21 marzo 2021

HOMENAJE A SOL DE ELENA BAS

 PROFESORA ESCUELA DE LONGEVIDAD

 

A Sol, mi amada maestra, amiga y madre espiritual.

¡Qué decir de Sol!

Tengo ya 65 años y el tiempo me ha pasado ahora veloz pero, han sido casi 40 años de profunda amistad, respeto mutuo y amor desinteresado.

Me la presentó el Dr. Verdú. Me dijo un día “Vas a conocer a una gran profesora de yoga” y, allí estaba ella esperándome con los brazos abiertos junto a su marido Gunnar, en la puerta de su ashram en Alfaz. Fueron unos años de ir y venir los fines de semana a ese paraíso donde yo podía practicar el “karma yoga” (trabajo desinteresado)

Mi hija Elena, que, por entonces tenía 6 ó 7 años, me acompañaba con frecuencia. Gunnar, le hacía preciosos collares con flores de jazmín de su jardín.

Sol, me decía: “no hagas nada de la casa”, tú estudia yoga, aprende sánscrito y Gunnar “no, Elena, tiene que aprender inglés”. Con Gunnar pasaba 3 ó 4 horas, después de comer, hablando de Dios. Eran los momentos más felices de mi vida. El me decía “el amor es la gran fuerza que une al universo y todo lo que en él hay”.

Después de unos años, ellos venían a mi casa de Valencia, Gunnar estaba delicado de salud y visitaba a un médico cercano a la mía. Yo les agasajaba en mi pequeña escuela de yoga y casa. Me quedaba esperándoles hasta muy tarde y ya tenían preparada la cena vegetariana, sus zumos naturales. ¡Es que eran mis padres espirituales! Les amaba.

Luego, Gunnar, desencarna y quedo desolada. ¡Ya no hablaría con nadie más como solía hacerlo con él, de la vida espiritual.

Sol se traslada a su departamento en Benidorm y ya mis visitas se ciñen a ir de vez en cuando. ¡Pero siempre deseando verla! Hablábamos por teléfono todos los meses. Nos escribíamos cartas a mano. Luego, llegaron los e-mails.

Sol era “mi paño de lágrimas”. Nunca me daba consejos. Solo me animaba a seguir “el camino”. Y yo, con fuerzas renovadas tras nuestros encuentros, conversaciones o, escritos, seguía con mi vida cotidiana, mi familia…

Me introdujo en el Espiritismo al mismo tiempo que se consolidaba su centro y, me presentó a Divaldo. Asistía a congresos espiritas tanto en Benidorm como en Valencia donde ya pertenecía al grupo espirita con mi querida Santi de presidenta.

Sol, el 27 de diciembre del año 2019 me envió el libro “Al borde del infinito” de Divaldo. ¡Que letras y pensamientos tan profundos del espíritu de Joanna de Angelis!

En mayo del año 2019 fui con dos alumnas de mi escuela de yoga a verla. Fue un emotivo encuentro para las tres y, sería ya la última vez que la vería y ambas lo sabíamos.

El 23 diciembre del año 2020 tenía billete y hotel reservado en Benidorm para ir a verla pues un mes antes tuve un maravilloso sueño pero claramente premonitorio de su desencarnación. El viaje tuve que cancelarlo por el cierre perimetral por la pandemia. Lloré mucho.

En mi sueño, Sol, estaba vestida con un traje muy especial, gaseado pero no transparente. Iba como andando en lateral en un bello jardín de flores de colores desconocidos y nos decía a todos los que la mirábamos “me voy donde siempre quise estar”.

Al escribir esto me voy quedando con estos dos últimos años de nuestros encuentros vía Skype ¡quien nos lo iba a decir a las dos, estando lejos estábamos cerca!

José Alonso, con mucha paciencia y su generosidad enmarcaba el ordenador en la estancia de la casa de Sol para los que, vivíamos fuera, pudiésemos participar de las reuniones espíritas en el centro “Anna Franco” de Benidorm, los sábados, de donde ella era presidenta.

 

Querida Sol, amiga, maestra, mi madre espiritual, gracias por haber compartido retazos de nuestras vidas, enseñarme lo que es el “Amor” y entrega a los demás y, como te dije un día, “Espero tus noticias cuando estés en el cielo” y, ella, me guiñaba un ojo, me cogía de las manos y me decía “seguro que si”.

Namasté, Sol.

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