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19 mayo 2022

LOS BUENOS ESPÍRITAS








El verdadero ser humano es el que practica la ley de justicia, de amor y de caridad en su mayor pureza. Si pregunta a su conciencia sobre sus propios actos, observa si ha violado esta ley; si no ha hecho daño, si ha hecho todo el bien "que ha podido", si ha despreciado voluntariamente alguna ocasión de ser útil, si alguien tiene quejas contra él; en fin, si ha hecho a otro lo que hubiera querido que hicieran por él.



Tiene confianza en Dios, en su voluntad, en su justicia y en su sabiduría; sabe que nada sucede sin su permiso, y se somete en todas las cosas a su voluntad.



Tiene confianza en el porvenir; por esto coloca los bienes espirituales sobre los temporales. Sabe que todas las vicisitudes de la vida, todos los dolores, todos los desengaños, son pruebas o expiaciones y las acepta sin murmurar.



El ser humano infundido por el sentimiento de caridad y de amor al prójimo hace bien por hacer bien, sin esperanza de recompensa; devuelve bien por mal, toma la defensa del débil contra el fuerte, y sacrifica siempre su interés a la justicia.



Encuentra su satisfacción en los beneficios que hace, en los servicios que presta, en las felicidades que reparte, en las lágrimas que enjuga y en los consuelos que da a los afligidos. Su primer impulso es pensar en los otros antes que pensar en sí, buscar el interés de los otros antes que el suyo propio. El egoísta, al contrario, calcula los provechos y las pérdidas de toda acción generosa.



Es bueno, humano y benévolo para con todo el mundo, sin excepción "de razas ni de creencias", porque mira a todos los hombres como hermanos. Respeta en los demás todas las convicciones sinceras, y no anatematiza a los que no piensan como él.



En todas las circunstancias la caridad es su guía; dice que el que causa perjuicio a otro con palabras malévolas, que hiere la susceptibilidad de otro por su orgullo y desdén, que no retrocede ante la idea de causar una pena, una contrariedad, aun cuando sea ligera, pudiendo evitarlo, falta al deber de amor al prójimo y no merece la clemencia del Señor.



No tiene odio, ni rencor, ni deseo de venganza; a ejemplo de Jesús, perdona y olvida las ofensas y sólo se acuerda de los beneficios; porque sabe que él será perdonado, así como él mismo habrá perdonado.



Es indulgente para con las debilidades de otro; porque sabe que él mismo necesita de indulgencia y se acuerda de aquellas palabras de Cristo: "Que el que esté sin pecado arroje la primera piedra".



No se complace en buscar los defectos de otro ni en ponerlos en evidencia. Si la necesidad le obliga, busca siempre el bien que puede atenuar el mal.



Estudia sus propias imperfecciones y trabaja sin cesar para combatirlas. Todos sus esfuerzos consisten en poder decir al día siguiente, que hay en él alguna cosa mejor que en la víspera.



Nunca procura hacer valer su imaginación ni su talento a expensas de otro; por el contrario, busca todas las ocasiones de hacer resaltar lo que es ventajoso para los demás.



No está envanecido por su fortuna, ni por sus ventajas personales, porque sabe que todo lo que se le ha dado, puede perderlo.



Usa, pero no abusa de los bienes concedidos, porque sabe que es un depósito del cual deberá dar cuenta y que el empleo más perjudicial que pudiese hacer de ellos para sí mismo, es hacerlos servir para satisfacción de sus pasiones.



Si el orden social ha colocado a los hombres bajo su dependencia, les trata con bondad y benevolencia, porque son sus iguales delante de Dios; usa de su autoridad para moralizarles y no para abrumarles por su orgullo, evitando lo que puede hacer más penosa su posición subalterna. El subordinado, por su parte, comprende los deberes de su posición y procura cumplirlos.



El hombre de bien, en fin, respeta en su semejante todos los derechos que dan las leyes de la naturaleza como quisiera que se respetaran en él. Esta no es la relación de todas las cualidades que distinguen al hombre de bien; pero cualquiera que se esfuerce en poseerlas, está en camino de poseer las demás.



Los buenos espiritistas



El Espiritismo bien comprendido, pero, sobre todo, bien sentido, conduce forzosamente a los resultados expresados anteriormente, que caracterizan al verdadero espiritista como al verdadero cristiano, siendo los dos una misma cosa. El espiritismo no viene a crear una moral nueva; facilita a los hombres la inteligencia y la práctica de la de Cristo, dando una fe sólida e ilustrada a los que dudan o vacilan. Pero muchos de los que creen en las manifestaciones no comprenden ni sus consecuencias, ni su objeto moral; o, si los comprenden, no se las aplican a si mismos.



¿En qué consiste esto? ¿es un defecto de precisión de la doctrina? No, porque no contiene ni alegorías ni figuras que puedan dar lugar a falsas interpretaciones; su esencia es la misma caridad, y esto es lo que constituye su fuerza, porque se dirige a la inteligencia. Nada tiene de misterioso, y sus iniciados no están en posesión de ningún secreto oculto para el vulgo.



Para comprenderla, ¿es preciso una inteligencia privilegiada? No, porque se ven hombres de una capacidad notoria que no la comprenden, mientras que las inteligencias vulgares, y aun de jóvenes apenas salidos de la adolescencia, comprenden sus matices más delicados con admirable precisión. Esto depende de que la parte de algún modo "material" de la ciencia, sólo requiere vista para observar, mientras que la parte "esencial" requiere cierto grado de sensibilidad que se puede llamar la "madurez del sentido moral", madurez independiente de la edad y del grado de instrucción, porque es inherente al desarrollo, en un sentido especial, del espíritu encarnado.



En los unos, los lazos de la materia son aún muy tenaces para permitir al espíritu desprenderse de las cosas de la tierra; la niebla que los rodea les quita la vista del infinito; por esto no dejan fácilmente ni sus gustos, ni sus costumbres, ni comprenden nada mejor de lo que ellos poseen; la creencia en los espíritus es para ellos un simple hecho, pero modifica muy poco o nada sus tendencias instintivas; en una palabra, sólo ven un rayo de luz insuficiente para conducirles y darles una aspiración poderosa y capaz de vencer sus inclinaciones. Se fijan en los fenómenos más que en la moral, que les parece venal y monótona; piden sin cesar a los espíritus que les inicien en nuevos misterios, sin preguntar si se han hecho dignos de entrar en los secretos del Creador.



Estos son los espiritistas imperfectos, de los cuales algunos se quedan en el camino o se alejan de sus hermanos en creencias, porque retroceden ante la obligación de reformarse, o reservan sus simpatías para los que participan de sus debilidades o de sus prevenciones. Sin embargo, la acepción del principio de la doctrina es el primer paso que les hará el segundo más fácil en otra existencia.



El que puede con razón calificarse de verdadero y sincero espiritista está en un grado superior de adelantamiento moral; el espíritu, que domina más completamente la materia, le da una percepción más clara del porvenir; los principios de la doctrina hacen vibrar en él las fibras que permanecen mudas en los primeros; en una palabra, "tienen el corazón enternecido"; su fe es también a toda prueba.



El primero es como el músico que se conmueve por ciertos acordes, mientras el otro sólo comprende los sonidos. "Se reconoce al verdadero espiritista por su transformación moral y por los esfuerzos que hace para dominar sus malas inclinaciones", mientras el uno se complace en un horizonte limitado, el otro, que comprende alguna cosa mejor, se esfuerza en ir más allá y lo consigue empleando para ello una firme voluntad.




