En el instante de la muerte o desencarnación, el Espíritu regresa al mundo de los Espíritus que había dejado momentáneamente. (9)
La individualidad del desencarnado se mantiene gracias a su periespíritu que conserva los rasgos y apariencia característicos de sí mismo y aprende a relacionarse con otros desencarnados. (10)
La muerte es un fenómeno natural, por lo general la persona lo que se lleva es el recuerdo y el deseo de ir a un mundo mejor, recuerdo éste lleno de dulzura o de amargura, según cómo haya utilizado su vida. Cuanto más pura es el alma, mejor comprenderá la futilidad de lo que deja en la Tierra.
- Individualidad
del Espíritu después de la desencarnación
Existen interpretaciones filosóficas y religiosas que defienden la hipótesis de que después de la desencarnación el Espíritu pierde su individualidad y se incorpora al todo universal, como así llaman algunos a Dios, y otros, al “Alma Universal”. El Espiritismo se manifiesta de esta manera respecto de este tema: ¿El conjunto de los Espíritus no forma un todo? ¿No constituye un mundo completo? Cuando estás en una asamblea, eres parte integrante de ella, no obstante, conservas siempre tu individualidad.
Los que piensan que mediante la muerte el alma reingresa al todo universal, suponen, que a semejanza de la gota de agua que cae en el Océano, pierde su individualidad; tienen razón, si entienden como todo universal al conjunto de seres incorpóreos, conjunto del cual cada alma o Espíritu es un elemento. Si las almas se confundieran en una amalgama, sólo tendrían las cualidades del conjunto, no se distinguirían unas de otras. Carecerían de inteligencia y de cualidades personales, mientras que por el contrario, en todas las comunicaciones (mediúmnicas) demuestran tener conciencia de su yo y voluntad propia.
Si después de la muerte sólo existiera lo que se llama el gran Todo que absorbiera las individualidades, ese Todo sería uniforme, y, por lo tanto, las comunicaciones que se recibieran del mundo invisible serían idénticas. Pero, desde el momento en que nos encontramos en ese mundo invisible con seres buenos y malos, sabios e ignorantes, felices o desdichados; que los hay de todos los caracteres: alegres y tristes, frívolos y reflexivos, etc. es evidente que son seres diferentes.
La individualidad se torna más evidente aún, cuando esos seres prueban su identidad mediante demostraciones indiscutibles, con particularidades individuales respecto de sus vidas terrestres, que se pueden verificar. Tampoco se puede dudar cuando se presentan en forma visible en las apariciones. Se nos había enseñado teóricamente la individualidad del alma como un artículo de fe. El Espiritismo la torna evidente y, en cierto modo, material.
- Separación del
alma del cuerpo en la desencarnación
En general, la separación del alma del cuerpo no es dolorosa. Casi siempre el cuerpo sufre más durante la vida que en el momento de la muerte; el alma no participa de ese momento. Los sufrimientos que se sienten algunas veces en el instante de la muerte son un gozo para el Espíritu, que ve llegar el término de su exilio.
Es importante tener en cuenta, que como la muerte es un fenómeno biológico natural que se produce por el agotamiento general del sistema, el alma se libera del cuerpo.
Por ser exclusivamente material, el cuerpo sufre las vicisitudes de la materia. Después de funcionar durante algún tiempo, se desorganiza y se descompone. Cuando el principio vital (que animaba los órganos del cuerpo), no encuentra más elemento para su actividad, se extingue, y el cuerpo muere. Éste, carente de vida, se torna inútil, y el Espíritu lo deja, como se deja una casa en ruinas o una ropa en desuso. (1)
El fenómeno de la desencarnación es lo opuesto al de la encarnación. Así, cuando el Espíritu tiene que encarnar en un cuerpo humano en vías de formación, un lazo fluídico, que no es más que una extensión de su periespíritu, lo une al germen que lo atrae irresistiblemente desde el momento de la concepción. Bajo la influencia del principio vital material del germen, el periespíritu, que posee ciertas propiedades de la materia, se une molécula a molécula al cuerpo que se está formando. De ese modo, se puede decir que el Espíritu, por intermedio de su periespíritu, se enraíza de alguna manera en ese germen, como una planta en la tierra.
Por efecto contrario, cuando el principio vital deja de actuar debido a la desorganización del cuerpo, cesa la unión del periespíritu con la materia carnal que se efectuara bajo la influencia del principio vital del germen. Antes esa unión era mantenida por una fuerza actuante, pero se deshace en cuanto esa fuerza deja de actuar. El periespíritu entonces se desprende, molécula a molécula, según se uniera, y el Espíritu recobra la libertad. De ese modo, no es la partida del Espíritu lo que causa la muerte del cuerpo, sino que ésta determina la partida del Espíritu. De esa forma, durante la reencarnación, el Espíritu está unido al cuerpo mediante su envoltura semimaterial o periespíritu. La muerte es solamente la destrucción del cuerpo, no la de la envoltura que se separa del cuerpo cuando cesa en éste la vida orgánica.
