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17 octubre 2021

DEL MIEDO AL AMOR


Ai Generado, Jesús, Discípulos, Cristo
Pixabai

 Por José Alonso Quintanilla

El miedo se ha clasificado como una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta de forma innata en todos los animales debido a la herencia genética, incluyendo también al ser humano para quien el miedo supone una angustia por un riesgo o daño real o imaginario, presente, futuro o incluso pasado.

(Escuchar podcast haciendo clic aquí)

 

 Como todas las emociones, se manifiesta en diferentes grados o matices. El temor es miedo a algo que se piensa que ya ha sucedido y aprensión es la aversión a tocar algo. Existe también un miedo breve y súbito, procedente de una causa pequeña: el susto, que procede del portugués, y también la alarma que etimológicamente significa 'a las armas'. Al mayor grado de intensidad del miedo se le asocian la fobia, el terror y el pavor. El pánico es el miedo sin fundamento, colectivo y descontrolado. 

 

Los diferentes rostros del miedo son por todos conocidos en nuestras vidas. Desde el inicio de la pandemia es posible que hayamos sentido ansiedad en algún momento debido a esta situación estresante, llegando hasta el extremo de convertirse en pánico o crear alguna fobia debido a la incesante información sobre la peligrosidad del virus y sus consecuencias.

 

El miedo es una emoción que puede tener diferentes respuestas. Puede llegar a ser paralizante sin saber como actuar, como una respuesta instintiva de querer alejar al depredador al tratar de parecer muerto; o también puede ocasionar el instinto de huida como evitación del peligro, o el instinto de ataque para hacer frente al mismo.

 

En nuestra sociedad tenemos miedo al dolor y al sufrimiento que recientemente se han visto paliados gracias a los avances tecnológicos en la medicina y a los fármacos. Pero también se dan casos extremos de miedo a vivir, miedo al amor, miedo al rechazo, miedo al fracaso, miedo a la pobreza… y para los más mayores que hemos sufrido las enseñanzas desacertadas de la religión católica, el miedo a Dios y al temible infierno.

 

En nuestra cultura se nos ha impregnado de miedos de diversa índole, desde la escuela donde los profesores o los compañeros podían ridiculizarte ante los demás por una respuesta equivocada o comportamiento diferente, con miedo a que llegara incluso al castigo físico. Nos hacían tener miedo a la crítica, al peligro, a la responsabilidad, a la desaprobación, a la autoridad, al cambio, a las alturas, al sexo, a lo desconocido y miedo al propio miedo.

 

El miedo predomina tanto en nuestra sociedad actual que constituye la emoción principal que gobierna nuestro mundo. Al tener relación con nuestra supervivencia se halla en un lugar especial en nuestras mentes.

 

Muchas de las acciones que realizamos se llevan a cabo por miedo en lugar de actuar por Amor. A veces se cuida del cuerpo por miedo a la enfermedad y no por apreciación y valoración a nosotr@s mism@s. Nos comportamos adecuadamente por miedo al qué dirán, por dar una imagen agradable, en lugar de hacerlo por aprecio a los demás. Realizamos tareas de voluntariado por motivos personales o ambicionando puestos elevados, en lugar de efectuarlos movidos por un sentimiento altruista, por miedo a la desaprobación o miedo a incumplir las Leyes Universales. Tratamos de manifestarnos con superioridad sobre los demás con nuestros conocimientos por miedo a no ser valorados o respetados en un ámbito social cada vez más competitivo. Conducimos con cuidado por temor a las multas por exceso de velocidad sin pensar que hemos de cuidar y respetar nuestra propia vida y la de los demás. Realizamos nuestro trabajo por miedo a la sanción o al despido sin disfrutar por el hecho de hacer las cosas de forma correcta...

 

En cambio, el sentimiento del Amor es una forma de ser, en la que somos afectuosos, cuidadosos, generosos, indulgentes, sinceros. En el amor nos convertimos en seres colaboradores, protectores, atentos, agradecidos, humildes, plenos, puros de intención. Es más que una emoción o un pensamiento, por eso se dice que es “un estado de ser”.

 

El Amor es una manera de estar en el mundo que expresa nuestro deseo sincero de ayuda, de consuelo en las pérdidas familiares, de facilitar el trabajo, de ayuda en problemas económicos, enfermedad o falta de trabajo. Amar es una forma a través de la cual podemos iluminar el mundo.




Tod@s tenemos la oportunidad de contribuir a la belleza, la armonía del planeta y los seres que lo habitamos, con nuestra bondad hacia todos los seres vivos y ensalzando el espíritu humano. Aquello que libremente nos da la vida fluye de nuevo a nosotros porque somos igualmente parte de esa vida. Lo que hacemos hacia los demás, revierte sobre nosotr@s mism@s. Algo que los grandes filósofos y santos nos han invitado a experimentar. Como el psicólogo y filósofo humanista Eric Fromm que nos habla del “amor como arte”, así como es un arte vivir. Expresaba que el Amor abarca diferentes áreas de la vida cotidiana, alcanzando a la familia y amigos, el amor hacia uno mismo como ser humano, el amor a todos los seres vivos y el amor a Dios.



El Amor es un sentimiento que perdura en el tiempo, trascendiendo a las emociones, ya que proviene de una comprensión, un conocimiento, una experiencia trascendente, arraigada en nuestra conciencia, por lo que tiene un efecto curativo sobre el miedo que desde el punto de vista de la medicina vibracional está constituido por una vibración más baja que proviene de una emoción primaria o instintiva.

 

El miedo es curado por el amor, como comenta el psiquiatra Jerry Jampolsky en sus publicaciones (por ejemplo, Amar es Liberarse del Miedo). Esta fue también la base para la curación en el “Centro de Curación por la Actitud” en Manhasset, en Long Island fundado por el psiquiatra David Hawkins. La curación por la Actitud tiene que ver con la interacción del grupo con los pacientes que tienen enfermedades mortales y terribles, y todo el proceso de la curación tiene que ver con dejar ir el miedo y reemplazarlo con el Amor.  Debido al éxito conseguido, con los mismos fundamentos se crearon nuevos centros en México y Santo Domingo.

 

Se emplea el mismo procedimiento de curación que han llevado a cabo los grandes santos y seres iluminados, cuya sola presencia tenía la capacidad de curar debido a la intensa vibración de amor que irradiaban. También esta capacidad de sanación, que tiene como fundamento la sanación espiritual, es transmitida por los pensamientos cariñosos hacia la personas.