La parábola de la semilla representa perfectamente los cambios que existen en la manera de aprovecharse de las enseñanzas del Evangelio. ¡Cuántas personas hay, en efecto, para las cuales es sólo una letra muerta, que, semejante a la semilla que cavó en las piedras, no produce ningún fruto!



Encuentra una aplicación no menos justa en las diferentes categorías de los espiritistas. ¿Acaso no es este el emblema de aquéllos que sólo se concretan a fenómenos materiales, y no sacan de ellos ninguna consecuencia porque sólo ven un objeto de curiosidad? ¿De aquéllos que sólo buscan la brillantez en las comunicaciones de los espíritus y no las toman con interés sino cuando satisfacen su imaginación, pero que después de haberlas oído están tan fríos e indiferentes como antes? ¿Que encuentran los consejos muy buenos y los admiran, pero los aplican a los de más y no a ellos mismos? ¿De aquellos, en fin, para quienes estas instrucciones son como la semilla que cayó en tierra buena y produce frutos?




AUTOEVALUACIÓN PERSONAL


Calificar los diferentes items con sinceridad, recordando los momentos en los cuales se han realizado esas acciones con un 1 y con 0 aquellas que no se hayan producido. Las que se repiten de forma reiterativa pueden considerarse con nota 2.



Anotar la fecha al lado de la nota y repetir cada seis meses.



Aceptación


Agradecimiento


Alegría


Aliento


Altruismo


Amabilidad


Amistad


Amor


Apertura


Apoyo


Aprecio


Armonía


Atención


Autoaceptación


Autocontrol


Benevolencia


Empatía


Esperanza


Espiritualidad


Expresión


Fiabilidad


Fidelidad


Generosidad


Gratitud


Hospitalidad


Humildad


Calma


Compasión


Comprensión


Confianza


Consideración


Cooperación


Cuidado


Curiosidad


Disponibilidad


Humor


Juicio/Imparcialidad


Lealtad


Paciencia


Participación


Paz


Persistencia


Relaciones


Respeto


Sensibilidad


Servicio


Sinceridad


Transigencia


Transparencia


Éstos items son un pequeño ejemplo. Para aquell@s que estén interesad@s en un autoanálisis en profundidad pueden recibir mil items para valorar.




















































































































































































































12 mayo 2022

PRINCIPIO VITAL Y ESPIRITUAL

 


En la investigación del origen de la vida, la biología nos ofrece un vasto campo de estudio a través de varias hipótesis. La enseñada por los Espíritus Superiores llega a representarse en casi su totalidad el consenso general de la ciencia oficial.


Buscando establecer ideas seguras acerca del cuerpo espiritual. Será preciso remontarnos, de algún modo, a los orígenes de la vida en la Tierra, cuando recién cesaban las convulsiones telúricas, por medio de las cuales los Ministros Angélicos de la Sabiduría Divina, con la supervisión de Cristo y en nombre de Dios, lanzaron los fundamentos de la vida en el cuerpo ciclópeo del planeta.


Luego de la formación de la Tierra, a partir de una materia elemental existente, los espíritus superiores actúan sobre el planeta propiciando la aparición de extensas superficies de mares tibios o calientes y de una gigantesca masa viscosa que se extiende en el seno del paisaje primitivo. De esa jalea cósmica fluye el principio inteligente en sus primeras manifestaciones este principio inteligente o monada celestial, en el transcurso de miles de años es elaborado y magnetizado por la espiritualidad mayor, hasta llegar a manifestarse en una red filamentosa protoplasmática de la cual habría de derivarse la existencia organizada en el globo constituido.


Aparecen los virus y con ellos surge el campo principal de la existencia, formado por nucleoproteínas y globulinas, que ofrece el medio adecuado a los principios inteligentes o mónadas fundamentales, que se destacan de la sustancia viva... originándose de esta manera las formas primitivas de microorganismos que evolucionan sucesivamente, a través de miles y miles de años, hacia los minerales, los vegetales, (inferiores y superiores), los animales (esponjas, crustáceos, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos) hasta llegar, en el periodo cuaternario, a la aparición de la forma humana.


Si bien comprendemos que el principio divino arribó a la Tierra emanado de la Esfera Espiritual, trayendo en su mecanismo el arquetipo al que estaba destinado, no podemos circunscribir su experiencia al plano físico simplemente considerado, ya que a través del nacimiento y la muerte de la forma sufre constantes modificaciones en los dos planos en los que se manifiesta. De allí que consideremos que la evolución de las formas de la vida en nuestro planeta no se produjo solamente en su manifestación en el campo físico, sino también en el extrafísico; se justifica así la ignorancia en que la ciencia todavía se mantiene frente a los llamados «eslabones perdidos» de la evolución.


Si la ciencia considerase la evolución mas allá de la materia comprendería el proceso lento, aunque continuo y gradual, de la vida y no se detendría en las búsquedas infructíferas para hallar tales eslabones perdidos. El hecho de que una especie de antropoides irguiera la columna vertebral en sentido vertical, considerado por la biología como un grandioso y glorioso hito evolutivo, tiene igualmente elevadas implicaciones al tratarse al hombre como ser espiritual significa la conquista de la razón. A partir de allí ya no se habla de elemento espiritual sino de una individualidad organizada, destinada a la perfección, llamada Espíritu.


A la evolución de la forma se equiparó la evolución moral. El perfeccionamiento del cuerpo físico generó la depuración de los sentidos y al aumentar la percepción exterior, la orientación directa ejercida por los Espíritus Superiores fue disminuyendo gradualmente dejando al hombre progresar mediante la adquisición del libre albedrío. Antes de dejar algunos comentarios respecto a la naturaleza de los espíritus, es importante establecer la diferencia entre principio espiritual y principio vital.


Hay en la materia orgánica un principio especial, que no se puede aprender y que todavía no puede ser definido: el principio vital. Activo en el ser viviente, ese principio esta extinguido en el ser en la muerte.


Los seres orgánicos asimilan el principio vital para realizar todas las funciones vitales. Los seres inertes, como por ejemplo los minerales, no asimilan este principio y las estructuras químicas, tales como el hidrógeno, oxigeno, carbono, nitrógeno, etc. Se combinan entre sí, formando los diversos tipos de cuerpo inorgánicos, ampliamente distribuidos en la naturaleza.


El principio vital modifica la constitución molecular de un cuerpo, dándole propiedades especiales. «La actividad del principio vital es alimentada durante la vida por la acción del funcionamiento de los órganos. Cuando cesa tal acción, por causa de la muerte, el principio vital se extingue. A partir de la extinción del principio vital, la materia se descompone en sus elementos constitutivos (oxigeno, carbono, nitrógeno, etc.) los cuales podrán componerse para formar cuerpos inertes o inorgánicos, o se mantendrán dispersos hasta la formación de nuevas combinaciones.


El principio espiritual «tiene existencia propia» . . . Individualizado, el elemento espiritual constituye los seres llamados espíritus. Y espíritus son, por lo tanto, «individualidades inteligentes, incorpóreas, que pueblan el Universo, creados por Dios, independientes de la materia. Prescindiendo del mundo corporal, actúan sobre él y tornándose corpóreos a través de la carne reciben estímulos, transmiten impresiones, en intercambio significativo y continuo.


