Presidenta: Solveig Nordström

Asociación sin ánimo de lucro. Inscrita en la Federación Espírita Española.

"Tendré siempre mis oídos abiertos para escuchar el llanto de alguien y mis ojos estarán observando para descubrir a los solitarios, escondidos en los pliegues de su manto de amargura" (Rabindranath Tagore)

9 de agosto de 2019

Divulgación y Práctica Mediúmnica


FERNÁNDEZ COLAVIDA (II)

DIVULGACIÓN DEL ESPIRITISMO Y PRÁCTICA MEDIÚMNICA 

(Síntesis por MariEmi Alonso)


Paralelamente al contexto de libertad en España, ocurrió, en París, el 31 de marzo de 1869, la desencarnación de Allan Kardec, fundador y director de la Revue Spírite Journal de Estudes Psychologiques, el más importante periódico del movimiento espírita mundial.
La Revue Spírite seguirá siendo editada por los sucesores de Allan Kardec. Fernández Colavida sintió la necesidad de publicar en Barcelona, un periódico mensual. Así en mayo de 1869, lanzó la Revista Espírita Periódico de Estudios Psicológicos en febrero de 1876. Se llamó “Revista de Estudios Psicológicos”. En ese mismo año, el primero de julio, el obispo de Barcelona Joaquín Lluch y Garriga divulgó una circular por medio de la cual declaró prohibida la Revista de Estudios Psicológicos.

Ante esa nueva persecución, José María Fernández Colavida, perseveró en sus tareas espíritas y resaltó: “NO PROFESAMOS ODIO A NADIE, NI SIQUERA A LOS QUE NOS ODIAN Y PERSIGUEN POR NUESTRAS CREENCIAS”.
El Periódico El Buen Sentido- del Círculo Cristiano-Espírita de Lérida, por ejemplo, reprodujo el texto de José María Fernández Colavida, mientras que el líder espírita Alicantino Manuel Ansó y Monzó así se expresó en el periódico La Revelación:
Nosotros a la vez que felicitamos a la Revista de estudios psicológicos de Barcelona por el Fausto acontecimiento de hoy, le aconsejamos que aumente, en cien ejemplares por lo menos, la tirada de sus números sucesivos, ya que del robusto y contraproducente argumento con que el señor obispo pretende combatir el espiritismo, ha de ver aumentado en aquella cantidad el número de sus suscriptores. Esta santa filosofía señor obispo, tienes sus raíces implantadas en el cielo, y no se la mata quemando libros ni aún quemando a los espíritas, pues sería absolutamente imposible llevar a las llamas a los seres de ultratumba, a los mismos espíritus,sus principales autores”.