 

Chico Xavier es conocido principalmente por sus obras asistenciales en la ciudad de Uberaba. A partir de los años 70 se dedicó a ayudar a personas pobres mediante la creación de una fundación. Logró un gran reconocimiento en Brasil, especialmente en los últimos años, por su benevolencia y asistencia al prójimo. En 1981 fue nominado para el Premio Nobel de la Paz.


También Divaldo Franco con la creación de la Mansión del Camino en 1947,  adoptó a más de 600 niños, ofreciéndoles educación y alimento para desenvolverse en la sociedad y que  al emanciparse le han ofrecido más de doscientos nietos. Además de atender diariamente la alimentación de más de tres mil niños y adolescentes del exterior, así como la educación en diferentes escuelas con las que cuenta el complejo. Ayudando a otras tres instituciones benéficas de Brasil con asistencia médica, medicinas, alimentos, educación, integración familiar, e inserción laboral.


En la historia reciente tenemos como ejemplo a la Madre Teresa que se le atribuye la curación de un gran número de personas por estos mismos procedimientos de amor incondicional y la presencia iluminada.

 


Para las personas que están familiarizadas con las leyes de la conciencia, este tipo de curas que parece “milagroso” se entiende como fenómenos comunes que pueden explicarse, tal como describe Allan Kardec en La Génesis en el capítulo XV sobre los denominados “milagros” realizados por el Maestro Jesús.

 

Se puede recordar este proceso de curación que se manifestaba al estar próximo al Maestro Jesús con su capacidad de irradiar altos niveles de amor, recomendando a aquellos a quienes sanaba no volver a incurrir en el error que les había conducido a esa situación de enfermedad la cual se sitúa en una baja frecuencia vibratoria, teniendo que aprender a elevar su propia conciencia a través de la transformación personal para mantener el estado de sanación.

 

Por lo tanto, se puede decir que el Amor transforma a las personas. Un ejemplo de ello es sobre un cazador que en un día de caza al ver un pato volando le disparó y éste cayó al suelo, cuando el cazador se acercó a recogerlo observó que aún no estaba muerto aunque sí herido y otra ave compañera había bajado al suelo situándose sobre él con sus alas extendidas para protegerle. El cazador al ver éste acto de amor nunca más pudo volver a cazar.

 

Una vez que el Amor nos ha transformado hay cosas que nunca más podemos volver a hacer. Así como hay cosas que no podrían hacerse si no fuera por la trascendencia transformadora del Amor, como arriesgar la propia vida para salvar a una persona como ocurrió en los atentados de Londres con el joven español que salvó la vida de una mujer perdiendo la suya tratando de defenderla.

 

Es conveniente diferenciar lo que se denomina “querer” de Amar. El querer implica egoísmo, ya que esperamos un intercambio con la otra persona, las cosas se hacen por interés, esperando un beneficio. Por eso, a veces, cuando realizamos acciones hacia las personas sin ninguna intención y sin esperar nada a cambio, tienen miedo y sospechan de este Amor.

 

A pesar de todo, el Amor transforma todo a su alrededor debido a la energía que irradia. Sin necesidad de “hacer nada” actúa silenciosamente debido a su poderosa naturaleza transformando las situaciones.


Además, el Amor nos relaciona con el perdón, al aumentar lo positivo de los demás en lugar de sus defectos y al mismo tiempo sirve como antídoto para el orgullo. También nos relaciona con la gratitud, virtud que elimina la falta de humildad y nos permite percibir 
la bondad de la vida en cada una de sus manifestaciones.

 

Cuanto más amamos, más podemos amar. El Amor es ilimitado. El Amor engendra amor. Incrementa las endorfinas, que son las hormonas que mejoran la vida, nos permite vivir más tiempo y más sanos.

 

Después de más de dos mil años de la máxima “Amad a los demás como a vosotros mismos y tratadles como os gustaría ser tratados”, y que la doctrina espírita ha tenido como enseña desde sus inicios, la medicina moderna, con los ejemplos citados anteriormente, aboga por la práctica del Amor, ya que se ha comprobado que los niveles elevados de conciencia son por sí mismos capaces de sanar en algunos casos, transformar a las personas e iluminar a los demás fomentando las mejores cualidades del ser humano.

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Amor sobre todas las cosas 

del Libro "Momentos de Salud y Conciencia de Divaldo Franco inspirado por Joanna de Ángelis

Jesús recomendó que el amor debe ser la piedra angular de todas las construcciones. Lo consideró el mandamiento mayor y sintetizó toda la Ley y los profetas en el amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. En esa instrucción de aspecto triple está presente la totalidad de las realizaciones humanas, las ambiciones y metas.

 

El amor a Dios significa el respeto y la acción preservadora de la vida en sus más variadas expresiones, del cual el ser llega a formar parte, íntegramente de él, consciente del conjunto cósmico. La responsabilidad ante la Naturaleza, sin agredirla ni despreciarla, antes bien, colaborando para su desarrollo y armonía, expresa el amor que contribuye a la obra divina y rinde homenaje a su Autor.

 


El amor al prójimo es consecuencia de aquel que se profesa al Progenitor; muestra la fraternidad que debe unir a todos, por ser Sus hijos dilectos que marchan de regreso a Su seno. Sin este sentimiento hacia su hermano, el ser se desorienta en la soledad y se debilita, perdiendo entusiasmo por las actividades esclarecedoras.

 

El amor a sí mismo, sin la pasión ególatra, lo eleva a las cumbres de la plenitud, y lo auxilia en el desarrollo de los ignorados tesoros que en él yacen adormecidos. Ese amor se manifiesta como una forma de preservar y dignificar la existencia física, para ponerse en armonía con el conjunto general y convertirse en un polo de irradiación de alegría, paz y bienestar que a todos impregna. 

 

Observa si te encuentras en la condición de quien cumple con la recomendación del Maestro. En esa síntesis perfecta dispones de todo lo necesario para tu actual existencia y la solución para todos tus problemas. Analiza con serenidad tu conducta en relación a Dios, al prójimo y a ti mismo. En caso de que te encuentres en falta con alguno de los postulados de la tríada superior, proponte corregir la deficiencia y modifica tu conducta en el sentido de la plenitud.

