferiores. 


Sobre su cabeza ruedan diariamente los mundos superiores, que le esperan en la distancia, y que los mismos materialistas hoy procuran alcanzar con sus cohetes y sus sondas espaciales. No son, por tanto, mundos utópicos, ilusorios, sino realidades concretas del Universo, visible.

Confiante en Dios, inteligencia suprema del Universo y causa primaria de todas las cosas -poder supremo e indefinible, al que las religiones dogmáticas dieran la apariencia errónea de la propia criatura humana-, el espírita no tiene porque que temerle, procurando seguir los principios sublimes de su Enseñanza. 

Dios es amor, escribió el apóstol Juan. Dios es la fuente de Bien y de la Belleza, como afirmaba Platón. Dios es aquella
necesidad lógica a la que se refería Descartes, que no podemos quitar del Universo sin que el Universo se deshaga. 


El espírita sabe que no tiene apenas creencias, pues posee
conocimientos. Y quien conoce no teme, pues sólo lo desconocido nos asusta.



El mundo actual es el campo de batalla del espírita. Más es también su oficina, aquella oficina en la que forja un mundo nuevo. Día a día debe trabajar en la transformación desde la oscuridad hacia la luz. A cada día que pasa, un poco del trabajo estará hecho. El espírita es el constructor de su propio futuro, es el auxiliar de Dios en la construcción del futuro del mundo. 


Si el espírita recula, si teme, si vacila, puede comprometer la gran obra. Nada le debe perturbar el trabajo, en la turbulenta pero prometedora oficina del mundo actual.

En resumen:


El espírita es el consciente constructor de una nueva forma de vida humana en la Tierra y de vida espiritual en el Espacio;


su responsabilidad es proporcional a su conocimiento de la realidad, que la nueva Revelación le dio; 


su deber de enfrentar las dificultades actuales y transformarlas en nuevas oportunidades de progreso, no puede ser olvidado un momento siquiera; 

¡Espíritas, cumplamos nuestro deber!

El Tesoro de los Espíritas. Capítulo VI.
Miguel Vives
y Vives.

Reflexiones

Reflexión 18/5/19

Ayuda al compañer@ en su camino. Acércate y ofrécele amistad. Pon a disposición de los demás la fuente generosa de tu amistad, ofreciendo...