PRÁCTICA MEDIÚMNICA

En Barcelona región, residía una señora llamada Rosé que, pocos días después de casarse en 1850, pasó a sufrir ataques espasmódicos frecuentes. Durante esas crisis, que duraban tres o cuatro horas, la Señora Rosé tenía comportamientos extravagantes y, para contenerla, eran necesarias, al menos, tres personas.
Médicos fueron consultados y le diagnosticaron enfermedad nerviosa, otros, locura. A pesar de los tratamientos médicos realizados, las crisis no cesaban; pensando que los exorcismos la quitarían demonios, tampoco tuvieron éxito.
Durante catorce años pasó a recibir tratamientos magnéticos de un amigo espírita de José María Fernández Colavida. Ese tratamiento atenúa los síntomas, pero no elimina la causa del problema.
Fernández Colavida se ofreció a ayudarla y llegó a la conclusión de que la crisis se debía a una grave obsesión espiritual. Con profundo sentimiento de caridad, se puso a tratar el caso en el grupo mediúmnico que dirigía. El espíritu obsesor pasó a manifestarse por un médium del grupo. Fernández Colavida dialogaba pacientemente con el Espíritu, que, al principio, era muy agresivo. En su tercera manifestación, el Espíritu contó que atormentaba a la señora Rosé por resentimiento y deseo de venganza para que ella le pagara “una vieja deuda”.
Al cabo de dos meses de oraciones, pases a la enferma y diálogos periódicos, el Espíritu se dio cuenta de que al practicar el mal, sufría mucho. Con la ayuda de Buenos Espíritus, Fernández Colavida y los demás miembros del grupo espírita, decidió cambiar de actitud, desistiendo de perseguir a la Sra. Rosé. Los ataques espasmódicos cesaron y finalmente la Sra. Rosé pudo dedicarse a su familia y vivir en armonía, mientras que el Espíritu, arrepentido, pasó a ayudarla por medio de buenos consejos.
La cura de la Sra. Rosé pasaría en silencio, como deben haber pasado otras muchas cosas en las que colaboró Fernández Colavida, puesto que él siempre practicaba la caridad, sin el mínimo deseo de ostentación. Sin embargo, en 1865, el espírita francés Alexandre Delanne, que solía aprovechar sus viajes de negocios para mantener contacto con espíritas de otras localidades y divulgar el Espiritismo, visitó Barcelona y acabó tomando conocimiento del caso.
Alexander Delanne le contó a su gran amigo Allan Kardec la cura de la Sra. Rosé, resaltando su satisfacción por haber constatado que, en Barcelona, del mismo modo que en Francia, la Doctrina Espírita se propagaba y los adeptos eran dedicados y fervorosos. Allan Kardec, que ya conocía bien la excelencia del trabajo espírita de Fernández Colavida, no vaciló en publicar, en la Revue Spírite, su reconocimiento.
El Sr. Delanne dice que para cumplir solamente con valor y perseverancia, fe y caridad pueden dar. Que los hermanos de Barcelona reciban el testimonio de la fraternal simpatía de la Sociedad de París.
A pedido de Alexander Delanne, Fernández Colavida le envió a Allan Kardec una carta con informaciones detalladas sobre el proceso de cura de la Sra. Rosé. Sin embargo, antes de narrarlos, aclaró, con humildad:
-”Trabajábamos en silencio, sin querer atribuirnos ningún mérito, sin embargo, el relato de esa cura serviría, sin duda, de estímulo a otros creyentes que, como nosotros, se consagran a esa obra de caridad, por lo que no vacilamos en enviárselo.”
El Sr. Colavida enfatizó sobre el trabajo de la Espiritualidad Superior y la contribución que la propia enferma había dado a su recuperación por medio de su fe, su fervor, su confianza en Dios y su transformación moral.
Allan Kardec, aprovechó el ejemplo de ese trabajo mediúmnico para extraer una enseñanza general sobre la relación entre la práctica mediúmnica y la divulgación del Espiritismo.
Decía que Fdez. Colavida y los miembros del Grupo Espírita de Barcelona comprendían el Espiritismo en su pureza y, por lo tanto, renunciaban a todo amor propio. No se exhibían ni buscaban glorias. Hacían el bien sin ostentación, sin vanagloriarse de las curas que obtenían. Encontraban recompensas en la satisfacción de haber aliviado a una persona afligida, no en la aprobación de los hombres. De ese modo, se granjeaban el apoyo de los buenos Espíritus, que jamás tienen afinidad con personas orgullosas.
El Codificador observó que, además de constituir un ejemplo de humildad, de abnegación, de completo desinterés material y moral, la cura producida en Barcelona fue una excelente lección práctica que muestra los resultados a los cuales se puede llegar por medio de la fe, de la perseverancia y de una sabia e inteligente dirección de los trabajos de un grupo espírita.
Tomando como ejemplo, una vez más, al grupo espírita dirigido por Fernádez Colavida, Allan Kardec resaltó:
