Presidenta: Solveig Nordström

Asociación sin ánimo de lucro. Inscrita en la Federación Espírita Española.

"Tendré siempre mis oídos abiertos para escuchar el llanto de alguien y mis ojos estarán observando para descubrir a los solitarios, escondidos en los pliegues de su manto de amargura" (Rabindranath Tagore)

4 de junio de 2019

La verdad liberadora

 Joanna de Ángelis

 Psicografiado por Divaldo Franco (Momentos de Salud)



La verdad divina penetra en mí y me transforma.

Al dejarme impregnar por ella me renuevo, de modo tal que las acusaciones que me hacen los frívolos y los malvados no me alcanzan, no me perturban.

Me permito seguir la senda de la liberación con entusiasmo y paz.

La verdad divina inunda mi conciencia. Pienso y actúo correctamente.


10. La verdad liberadora.



El mundo está repleto de verdades. Conceptos frágiles, filosofías extravagantes, ideas excéntricas; pensamientos sin estructura lógica que se presentan como verdades y son acogidos con entusiasmo.

Junto a esos y a otros más, extraños e incoherentes, pululan las verdades de cada uno, en aguerridas luchas de facciones, de clases, de corrientes que desean dominar.

La verdad, no obstante, se mantiene imperturbable por encima de las pasiones
disolventes, a la espera de brindarse a aquellos que aspiran a las concepciones elevadas y se entregan a la sensibilidad, al conocimiento, a la razón, para sumergirse en su contenido iluminativo.

Lo que aflige, apasiona y encadena, de la verdad ni siquiera posee la apariencia, porque esas expresiones solamente hieren al ser y lo inducen a paroxismos y alucinaciones.

La vedad libera, calma y dulcifica.

La unión del ser con sus contenidos se produce en un régimen de entrega y de paz. Se opera con lentitud, con seguridad y reflexión; y produce la transformación interior de aquel que se propuso conquistarla.

Lo que resuelves considerar – sin un análisis profundo – como verdad, en tal se
convierte.

Porque crees que es legítimo, se torna real.

Necesitas, entonces, someter tus creencias al tamiz de la razón, para verificar si resisten al escalpelo de la lógica, del sentido común.

Por eso, las críticas y amonestaciones que te hacen no deben perturbarte ni impulsarte a desequilibrios.

Antes que nada elabora tu programa de acción, disponte a ejecutarlo y, escuchado en el ideal que abrazas, sigue adelante.

No discutas con los dueños de la verdad del mundo tus planes y aspiraciones, de tu conducta íntima, porque ellos no están dispuestos a comprenderte y, menos aún, a ayudarte.

La mayoría son defensores apasionados por sus verdades transitorias, que no ceden porque todavía no están convencidos de ellas. Por eso se convierten en críticos severos, en vigías agresivos, en luchadores contundentes en contra de los otros.No les prestes atención.

Si dejas de considerar las opiniones contrarias a ti, las referencias alevosas y los comentarios ácidos pierden todo su sentido y no te alcanzarán jamás.

En cambio, si los valoras se convierten en verdades que te incomodan y perturban tu marcha, aunque tengas un destino que alcanzar.

La verdad proporciona equilibrio, estimula el orden y el respeto a las ideas de los demás.

Atiende tus compromisos sin preocuparte por aquello que los otros piensan acerca de ti, de tus acciones o de tu vida. Eres libre para actuar, así como te volverás esclavo de lo que hagas, pues habrás de cosechar conforme siembres. Lo demás no tiene importancia, excepto si prefieres valorarlo.

La verdad siempre regocija. Por consiguiente, déjate penetrar por su fuerza dominante y avanza tranquilo, amparado por ella.

Por Joanna de Ángelis / Psicografiado:Divaldo Franco del libro Momentos de Salud

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