Presidenta: Solveig Nordström

Asociación sin ánimo de lucro. Inscrita en la Federación Espírita Española.

"Tendré siempre mis oídos abiertos para escuchar el llanto de alguien y mis ojos estarán observando para descubrir a los solitarios, escondidos en los pliegues de su manto de amargura" (Rabindranath Tagore)

3 de febrero de 2020

SUICIDIO

VISIÓN ESPÍRITA DEL SUICIDIO


Hay varias causas que conducen al ser humano al suicidio, todas indicativas de la ignorancia de cómo funciona la Justicia y la Misericordia Divina.

Materialismo severo, soledad, depresión,
enfermedades incurables, violencia, y
maltratos, abusos de todo tipo, la pobreza extrema, el fanatismo religioso, negligencia y abandono de la familia, pérdidas afectivas, alcoholismo, drogadicción, trastornos mentales, desesperanza, obsesión de espíritus.

EL SUICIDIO - UNA SOLUCIÓN INSOLUBLE

Manoel Philomeno de Miranda Psicografiado por Divaldo Franco


El suicidio es un mal terrible que se incrementa en la humanidad y que es necesario trabajar para esclarecer sobre sus consecuencias.

Esta rigidez mental que se resuelve por la solución trágica es una enfermedad compleja.

Concienciación de las criaturas al respecto sobre las consecuencias del acto en la otra vida, el dolor que lacra a los miembros de la familia y el del ultraje a las Leyes Divinas, es un método saludable para reducir la incidencia de esa solución insalvable.

Dialogar con amabilidad y paciencia con las personas que son propensas al suicidio; sugerirles que se den un poco más de tiempo, mientras que el problema cambia de configuración; evitar ofrecer bases ilusorias a las esperanzas fugaces de reducir el tiempo de vida; estimular la recuperación personal; encender una luz en el túnel de la desesperación, entre otros recursos, constituyen la terapia preventiva que se fortalecerá junto con la práctica de la oración, de las lecturas espirituales, con los pases y en el uso del agua fluidificada.

El que intenta suicidarse y no lo consigue es un candidato natural para una recaída, que culmina cuando se le presenta el móvil desencadenador del deseo.

El suicidio es el vestigio más grosero de la fragilidad humana, que vincula al hombre con el primarismo del que se ha de liberar.

El hombre es, de hecho, la mayor realización del pensamiento divino en la Tierra que camina hacia la gloria total mediante las luchas y los sacrificios del día a día.





  Suicidio según "EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS"


Hastío de la vida. Suicidio


943. ¿A qué se debe el hastío de la vida que se apodera de algunos 
individuos, sin motivos plausibles?

Efecto de la ociosidad, de la falta de fe y, a menudo, de la saciedad. ”Para el que ejerce sus facultades con un objetivo útil y conforme a sus aptitudes naturales, el trabajo no tiene nada de árido y la vida transcurre más rápidamente. Soporta las vicisitudes con mayor paciencia y resignación, a medida que obra con miras a la felicidad más sólida y duradera que lo aguarda.”

944. El hombre, ¿tiene derecho a disponer de su propia vida?

No; sólo Dios tiene ese derecho. El suicidio voluntario es una transgresión de esa ley.”

[944a] – El suicidio, ¿no es siempre voluntario?

El loco que se mata no sabe lo que hace.”


946. ¿Qué pensar del suicidio cuyo objetivo es escapar de las miserias y de las decepciones de este mundo?

¡Pobres Espíritus, que no tienen valor para soportar las miserias de la existencia! 

Dios ayuda a los que sufren, pero no a los que no tienen fuerza ni valor. Las tribulaciones de la vida son pruebas o expiaciones. ¡Dichosos los que las soportan sin quejarse, pues serán recompensados! ¡Desgraciados, en cambio, los que esperan su salvación de lo que, en su impiedad, llaman acaso o fortuna! El acaso o la fortuna, para servirme de su lenguaje, pueden, en efecto, favorecerlos por un instante, pero para hacerles sentir más tarde y con mayor crueldad el vacío de esas palabras.”


[946a] – Los que han inducido al desdichado a ese acto de desesperación, ¿sufrirán las consecuencias?

¡Oh! ¡Desdichados! Tendrán que dar cuenta de eso como si se tratara de un asesinato.”


947. El hombre que se enfrenta con la necesidad y se deja morir de desesperación, ¿puede ser considerado un suicida?

Es un suicida, pero los que causaron esa situación, o que podrían haberla remediado, son más culpables que él. A él lo espera la indulgencia. Con todo, no creáis que será absuelto por completo si careció de firmeza y de perseverancia, y si no se valió de su inteligencia para salir del atolladero. ¡Desdichado! ¡Sobre todo, si su desesperación nace del orgullo! Quiero decir, si es uno de esos hombres en quienes el orgullo paraliza los recursos de la inteligencia, que se ruborizarían de deber su existencia al trabajo de sus manos, y que prefieren morirse de hambre antes de renunciar a lo que ellos llaman su posición social. 

