ACTIVIDADES PRESENCIALES CADA 15 DÍAS

ACTIVIDADES PRESENCIALES Y PASES CADA 15 DÍAS - VER

22 julio 2022

VESTIMENTA DE LOS ESPÍRITUS

 


 

Todas las distinciones sociales, los títulos y las riquezas  se estiman en su justo valor. Todos somos iguales ante el peligro, el sufrimiento y la muerte. Todos los hombres, desde el más encumbrado al más miserable, están amasados con el mismo barro. Cubiertos de andrajos o de trajes suntuosos, sus cuerpos están animados por Espíritus del mismo origen y todos volverán a encontrarse mezclados en la vida futura. Su mérito moral será lo único que los distinguirá. El primero en este mundo puede llegar a ser uno de los últimos en el espacio, y el mendigo podrá verse revestido de fulgurante ropaje. No despreciemos pues a nadie. No nos envanezcamos con ventajas y favores pasajeros. Nadie sabe lo que le está reservado mañana. (León Denis. Después de la muerte)

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Las declaraciones de los médiums videntes coinciden en describir a los Espíritus vistiendo, normalmente, alguna clase de ropa.

 

Hay sensitivos que registran los trajes de los espíritus con gran riqueza de detalles. Hablan de una variedad de hechuras y de coloridos sorprendentes. Se refieren a ropas de periodos históricos, típicas, con adornos característicos. Perciben tejidos livianos, fluctuantes, de encaje; pesados o toscos; túnicas de los más variados colores; pantalones, camisas, sacos, chalecos, corbatas; polleras largas o cortas; blusas o chaquetas, vestidos, uniformes; indumentarias ricas, antiguas o modernas; ropas modestas, muy pobres y hasta andrajosas y harapientas.

 

Algunas de las vestimentas descritas sobresalen por su estampado de vivos colores, como es el caso de los espíritus que se presentan con la apariencia de gitanos, exhibiendo incluso, collares, aros grandes, pulseras.

 

Algunos espíritus se muestran con uniformes militares muy antiguos o de épocas más recientes; otros ostentan armaduras y cascos y empuñan armas. Están también aquellos que esconden totalmente la cabeza con una capucha.

 

Entre los trajes observados, la túnica es el más común. Como bien refiere la médium Ivonne Amaral Pereira, los Espíritus a menudo se muestran vestidos como lo hacían cuando estaban en el cuerpo físico; los hombres con el traje que acostumbraban usar, las mujeres con los vestidos de uso habitual. Algunos pocos exhiben, la ropa con que fueron sepultados. (05)

 

Es oportuno mencionar que algunos Espíritus pueden ser observados totalmente desvestidos. La médium antes citada, en su obra «Descifrando lo Invisible», al hablar de sus ricas observaciones a través de la videncia en estado normal, o en procesos de desdoblamiento, afirma que “hay espíritus no encarnados, aquellos que fueron hombres y mujeres de baja condición moral, que se arrastraron en existencias consagradas a los excesos carnales, a la relajación de las costumbres, que pueden en efecto, aparecer desnudos a los Mediums, revelando en escenas realmente desagradables, que les fueron habituales en el estado humano, la degradación mental en la que todavía permanecen (..).» (06)

 

Una cuestión interesante es saber donde consiguen los Espíritus sus ropas y complementos. En «La Génesis» y en «El Libro de los Mediums» de Allan Kardec, se encuentra la respuesta a esa pregunta.

 

Dice el Codificador de la Doctrina de los espíritus que éstos manipulan los fluidos espirituales a través del pensamiento y de la voluntad. «… Por el pensamiento, imprimen a aquellos fluidos tal o cual dirección, los aglomeran, combinan o dispersan, organizan con ellos conjuntos que presentan una apariencia, una forma, una coloración determinadas (…).» Los fluidos espirituales son, por consiguiente, el elemento del mundo espiritual de donde los Espíritus extraen las sustancias para los fines más diversos. «(…) Con el auxilio de este principio material, el periespíritu toma la apariencia de vestimentas semejantes a las que el espíritu usaba cuando estaba vivo (…).» (02)

 

Hay Espíritus que se perciben vestidos y no tienen idea de cómo pasa esto. En otras palabras, no siempre tienen el conocimiento de cómo se forman sus vestimentas. Ellos aportan a su formación actuando instintivamente. (03)

 