La naturaleza de los espíritus es algo que poco o nada sabemos. La pregunta 82 de «El libro de los Espíritus» sobre la inmaterialidad de los espíritus nos dice así: « (...) Inmaterial no es el termino correcto; incorpóreo seria más exacto, pues debes comprender que, siendo creación, el espíritu ha de ser alguna cosa. Es materia quintaesenciada, pero sin analogía para vosotros, y tan etérea que escapa enteramente al alcance de nuestros sentidos. En la misma pregunta, inmediatamente después Kardec completa: «Decimos que los Espíritus son inmateriales porque por su esencia difieren de todo lo que conocemos bajo el nombre de materia. Un pueblo de ciegos carecería de términos para expresar la luz y sus efectos . . . nosotros somos verdaderos ciegos en relación con la esencia de los seres sobrehumanos .

Agujero negro del centro de nuestra galaxia

Los Espíritus Superiores nos ilustran en cuanto a que existe un fluido etéreo que llena el espacio y penetra los cuerpos. Ese fluido es el éter o materia cósmica primitiva, generadora del mundo y de los seres. Son inherentes a él las fuerzas que han determinado las metamorfosis de la materia, las leyes inmutables y necesarias que rigen el mundo.


Esas múltiples fuerzas, infinitamente variadas según las combinaciones de la materia, localizadas según las masas, diversificadas en sus modos de acción de acuerdo a las circunstancias y a los medios, se conocen en la Tierra con los nombres de gravedad, cohesión, afinidad, atracción, magnetismo, electricidad activa. Los movimientos vibratorios de ese agente llevan los nombres de sonido, calor, luz, etc.


En otros mundos dichas fuerzas se presentan con otros aspectos, revelan otras características desconocidas en la Tierra y, en la inmensa amplitud de los cielos, se han desarrollado fuerzas en número indefinido, en una escala inimaginable, cuya magnitud somos tan incapaces de evaluar como lo es el crustáceo, en el fondo del océano, para comprender la universalidad de los fenómenos terrestres.


Así como hay una única sustancia simple, primitiva, generadora de todos los cuerpos pero diversificada en sus combinaciones, todas esas fuerzas dependen de una única ley universal diversificada en sus efectos, que por los designios eternos fue impuesta soberanamente a la creación a fin de imprimirle armonía y estabilidad.


La enorme diversidad de cuerpos materiales que existen en el universo, incluso en nuestro planeta, se debe a que como son ilimitadas en su número las fuerzas que han regido sus transformaciones y las condiciones en que éstas se produjeron, las distintas combinaciones de la materia no podían dejar de ser ilimitadas.


Por consiguiente, ya sea que la sustancia considerada pertenezca a los fluidos propiamente dichos, es decir a los cuerpos imponderables, o que presente los caracteres y las propiedades ordinarias de la materia, sólo hay en todo el universo una única sustancia primitiva: el cosmos o materia cósmica de los uranógrafos.


Los Espíritus Superiores nos ilustran asimismo en cuanto a que la materia cósmica primitiva contenía los elementos materiales, fluídicos, vitales de todos los sistemas solares que ostentan su magnificencia en la eternidad. Es ella la madre fecunda de todas las cosas, la primera antecesora, la generatriz eterna. La sustancia de donde provienen las esferas siderales no ha desaparecido; esa potencia no ha muerto, pues sin cesar prosigue dando a luz nuevas creaciones, así como sin cesar también recibe los principios reconstituidos de los mundos que borran sus rastros del libro eterno.


La sustancia etérea que con mayor o menor enrarecimiento se difunde por los espacios interplanetarios; ese fluido cósmico que llena el mundo, con mayor o menor enrarecimiento, en las inmensas regiones, exuberantes de aglomeraciones de estrellas; con mayor o menor condensación donde el cielo astral no brilla aún; más o menos modificado por diversas combinaciones, de acuerdo con las regiones de la inmensidad, no es otra cosa que la sustancia primitiva donde residen las fuerzas universales, de donde la naturaleza ha extraído todas las cosas.


El Espíritu André Luiz explica que en el fluido cósmico, concebido como el plasma divino, aliento del Creador o fuerza nerviosa del Todo Sabiduría, vibran y viven constelaciones y soles, mundos y seres, como peces en el océano. En esa sustancia original, al influjo del Señor Supremo, ejercen su acción las Inteligencias Divinas que a Él se han sumado en un proceso de comunión indescriptible, extraen de ese hálito espiritual los depósitos de energía con los cuales construyen los sistemas de la Inmensidad, en un servicio de Creación conjunta en nivel superior, de conformidad con los designios del Todo Misericordioso, que los convierte en agentes orientadores de la Excelsa Creación.


El fluido cósmico concebido como principio elemental del universo, demuestra poseer propiedades “sui generis” y adopta dos estados distintos: el de eterización o imponderabilidad, que se puede considerar como el primitivo estado normal, y el de materialización o ponderabilidad, que es en cierta forma consecuencia de aquél. El punto intermedio es el de la transformación del fluido en materia tangible. Pero aun en ello no hay una transición brusca, por cuanto se pueden considerar nuestros fluidos imponderables como un término medio entre los dos estados.


Cada uno de esos estados da lugar, en forma natural, a fenómenos especiales: al segundo pertenecen los del mundo visible y al primero los del mundo invisible. Unos, denominados fenómenos materiales, son de la competencia de la Ciencia propiamente dicha; los otros, calificados de fenómenos espirituales o psíquicos, porque se vinculan de un modo especial a la existencia de los Espíritus, corresponden a las atribuciones del Espiritismo.


No obstante, como la vida espiritual y la vida corporal se hallan en permanente contacto, los fenómenos de ambas categorías muchas veces se producen simultáneamente. En el estado de encarnación el hombre solamente puede percibir los fenómenos psíquicos relativos a la vida corporal; los del dominio espiritual escapan a los sentidos materiales y sólo pueden ser percibidos en el estado de Espíritu.


En el estado de eterización, el fluido cósmico no es uniforme; sin dejar de ser etéreo, sufre modificaciones muy variadas en su especie, más numerosas tal vez que en el estado de materia tangible. Tales modificaciones constituyen fluidos distintos que, aunque proceden del mismo principio, están dotados de propiedades especiales y dan lugar a los fenómenos inherentes al mundo invisible.


Dentro de la relatividad general, esos fluidos tienen para los Espíritus, que también son fluídicos, una apariencia tan material como la de los objetos tangibles para los encarnados, y son para ellos lo que para nosotros son las sustancias del mundo terrestre. Los elaboran y combinan para producir determinados efectos, del mismo modo que hacen los hombres con sus materiales, aunque por procesos diferentes. Debido a la naturaleza y a las características de las fuerzas que actúan en la vida extra-física, los elementos fluídicos del mundo espiritual escapan a nuestros instrumentos de análisis y a la percepción de nuestros sentidos, preparados para percibir la materia tangible y no la materia etérea. Hay algunos que pertenecen a un medio a tal punto diferente al nuestro, que de ellos sólo podemos hacernos una idea mediante comparaciones, tan imperfectas como aquellas mediante las cuales un ciego de nacimiento trata de hacerse una idea de la teoría de los colores. Pero entre tales fluidos se hallan los que están íntimamente ligados a la vida corporal, que en cierta forma pertenecen al medio terrenal. No se pueden observar en forma directa, no obstante sus efectos pueden advertirse - del mismo modo en que se perciben los del fluido del imán, que jamás ha sido visto -, así como es posible obtener informaciones de cierta precisión acerca de su naturaleza. Ese estudio es esencial, porque en él se encuentra la clave de numerosos fenómenos que no es posible explicar únicamente mediante las leyes de la materia.