 

Descubrirás, por cierto, la necesidad de amar al Padre Celestial y al prójimo de acuerdo a tus posibilidades. No obstante, padeces restricciones o pasiones con relación a ti mismo. En ciertos períodos te detestas, mientras que en otros te justificas, confesándote víctima de los otros. Es necesario que te ames con rectitud. Dedícate a la meditación saludable en torno a tus deficiencias para corregirlas, y a tus valores para ampliarlos.

 

Aplica en ti la severidad sin crueldad y el amor sin compasión, para colocarte en la ruta del equilibrio, del crecimiento. Amarse es una manera de perfeccionarse en espíritu, en emoción y en cuerpo. Sin despreciar ningún componente del conjunto armonioso que eres, ámate, lucha con tenacidad para superarte cada día más, establece nuevas directrices y objetivos promisorios que alcanzarás si eres generoso, activo y perseverante en el bien, en relación a ti mismo.


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Capítulo XI. Libro III  Ley de Justicia, Amor y Caridad 


886. ¿Cuál es el verdadero sentido de la palabra caridad, tal como Jesús la entendía?

“Benevolencia para con todos, indulgencia para con las imperfecciones de los demás, perdón de las ofensas.” El amor y la caridad son el complemento de la ley de justicia, porque amar al prójimo es hacerle todo el bien que nos es posible y que querríamos que se nos hiciese a nosotros mismos. Ese es el sentido de las palabras de Jesús: Amaos los unos a los otros como hermanos. 


La caridad, según Jesús, no se limita a la limosna: abarca todas las relaciones con nuestros semejantes, sean ellos inferiores, iguales o superiores a nosotros. 


La caridad nos impulsa a ser indulgentes, porque también nosotros necesitamos la indulgencia de los demás. La caridad nos prohíbe humillar a los desdichados, contrariamente a lo que se hace tan a menudo. Si ante nosotros se presentara una persona rica, le dispensaríamos mil consideraciones y deferencias. Si fuera pobre, no nos parecería necesario preocuparnos por ella. Por el contrario, cuanto más digna de lástima sea su situación, tanto más debemos precavernos de no aumentar su desdicha con un trato humillante. El hombre verdaderamente bueno se esfuerza por elevar al inferior a su propio nivel, para disminuir de ese modo la distancia que existe entre ambos.

 

887. Jesús también ha dicho: Amad a vuestros enemigos. Ahora bien, el amor a nuestros enemigos, ¿no es contrario a nuestras tendencias naturales? Y la enemistad, ¿no proviene de la falta de simpatía entre los Espíritus?

 “No cabe duda de que no se puede sentir por los enemigos un amor tierno y apasionado. No es eso lo que Jesús quiso decir. Amar a los enemigos significa perdonarlos y devolverles bien por mal. De ese modo nos hacemos superiores a ellos, mientras que con la venganza nos colocamos por debajo.”

 

888. ¿Qué pensar de la limosna?

“El hombre reducido a pedir limosna se degrada moral y físicamente; se embrutece. En una sociedad basada en la ley de Dios y en la justicia es necesario proveer a la vida del débil sin humillarlo. Esa sociedad debe garantizar la existencia de los que no pueden trabajar, sin dejar su vida a merced del acaso y de la buena voluntad.”

 

[888a] – Entonces, ¿reprobáis la limosna?

“No; lo reprobable no es la limosna, sino la forma de darla. El hombre de bien, que entiende la caridad según Jesús, va al encuentro del desdichado sin esperar a que este le tienda la mano. 


”La verdadera caridad es siempre buena y benevolente. Radica tanto en la manera de hacerla como en el acto en sí. Un servicio que se presta con delicadeza vale el doble. En cambio, si se lo hace con altanería, puede que la necesidad de quien lo recibe haga que lo acepte, pero su corazón se conmoverá poco. 


”Recordad también que la ostentación quita, ante Dios, el mérito del beneficio. Jesús dijo: Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha. Con ello os enseña a no empañar la caridad con el orgullo. 


”Es preciso distinguir la limosna, propiamente dicha, de la beneficencia. El más necesitado no siempre es el que pide. El temor a la humillación detiene al verdadero pobre, que a menudo sufre sin quejarse. A este es a quien el hombre realmente humanitario sabe ir a buscar sin ostentación. 


”Amaos los unos a los otros: esta es toda la ley. Ley divina mediante la cual Dios gobierna los mundos. El amor es la ley de atracción para los seres vivos y organizados. La atracción es la ley del amor para la materia inorgánica  Nunca olvidéis que el Espíritu, sean cuales fueren su grado de adelanto y su situación –reencarnado o en la erraticidad–, se encuentra siempre entre un superior que lo guía y perfecciona, y un inferior para con el cual tiene que cumplir esos mismos deberes. Por consiguiente, sed caritativos, no sólo con esa caridad que os hace sacar del bolsillo el óbolo que fríamente dais a quien se atreve a pedíroslo, sino también con la que os lleva al encuentro de las miserias ocultas. Sed indulgentes para con los defectos de vuestros semejantes. En vez de despreciar la ignorancia y el vicio, instruidlos y moralizadlos. Sed afables y benévolos para con todo lo que os sea inferior. Haced lo mismo en relación con los seres más ínfimos de la creación, y habréis obedecido a la ley de Dios.” SAN VICENTE DE PAUL

 

889. ¿Hay hombres reducidos a la mendicidad por su propia culpa?

“Sin duda, pero si una buena educación moral les hubiese enseñado a practicar la ley de Dios, no caerían en los excesos que causan su perdición. De ello principalmente depende el mejoramiento de vuestro globo.” (Véase el ítem 707.) Amor materno y filial

 

890. El amor materno, ¿es una virtud o un sentimiento instintivo común a los hombres y a los animales?

“Lo uno y lo otro. La naturaleza ha dado a la madre el amor a sus hijos con vistas a la conservación de estos. No obstante, en el animal ese amor se limita a las necesidades materiales; cesa cuando los cuidados se vuelven innecesarios. En el hombre, en cambio, permanece toda la vida e implica una dedicación y una abnegación que son virtud. Incluso sobrevive a la muerte y sigue al hijo más allá de la tumba. Podéis ver, pues, que en él hay algo más que en el animal.”

 

891. Dado que el amor materno está en la naturaleza, ¿por qué hay madres que aborrecen a sus hijos, a menudo desde el nacimiento?