Los Espíritus se visten y modifican la apariencia de los trajes que usan según les place, con la exclusión de algunos muy inferiores y criminales, generalmente obsesores de la más baja especie, cuya mente no posee vibraciones capaces de poder efectuar la admirable «Operación plástica» requerida. Por esto mismo, la apariencia de estos últimos suele ser chocante para el vidente, por la fealdad o simplemente por la miseria, pues se presentan cubiertos de andrajos y harapos, como si estuvieran empapados de lodo, o embozados en largos sudarios negros, con mantos o capas que les envuelven los hombros y la cabeza. (04)

 

Describe León Denis, en «Después de la Muerte», que la vestimenta fluídica revela la superioridad del espíritu; es como una envoltura formada por los méritos y cualidades adquiridos en la sucesión de sus existencias. Se suele mostrar opaca y sombría en el alma inferior. Su blancura aumenta según los progresos realizados y se vuelve cada vez más pura. Se torna brillante en el espíritu elevado, deslumbra en las almas superiores (…).» (07)

 

Sin embargo, muchas de esas entidades se inclinan sobre nuestro hombro y leen con nosotros, interesadas, lo que estudiamos, lo que testifica que la vida espiritual es simple como nuestra propia vida, sólo que a continuación de ésta.

 

Hemos observado que algunas de tales entidades se colocan los anteojos a los que estaban habituadas cuando encarnadas, para leer mejor con nosotros… como hemos dicho, generalmente, las que hacemos son lecturas escogidas o del Evangelio, que proyectan con vigor la personalidad y los hechos de Cristo, o de obras espiritas que mejor -lleguen al corazón. De este modo, esos pequeños y sufridores toman afecto por el médium que los ayudó en los días difíciles y de ahí en adelante se transforman en sus amigos fervorosos, estableciéndose, entonces, indisolubles lazos de fraternidad.

 

Hace cerca de un año, de madrugada, estaba todavía despierta cuando se presento a nuestra visión un Espíritu cuyo deceso carnal debía haberse dado entre sus treinta y ocho y cuarenta años de edad. Vestido pobremente, con un traje azul marino, muy gastado, camisa blanca también bastante usada, corbata negra atada con cierto, descuido. Escuálido y abatido, infinitamente triste pero resignado a su condición, colocó su mano sobre la nuestra en un gesto fraterno y dijo:

Vengo a agradecerle los votos que ha hecho en mi favor, a la bondad de Dios… Sus ruegos me han ayudado tanto que hasta mi familia, a la que dejé en la tierra, fue beneficiada… Me llamo Joaquín… y mi nombre está registrado en su cuaderno de notas…

 

Constatamos, entonces, que ese visitante era un suicida… y al materializarse pudimos observar que había tierra en su indumentaria, es decir, rastros de la parcela de tierra donde había sido sepultado, así como su mente permanecía afecta al vestuario que habitualmente usaba cuando estaba vivo y con el cual había ido también a la sepultura. 


Como, en efecto, poseemos un cuaderno donde registramos nombres de suicidas y de personas fallecidas en general, conocidos o tomados de las noticias de los diarios, procuramos verificar si realmente existía en dichos registros aquel simple nombre. Y de hecho, encontramos entre dos suicidas un Joaquín Pires; se trataba, por lo tanto, de uno de los destacados de las noticias de los diarios, recomendado para las oraciones y las lecturas diarias. Y estamos seguras de que será un buen amigo, cuyo afecto habrá de acompañarnos por siempre, en el futuro…

 

Hasta el presente, los espíritus mejor «trajeados» y más bellos que tuvimos ocasión de observar, a través de materializaciones, durante la vigilia y también en el mundo invisible, en ocasión del desdoblamiento del cuerpo astral, han sido los que citamos a continuación.

 

La entidad que se denomina Charles, martirizado por amor al Evangelio en el siglo XVI, en Francia, durante la famosa matanza de San Bartolomé, por lo común se deja ver con ropas de iniciado Hindú; se mostró una única vez con ropas de príncipe indio, dado que en el siglo XVII fue soberano en la India.

 

Federico Chapín, que ya ha cambiado la indumentaria cuatro veces, en sus apariciones, se dejo percibir en dos de ellas, refinadamente vestido a la usanza de su época (refinado de Luis Felipe, en Francia); pero envuelto por completo en una especie de neblina de color de reflejo lunar azulado traslúcido.