Finalmente, parece oportuno hacer referencia respecto de un subproducto del fluido cósmico, que existe en todos los seres vivos. Se trata del fluido o principio vital. El principio vital es el principio de la vida material y orgánica, cualquiera sea la fuente de donde provenga, principio común a todos los seres vivos, desde las plantas hasta el hombre. Puesto que puede haber vida con exclusión de la facultad de pensar, el principio vital es una cosa diferente e independiente. Para algunos es una propiedad de la materia, un efecto que se produce cuando la materia se encuentra en determinadas circunstancias. El principio vital – también llamado fluido magnético o fluido eléctrico animalizado – que tiene como fuente el fluido cósmico universal, se encuentra en todos los cuerpos vivos de la naturaleza. Modificado según las diferentes especies, les confiere el movimiento y la actividad y los distingue de la materia inerte.


Se puede afirmar entonces que el principio o fluido vital es la fuerza motriz de los cuerpos orgánicos. Al mismo tiempo que el agente vital impulsa los órganos, la acción de los órganos mantiene y desarrolla la actividad de aquel agente, casi como sucede con la fricción, que desarrolla calor.


Siendo dada en nosotros la existencia de un principio inteligente y razonable, el encadenamiento de las causas y de los efectos nos hace remontar, para explicar su origen, hasta la fuente de donde emana. A esta fuente, en nuestro limitado e insuficientes lenguaje, los hombres le llamamos Dios. Dios, diremos, ha sido presentado bajo aspectos tan extraños, a veces tan escandalosos por los hombres de secta, que el espíritu moderno se apartó de Él. ¡Pero qué importan estas divagaciones de los sectarios! Pretender que Dios puede ser aminorado por las declaraciones de los hombres equivale a decir que el Montblanc y el Himalaya pueden ser manchados por el soplo de una mosca.


La verdad plana radiante y deslumbrante, está por encim de las oscuridades teológicas. Dios es el centro de donde emanan y donde desembocan todas las fuerzas del Universo. Es el hogar de donde irradia toda idea de justicia, de solidaridad y de amor; el fin común hacia el cual todos los seres se encaminan, a sabiendas o inconscientemente. Es de nuestras relaciones con el gran Arquitecto de los mundos de donde emanan la armonía universal, la comunidad, la fraternidad.


Para ser hermanos, en efecto, hay que tener un padre común, y este padre sólo puede ser Dios. Para divisarlo, es verdad, el pensamiento debe librarse de preceptos estrechos, prácticas vulgares, rechazar formas pueriles con las que ciertas religiones envolvieron el ideal supremo.


Se debe estudiar a Dios en la majestad de sus obras. Cuando todo reposa en nuestras ciudades, cuando la noche es transparente y cuando se hace el silencio sobre la tierra adormecida; entonces, eleva tu mirada y contempla el infinito de los cielos. Procurarás en vano contarlos; se multiplican hasta en las regiones más infinitas; se confunden en la lejanía, como un polvo luminoso.


Observa también sobre los mundos vecinos de la Tierra dibujarse los valles y las montañas, ahuecarse los mares, moverse las nubes. Reconoce que las manifestaciones de la vida se producen por todas partes, y que un orden admirable une, bajo leyes uniformes y por destinos comunes, la Tierra y sus hermanos, los planetas que yerran en el infinito. Sepas que todos esos mundo, habitados por otras sociedades humanas, se agitan, se alejan, se acercan puestos en movimiento a velocidades diversas, recorriendo espacios inmensos; qué por todas partes el movimiento, la actividad, la vida, se muestran en un espectáculo grandioso.


Observa nuestro mismo globo, esta Tierra, nuestra madre, la cual parece decirnos: vuestra carne es la mía, vosotros sois mis hijos. Observa allí, esta gran nodriza de la humanidad; mira la armonía de sus contornos, sus continentes, en el seno de los cuales las naciones tienen su germen y su grandeza, sus vastos océanos siempre móviles; son la renovación de las estaciones que la reviste por turno de verdes adornos o de rubias cosechas; contempla los vegetales, los seres vivos que la pueblan: aves, insectos, plantas y flores; cada una de estas cosas es una cincelada maravillosa, una joya del estuche divino.


Sé circunspecto tú mismo; ve el juego admirable de tus órganos, el mecanismo maravilloso y complicado de tus sentidos. Qué genio humano podría imitar estas obras maestras delicadas: ¿el ojo y la oreja?


Observa la marcha rítmica de los astros, evolucionando en las profundidades. Estos fuegos innumerables son mundos al lado de los cuales la Tierra es sólo un átomo, sol prodigioso que rodea comitivas de esferas y cuyo curso rápido se mide a cada minuto por millones de años de luz. Distancias terribles nos separan de eso. Es por ello que nos parecen puntos simples y luminosos. Pero, dirige hacia ellos el ojo colosal de la ciencia, el radiotelescopio, distinguirás sus superficies semejantes a océanos en llama.


Considera todas estas cosas y pide a tu razón, a tu juicio, si tanta belleza, esplendor, armonía, pueden resultar del azar, o si no es más bien una causa inteligente que dirige el orden del mundo y la evolución de la vida. Y si me objetas las plagas, las catástrofes, todo lo que viene para turbar este orden admirable, te responderé: escudriña los problemas de la naturaleza, no te detengas en la superficie, desciende al fondo de las cosas y descubrirás con asombro que contradicciones aparentes sólo confirman la armonía general, que son útiles para el progreso de los seres, que es el fin único de la existencia.


¿Si Dios hizo el mundo, replican triunfalmente ciertos materialistas, quien hizo pues a Dios? Esta objeción no tiene sentido. Dios no es un ser que se añada a la serie de los seres. Es el Ser universal e ilimitado en el tiempo y en el espacio, por consiguiente infinito, eterno. No puede haber allí ningún ser encima ni al lado de Él. Dios es la fuente y el principio de toda vida. Es por Él que se enlazan, se unen, se armonizan todas las fuerzas individuales, sin Él aisladas y divergentes. Abandonadas a ellas mismas, no siendo regidas por una ley, una voluntad superior, estas fuerzas habrían producido sólo confusión y caos. La existencia de un plano general, de un fin común, en los cuales participan todas las potencias del universo prueba la existencia de una causa, de una inteligencia suprema, que es Dios.



BIBLIOGRAFÍA

DENIS, LÉON. El porqué de la Vida. Items 3 y 4.

KARDEC, Allan. La Génesis. Cap. VI, ítem 7. 2.,10. 3., 17. 4. Cap. XIV, ítem 2. 5., 3. 6., 4. 7.

KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus. Introducción, ítem II. 8. Preguntas 65,66, 67 y 427.

XAVIER, Francisco Cândido y VIEIRA, Waldo. Evolución en Dos Mundos. Dictado por el Espíritu André Luiz. Primera parte, cap. I (Fluido cósmico).