“A veces es una prueba elegida por el Espíritu del hijo, o una expiación en caso de que él haya sido, a su vez, un mal padre o una mala madre, o un mal hijo en otra existencia (Véase el ítem 392). En todos los casos, la mala madre sólo puede estar animada por un Espíritu malo que trata de obstaculizar al del hijo, a fin de que este sucumba bajo la prueba que eligió. Con todo, esa violación de las leyes de la naturaleza no quedará impune, mientras que el Espíritu del hijo será recompensado por los obstáculos que haya superado.”

 

892. Cuando los padres tienen hijos que les causan pesares, ¿son excusables por no haberles prodigado la ternura que habrían tenido para con ellos en caso contrario?

“No, porque es una carga que se les ha confiado, y su misión consiste en esforzarse al máximo para reconducirlos al bien. No obstante, esos pesares suelen ser la consecuencia de una mala costumbre que les han dejado contraer desde la cuna. En ese caso, cosechan lo que sembraron.”


Del libro OBRAS PÓSTUMAS de Allan Kardec


(...) Jesús se da a sí mismo esta calificación con una persistencia notable, puesto
que solo en muy raras circunstancias se llama Hijo de Dios. En sus labios no puede
tener otro significado que el recordar que también Él pertenece a la humanidad,
asimilándose así a los profetas que le precedieron y a los cuales se compara,
aludiendo a su muerte, cuando dijo: JERUSALÉN QUE MATAS A LOS
PROFETAS. La insistencia que emplea en designarse como Hijo del hombre
parece una protesta anticipada contra la cualidad que prevé que se le dar más
tarde, a fin de que quede bien sentado que no salió de sus labios.


Es de notar que, durante esta interminable polémica que ha apasionado a los
hombres por espacio de una larga serie de siglos, y aun dura, que ha encendido
las hogueras y hecho derramar torrentes de sangre, ha disputado sobre una
abstracción: la naturaleza de Jesús, de la que se ha hecho piedra angular del
edificio, aunque Él nada haya hablado de ella; y que se ha olvidado una cosa, la
que Cristo ha dicho ser toda la ley y los profetas, es a saber: el amor a Dios y al
prójimo, y la caridad, de la que hizo condición expresa para la salvación. Se han
aferrado a la cuestión de afinidad de Jesús con Dios, y se han tenido en completo
silencio las virtudes que recomendó y de que dio ejemplo.


El mismo Dios desaparece ante la exaltación de la personalidad de Cristo. En
el símbolo de Nicea se dice simplemente: Creo en un solo Dios, etc.; pero, ¿cómo
es ese Dios? No se hace mención alguna de sus atributos esenciales: la soberana
bondad y la soberana justicia. Estas palabras hubieran sido la condenación de los
dogmas que consagran su parcialidad para con ciertas criaturas, su inexorabilidad,
sus celos, su cólera, su Espíritu vengativo, en el que se apoyan para justificar las
crueldades cometidas en su nombre. (Obras Póstumas item 9)


Consistiendo la acción del Espiritismo en su poder
moralizador, no puede tomar ninguna forma autocrática, pues haría entonces lo
mismo que condena. Su influencia será preponderante por las modificaciones que
introducirá en las ideas, opiniones, carácter, hábitos de los hombres y relaciones
sociales, influencia tanto mayor cuanto que no será impuesta. El Espiritismo,
poderoso como filosofía, no podría menos que perder, en este siglo de raciocinio,
transformándose en poder temporal. No será él, pues, quien hará las instituciones
sociales del mundo regenerado, sino los hombres bajo el imperio de las ideas de
justicia, caridad, fraternidad y solidaridad, mejor comprendidas a causa del
Espiritismo. (Obras Póstumas Expiaciones colectivas).


(...) Los hombres no pueden ser felices si no viven en paz, es decir, si no están
animados de un sentimiento de benevolencia, indulgencia y condescendencia
reciprocas, en una palabra, mientras procuren destruirse unos a otros. La caridad y
la fraternidad resumen todas esas condiciones y todos los deberes sociales, pero
suponen la abnegación, y esta es incompatible con el orgullo y el egoísmo. Luego,
con estos vicio, no es posible la verdadera fraternidad, ni por consiguiente, la
igualdad y libertad, porque el egoísta y el orgulloso lo quiere todo para si.


Estos serian siempre los gusanos roedores de todas las instituciones progresivas, y en tanto que reinen, los sistemas sociales más generosos y mas sabiamente
combinados, caerán a sus golpes. Bello es sin duda proclamar el reino de la
fraternidad, pero, ¿a que hacerlo, existiendo una causa destructora del mismo?
Eso es edificar en terreno movedizo, y tanto valdría como decretar la salud en un
país malsano. Si se quiere que en ese país estén buenos los hombres, no basta
enviarles médicos, pues morirán como los otros, sino que es preciso destruir las
causas de insalubridad. Si queréis que los hombres vivan como hermanos en la
tierra, no basta que les deis lecciones de moral, sino que es necesario destruir las
causas de antagonismo, atacar el principio del mal, el orgullo y el egoísmo. He aquí
la llaga y en ella debe concentrarse toda la atención de los que seriamente quieren
el bien de la humanidad. Mientras este obstáculo subsista, verán paralizados sus
esfuerzos, no solo por una resistencia inerte, sino también por una fuerza activa
que sin cesar trabajar por destruir su obra, porque toda idea grande, generosa y
emancipadora arruina las pretensiones personales.


Se dirá que es imposible destruir el egoísmo y el orgullo, porque son vicios
inherentes a la especie humana. Si así fuese, preciso sería desesperar de todo
progreso moral; y sin embargo, cuando se considera al hombre en las diversas
edades, no puede desconocerse un progreso vidente, y si ha progresado, puede
progresar aun. Por otra parte, ¿no se encuentra, acaso, algún hombre desprovisto
de orgullo y egoísmo? ¿No se ven, por el contrario, esas naturalezas generosas,
en las que el sentimiento de amor al prójimo, de humildad, de desinterés y de
abnegación parece innato? Su número es menor que el de los egoístas, cierto,
pues de lo contrario, no dictarían estos la ley, pero hay más de las que se cree; y si
parecen tan poco numerosas, es porque el orgullo se pone en evidencia, al paso
que la virtud modesta permanece en la oscuridad. Si, pues, el egoísmo y el orgullo
fuesen condiciones necesarias de la humanidad, como la de alimentarse para vivir,
no habría excepciones. Lo esencial es, por lo tanto, conseguir que la excepción se
eleve a regla, y para ello se trata, me todo, de destruir las causas que producen y
conservan el mal. (Obras Póstumas. Egoismo y orgullo).