 

Víctor Hugo, de quien solo pudimos distinguir el busto, también apareció envuelto en neblinas luminosas, plateadas, con intensos reflejos azules, sin que pudiéramos distinguir la «hechura» de los trajes. La falange de iniciados hindúes de la que somos pupila espiritual, con todos sus integrantes esforzándose por ser contemplados con su «uniforme» característico, las gemas del anillo y del turbante incluso, envueltos en neblinas luminosas con reflejos azules.

 

Lázaro Zamenhof, el creador del Esperanto, vaporoso pero muy humanizado con su traje del siglo XX, circundado por un halo formado por ondas concéntricas, que podrían indicar su elevado trabajo intelectual (detalle también observado en Víctor Hugo), y su configuración periespiritual difuminada por un chorro de luz radiante, verde claro, igualmente de forma concéntrica.

 

Y, por último, una presencia muy noble, observada en el año 1930, cuya identidad ignoramos, a quien denominamos Ángel Guerrero, por las características del cuadro en que se dejó contemplar. Sin embargo, creemos que se trata de algún integrante de la legión protectora del Brasil o del movimiento Espirita del Brasil. Lo cierto es que llevaba puesta una túnica griega, corta, sujetada con un cinturón dorado; una diadema discreta, una simple franja de oro en la cabeza y que guiaba una vara romana que parecía construida con alabastro. Con la mano derecha empuñaba las riendas, aunque sin que aparecieran los caballos y, con la izquierda, una bandolera de grandes dimensiones, de la inmaculada blancura, donde se leía: – «¡Salve, Brasil inmortal!»

 

Era notorio en esa entidad, materializada de tal manera, el tipo oriental, el árabe y también evocaba el tipo brasileño muy conocido en el Estado de Goias. Era joven, bello y sonriente y lo envolvía un esplendor de color rosa, que se esparcía a su alrededor y se prolongaba a lo largo de una multitud que entonaba himnos y portaba banderolas, formando un cortejo detrás de la biga. No nos extenderemos en particularidades acerca de esa visión porque no lo consideramos interesante para estas páginas.

 

No obstante, jamás fuimos informadas de la identidad de tan hermoso Espíritu. Agregaremos, tan solo, que su aparición señaló una etapa definitiva en nuestra vida y en nuestras labores espiritas.

 

* * *

 

Por lo común, los Espíritus se nos aparecen como lo hicieron durante la existencia carnal: los hombres con el traje que usaban habitualmente, poniendo un acento en este o aquel detalle que los identifique mejor; las mujeres, de igual modo, con los vestidos que de preferencia usaban. Muy raramente, algunos se dejan ver con la indumentaria con que fueron sepultados y algunos otros con los trajes que deseaban poseer pero que no llegaron a usar.

 

Dos meses después del fallecimiento de nuestra madre, nosotros y otras tres personas de la familia, la vimos al concurrir a una reunión para orar en su favor, cubierta con un traje de gabardina azul marino, con una bufanda de seda cuadriculada blanca y negra, prendas que ella prefería para los viajes de visita a sus hijos durante los últimos meses que vivió.

 

Una de nuestras tías, la Sra. C. A. S. Fallecida en el interior del Estado de Sao Paulo, en 1950, unos veinte días después de su tránsito se presento a nuestra visión en Río de Janeiro, diciendo que había venido a visitarnos pues se sentía nostálgica. Llevaba un traje azul y un velo de encaje negro le cubría el cuerpo por completo, de la cabeza a los pies. Observamos que su configuración periespiritual era chocante. El velo la incomodaba horriblemente y se debatía, afligida e irritada, tratando en vano de quitárselo. Le agradecimos la visita, y el interés por la soledad en que vivimos, pues fue entonces que aseguró que estaba apenada por las pruebas con que estábamos luchando y la invitamos a orar a fin de que se liberase de aquel incomodo manto, aunque no nos fuera posible comprender que era lo que podía causar semejante fenómeno. Alrededor de un mes más tarde, sin embargo, supimos por una persona de la familia que había estado presente en su funeral, que nuestra tía había sido sepultada con un traje azul marino oscuro y con un velo de encaje negro que le cubría el rostro y el cuerpo, precisamente se trataba de la mantilla tipo español, que usaba para asistir a misa y tomar la comunión, como buena católica que había sido.