--”Son centros verdaderamente serios donde se hacen más adeptos sinceros, porque los asistentes son tocados por la buena impresión que reciben, mientras que, en los centros ligeros y frívolos, las personas son atraídas solamente por curiosidad, que no siempre se satisface. Comprenden el verdadero objetivo de la Doctrina, que es emplearla únicamente para hacer el bien tanto a los desencarnados como a los encarnados; eso es poco divertido para ciertas personas, se debe admitir, pero es más meritorio para aquellos que a ello se dedican. Estamos felices de ver que se multiplican los centros que se entregan a esos trabajos útiles; allí, las personas se instituyen ayudando a los demás, y los temas de estudio no les afectan. Esos (centros) son los más sólidos, sustentáculos de la Doctrina”.
La divulgación espírita comprende actividades, visibles al público, también las labores más discretas, en general ignoradas por la humanidad, pero siempre conocidas por Dios.
Fernández Colavida dejó al movimiento espírita orientaciones importantes para la prevención de los escollos en el ejercicio de la mediumnidad y, por consiguiente, en la divulgación del Espiritismo. Entre esas orientaciones, se destaca la imperiosa necesidad de la transformación moral de los dirigentes y médiums así como del estudio serio de las obras de Allan Kardec, especialmente de El libro de los médiums:
- “La Mediumnidad tiene sus escollos inevitables, si falta el método y la buena dirección y sobra el orgullo, la vanidad y sobre todo la excesiva curiosidad y ligereza que tanto abunda en la mayor parte de los centros.
Además del estudio profundo que necesita nuestra sublime filosofía, el que por cualquier causa se vea en la necesidad de dirigir uno o más médiums y evocadores, pues de otro modo no es fácil sustentarse a las perniciosas influencias de Espíritus sofisticadores, que engalanados con nombres ilustres, se hacen aceptar como buenos, obsesando a los médiums y a los centros, para aceptar teorías absurdas.
El Espíritu acredita su procedencia más por el fondo que por la forma, no se impone nunca; es siempre oportuno, raras veces obliga a los médiums a ejercer su facultad distrayéndoles de sus deberes y obligaciones terrestres, sin una necesidad muy precisa y saludable”.
Es necesario tener el criterio de la razón y de la lógica de los que necesitamos tantos años para formar un cuerpo de doctrina, alejarse del orgullo y la vanidad ó sucumbir a las influencias de Espíritus sofisticadores. Reparamos en todo para demostrar una vez más que, sin un estudio detenido, tanto los médiums como los evocadores se exponen a sufrir desengaños y consecuencias nada agradables”.
Fdez. Colavida alerta sobre las características de un centro “un semillero de obsesiones” que son graves perjuicios para la divulgación del Espiritismo y recomendaba la transformación moral y del estudio de la Doctrina Espírita, la unión de los espíritas, en lugar del aislamiento, para evitar los desvíos doctrinarios:
--”Hay centros y reuniones en que se da la curiosidad más que el verdadero estudio, más la ligereza que la formalidad y más la pretensión y banalidad que el don de mediumnidad o el propósito de instruirse estudiándolo todo, escudriñándolo todo y comprobándolo todo. A esos centros se les llama “semilleros de obsesión” –falsos profetas del Espiritismo. Por lo general en ellos se aprende poco ó nada. Los hipócritas contradictores del Espiritismo, que se introducen en los centros más ligeros que estudiosos”.
El Espiritismo ha enseñado a distinguir los unos de los otros, ha dado la voz de alerta contra los otros, los falsos cristos y falsos profetas de la erraticidad, ignorados hasta nuestros tiempos, verdaderos demonios que al dejar la carne, llevan consigo los defectos del alma y en su estado errante continúan aferrados a sus pasiones, siendo tiranos, déspotas, hipócritas y viciosos como cuando estaban encarnados en la materia. Son los llamados malos genios, que aprovechándose de la ligereza de los médiums ó de la inexistencia de sus directores, provocan escenas groseras y prácticas absurdas para hacer caer en ridículo al Espiritismo.
Muchos debemos al Estudio y perseverancia del maestro Kardec, así es que no nos cansaremos nunca de repartir sus instrucciones y he aquí lo que dice, con respecto a éste asunto, el infatigable apóstol del Espiritismo:
–“Uno de los caracteres distintivos de éstos Espíritus, que quieren imponerse y hacer aceptar sus ideas extravagantes y sistemáticas, es pretender, aún siendo ellos solos de su opinión, tener razón contra todo el mundo. Su táctica es evitar la discusión y cuando se ven combatidos victoriosamente por las armas irresistibles de la lógica, rehúsan desdeñosamente responder y prescriben a sus médiums que se alejen de los centros en que son acogidas sus ideas. Este aislamiento es muy fatal para los médiums: parece que sufren sin poderlo evitar, el yugo de estos Espíritus obsesores, que les conducen como ciegos y les llevan a menudo por caminos perniciosos-.”