(...) Jesús sentó el principio de la caridad, de la igualdad y de la fraternidad; hizo
ellos una condición expresa para la salvación, pero estaba reservado a la tercera
manifestación de la voluntad de Dios, el Espiritismo por el conocimiento que da de la vida espiritual, por los nuevos horizontes que descubre y las leyes que revela; le
estaba reservado el sancionar ese principio, probando que no solo es una doctrina
moral, sino una ley natural, y que es conveniencia del hombre practicarla. Así lo
hará cuando, cesando de ver en el presente el principio y el fin, comprenda la
solidaridad que existe entre el presente, el pasado y el porvenir. En el inmenso
campo de lo infinito que el Espiritismo le hace entrever, se anula su importancia
personal; comprende que solo no es ni puede nada; que todos tenemos necesidad
unos de otros y que no somos unos más que otros: doble golpe asestado al orgullo
y al egoísmo.


Mas para esto le es menester la fe, sin la que permanecer forzosamente en el
atolladero del presente; no la fe ciega que huye de la luz, restringe las ideas, y
mantiene, por lo tanto, el egoísmo; sino la fe inteligente, razonada, que quiere la
claridad y no las tinieblas, que rasga valerosamente el velo de los misterios y dilata
el horizonte; esta fe, elemento primero de todo progreso, que le da el Espiritismo;
fe robusta, porque esta fundada en la experiencia y en los hechos, porque le da
pruebas palpables de la inmortalidad de su alma, le enseña de donde viene, a
dónde va y por que se halla en la tierra; por que fija, en fin, sus inciertas ideas
sobre su pasado y su porvenir.


Una vez pisado este camino, no teniendo el orgullo y el egoísmo las mismas
causas de sobreexcitación, se extinguirán poco a poco por carecer de objeto y de
alimento, y todas las relaciones sociales se modificarán bajo el imperio de la
caridad y de la fraternidad bien comprendidas.


¿Puede esto acontecer en virtud de un cambio brusco? No, es imposible;
nada hay brusco en la naturaleza; jamás recobra súbitamente la salud el enfermo;
pues entre la salud y la enfermedad media siempre la convalecencia. No puede,
pues, el hombre cambiar instantáneamente su punto de vista y dirigir la mirada
desde la tierra al cielo; el infinito le confunde y le deslumbra, y le es necesario
tiempo para asimilarse las ideas nuevas. El Espiritismo es, sin contradicción, el
mas poderoso elemento moralizador, porque mina por su base al orgullo y al
egoísmo, dando un punto de apoyo a la moral: en materia de conversión, ha hecho
milagros; cierto que no son más que curas individuales y con frecuencia parciales;
pero lo que ha producido en los individuos es prueba de lo que un día producir en
las masas.


No puede arrancar de una sola vez todas las malas hierbas; da la fe:
esta es la buena semilla, pero a la semilla le es necesario tiempo para germinar y
dar buenos frutos. He aquí por que todos los espiritistas no son aun perfectos. Ha
tomado al hombre en mitad de la vida, en el fuego de las pasiones, en la fuerza de
las preocupaciones, y si en tales circunstancias ha operado prodigios, ¿qué será
cuando le tome al nacer, virgen de todas las impresiones malsanas, cuando mame
la caridad con la leche y sea mecido por la fraternidad, cuando toda una
generación, en fin, sea educada y alimentada en esas ideas, que desplegándose a
la razón, fortificarán en vez de desunir? Bajo el imperio de semejantes ideas, que
habrán llegado a ser la fe de todos, el progreso no hallará obstáculos en el orgullo
y el egoísmo, las instituciones se reformarán por si mismas y la humanidad
avanzará rápidamente hacia los destinos que le están prometidos en la tierra
mientras espera los del cielo. (Obras Póstumas. Egoísmo y orgullo)



03 julio 2021

VIRTUDES: AUTOEVALUACIÓN

 

En esa inmensidad sin límites, ¿dónde está, pues, el cielo? En todas partes; ninguna valla le sirve de límites. Los mundos felices son las últimas estaciones que a él conducen. Las virtudes abren el camino, mientras que los vicios cierran su entrada. 

Allan Kardec. Cielo e Infierno.





 

El hombre honrado ante Dios es aquel que, lleno de abnegación y de amor, consagra su vida al bien, al progreso de sus semejantes. Aquel que, marchando al fin que se propone, es activo en la vida para cumplir la tarea material que se le ha impuesto, porque no debe olvidar que sólo es un servidor al cual el amo le pedirá un día cuenta del empleo de su tiempo. Activo hasta el fin, porque debe predicar con el ejemplo el amor del Señor y del prójimo. 

 

El hombre honrado ante Dios debe evitar con cuidado esas palabras mordaces, veneno escondido entre flores, que destruyen las reputaciones y a menudo mata al hombre moral cubriéndole con el ridículo. 

 

El hombre honrado ante Dios debe tener siempre el corazón firme contra el menor átomo de orgullo, de envidia, de ambición. Debe ser paciente y dulce con los que le atacan. 

 

Debe perdonar de todo corazón, sin esfuerzos y sobre todo sin ostentación, a cualquiera que le haya ofendido. Debe amar a su Creador en todas sus criaturas. Debe, en fin, poner en práctica este resumen tan conciso y tan grande de los deberes del hombre. 

 

Amar a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo. 


Cielo e Infierno 2ª parte Cap 3.


No obstante, si bien algunas de las palabras del Cristo se presentan cubiertas por el velo de la alegoría, en lo que respecta a la regla de conducta, a las relaciones entre los individuos, a los principios morales que él estableció como condición expresa para la salvación sus enseñanzas son claras, explícitas y sin ambigüedad.

¿Qué han hecho de sus máximas de caridad, de amor y de tolerancia, así como de las recomendaciones que hizo a sus apóstoles para que convirtiesen a los hombres mediante la mansedumbre y la persuasión? ¿Qué han hecho de la sencillez, de la humildad, del desinterés y de todas las virtudes que él ejemplificó? En su nombre, los hombres se anatematizaron y se maldijeron unos a otros; se degollaron en nombre de aquel que dijo: Todos los hombres son hermanos
 
Del Dios infinitamente justo, bueno y misericordioso al que él proclamó, hicieron un Dios celoso, cruel, vengativo y parcial; en nombre de aquel Dios de paz y verdad se realizaron sacrificios de miles de víctimas en las hogueras, con torturas y persecuciones, en una cantidad mucho mayor a la que en todas las épocas sacrificaron los paganos a sus falsos dioses; se vendieron las oraciones y las gracias del Cielo en nombre de aquel que expulsó a los mercaderes del Templo y dijo a sus discípulos: Dad de gracia lo que de gracia recibisteis.
 Allan Kardec.La Génesis. Cap. XVII. 1868


893. ¿Cuál es la más meritoria de todas las virtudes?