¿Acaso no hay cien veces más grandeza y dignidad en luchar contra la adversidad, en desafiar a la crítica de un mundo fútil y egoísta, que sólo demuestra buena voluntad con aquellos que no carecen de nada, pero os da la espalda tan pronto como necesitáis de él? Sacrificar la propia vida por la estima de ese mundo es una estupidez, puesto que en él no se la tiene en cuenta en absoluto.”

948.El suicidio cuyo objetivo reside en escapar de la vergüenza de una mala acción, ¿es tan reprensible como el causado por la desesperación?

“El suicidio no borra la falta. Quien incurre en él, suma otra falta a la anterior. Cuando se tuvo valor para hacer el mal, también se lo debe tener para sufrir sus consecuencias. Dios juzga, y a veces, según la causa, puede atenuar el rigor de su justicia.”



949.El suicidio, ¿es excusable cuando el objetivo de quien lo comete es impedir que la vergüenza recaiga sobre los hijos o la familia?

“Quien actúa de ese modo no hace bien. Con todo, como cree lo contrario, Dios se lo toma en cuenta, pues se trata de una expiación que el suicida se impone a sí mismo. La intención atenúa la falta, pero no por eso deja de haber falta. Por otra parte, cuando hayáis abolido los abusos de vuestra sociedad y vuestros prejuicios, ya no tendréis esa clase de suicidios.”

El que se quita la vida para evitarse la vergüenza de una mala acción, prueba que tiene más aprecio por la estima de los hombres que por la de Dios, pues habrá de ingresar en la vida espiritual cargado con sus inquietudes. Además, se ha privado de los medios de rescatarlas durante la vida. Dios suele ser menos inexorable que los hombres.

Perdona el arrepentimiento sincero y toma en cuenta la reparación. El suicidio no repara nada.


950.¿Qué pensar del que se quita la vida con la esperanza de llegar más pronto a una vida mejor?

“¡Otra locura! Que haga el bien y estará más seguro de alcanzarla. El suicida retrasa su entrada en un mundo mejor, y él mismo pedirá volver para concluir esa vida que interrumpió debido a una idea falsa. Una falta, sea cual fuere, nunca abre el santuario de los elegidos.”


951.El sacrificio de la propia vida, ¿no es meritorio, a veces, cuando su 
objetivo es salvar la vida del prójimo o ser útil a los semejantes?

“Eso es sublime, según la intención, y en ese caso el sacrificio de la propia vida no es suicidio. Sin embargo, Dios se opone a un sacrificio inútil, y no puede verlo con agrado cuando lo empaña el orgullo. Un sacrificio sólo es meritorio por el desinterés, y el que lo lleva a cabo tiene, a veces, una segunda intención que disminuye su valor ante Dios.”

Todo sacrificio hecho a expensas de la propia felicidad es un acto altamente meritorio ante Dios, porque consiste en la práctica de la ley de caridad. Ahora bien, dado que la vida es el bien terrenal que más aprecia el hombre, el que renuncia a ella por el bien de sus semejantes no comete un atentado, sino que lleva a cabo un sacrificio.

No obstante, antes de hacerlo, debe reflexionar acerca de si su vida no podría ser más útil que su muerte.


952.El hombre que perece víctima del abuso de pasiones que sabe que habrán de apresurar su fin, pero a las que ya no puede resistir porque el hábito las ha convertido en verdaderas necesidades físicas, ¿comete un suicidio?

“Se trata de un suicidio moral. ¿No comprendéis que en ese caso el hombre es doblemente culpable? En él hay falta de valor y bestialidad. Además, hay olvido de Dios.”

[952a] – ¿Es más culpable que el que se quita la vida por desesperación?

“Es más culpable, pues ha tenido tiempo de razonar su suicidio. En el que lo comete instantáneamente hay, a veces, una especie de extravío que se parece a la locura. El otro será castigado mucho más, porque las penas siempre son proporcionales a la conciencia que se tiene de las faltas cometidas.”

Cuando una persona ve que le aguarda una muerte inevitable y terrible, ¿es culpable de abreviar unos instantes sus padecimientos mediante una muerte voluntaria?

“Siempre se es culpable de no aguardar el término que Dios ha fijado. Por otra parte, ¿se está seguro de que ese término ha llegado, a pesar de las apariencias? ¿No se podría recibir un auxilio inesperado en el último momento?”