07 mayo 2022

PRUEBAS EXISTENCIA ESPÍRITUS

 

Sir William Crookes

  EXISTENCIA Y SUPERVIVENCIA DE LOS  ESPÍRITUS


Aparentemente somos tan solo el cuerpo con el que vivimos en este mundo. Ahora bien, todo indica, y el análisis químico lo demuestra, que nuestro cuerpo está formado exclusivamente de materia, como los demás cuerpos de la naturaleza. Es verdad que esa materia recibe además el flujo energético de una sustancia organizadora sutilísima -el principio vital-, absorbida naturalmente por el organismo, que le comunica el dinamismo en virtud del cual se realizan todas las funciones vitales; principio que existe, además, también en los otros seres vivos, vegetales y animales.


Pero el análisis consciente y una observación más profunda, muestran que en el hombre existe algo más que materia y principio vital. El hombre piensa, tiene conciencia plena de su existencia; relaciona ideas, establece conceptos, elabora juicios, construye razonamiento, saca conclusiones y, sirviéndose de un instrumento maravilloso que es el lenguaje, comunica eso a sus semejantes.



Nada que tan solo se parezca a esto ocurre en el mineral bruto, en la roca inerte, como tampoco en ningún vegetal del más espléndido y frondoso árbol, así como no existe en los animales, ni aún en aquellos en los que ya aparecen algunos indicios de inteligencia y afectividad; pero en los cuales, en realidad, sólo existen sensaciones, vagas percepciones, actividades puramente instintivas y una inteligencia muy rudimentaria. En el hombre, no obstante, la inteligencia está elaborada, cultivada, plenamente desarrollada, es superior: piensa y en él brilla la luz de la razón.



A la pregunta — ¿Existe el alma? [o Espíritu] Los fenómenos del magnetismo, hipnotismo, anestesia, Experiencias fuera del cuerpo, Experiencias cercanas a la muerte, Psicografía, Psicometría, Levitación, Poltergeist, Apariciones tangibles, Transcomunicación instrumental,...  confirman las deducciones de la filosofía y las afirmaciones de la conciencia.



Impulsados por la evidencia de los hechos a admitir una fuerza directriz en el hombre, gran cantidad de materialistas se refugian en una negatividad absoluta y sostienen que esa energía se extingue con el cuerpo, del cual no es más que una emanación. Como todas las fuerzas físicas y químicas - alega la ciencia - el alma, ese resultado vital, cesa con la causa que la produce; muerto el hombre, el alma queda aniquilada.



¿Será posible esto? 

¿No seremos más que un vulgar y simple conglomerado de moléculas sin solidaridad entre sí? 

¿Debe desaparecer para siempre nuestra individualidad llena de amor?, 

y de lo que fue un ser humano ¿no quedará realmente más que un cadáver destinado a desintegrarse lentamente en la fría noche del sepulcro?


Descartes afirmó: «Pienso, luego existo». Sin embargo lo que debía estar en el razonamiento del gran filósofo no puede ser otra cosa que la siguiente idea: pienso. Ahora bien, la materia por misma no piensa; luego existe en mí, además del cuerpo material algo más que es el agente de mi pensamiento en virtud de lo cual existe como ser inteligente y tengo plena conciencia de mi existencia.


Es un razonamiento perfectamente lógico y conforme con la más pura razón humana. Debería ser suficiente para que en el hombre no existiese ninguna duda al respecto de que en él vive esencialmente un espíritu; es decir, un ser inmaterial y sin embargo real, independiente del cuerpo y que lo sobrevive; y solamente a él son inherentes las facultades superiores de la inteligencia y la razón.


Además existen otras facultades en el hombre que nada tienen que ver con la materia, que son funciones de una conciencia individual superior, resultando en todas el sentido moral



No obstante, hay muchos que no creen en la realidad de su propia existencia, la de espíritu, que es inmortal. Si, hay incrédulos, que viven negando o tal vez, solamente en dudas, pues en el fondo de su ser deben tener la misma aspiración, natural aspiración de toda criatura: no morir. Entonces Dios en su infinita bondad y amor, como Divina Providencia, concedió al hombre, con las manifestaciones espiritas, las pruebas concretas de que en él vive un espíritu y de que ese espíritu sobrevive a la muerte.



¿Podría admitirse que el cerebro es el que segrega ese pensamiento de Descartes, del mismo modo que el hígado segrega la bilis? 


Sería ilógico, si tuviéramos en cuenta que por ser el pensamiento un efecto inteligente, requiere la existencia de una causa también inteligente.



Allan Kardec especifica que la duda en lo concerniente a la existencia de los Espíritus, tiene como principal causa la ignorancia acerca de la verdadera naturaleza de estos. Generalmente se los representa como seres aparte de la creación, de cuya existencia no ha sido demostrada la necesidad.



Sea cual fuere la idea que se tenga de los Espíritus, la creencia en ellos necesariamente se apoya en la existencia de un principio inteligente fuera de la materia. Esa creencia es incompatible con la negación absoluta de este principio.



Si la creencia en los Espíritus y en sus manifestaciones –manifiesta además Allan Kardec– constituyera una concepción particular, si se tratara del producto de un sistema, podría con cierta razón merecer la sospecha de que es ilusoria. Que nos expliquen entonces por qué la encontramos de modo tan vigoroso en la totalidad de los pueblos, antiguos y modernos, al igual que en los libros sagrados de todas las religiones conocidas.


Manifestaciones de espíritus han ocurrido en todos los tiempos, desde la más remota antigüedad, pero con carácter excepcional o consideradas de origen sobrenatural.


Sus verdaderas causas sólo eran conocidas por los iniciados, en los llamados misterios de los templos, de las antiguas civilizaciones. Las escrituras sagradas están llenas de esos hechos. Individuos excepcionales los profetas servían de intermediarios entre los espíritus y los hombres y anunciaban muchas cosas como expresiones de la voluntad de Dios; y una de las cosas anunciadas entonces fue que vendría el tiempo en que esa facultad de intermediación se generalizaría, dando lugar a manifestaciones que ocurrirían, irrefrenables, por todas partes para sacudir las conciencias y los corazones de los hombres, despertándolos a la gran realidad de un mundo espiritual.



La profecía se cumplió y, luego de algunos casos aislados, de unos pocos precursores que no tuvieron mayor repercusión, ocurrieron en los Estados Unidos de Norte América, hechos notables que llamaron rápidamente la atención. Producidos inicialmente en la aldea de Hydesville, rápidamente se propagaron a la ciudad de Rochester y a otras importantes ciudades de América del Norte; de allí se expandieron por toda Europa, llegando primero a Inglaterra, Francia, y Alemania; ocurrieron en todas partes y desde entonces son irrefrenables los hechos espíritas.



¿Qué hechos son esos? 


Son fenómenos que consisten en efectos físicos diversos: ruidos, que dan la sensación de rasguños, estallidos, golpes o pasos, producidos en puertas, paredes, pisos, sin causa física conocida; proyección ó desplazamiento (transportes) de objetos de diversas formas y naturalezas- piedras, ropas, utensilios domésticos, joyas, monedas, alimentos y hasta flores- a través de paredes, puertas y ventanas cerradas; movimientos de  objetos sin contacto visible, ya sean livianos o pesados, incluyendo muebles, mesas, sillas, armarios, mostradores, etc.


