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21 febrero 2022

CIENCIA Y AMOR



Allan Kardec dice que el espiritismo es la ciencia que llegaría en el momento adecuado, cuando las seres humanos tuviesen las condiciones de comprenderlo. Sería necesario que la ciencia evolucionará para poder llegar el Consolador. Y gracias a la evolución de la ciencia el Consolador llego a la tierra y pudo ser comprobado. Porque muchas informaciones del cristianismo aguardaban a la ciencia, por ejemplo, la reencarnación, la comunicabilidad de los espíritus, los mundos habitados, que aguardaban un proceso de evolución del conocimiento.



Al mismo tiempo que hubo esa evolución, el espiritismo ofreció una filosofía de comportamiento. Y esa información es aquella que propicia la paz, explicando quién es el hombre, de dónde viene, y cuál es su destino.



Tenemos preguntas acerca de: cuál es la razón del dolor?, ¿porque hay personas más felices y otras más desgraciadas?, ¿porque hay enfermedades degenerativas?, cuál es la causa de la belleza, de la inteligencia, del amor?. Y solamente por medio de la reencarnación se puede entender la justicia divina.


Por eso al mismo tiempo, con ese conocimiento reencarnacionista, hay una propuesta de orden moral. Por qué el ser deja de ser el instrumento de la justicia divina, para ser el autor del propio destino. Somos sembradores y recolectores de todas nuestras obras, y esto es fascinante, porque nos ofrece una visión de la divinidad, y por tanto, una aceptación de una ética moral, que tiene por base el reconocimiento de Dios, el valor de la oración, la justicia divina y por consecuencia una nueva ética qué es la misma del Evangelio de Jesús: la vivencia del amor.


Los cristianos primitivos tenían como costumbre encontrarse para dialogar con Jesús. En las noches estrelladas El hablaba de Dios, de las necesidades humanas, de la finalidad de la vida y de cómo se puede conseguir la plenitud, la felicidad. Posteriormente aquellos que lo seguían prosiguieron con la misma labor.


Con el espiritismo se repite la práctica: nos encontramos, exponemos nuestros problemas emocionales, espirituales, a la luz del entendimiento de Jesús. En esos momentos Su pensamiento divino desciende hasta nosotros y nos llena el alma, impulsándonos hacia la conquista personal, y a la conquista de la verdadera fraternidad.


Del Evangelio según el espiritismo en el capítulo XII item 5 surge esta frase: amad a vuestros enemigos.


De entre los enemigos que tenemos existen aquellos que se encuentran en la tierra, en el cuerpo físico, y otros desencarnados. En el item 5 se refiere a los enemigos desencarnados.


El espírita tiene todavía otro motivo de indulgencia para con sus enemigos. En primer lugar sabe que la maldad no es el estado permanente de los hombres. Que ella se debe a una imperfección momentánea, y que de la misma manera que un niño se corrige de sus defectos, el hombre errado reconocerá un día sus obras y se transformará.


Sabe también que la muerte solo lo libera de la presencia material de sus enemigos, por eso éstos pueden perseguirlo con su odio incluso después de haber dejado la tierra. Por tanto, la venganza no consigue su objetivo, sino tiene un efecto efecto contrario produciendo una irritación mayor que puede continuar de una existencia a otra.


Correspondía al espiritismo probar, por la experiencia y la ley que rige las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible, que la expresión: “ lavar el odio con la sangre” es radicalmente falsa. Quiere decir que anular el odio, matando a su enemigo es totalmente falso.



Porque antiguamente se decía: “cuando se muere se acabó el odio”. Con el conocimiento de que la vida continúa, la muerte no pone fin a las enemistades. Es, por tanto, una expresión falsa. La verdad es que la sangre conserva el odio hasta incluso del otro lado de la tumba. Por lo tanto se otorga al perdón, una razón de ser, efectiva, y una utilidad práctica que conlleva a la sublime máxima de Cristo. Quiere decir que: “Con la muerte prosiguen las enemistades, y que solamente por el amor y el perdón esto puede transformarse.


Como seres humanos estamos en niveles diferentes de conciencia. Hay aquellos que todavía están en el nivel de sueño, son los que actúan por los instintos. Siempre reaccionan. No son tan responsables por sus actos.