 

Una hija del espiritista Sr. Antonio Augusto dos Santos, residente en Bello Horizonte, tres días después de la muerte de su hermana Elizabeth, una niña de catorce años de edad, la vio de madrugada, en su propio dormitorio, flotando en el aire y cubierta con un suntuoso vestido de baile, estilo «Emperatriz Eugenia». Tan extraordinaria era la luz que la circundaba, que iluminaba todo el aposento, que permitió a la vidente observar detalles tales como el diseño del encaje que adornaba el vestido, pliegues, cintas, flores, etc.

 

Afirma la joven vidente que el vestido estaba salpicado de pequeñas perlas, como gotas de rocío, detalle que también hemos observado en dos de las cuatro indumentarias periespirituales presentadas por la entidad Federico Chopin. Como inspirada y promisoria artista de la pintura, la hija del Sr. Antonio dos santos dibujó, al día siguiente, en forma minuciosa, la visión que había tenido a la madrugada, permitiendo ver los detalles del vestido que la niña muerta, de ninguna manera había poseído cuando estaba viva. Tal materialización, espontánea e inspirada, tuvo el don de reanimar y consolar a los desolados padres de la joven fallecida, que se mantenían vencidos ante la acerba prueba.

 

Por otro lado, Espíritus plenamente espiritualizados como Adolfo Becerra de Menezes y Bittencourt Sampaio, fueron observados vistiendo una larga túnica vaporosa, nívea, centelleante, levemente coloreada de azul. El primero también suele dejarse ver con un delantal de médico, con gorro, mientras que Bittencourt, a quien vimos una sola vez, el día de una gran prueba hace muchos años, posiblemente por su calidad de «poeta del Evangelio», tenía una corona de laureles o de mirto o de roble, como los antiguos intelectuales griegos y latinos.

 


 
 

 

Hay Espíritus despojados del envoltorio corporal, aquellos que fueron hombres o mujeres de baja condición moral, que se arrastraron en existencias consagradas a los excesos carnales, a la relajación de las costumbres, que pueden, en efecto, aparecer desnudos a los Médiums, revelando incluso en escenas degradantes, a las que estaban habituados en el estado humano, la degradación mental en la que todavía permanecen.

 

Y el médium, cuyo compromiso es justamente ese, ser intermediario entre los dos planos de la vida, debe contemplar y revelar, aunque horrorizado y a la fuerza, el realismo que sus instructores espirituales le permiten entrever en el Más Allá de la Tumba, para satisfacer a los que están interesados en las informaciones acerca de este palpitante asunto.

 

Sin embargo, es común que los encarnados se presenten con la apariencia que más le agrade. Los acontecimientos más antiguos están ahí, esparcidos a través de los siglos, atestiguando que sea de fluido cósmico universal, de éter sublimado o de fluido espiritual, de materia quintaesenciadas, de gases o de vaporizaciones o simplemente como consecuencia de la fuerza mental proyectada sobre las fibras ultrasensibles del periespíritu, lo cierto es que la mayoría de los habitantes del Más Allá se deja ver con ropas que varían desde lo bello y esplendoroso hasta lo miserable y horrible.

 

Los Médiums también suponían que los espíritus  no se vestían. Pero, ante lo que su propia visión constata, ¿Qué deberán afirmar, sino lo que les hacen ver del mundo invisible? Es decir, ¿Qué ven los espíritus «trajeados» con varios modelos y que eso es común en el plano espiritual? ¿Y a veces, hasta muy artística y suntuosamente vestidos?

 

Los Espíritus pueden vestirse sirviéndose de los ricos elementos diseminados en el Universo, sobre los cuales obran voluntaria e insensiblemente, utilizando las fuerzas del pensamiento y de la propia voluntad.

 

Ahora bien, de todo lo que acabamos de mencionar y atentos a lo que exponen Allan Kardec, León Denis, Ernesto Bozzano, William Croques y otros, así como a lo que los propios no encarnados afirman incansablemente, extraeremos las siguientes 

CONCLUSIONES:

 

1º - que la mente del espíritu no encarnado crea para su configuración individual la indumentaria que desea, valiéndose de su voluntad, según su propio gusto estético, la necesidad, la sencillez de los hábitos, la humildad del carácter y el grado de elevación moral, mental y espiritual, pues el Espíritu posee libertad y aptitudes para conducirse de tal modo.