La simple producción de esos efectos físicos nada probaría, por misma, en cuanto a la existencia de los espíritus; debido a que los efectos podrían ser producidos por otras fuerzas naturales y desconocidas; pero el hecho singular de que la causa productora de los mismos se revela asociada a una inteligencia que dirige la acción, y que esa inteligencia es capaz de mostrar que el alma de un muerto, dando evidentes señales de identificación, prueba que su verdadera causa son los Espíritus.


Existe la supervivencia del alma humana, que no es otra cosa que un espíritu encarnado y está ampliamente demostrada por los hechos espíritas, investigados con todo rigor científico por numerosos y eminentes sabios e investigadores desde el siglo XIX a la época actual.



Los sabios, escépticos al principio, se rindieron a las evidencias de que la vida continua más allá de la tumba y de que las almas de aquellos que murieron en este mundo, pueden venir a comunicarse con los hombres, con los seres queridos que dejaron la tierra y, asimismo con espíritus especialmente delegados por los superiores designios de Dios, para la misión de traerles la revelación de esa verdad.



A tal punto quedó eso demostrado en las experimentaciones de los sabios, que uno de ellos, ubicado entre los más eminentes del siglo pasado, Alfred Russell Wallace (1)- hizo esta categórica afirmación: «El Espiritismo está bien demostrado como la ley de gravedad». (1) Naturalista, explorador, geógrafo, antropólogo y biólogo británico, conocido por haber propuesto una teoría de evolución a través de la selección natural independiente de la de Charles Darwin que motivó a este a publicar su propia teoría.)


Wallace comenzó a estudiar el espiritismo en el verano de 1865, posiblemente incitado por su hermana mayor Fanny Sims, quien había estado involucrada en ello durante algún tiempo.​ Después de revisar la literatura existente sobre el asunto y de repetir los fenómenos que presenció en varias sesiones de espiritismo, llegó a aceptar que el espiritismo estaba conectado con una realidad natural. Durante el resto de su vida quedó convencido de que alguna de las sesiones era genuina, sin importarle cuantas acusaciones de fraude hicieran sus detractores. Historiadores y biógrafos no se han puesto de acuerdo sobre qué factores influyeron en su adhesión al espiritismo. Varios autores han argumentado el deseo de Wallace de encontrar una explicación científica y racional a todos los fenómenos, materiales o no, del mundo y de la sociedad humana.​


El espiritismo llamó la atención de muchas personas de la época que ya no encontraban aceptable la doctrina religiosa tradicional, como la de la Iglesia de Inglaterra, y estaban insatisfechos con el punto de vista materialista y mecanicista que fue emergiendo durante el siglo XIX. En cualquier caso, muchos autores, que han investigado los puntos de vista de Wallace en profundidad, ponen mucho énfasis en que el espiritismo representaba para él una ciencia y una filosofía más que una creencia religiosa.

 

Entre otros destacados intelectuales del siglo XIX que investigaron el espiritismo, cabe destacar al reformador social Robert Owen, quien fue uno de los primeros admiradores de Wallace; los físicos William Crookes y lord Rayleigh; el astrónomo Camille Flammarion, el matemático Augustus De Morgan y el editor escocés Robert Chambers.


Los sueños que dan los detalles de entierros a distancia no son raros. Como ejemplo, tenemos el que invitaron al Sr. Stainton Moses, un amigo en Lincolnshire, pero no pudo ir. Aproximadamente al mismo tiempo del entierro, sin embargo, él cayó en trance, y pareció que estaba en la ceremonia, y cuando tomó consciencia escribió todos los detalles, describiendo al clérigo, quien no era el previsto, el camposanto, que estaba a una distancia de Northamptonshire, con un árbol particular cerca de la tumba. Él entonces envió esta descripción a un amigo quien si estuvo presente, y quien contestó con asombro de cómo podía conocer todos esos detalles. Esto, como se puede decir, es la mera clarividencia, pero la clarividencia es un término que no explica nada, y es bastante misterioso e ininteligible si se supone que ocurrió sin la intervención de inteligencias incorpóreas que le ayudaran. (Harrison's Spirits before our Eyes, p. 148.)


En su rápida difusión por todo el mundo, los fenómenos surgidos en Hydesville llegaron también a Francia y allí se generalizaron, asumiendo sobre todo la modalidad de las llamadas mesas giratorias, que se movían sin causa justa aparente, pero bajo la influencia de una fuerza desconocida, al parecer emanada de ciertas personas especialmente dotadas. Pero las mesas también eran parlantes en el sentido que respondían inteligentemente por medio de interrupciones, seguidas de ciertos números de golpes convencionales de unas de las patas, a las preguntas formuladas por las personas presentes en el lugar donde se producía el fenómeno.


Fue exactamente ese carácter de inteligente que asumiera el fenómeno, lo que lleva al profesor Hippolyte León Denizard Rivail a interesarse en él e inmediatamente después a dedicarse profundamente a su estudio, así como a los demás fenómenos espíritas, deduciendo de ellos todas las consecuencias filosóficas, morales y religiosas que llevan implícitas, con el auxilio de los propios espíritus, cuyas enseñanzas ordenadas y codificadas por él, llegaron a constituir el admirable cuerpo de la Doctrina Espírita, concretada en «El Libro de los Espíritus», que publicara en primera edición el 18 de Abril de 1857. Como se sabe, el profesor Rivail adoptó entonces el seudónimo de Allan Kardec.


Allan Kardec escribió otro libro complementario del primero – «El Libro de los Médiums» –cuya segunda parte– De Las Manifestaciones Espíritas está totalmente dedicada al estudio minucioso de esas manifestaciones, es decir, de toda fenomenología Espírita. «El Libro de los Médiums» es la primera de sus obras que debe consultarse sobre ese importante asunto y, como obra general, no existe ninguna otra que la supere.


La sigue  inmediatamente el libro de León Denis «En lo Invisible». Suceden a ésta numerosas obras, ya sean generales, tratando de toda la fenomenología o particulares, es decir, tratando de determinados fenómenos.



Bajo este último aspecto vale citar, solamente como ejemplos, los libros siguientes: del físico William Crookes, «Hechos Espíritas» en el que son estudiados fenómenos de efectos físicos y especialmente el fenómeno de materialización del espíritu Katie King, con la ayuda de los mediums reconocidos y estudiados Daniel Douglas Home (levitación, telequinesia y clarividencia) y de Florence Cook (materialización del ectoplasma).


 

Todavía queda mucho que descubrir del físico y químico William Crookes. Tras su muerte, muchas de sus investigaciones con respecto a los fenómenos paranormales fueron destruidas para "proteger" su reputación. En una valiosa carta enviada al periódico The Spiritualist, del 15 de junio de 1871 Crookes señala dos puntos importantes hasta ahora desconocidos. Crookes hizo sus investigaciones sobre la vida después de la muerte, quedó totalmente convencido que la vida continua después de la muerte, pero no porque lo creyera o lo deseara, sino por las numerosas investigaciones científicas que realizó sobre el asunto. Empezó a investigar con la idea preconcebida de que todo era falso y un engaño, llegando a convencerse por las pruebas recopiladas de todo lo contrario.


 

Estaba haciendo pruebas de transcomunicación instrumental a través del aparato telegráfico. Podría decirse que William Crookes fue el primero en practicar la comunicación instrumental, con el telégrafo, y al parecer algunos resultados buenos consiguió porque en la carta dice que quería hacer mejoras en la telegrafía para establecer una comunicación con seres del otro lado, en este caso puede referirse a los "otros lados", tanto espíritus como seres de otros planetas o dimensiones. 