[953a] – Se entiende que en circunstancias ordinarias el suicidio sea reprensible, pero supongamos un caso en que la muerte sea inevitable y la vida se abrevie sólo unos instantes.

“Siempre es falta de resignación y de sumisión a la voluntad del Creador.”


[953b] – En ese caso, ¿cuáles son las consecuencias de esa acción?
“Una expiación proporcional a la gravedad de la falta, según las circunstancias, como siempre.”

954.Una imprudencia que comprometa la vida sin necesidad, ¿es
reprensible?

“No hay culpabilidad cuando no hay intención o conciencia positiva de hacer el mal.”


955.Las mujeres que, en algunos países, se arrojan voluntariamente sobre las piras donde arden los cadáveres de sus maridos, ¿pueden ser consideradas suicidas? Además, ¿sufren las consecuencias de esa acción?

Obedecen a un prejuicio, y suelen hacerlo más por la fuerza que por su propia voluntad. Creen que cumplen un deber, y esa no es la característica del suicidio.

 Su excusa radica en la nulidad moral de la mayoría de ellas, así como en su ignorancia. Esas costumbres bárbaras y estúpidas desaparecen ante la civilización.”

956. Aquellos que, dado que no pueden soportar la pérdida de los seres queridos, se quitan la vida con la esperanza de ir a su encuentro, ¿alcanzan su objetivo?

Para ellos, el resultado es muy diferente del que esperan. En lugar de reunirse con el objeto de su afecto, se alejan de él por mucho más tiempo, pues Dios no puede recom
pensar un acto de cobardía, ni el insulto que se le dirige al dudar de su providencia. Pagarán ese instante de locura con penas más graves que las que creen abreviar; y no tendrán, para compensarlas, la satisfacción que esperaban.” 


957. ¿Cuáles son, en general, las consecuencias del suicidio para el estado del Espíritu?

Las consecuencias del suicidio son muy diversas. No hay penas fijas y, en todos los casos, siempre son relativas a las causas que lo ocasionaron. Con todo, una consecuencia de la que el suicida no puede escaparse es la contrariedad. Por lo demás, la suerte no es la misma para todos, sino que depende de las circunstancias. Algunos expían su falta de inmediato; otros lo hacen en una nueva existencia, que será peor que aquella cuyo curso interrumpieron.”

La observación muestra, en efecto, que las consecuencias del suicidio no siempre son las mismas. No obstante, las hay que son comunes a todos los casos de muerte violenta y resultan de la interrupción brusca de la vida. 

Se trata, en primer lugar, de la persistencia más prolongada y tenaz del lazo que une el Espíritu al cuerpo, dado que ese lazo casi siempre posee toda su fuerza en el momento en que se quiebra; mientras que en la muerte natural se debilita gradualmente y suele estar desatado antes de que la vida se extinga por completo. Las consecuencias de ese estado de cosas son la prolongación de la turbación espírita y, luego, la ilusión que durante un tiempo más o menos prolongado induce al Espíritu a creer que aún forma parte de los vivos.


La afinidad que persiste entre el Espíritu y el cuerpo produce, en algunos suicidas, una especie de repercusión del estado del cuerpo en el Espíritu.


Así, el Espíritu siente, a pesar suyo, los efectos de la descomposición, y experimenta una sensación llena de angustia y de horror. Ese estado puede persistir tanto tiempo como debería haber durado la vida que esos suicidas interrumpieron. Dicho efecto no es general. Con todo, en ningún caso el suicida se libra de las consecuencias de su falta de valor, y tarde o temprano expía su falta de un modo u otro. 

Así, algunos Espíritus, que han sido muy desdichados en la Tierra, dijeron que se habían suicidado en la existencia anterior y que voluntariamente se sometieron a nuevas pruebas para intentar soportarlas con mayor resignación. En algunos, la prueba consiste en una especie de apego a la materia, de la que en vano tratan de desembarazarse para volar hacia mundos mejores, pero en los que el acceso les está vedado. En la mayoría, es el pesar de haber hecho algo inútil, puesto que con eso sólo experimentan decepción.


La religión, la moral, todas las filosofías condenan el suicidio como contrario a la ley natural. Todas nos dicen, en principio, que nadie tiene el derecho de abreviar voluntariamente su propia vida. Pero ¿por qué no tenemos ese derecho? ¿Por qué no somos libres de poner término a nuestros padecimientos? Estaba reservado al espiritismo demostrar, con el ejemplo de los que sucumbieron, que el suicidio no sólo es una falta entendida como infracción a una ley moral, consideración de poco peso para algunos individuos, sino también un acto estúpido, puesto que con él no se gana nada, sino todo lo contrario. El espiritismo no nos enseña esto en teoría, sino con los hechos que presenta ante nuestros ojos.


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