- Todas las virtudes poseen su mérito, porque todas son indicios de progreso en la senda del bien. Hay virtud cada vez que existe una resistencia voluntaria a las solicitaciones de las malas tendencias. Pero lo sublime de la virtud consiste en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin abrigar segundas intenciones. La más meritoria de ellas es la que se basa en la más desinteresada caridad.



897. El que practica el bien, no con miras a obtener una recompensa en la Tierra, sino con la esperanza de que se le tendrá en cuenta en la otra vida, y que su posición entonces será tanto mejor, ¿es reprensible? Y esa idea ¿lo perjudica en su adelanto?

- Hay que realizar el bien por caridad, esto es, desinteresadamente.




897 a. No obstante, todos tenemos un muy natural deseo de adelantar y salir del penoso estado de esta existencia. Los Espíritus mismos nos enseñan a practicar el bien con esa finalidad. ¿Es malo, entonces, pensar que haciendo el bien podemos esperar para nosotros una situación mejor que la que tenemos en la Tierra?

- Por cierto que no. Pero el que practica el bien sin segunda intención, y por el solo placer de ser grato a Dios y a su prójimo que sufre, se encuentra ya en cierto grado de evolución que le permitirá alcanzar la felicidad mucho más pronto que su hermano, el cual, más positivo, realiza el bien calculadamente y no es impulsado a ello por el calor natural de su corazón.

 

CARIDAD

La Caridad se expresa cuando el Maestro Jesús da su mandamiento nuevo a los apóstoles y discípulos: "Amaos los unos a los otros como yo os he Amado".

Al hablar de la Caridad hay que hablar del Amor. Este Amor con mayúsculas es buscar el bien del otro.

La Caridad es la virtud que nos conduce a amar a las demás personas sin excepción como a nosotros mismos, buscando de manera habitual el bien de pensamiento, actitud, palabra y acción, traduciéndolo en realizaciones concretas de servicio a los demás.

Podemos decir que la Caridad es un modo humano de expresar el Amor. La Caridad es sobrenatural, algo del mundo divino, porque consiste en activar en nosotros el Amor de Dios y dirigirlo hacia el mundo. Es amar como Dios ama con su intensidad y con su incondicionalidad.

La Caridad es la virtud que da sentido a todas las demás virtudes. Es la forma, el fundamento, la raíz y la madre de todas las demás virtudes. Sin Caridad no hay virtudes auténticas.

La Caridad es el centro, la esencia y la perfección de cualquier vida espiritual, ya que en la práctica de la Caridad se condensan todas las enseñanzas de los Grandes Maestros.

La Caridad no es una utopía, sino una posibilidad real del cambio personal y del cambio de la sociedad en general: no se trata de hacer "actos de Caridad" sino de vivir la Caridad y en la Caridad. Porque la Caridad es una gran fuerza, nuestra principal arma para mejorar la sociedad, y el amor debe ser el motor de transformación comenzando por la transformación del propio corazón.

Práctica de la Caridad:

  • La Caridad es ver en el otro, lo que él no puede ver en si mismo.
  • Saludo de forma amable y trato de forma bondadosa a los demás aunque no esté de buen humor.
  • Ayudo a quien lo necesita, soy generoso con mi tiempo y mi persona ante las necesidades de los demás.
  • Hablo siempre bien de los demás, si no tengo algo bueno que decir mejor quedarme callado.
  • Tengo pensamientos, proyectos y deseos positivos que son fuente de unidad y de paz.
  • Soy tolerante, soy comprensiv@ y sé ponerme en el lugar de los demás.
  • Respeto y acepto a los otros como son y no como yo quisiera que fueran.
  • Mi interior se expande cuando aprendo a ponerme en el lugar de los demás.
  • La Caridad se ha convertido en el estímulo de mi desarrollo personal.
  • Vivir desde la Caridad es el mayor gesto de amor al Creador.



CONSIDERACIÓN

Tener consideración es respetar a los demás y a sus sentimientos, es pensar en como les van a afectar a ellos nuestros actos y preocuparse de cómo se van a sentir.

Tener consideración con los demás es prestar atención a lo que les gusta y a lo que no les gusta, y luego decidir hacer lo que les traiga felicidad.

La consideración significa dar importancia a las preferencias ajenas como a las propias. Cuando nuestros gustos difieren de los gustos de los demás la consideración entraña que no intentamos convencerles de que están equivocados. Antes bien respetamos sus sentimientos y meditamos sobre sus necesidades. 

Evita las contiendas siempre inútiles. Entre antagonistas, la razón siempre estará con quien no se involucra en discusiones infructíferas.

En esas luchas verbales y alteraciones violentas, surgen males difíciles de reparar. 

Las palabras que la ira pone en la boca de quien discute, raramente expresan lo que él piensa. Le traducen el estado de desarmonía y la necesidad de vencer al antagonista.

Esclarece con calma y argumenta serenamente. Si el otro no tiene en consideración tus conceptos, silencia y entrégalo al tiempo que a
todos nos enseña sin prisa.

 La consideración en la práctica:

  • Nos permite respetar las necesidades y sentimientos de los demás.

  • Considerar que las necesidades de los demás son igual de importantes que las nuestras.

  • Pensar en cómo van afectar nuestros actos a los demás.

  • No hacer ruido cuando los demás están en silencio.

  • Ponerse en el lugar de otras personas.

  • Mostrar una atención afectuosa.

  • Pensar en pequeñas cosas que producen felicidad a otras personas. 

     

Afirmaciones

Considero cuánto digo. Hablar es crear vibración, y  toda vibración crea formas en mi campo magnético. Así cuido mucho lo que digo y hablo consideradamente.

Las únicas palabras a tener en consideración son las que elevan el espíritu y aquí está incluido aquello que hace reír a las personas.

La consideración es el acorde de las relaciones armónicas.