Fiedrick Zollner, «Pruebas Científicas sobre la Supervivencia» en el que ese sabio físico y astrónomo alemán relata sus experiencias con el extraordinario fenómeno de desmaterialización, haciendo posible la penetración de cuerpos materiales por otros y la escritura directa sobre una superficie, sin ningún intermediario material.


Zöllner mantuvo numerosas reuniones con médiums e investigadores famosos en el siglo XIX en su propia residencia en Leipzig. En 1877, recibió por primera vez al medium inglés de efectos físicos Henry Slade. Para analizar la mediumnidad de Slade, Zöllner contó ocasionalmente con la participación de varios profesores universitarios, lo que dio visibilidad a su investigación, y los resultados se presentaron en varias revistas, en forma de artículos, y más tarde en forma de libros, que tratan sobre “física trascendental”.


Otra famosa médium investigada por Zollner fue Elizabeth d'Espérance, protagonista de fenómenos de aparición y transporte de objetos, cuando pasó por Alemania. Cuando la medium patió para Breslau, Zöllner le sugirió que buscara un amigo allí, el Dr. Friese. Este recibió a la médium, quedando convencido de la autenticidad de sus manifestaciones.



En marzo de 1880, el barón Von Hoffmann compareció con el medium inglés de efectos físicos William Eglinton para asistir a las reuniones con Zöllner, con un total de veinticinco sesiones. Zöllner dijo que estaba satisfecho con los resultados, y agregó que no hubo fraude en las manifestaciones.



Arthur Findlay, «Al Borde de lo Etéreo», subtitulado: “Supervivencia después de la muerte científicamente explicada”, este volumen proporciona la llave del misterio que nos espera a todos después de la muerte física, esclarece sobre el fenómeno del médiumnismo de la voz directa donde son relatados admirables fenómenos por intermedio de Johan C. Sloan.

 

 


Oliver Lodge en su libro «Raymond» en el que ese sabio físico inglés describe experiencias con diversos Médiums, a través de los cuales pudo constatar, con todas la evidencias, la manifestación de su hijo Raymond Lodge, joven Ingeniero muerto en 1915, a los 26 años, en una trinchera de Flandes, Bélgica, durante la guerra que se extendió desde 1914 a 1918, habiendo proporcionado claras señales de identificación de su personalidad individual.



Vaga y confusamente al principio, en los fenómenos de las casas encantadas, la personalidad oculta comienza a afirmarse en la Tiptología y después en la escritura; adquiere caracteres precisos en la incorporación mediúmnica y se hace tangible en las materializaciones. En ese orden es que se han desarrollado los hechos, multiplicándose, a fin de atraer la atención de los indiferentes, a forzar la opinión de los escépticos y a demostrar a todos la supervivencia del alma humana. Ese orden, al que se podría llamar histórico, es al que adoptaremos por nuestra parte para el estudio de los fenómenos espíritas.


A pesar de ser incompleta, la clasificación que antecede es muy práctica, porque es muy simple; además el gran autor León Denis, en el estudio que hizo en la obra citada, considera otras modalidades de fenómenos en las clases que les son afines. Así, por ejemplo en el fenómeno de escritura considera tanto la escritura directa, a la que llama también psicografía, mientras que Kardec la designa pneumatografía; como la que él llama escritura mediúmnica, que para Kardec es la verdadera psicografía.


Se puede dividir el estudio de los fenómenos de espíritas en dos categorías: los hechos de naturaleza física y los hechos intelectuales. En los primeros, el médium desempeña un papel pasivo: es el foco de la    emisión, del que emanan los fluidos, las energías en cuyo concurso los seres invisibles actuarán sobre la materia y manifestará su presencia. En los fenómenos intelectuales el médium ejerce una función más importante. El es el agente transmisor de los pensamientos del espíritu; y su estado psíquico, sus aptitudes, sus conocimientos influyen, a veces, de manera sensible en las comunicaciones obtenidas. (. . .) «



Casas con manifestaciones de espíritus y transporte de objetos (Raps, Poltergeist -ruidos y fantasma-)


El fenómeno de la casas encantadas es uno de los más conocidos y frecuentes. Lo encontramos en cierto modo por todas partes. Son numerosos los lugares donde se produce; casas en cuyas paredes, pisos y muebles se oyen ruidos y golpes.


En algunas viviendas los objetos se mueven sin contacto alguno; caen piedras lanzadas desde el exterior por una fuerza desconocida; se oye el estrépito de platos que se rompen, gritos, rumores que molestan y atemorizan a las personas impresionables.


La historia del moderno Espiritualismo comenzó con un caso de esa naturaleza. Las manifestaciones producidas en la casa de Hydesville en 1848 y las tribulaciones de la familia Fox que vivía en ella, son bien conocidas.



Fenómeno de las mesas giratorias


Se conoce con el nombre de mesas giratorias las comunicaciones de los Espíritus por medio del movimiento circular que ellos imprimen a una mesa. Este efecto se produce igualmente con cualquier otro objeto, pero como la mesa es el mueble con el que por lo cómoda, se han producido más a menudo tales experiencias, prevaleció la designación de mesas giratorias para mencionar esta clase de fenómenos.



Manifestaciones de los Espíritus a través de la escritura


Son variadas las formas de comunicación de los Espíritus a través de la escritura, a saber:


a) Psicografía indirecta: obtenida por medio de tablas, cestas y pequeñas mesas a las cuales se adapta un lápiz.


b) Psicografía directa o manual: Obtenida por el médium mismo bajo la influencia de los Espíritus; aquel puede tener o no conciencia de lo que escribe.


c) Escritura directa o pneumatografía: producida espontáneamente, sin la cooperación de la mano del médium ni de un lápiz. Basta tomar una hoja de papel en blanco doblarla y depositarla en cualquier parte, en un cajón o simplemente sobre un mueble. Hecho esto, si la persona estuviera en las debidas condiciones, al cabo de un tiempo más o menos prolongado, se encontrarán trazadas en el papel, letras, señales, palabras, frases e incluso disertaciones, escritas la mayoría de las veces con una sustancia cenicienta análoga al grafito y otras veces con lápiz rojo, con tinta común o bien con tinta de imprimir.


Manifestación de los Espíritus mediante la audición y la palabra (clariaudiencia)


Los Espíritus se pueden comunicar a través del aparato auditivo del médium, lo que permite a éste mantener con ellos una conversación regular. De la misma manera pueden actuar sobre los órganos de la palabra. En tal caso el médium transmite las ideas de los Espíritus, muchas veces sin tener conciencia de lo que dice; con frecuencia (...) manifiesta cosas completamente ajenas a sus ideas habituales, a sus conocimientos y que incluso trascienden su inteligencia.



Apariciones y materializaciones de Espíritus


Las apariciones de los Espíritus se producen cuando el vidente se halla en estado de vigilia y goza de plena y absoluta libertad de sus facultades. Se presentan por lo general, como una forma vaporosa y diáfana, a veces vaga e imprecisa. Otras veces, las formas se presentan nítidamente delineadas, tanto que se distinguen los mínimos rasgos de la fisonomía, a tal punto que se puede hacer una descripción completa de la aparición. 

 

En ciertas ocasiones el Espíritu se presenta con (...) una forma aún más precisa, con todas las apariencias de un cuerpo sólido, hasta el punto de causar una completa ilusión y hacer creer a los observadores que esa aparición que tienen delante de sí, es un ser corpóreo.