El número de estos Espíritus irá desapareciendo a medida que los hombres sean más estudiosos que curiosos, y los incorregibles que se complacen sugestionándose a su influencia quedarán solos; porque las personas sencillas y de buena fe conocerán sus farsas y querrán ir a centros más formales en donde estudio y buena senda les den buenos resultados.
Los Espíritas formales deben estar interesados. El Espiritismo no admite farsas de ninguna clase, no tiene pontífices ni sacerdotes y no creeremos nunca con los que aparentan humildad para ser tenidos en olor de santidad, por más que nos muestren fenómenos que no arguyen bondad ni privilegios. Los espíritas formales deben estar interesados en que desaparezcan los abusos de los unos y la ignorancia de los otros y a esto deben encaminarse todos sus esfuerzos.
Los que se crean que pueden andar por sus propios caminos, sin el apoyo de la Ciencia Espírita hija de la experiencia y de grandes estudios, volved a vuestro punto de partida, mostrad que sois verdaderamente humildes, leed, estudiad, y aprended si queréis ser maestros, no aumentéis las víctimas de vuestro fanatismo, consultad con nuestros hermanos, y no olvidéis que en Espiritismo, como en todo, la enseñanza es mutua y simultánea.
Si creéis en todo, la enseñanza Espíritus, sin tomaros las molestia de inquirir y saber si viene de Dios ¿no estaréis expuestos a los mismos errores que los que levantaron altares a los ídolos y a los que tenían charlatanes por profetas?...
No os aisléis; tened presente que el Espiritismo ha venido a unir a la humanidad en una sola familia, con unos mismos sentimientos, con unas aspiraciones, bajo las mágicas palabras de Fraternidad Universal, que es uno de sus lemas. Si creéis que podéis enseñarnos mucho os escucharemos con recogimiento; si consideráis que las lecciones que nosotros recibimos pueden servir para vosotros, aprovecharlas sin ninguna clase de prevención, y hacednos ver los errores en que fácilmente podemos incurrir e indudablemente incurrimos por nuestro atraso.
José María Fdez. Colavida comentaba que al observar los desvíos doctrinarios que son perjudiciales no sólo para la divulgación del Espiritismo, sino también para las propias personas que los practican y exhortaba a que los dirigentes y médiums estudiarán las obras de Allan Kardec y realizarán un autoanálisis para constatar si lo que hacen está, de hecho, de acuerdo con las enseñanzas de esas obras:
Se nos ha hablado y con mucha insistencia de ciertos grupos de determinadas localidades y hasta algunos de Barcelona, que además de practicar en sus sesiones actos pueriles y hasta ridículos, patrocinan las más absurdas teorías, sin tener en cuenta que con esto no hacen más que alejar del Espiritismo a muchas personas de buen sentido que a él vendrían más pronto.
Perjudicándose también a sí mismos, pues siempre se perjudica el que se empeña en obcecarse en cualquier terreno que sea.
No queremos entrar hoy en detalles, y nos limitamos a suplicar a todos los que forman parte de esos círculos, que lean atentamente el Libro de los Médiums en particular, sin olvidar el de los Espíritus, y vean si lo que en ellos se dice está conforme con lo que hacen y creen.
José María Fernández Colavida enfatizaba también que las orientaciones recibidas de terceros deben ser puestas en práctica solamente después de haberse comprobado que están de acuerdo con las obras de Allan Kardec.
A todos nuestros/as hermanos/as, espíritas sinceros/as y de buena fe, les rogamos encarecidamente no den oídos a aquellos que consciente o inconscientemente las inclinan a admitir todas esas prácticas que empañan la doctrina espírita, porque o ellos mismos empañan y trabajan con siniestras miras, o son instrumentos inconscientes de influencias perversas.
Apartan al Espiritismo de su hermosa vía; vean que en el Espiritismo no hay fórmulas ni ceremonias de ninguna clase, y por consiguiente que no es de su incumbencia, todo eso, que en su nombre se hace.
Según demuestra el ejemplo de Don José María Fernández Colavida, la práctica mediúmnica solamente contribuye a la divulgación del espiritismo si es realizada con plena fidelidad a las enseñanzas espíritas.
En reuniones abiertas al público las prácticas mediúmnicas no respaldadas en enseñanzas espíritas o los fenómenos atribuidos a ellas no ayudan; según afirmó Allan Kardec “(…) nunca se ofrecerá en un espectáculo, ni se presentará jamás en los escenarios.”




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