Uso la cortesía en mis movimientos y acciones, generando simpatía y amistad.

Lo que puedo hacer, no se lo delego a otro. Porque alguien trabaja conmigo, no me cabe el derecho de sobrecargarlo, exigiéndole más allá de sus posibilidades. 

Incluso los empleados merecen consideración y respeto. Cooperan y son remunerados. Hago aún más, los hago mis amigos.

Hay tareas cansativas y pequeñas que a ellos afectan que puedo ejecutar sin cansarme ni mortificarlos.

En el trato con ellos, uso las expresiones: “Por favor”, y “muchas gracias”, de ese modo, extiendo afecto con quien me rodea.

 

DESPRENDIMIENTO

Cuenta una anécdota que Platón, caminando en medio de una feria abarrotada de gente y mercancías, exclamó asombrado: "es increíble la cantidad de cosas que no necesito".

La virtud del desprendimiento nos enseña a orientar nuestro corazón hacia las personas y no hacia las cosas materiales.

El valor del desprendimiento consiste en saber utilizar correctamente nuestros bienes y recursos evitando apegarse a ellos y si es necesario estar dispuestos a ponerlos al servicio de los demás.

El desprendimiento como virtud se origina al reconocer que todos tenemos necesidades y que a veces la vida nos pide que debemos superar nuestro egoísmo e indiferencia para colaborar en el bienestar de los demás. No importa si es mucho o poco lo que hacemos y aportamos, lo importante es tener la conciencia de ofrecer algo, y aportar. No obstante hay que tener en cuenta que la generosidad que requiere el desprendimiento no cabe el ofrecer algo que nos sobra.

Existen personas que materialmente ponen el corazón en las cosas materiales. A veces por los recuerdos que evocan, pero en otras debido al valor económico que tienen o simplemente por el trabajo que supuso adquirirlos. A esta particular forma de afecto se le llama apego.

El desprendimiento supone un esfuerzo para superar ese sentimiento de posesión y exclusividad de lo que poseemos para ofrecerlo gustosamente a los demás.

Puede parecer que esta virtud se enfoca únicamente a objetos, pero nuestros recursos van más allá de lo que se puede tocar, puesto que poseemos conocimientos, cualidades y habilidades que muchas veces nos cuesta trabajo poner a disposición de las personas, porque requiere prescindir de nuestro descanso, gustos, preferencias y comodidades para llevarse a cabo.

Nos sorprendemos con el médico que atiende enfermo sin cobrar honorarios, personas que pasan los días trabajando en obras de caridad, profesores que trabajan horas extras desinteresadamente, padres de familia que se niegan gustos y diversiones personales pensando en su familia... El verdadero desprendimiento no tiene medida, sin calcular cuánto es lo indispensable para cumplir, es una entrega generosa de cuánto tenemos.

Una revisión constante de nuestras prioridades a la luz del valor del desprendimiento nos dará una idea de cuán libre somos ante nuestros bienes y recursos evitando apegarnos a ellos. Hay quien cae en una idolatría de los bienes materiales convirtiéndose en esclavo y no en señor de ellos.


No se nos pide pobreza de suciedad, ni miseria, ni dejadez o pereza, que no son virtudes, sino capacidad de desprendimiento de los bienes en estos momentos arrolladores de materialismo.

El desprendimiento activo

  • Hacer una lista de las cosas y determinar cuáles realmente son necesarias y cuáles son caprichos, vanidades, etcétera.
  • Enseñar a otros algo que yo sepa hacer bien.
  • Regalar o donar un bien al que sienta que me he apegado.
  • Procurar decir más veces sí cuando me piden algo prestado sin poner pretextos.
  • La virtud del desprendimiento antes las cosas materiales me ayuda a convertirme en persona más altruista y generosa, y me separa de cosas innecesarias.
  • Necesito el desprendimiento efectivo de lo que soy y de lo que tengo, para ayudar a la pobreza que nos rodea a todos o está cerca.
  • A pegarme a los bienes materiales me aleja de quiénes tengo el deber de servir. El desprendimiento es la virtud que nos une al alma.



DESAPEGO

El desapego es saber convivir con nuestros sentimientos sin permitir que ellos nos controlen. Sentimientos como la tristeza, la felicidad, la decepción, el júbilo, la frustración o la ira son naturales. Todo el mundo los tiene. El desapego es una manera de utilizar conjuntamente el pensamiento y el sentimiento a fin de no permitir que nuestras emociones nos arrastren.

Desapego no significa que tengamos que fingir un sentimiento diferente al que sentimos en realidad. Algunas personas piensan que desapegarse significa que hay que ser frío o actuar como si nada nos importara, pero cuando se ejercitan en esta virtud comprueban que es una experiencia especialmente positiva.

Todas las tradiciones orientales hablan de la experiencia del desapego, siendo sus efectos la dicha, la paz, y la plenitud del ser.

El desapego activo

  • Tratar de considerar tus sentimientos antes de decidir cómo actuar.

  • Emplear pensamientos y sentimientos para actuar.

  • Orar o meditar antes de actuar.

  • Controlar las reacciones en lugar de perder los nervios.


UNIDAD


La unidad es una virtud sumamente potente y creadora de gran fuerza es una manera de ver el Universo como algo cohesionado, concebido por Quién nos ha creado a todos, de manera que cuando practicamos la unidad, conseguimos vernos enlazados con todo y con todos.

La unidad produce armonía como el sonido de la música que producen los diferentes instrumentos de una orquesta. Unidad no significa "ser lo mismo". Una flauta nunca puede pretender sonar como un tambor. Cuando se tocan juntos crean una música hermosa. Cuando practicamos la unidad valoramos lo que cada parte aporta al conjunto.

Gracias a la virtud de la unidad podemos esforzarnos por lograr la armonía con la gran familia humana. Estamos unidos porque somos seres humanos con las mismas necesidades, con las mismas penas y defectos, pero también nos unen nuestras esperanzas y anhelos, nuestras alegrías y nuestro afán de progresar en dirección a la virtud, por qué así es nuestra naturaleza esencial.

La unidad produce paz. Es una acción colectiva de orientación hacia un mismo fin.

La unidad no entraña homogeneidad, no se trata de procurar que todo el mundo tenga la misma apariencia, piense lo mismo o hable el mismo idioma. Mediante el poder de la unidad podríamos resolver muchos conflictos mundiales, descubriendo soluciones nuevas que satisfaciera en las necesidades de todos. Podríamos encontrar las bases comunes de la paz.