 

 Por último, existen casos en que bajo el dominio de determinadas circunstancias, la tangibilidad puede tornarse real, es decir, que permite al observador tocar, palpar y sentir en la aparición la misma resistencia y el mismo calor que tiene un cuerpo vivo, lo que no impide que esa condición de tangible se desvanezca con la rapidez de un relámpago.


En tales circunstancias no sólo con la vista se capta la presencia del Espíritu, sino también por el sentido del tacto. Dado que una aparición exclusivamente visual puede atribuirse a la ilusión o a una especie de fascinación, no sucede lo mismo cuando se logra asirla, palparla, cuando ella misma toca al observador y lo abraza; en esas condiciones no hay lugar a dudas.


Los fenómenos de apariciones tangibles [materializaciones] son los más raros, pero los que se han producido por influencia de algunos médiums de gran poder y fueron absolutamente constatados por testimonios irrecusables, prueban y al mismo tiempo explican lo que la historia narra acerca de personas que después de muertas se presentan con todas las apariencias de la realidad. 

 

Caso de la medium Srta. Cook y apariciación del espíritu de Katie King en el domicilio de William Crokkes

 

Las sesiones casi a diario con la Srta. Cook, me ha ayudado últimamente; han probado con unas pruebas severas su fuerza, y deseo aprovechar al máximo, el reconocimiento público de las obligaciones que tengo sobre ella para la preparación de mis experimentos. Cada prueba que he propuesto, ella inmediatamente ha acordado realizarla con una gran voluntad; está siempre dispuesta y es franca en lo que dice,  nunca he visto nada que se acerque al síntoma de falsar o engañar. De verdad, no creo que ella pudiera continuar un engaño si lo intentara, y seguramente se descubriría muy rápidamente; tales hechos, son algo externo a su naturaleza. Imagínese que una inocente colegiala de 15 años sería capaz de concebir y luego realizar satisfactoriamente la realización de un engañó durante 3 años, eso es un engaño gigantesco, en aquel tiempo ella se ajustaba a cualquier prueba que era propuesta, debía llevar un escrutinio muy estricto, estar dispuesta a ser registrada en cualquier momento, antes y después de la sesión,  debería ser aún un engaño mejor, ya que tendría éxito, incluso en mi propia casa, no solamente en la de sus padres, sabiendo que ella me visitaría y con el objeto expreso de someterse a pruebas científicas estrictas. Imagínese, decir que Katie King, durante 3 años es el resultado de un engaño es algo que hace daño a la razón de cualquiera y también va en contra del sentido común de creer que ella era la misma persona. (Investigaciones De Los Fenómenos de Espiritualismo por Sir William Crookes. 1904)


Psicometría


Hay personas a quienes se les pone en presencia, aunque no lo vean ni lo palpen, un poco de cabello, envuelto en un papel, una carta encerrada en un sobre…, y en seguida van y nos describen a la persona a que ha pertenecido el cabello, o escrito la carta, el sitio y las personas que al presente están con ella, y los principales episodios de su vida pasada. Y no sólo aunque hayan fallecido ven su cuerpo, sino que también su alma, pues nos hablan de sus simpatías, de sus odios, de sus pensamientos; y lo que es más inverosímil, ven y nos predicen su porvenir, que el tiempo, después, confirma.



Hay otros psicómetras que al entrar en una casa deshabitada ha largo tiempo, ven a las personas que la habitaron, los sucesos que en ella tuvieron lugar; y otros, por fin, que ante una moneda u otro objeto extraído de las ruinas de remotísima antigüedad, ven y describen la ciudad y las gentes de aquel tiempo.



Es, pues, un hecho positivamente real, que las imágenes de los hechos del pasado y del porvenir están “grabados”. Como lo es que al hombre, en determinadas condiciones, le es posible ver estas imágenes. Y si al hombre, finito, relativo e imperfecto le es posible ver los cuadros del pasado y del porvenir; el ojo de lo absoluto, de la Divinidad, lo ha de ver todo. (LOS FENÓMENOS PSICOMÉTICOS, Quintín López Gomez. 1910)



Xenoglosia


Se entiende por fenómenos de xenoglosia los casos en los que el médium no sólo habla o escribe en lenguas que ignora, sino que habla o escribe en esas lenguas y además hace observaciones originales o conversa con los presentes.


Transcomunicación instrumental (TCI)


Este fenómeno abarca la manifestación de los Espíritus a través de medios técnicos tales como grabador, radio, secretaria electrónica, computadora, fax, televisión, teléfono y más recientemente, la TV-teléfono (una combinación de aparatos que permite a la entidad espiritual aparecer en el monitor de TV y hablar simultáneamente por teléfono). 

 


 

FENÓMENOS PROPIOS DEL ALMA (ANÍMICOS)


Fenómeno de exteriorización del alma (Experiencia fuera del cuerpo EFC)


Durante el sueño cuando el cuerpo descansa y los sentidos están inactivos, podemos comprobar que un ser vela y actúa en nosotros, ve y oye a través de los obstáculos materiales, paredes o puertas y a cualquier distancia. El ser fluídico se desplaza, viaja, está suspendido por encima de la Naturaleza, presencia una gran cantidad de escenas y todo sin la intervención de los sentidos materiales, con los ojos cerrados y sin captar nada por los oídos.


Kardec denomina a este fenómeno como clarividencia sonambúlica. Así se expresa el Codificador del Espiritismo: Por ser de naturaleza diferente a las que ocurren en estado de vigilia, las percepciones que se producen en estado sonambúlico no pueden ser transmitidas por los mismos órganos. Es sabido que en este caso la visión no se efectúa por medio de los ojos los cuales, además, se mantienen generalmente cerrados. Por otro lado, la visión a distancia y a través de los cuerpos opacos excluye la posibilidad de utilizar los usuales órganos de la vista.


Es el alma la que le otorga al sonámbulo las maravillosas facultades de las cuales goza.



Experiencia de casi muerte (ECM)


Se trata del estado de muerte clínica que una persona sufre durante algunos instantes y regresa después a la vida física. Los relatos hechos por las personas que pasaron por dicha experiencia coinciden con las enseñanzas del Espiritismo y de las religiones que aceptan la reencarnación.



Visiones en el lecho de muerte (clarividencia)


En el momento de la muerte son comunes las percepciones del mundo espiritual, incluso aquél que está en proceso de desencarnación, puede visitar a parientes y amigos para despedirse de ellos. Confiables investigaciones han demostrado que esos fenómenos no son meras alucinaciones.

 

 Telequinesis o psicoquinesis


Habilidad que permite a una persona influir en un sistema físico sin interacción física. (Movimiento de objetos por medio de la mente).




DENIS,León. Fenómenos Espontáneos. Casas Encantadas: Tiptología. En lo invisible. Trad . de Leopoldo Cirne. 9ª.Ed. Río de Janeiro, FEB,1981, p. 185-186.

 

FEB. Estudio sistematizado del Espiritismo.


KARDEC, Allan. El Libro de los Médiums. Trad. de Alberto Giordano. 3.ed.Buenos Aires, Editora Argentina «18 de Abril». 1983. Item 83


KARDEC, ALLAN. Obras Póstumas. Primera Parte, ítem 7.




Reflexiones

Reflexión 18/5/19

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