A medida que evolucionan cambian de nivel de conciencia, y se presentan con la conciencia despierta, tienen la percepción de lo correcto y lo incorrecto. Y en ese momento que se producen los karmas, cuando se practica el mal, pudiéndo practicar el bien.


La cuestión del perdón es psicológica. Las religiones nos han dicho que es necesario olvidar el mal que nos hacen, y que no deberíamos aceptar la ofensa. Pero esto es un problema del estado evolutivo de cada ser humano.


La nueva psicología hace una propuesta psicoterapéutica muy interesante. Cuando tenemos un enfrentamiento con alguien, principalmente una agresividad, nuestra respuesta instintiva es reaccionar. A continuación, la razón nos controla para no devolver la misma agresión. Perdonar a aquél que nos agregue es no hacerle el mismo mal. Acción que concuerda plenamente con Allan Kardec.


Perdonar es un sentimiento, olvidar tiene relación con la memoria. Por lo que podemos perdonar, pero no olvidar, pues solamente con el tiempo es que se va limpiando la memoria. El hecho de no desearle el mal, es el primer paso para el perdón.


Gandhi solía decir: “nadie me ofende, porque yo no acepto la ofensa”. Cuando alguien me agrede, tengo compasión de él y comprendo que él se está agrediendo a sí mismo. Porque entre los hindús, hay una frase extraordinaria en sánscrito que dice: “om sai ram”, qué significa: el Dios que está en mi saluda al Dios que está en ti. Y el otro responde: “sai ram”: y el mío también.



Cuando alguien ofende a otro, está ofendiendo a su Dios interno. Por eso nadie hace mal a nadie, excepto cuando aceptamos el mal. Si una persona dice que yo soy un ladrón, yo sigo siendo el mismo. Si alguien dice que soy un rey, sigo siendo el mismo. Yo no soy lo que dicen, soy el que soy.


Esto es algo que tenemos que tener en mente, que no seremos mejores porque nos elogien, ni seremos peores porque nos insulten o nos ofendan. Pero como somos muy sensibles, nos sentimos agredidos, violentados. Y estos sentimientos, a veces prosiguen hasta el otro lado de la vida. Un enemigo desencarnado es peor que un enemigo encarnado, porque dispone de un campo psíquico más amplio, y fácilmente puede influir en nuestro comportamiento. Por eso hemos de hacer un gran esfuerzo para perdonar, principalmente aquellos que nos hayan ofendido y procurar adquirir valores morales, para que nos perdonen los enemigos desencarnados a quien hayamos perjudicado en reencarnaciones pasadas, o en esta misma.


Para prevenir y evitar este tipo de asedios es conveniente: Actuar en el bien, orar, meditar, mantener la mente llena de pensamientos saludables,lecturas edificantes, para que los desencarnados, observando nuestro cambio moral, se den cuenta de que estamos mejorando, y por consecuencia dejen de ser nuestros enemigos. Y si en el caso que quieran continuar como nuestros enemigos ya no nos alcanzarán, porque faltará la afinidad, porque sintonizaremos en franjas vibratorias distintas.


En cuanto estemos con sentimientos negativos sintonizaremos con aquellos que sienten de forma similar. A medida que vamos evolucionando nos separamos de ellos, y por tanto, ya no nos alcanzarán. Por eso Jesús recomienda el Amor a Dios y la práctica de la solidaridad con el sufrimiento ajeno, pues la caridad hace el bien a quien la práctica, devolviéndonos el amor para perdonar a quienes nos hirieron.


Cabe al espiritismo esta tarea extraordinaria de descubrir que más allá de la tumba prosiguen aquellos que vivieron en la tierra, y que cada cual continúa siendo de la forma que era.


La muerte no transforma nadie. Morir es despojarse de un traje y continuar siendo el mismo en otro estado más sutil. Por eso a continuación de éste capítulo del Evangelio, Allan Kardec nos recomienda orar por nuestros enemigos desencarnados y perdonarlos. Solo hay enemigos porque existen personas que se sienten perjudicadas. Quizá nuestra intención no haya sido mala, pero eso ha producido consecuencias negativas, y por eso sufren aquellos a los que hemos perjudicado. Por eso es preferible estar siempre abiertos para el amor. El amor ha sido el alma del mensaje de Jesús y la base sólida del espiritismo.

Divaldo Pereira Franco en Estocolmo 1999.

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