La unidad es una fuerza tan poderosa que podría iluminar las conciencias de todos los pueblos del mundo y poner fin a la guerra, ya que sus modos son siempre fraternos.

Con su ayuda podemos convertirnos en pacificadores dondequiera que vayamos.

En la unidad activa

  • Tratar a todas las personas como miembros de una única familia humana.

  • Resolver los conflictos escuchando y buscando soluciones comunes.

  • No hacer causa común cuando otras personas expresan algún prejuicio.

  • Ver las diferencias como dones.

  • Te preocupas por la tierra y por todos los reinos de la naturaleza.

  • Donde quiera que vas actúas como un fraterno pacificador.

  • Me pongo en manos de Dios estoy disponible para una completa transformación.

  • El paso adelante que doy hoy nos eleva a todos.

  • La unidad es el destino de todos



GRATITUD


La gratitud es una actitud de agradecimiento a la vida por ser capaces de aprender, de amar y de ser.

La gratitud es saber dar las gracias por la vida, por las cosas especiales que nos vienen y que se nos van, por las pequeñas y las grandes cosas que todos los días suceden a nuestro alrededor y dentro de nosotros.

Gratitud es estar abierto y dispuesto a recibir cada Don de Dios.

Ser agradecido es tener una sensación de maravilla acerca de la belleza de este mundo y acoger como si fuese un regalo cada cosa que la vida nos dé.

La gratitud es un camino hacia el éxtasis de la alegría infinita.

La gratitud es una manera de adquirir perspectiva cuando las cosas no tienen muy buen aspecto y empezamos a perder la esperanza, la confianza y la fe. Es una manera de crecer y de superar las circunstancias dolorosas, observando los dones que siempre están ahí, aunque, a veces, parezcan estar ocultos.

 



La gratitud activa

Mantener una actitud de agradecimiento frente a la vida.

Ser receptivo a los dones.

Valorar las propias habilidades en lugar de envidiar las ajenas.

Ver las lecciones en lo que llamamos las dificultades de la vida.

Esperar, orar y confiar en que llegará lo mejor... Lo mejor para seguir aprendiendo y evolucionando.

Apreciar la belleza de este planeta.

Recordar las bendiciones cada día.

Dar las gracias al Creador desde el corazón.

Nada quiero obtener de lo que realizo, así mi trabajo se transforma en gratitud.

Todo lo que sucede es una oportunidad de vivir la gratitud.

Gracias por darme este momento. Jamás se repetirá. 
 
Ejercita la gentileza y la gratitud con todas las personas, especialmente con los ancianos. 
 
La vejez es la fase inevitable que alcanzarás, en caso de que la muerte no te arrebate antes el cuerpo.
 
La gratitud es el sentimiento digno que debe vigorizar en el hombre que recibe
beneficios de la vida.
 
La gratitud posee esa maravillosa cualidad de convertir al mundo y a las personas, en más bellos y más queridos.
 
El ser que es agradecido recibe de forma natural la bendición de la felicidad, esparciendo las ondas de júbilo que lo envuelven contaminando a todos los que se le aproximan.
 
La gratitud puede expresarse como respeto y consideración por lo que otros hacen, ofrecen y a lo que se dedican en tareas ennoblecedoras.
 
 La gratitud, hija del amor sabio, enriquece la vida de belleza y alegría porque con su presencia todo llega a tener sentido ennoblecido, ampliando los horizontes experienciales de quien lo cultiva como recurso para promover la vida en todos los sentidos.

 

MODERACIÓN

Ser moderado consiste en crear un equilibrio en la vida, sin hacer excesos, pero tampoco haciendo las mismas cosas todo el tiempo. Es trabajar y descansar lo suficiente, trabajar suficiente y descansar suficiente.

La moderación debe ser aplicada antes de propasarse. Es emplear la disciplina para no excederse en las cosas que uno hace. Demasiado poco de una cosa es tan malo como excederse en ella: las personas que hablan demasiado pueden llegar a ser perturbadoras. Las personas que apenas hablan de nada no suelen ser tenidas en cuenta en los debates, su opinión no existe.

La moderación es lo que nos impide vernos arrastrados por la corriente de nuestros propios deseos.

La moderación, la ecuanimidad, el deber lúcido marcharán contigo, proporcionándote estímulo y más conquistas, sin que el cansancio, el tedio y la amargura encuentren cabida en tus sentimientos.

Toda vez que te apasionas y tomas una postura exagerada, cometes los mismos errores que censuras en las otras personas. El término medio en materia de discusión es una situación ideal. No por comodidad o miedo, sino porque desconoce la cuestión en la profundidad que exige.

Refrena los impulsos, que proceden de los instintos desgobernados, y obra bajo el
comando de la razón. Es verdad que el buen sentimiento debe derretir el hielo de la lógica racional, no obstante, muchas veces, la frialdad de la emoción o su locura agresiva necesitan de la vigilancia del raciocinio. 


Cerebro y corazón deben actuar juntos, proporcionando las ventajas del equilibrio y de la moderación, a favor de una vida saludable. Escucha con el sentimiento y actúa con la razón, dosificando bien la participación de cada uno.


En la práctica

  • La moderación te permite saber lo que necesitas y conseguir lo suficiente, ni más ni menos.

  • En tu vida conviene mantener un equilibrio entre el trabajo y el descanso.

  • Conoces tu naturaleza y te fijas unos límites.

  • La moderación es la puerta de la eternidad.


Recibo todas las señales para seguir mi camino interior, las interpreto porque vivo con moderación. 

Actúo con moderación y las puertas se abren ante mi. 

Desde la moderación vivo en paz y armonía así puedo irradiar al mundo lo mejor de mi.

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Puntuar cada ítem de la práctica activa de cada virtud del 1 al 100. Donde 1 es el valor más bajo en la escala. Evaluar nuevamente al cabo de seis meses y comparar con la puntuación anterior.

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Bibliografía

Franco, Divaldo. 2018. Psicología de la Gratitud. LEAL editora.

Franco, Divaldo. Vida feliz. LEAL editora.

Franco, Divaldo. Momentos de Conciencia. LEAL editora.

Kardec, Allan. 1865. El Cielo y el infierno.

Kardec, Allan. 1868. La Génesis.

Karde, Allan . 1864. El Evangelio según el espiritismo.

Monferrer, Eva.2013. Las virtudes del alma

 



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