 

2º - que la mente del no encarnado también podrá evocar los hábitos y costumbres del pasado, conservar las imágenes de los trajes que prefirió, incluso en una existencia remota e imprimirlas en la sensibilidad plástica del periespíritu y así presentarse a sus iguales del Más Allá de la Sepultura, tanto como a los Mediums, en materializaciones espontáneas e individuales o provocadas para visión colectiva.

 

3º - que el Espíritu del que recién se ha despojado del envoltorio carnal, podrá padecer el fenómeno de repercusión vibratoria de los acontecimientos verificados en el cuerpo carnal, durante la crisis del lento desligamiento de las energías fluídicas que lo unían a aquel, en ocasión del desenlace, sobresaliendo en dicho fenómeno el detalle particularmente impresionante de la naturaleza de la indumentaria con la cual lo sepultaron, fenómeno que sin embargo, se produce generalmente con las identidades muy arraigadas a la materia.

 

4º - que el periespíritu, cuyas esencias y propiedades son impresionables y, por tanto, se amoldan a la acción plástica del pensamiento, con una sutileza indescriptible; por tener la propiedad de expandirse y contraerse; y al ejercer la energía mental un ascendiente irresistible sobre dichas propiedades, le confieren la forma que desee o que pudiere, sea inconscientemente o sin la participación de su voluntad, puesto que ese poder mental es natural a la psiquis del ser, un atributo del espíritu, aunque este lo ignore, así como la inspiración y la expiración son atributos irresistibles y casi imperceptibles de la organización físico material.

 

5º - Que poseer propiedades plásticas tan sutiles y minuciosas y por estar el Espíritu arraigado a la materia, a pesar de haberse despojado ya del envoltorio corporal, por eso mismo, repercutirán en su mente o en su periespíritu, las impresiones más fuertes o los acontecimientos que afectan al cadáver, dado que poderosas, transcendentes, atracciones magnéticas ligan al cuerpo carnal al ser espiritual, para la buena marcha de la encarnación terrestre y que, en muchos casos, tales afinidades se prolongan por algún tiempo, hasta después de la muerte del envoltorio carnal e incluso después de su total descomposición.

                                                                                      

6º - Finamente, que a la par de tal fenomenología de la mente y de la voluntad, existen en el mundo espiritual elementos, fluidos, esencias, gases, energías, materias particularmente transcendentales, desconocidas por los hombres y las entidades inferiores y mediocres, las cuales, accionadas por la voluntad del desencarnado, de elevada categoría moral e intelectual, se podrán transformar en hermosas apariencias de indumentaria variadas, que al vidente le parecerán muy concretas (como realmente lo son para el mundo espiritual), estructuradas en rayos luminosos o en vaporosos destellos.

 

 ¿Los hombres, por su parte, no se visten también con los productos de su propia mente? ¿Acaso la elaboración del lino y del algodón, como la producción de la seda; la maquinaria de las fábricas que tejen sus hilos, transformándolos en vistosos brocados y encajes costosos, no fueron antes creaciones mentales, para después concretarse en un vestuario rico y suntuoso? Cuando el hombre desea embellecerse, ¿no es su mente la primera en crear aquello que deseó, para después, él mismo, concretar ese deseo con la materia que dispone en el plano terrenal? … Y el universo Infinito, concreto, estable, eterno, ¿no es el producto de la Mente Divina? ¿Y no hereda la Humanidad, de su Creador, porciones de Su Superioridad?...

 

Trabajemos, pues, y vigilemos, para que algún día los productos de nuestra fuerza mental puedan glorificarnos, en vestimentas de luz, en la realidad de la vida espiritual…

 


BIBLIOGRAFÍA

 

01. KARDEC, Allan. Los fluidos. La Génesis. Trad. de Nora V. Casadellá de Girard. Buenos Aires, Editora Argentina «18 de Abril», Item 14, p.

02. ____. El Libro de los Mediums. Trad. de Alberto Giordano. 3. ed. Buenos Aires, Editora Argentina «18 de Abril», 1983. item 128, p.

03. ____. Ítem 128, p. Programa V Aspecto Científico

04. PEREIRA, Yvone A. como se trajam os Espíritos... In: ____. Devassando o Invisível. 7. ed. Rio de Janeiro, FEB, 1987. p. 47.

05. ____. p. 54.

06. ____. p. 57.

.07. DENIS, León. La vida superior. Después de la muerte. Trad. de Cesar A. Comet. 3. ed. Buenos Aires, Editorial Kier, 1967. p.

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