Presidenta: Solveig Nordström

Asociación sin ánimo de lucro. Inscrita en la Federación Espírita Española.

"Tendré siempre mis oídos abiertos para escuchar el llanto de alguien y mis ojos estarán observando para descubrir a los solitarios, escondidos en los pliegues de su manto de amargura" (Rabindranath Tagore)

28 de mayo de 2019

Ego y yo

 Divaldo Franco / Joanna de Ángelis


La batalla más difícil ocurre en tu mundo íntimo.
Nadie la ve, la aplaude o la censura.


Es tuya. Victoria, o derrota, pertenecerá a ti en silencio.


Ninguna ayuda exterior podrá contribuir para tu éxito, o coyuntura alguna te llevará al
fracaso.

Los enemigos y los amigos residen en tu casa interior y tú los conoces.


Te acompañan, desde hace mucho estás familiarizado con ellos, incluso cuando te obstinas por ignorarlos. Ellos te inducen a glorias y a caídas, a los actos heroicos y a las fugas espectaculares, irguiéndote a las estrellas o seduciéndote al carro de las ilusiones.

Son llevados, respectivamente, por tu Ego y por tu Yo.


El primero comanda las pasiones degradantes, generando el reinado del egoísmo ciego y
pretencioso que alucina y envilece. Es herencia primaria animal, a ser dirigido, porque
es el mayor adversario del Yo.


Este es tu individualidad cósmica, legatario del amor de Dios que te impele para las emociones del amor y de la liberación.


Sol interno, es llama en el humo del Ego, aguardando el momento de disiparse, a fin de brillar en plenitud.

El Ego combate e intenta asfixiar el Yo.


El Yo es el excelente liberador del Ego.

Bajo disfraces, que son sus estrategias de beligerancia criminosa, el Ego miente, calumnia, estimula la sensualidad, fomenta la ganancia, genera el odio, la envidia,trabaja por la insensatez.


Mostrado, el Yo ama, disculpa, renuncia, se humilla y sirve sin cesar.


Jamás regatea o disimula sus propósitos superiores.

El Ego amenaza la paz y estorba con las cosas vanas, en la búsqueda inestable de la dominación injusta.El Yo fomenta la armonía, y se despoja de los haberes, por saber que es señor de sí mismo y no poseedor de los adornos destituidos de valor real.

Cesar cultivaba el Ego y marchó para la sepultura bajo las honras que quedaron al margen, prosiguiendo a solas conforme vivía.


Jesús extendió el Yo divino con la que impregnó a la Humanidad y, al ser puesto en la cruz, despojado de todo, prosiguió, de brazos abiertos, acariciando a todos aquellos que aún lo buscan.


El Ego humano debe ceder su lugar al Yo cósmico, fuente inagotable de amor y de paz.


No ceses de luchar, ni temas la refriega.

FRANCO, Divaldo Pereira. Momentos de Meditación. Por el Espíritu Joanna de Ángelis. LEAL. Capítulo 4.

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