APRENDIZAJE PARA
LA MUERTE *
Preocupado por la supervivencia después de la sepultura preguntas, atemorizado, cómo se puede realizar el aprendizaje de un hombre para afrontar las sorpresas de la muerte. La indagación es curiosa y da realmente qué pensar. Con todo, créeme que, por el momento, no es muy fácil preparar técnicamente a un compañero ante esa peregrinación infalible. Los turistas que proceden de Asia o de Europa prepararon futuros viajeros con eficacia, porque no les faltaron los términos analógicos necesarios. Pero nosotros, los desencarnados, tropezamos con obstáculos casi insalvables.
En rigor de verdad, la Religión debería orientar las realizaciones del espíritu así como la Ciencia dirige todo lo que concierne a la vida material. Entre tanto, la Religión, hasta cierto punto, permanece sometida a la superficialidad del sacerdocio, sin alcanzar la profundidad del alma. Es importante tener en cuenta también, que tu consulta, en vez de ser enviada a los grandes teólogos de la Tierra que hoy habitan en la Espiritualidad, fue dirigida justamente a mí, pobre comunicador de noticias sin méritos para tratar semejante indagación. A pesar de que me encuentro nuevamente aquí desde hace casi veinte años, siento aún el asombro de un indígena que fuera traído repentinamente de la selva del Mato Grosso hacia alguna de nuestras Universidades, con la obligación de inscribirse, inopinadamente, en los más elevados estudios y en las más complicadas disciplinas. Debido a eso, no puedo dirigirme sino a mi propio punto de vista, con las deficiencias del salvaje sorprendido ante la corona de la Civilización.
Preliminarmente, admito que debo referirme a nuestros antiguos malos hábitos. La cristalización de ellos, aquí, es una plaga que influye cruelmente. Comienza a renovar tus costumbres por el plato de cada día. Disminuye gradualmente el placer de comer la carne de los animales. El cementerio en la barriga es un tormento después de la gran transición. El lomo de cerdo o el bife de ternera condimentados con sal y pimienta, no nos alejan mucho de nuestros antepasados los tamoios y los ciapós, que se devoraban unos a otros. Los estimulantes ingeridos en abundancia, son otra peligrosa obsesión. He visto a muchas almas de origen aparentemente primorosa dispuestas a cambiar el cielo por un aristocrático whisky o por la cachaça brasileña. Cuanto te sea posible, evita los abusos en el fumar. Infunde mucha pena la angustia de los desencarnados amantes de la nicotina.
No te rindas a la tentación de los narcóticos. Por aflictivas que te parezcan las crisis de la estadía en el cuerpo, soporta firme los golpes de la lucha. Las víctimas de la cocaína, de la morfina y de los barbitúricos se detienen largo tiempo en la celda oscura de la sed y de la inercia.
¿Y el sexo? Ten mucho cuidado en la preservación de tu equilibrio emotivo. Aquí tenemos mucha gente que lleva consigo el infierno con el rótulo de “amor”.
Si tienes algún dinero o algún bien terrestre, no postergues su donación en caso de que realmente estés dispuesto a hacerlo. Grandes hombres que admirábamos en el mundo por su habilidad y por su poder de concretar importantes negocios, en muchas ocasiones aparecen junto a nosotros como niños desesperados porque ya no pueden disponer más de sus chequeras. En el ámbito de la familia, ten cautela con los testamentos.
Las enfermedades fulminantes llegan en forma sorpresiva, y si tus papeles no estuvieran en orden, padecerás muchas humillaciones a través de tribunales y escribanías. Sobre todo, no te apegues demasiado a los lazos consanguíneos. Ama a tu esposa, a tus hijos y a tus parientes con moderación, teniendo la seguridad de que un día estarás ausente y que, por eso mismo, generalmente, actuarán en desacuerdo con tu voluntad, aunque respeten tu memoria.
No te olvides que en el actual nivel educativo terrestre, si bien es cierto que algunos de sus aprendices registran la presencia extra terrena, después de los funerales, los intimarán a descender a los infiernos, temiendo un regreso inoportuno. Si ya posees el tesoro de la fe religiosa, vive de acuerdo con los preceptos que abraces. Es muy grande la responsabilidad moral de aquel que ya conoce el camino y que no se equilibra dentro de él. Haz todo el bien que puedas sin preocuparte por satisfacer a todos.
Convéncete de que si no sientes simpatía por determinadas criaturas, hay mucha gente que te soporta con mucho esfuerzo. Por esa razón, en cualquier circunstancia, conserva tu noble sonrisa. Trabaja siempre, trabaja sin cesar. El trabajo es el mejor diluyente de nuestras angustias. Ayúdate mediante el leal cumplimiento de tus deberes. En cuanto a lo demás, no te agobies ni indagues en exceso, porque con más o menos tiempo, la muerte te ofrecerá su tarjeta de visita imponiéndote el conocimiento de aquello que por ahora, no te puedo decir.
* XAVIER, Francisco Cândido. Cartas e Crônicas. Por el Espíritu Irmão X. Capítulo 4.
