09 julio 2021

PROFUNDIZANDO EN EL PERIESPÍRITU

LAS REVELACIONES DEL ESPÍRITU ANDRÉ LUIZ SOBRE EL PERISPÍRITU (Psicografiado por Chico Xavier)
 

¡Si los hombres encarnados pudieran entender la importancia del estudio que hace referencia al cuerpo periespiritual! André Luiz (Trabajadores de la vida eterna - Capítulo 5)

 

¿Cuáles son las principales características del periespíritu?

Las revelaciones hechas por el Espíritu André Luiz psicografiado por Chico Xavier, permitieron relacionar las siguientes características del periespíritu, que varían según el grado de elevación de cada Espíritu.

Con estas detalladas revelaciones hechas por André Luiz, percibimos que el periespíritu de cada Espíritu asume sus propias características según:

- las acciones realizadas en el mundo;

- el tipo de vida

- condiciones morales;

- de las vibraciones íntimas;

- de acciones y emisiones mentales;

- la naturaleza de las emociones, los sentimientos y los pensamientos;

- el grado de evolución espiritual,

- y cualidades, nobles o no.

 

Por lo tanto, hemos de gestionar bien estos factores para constituir un periespíritu con buenas características, que nos permitirá disfrutar de las Bienaventuranzas.

 


EL PERIESPÍRITU RECIBE LOS REFLEJOS DE LA CONDUCTA MORAL ADOPTADO DURANTE LA VIDA CORPORAL.

"El organismo espiritual presenta en sí mismo la historia completa  de las acciones realizadas en el mundo. (Nuestro Hogar - Cap. 4.)

"La zona de sus intestinos presenta graves lesiones con rastros muy exactos de cáncer; la región del hígado revela dilaceraciones; los riñones muestran signos de agotamiento prematuro. (Nuestro Hogar - Cap. 4.)

"La causa de tus males persistirá en ti mismo, hasta que te libres de los gérmenes de la perversión de la salud divina, que añadió a su cuerpo sutil el cuerpo sutil por el descuido moral y el deseo de disfrutar más que los los demás". (Nuestro Hogar - Cap. 5)

 

EL ESPÍRITU AL ESTAR CONSTITUIDO DE MATERIA SUTIL CONSIGUE ELEVARSE POR ENCIMA DE LA CORTEZA TERRESTRE

Nuestros cuerpos y los de nuestros compañeros encarnados presentan una diversidad esencial. Imaginemos el círculo de la superficie terrestre como un océano de oxígeno. Las criaturas terrestres son elementos pesados que se mueven en el fondo, mientras nosotros somos como las gotas de aceite, que pueden elevarse hasta la superficie sin mayores dificultades, por las cualidades de los materiales de que estamos constituidos. (Los Mensajeros - Cap. 37)

 

EL PERIESPÍRITU DESEMPEÑA UN PAPEL IMPORTANTE EN EL PROCESO DE FORMACIÓN  Y MANTENIMIENTO DEL CUERPO MATERIAL, AL SERVIRLE DE MOLDE SUTIL.

En la sede mental y consecuentemente, en el cerebro, tenemos todos los registros de distribución de los principios vitales a los núcleos celulares, inclusive el agua y el azúcar. Los centros metabólicos son grandes talleres de incesante trabajo.La mente humana, aunque es indefinible por las limitadas concepciones científicas de la Tierra, es el centro de toda manifestación vital en el planeta. Cada órgano, cada glándula,amigo mío, integra el cuadro de servicio de la máquina sublime, construida en el molde sutil del cuerpo espiritual preexistente y, por eso mismo, llegará el tiempo en que la ciencia reconocerá cualquier abuso del hombre como una ofensa causada a sí mismo. (Los Mensajeros - Cap. 49.)

El pobrecito aún no puede comprender que el cuerpo físico es apenas una leve sombra del cuerpo espiritual; (Misioneros de la Luz - Cap. 3.)

Usted no ignora que el cuerpo humano tiene sus actividades propiamente vegetativas, pero tal vez aún no sepa que el cuerpo periespiritual, que da forma a los elementos celulares, está fuertemente radicado en la sangre. En la organización fetal, el patrimonio sanguíneo, es una dádiva del organismo materno. 

Después del nacimiento, se inicia el período de asimilación diferente de las energías orgánicas, en que el “yo” reencarnado ensaya la consolidación de sus nuevas experiencias y solamente a los siete años de vida común,comienza a presidir, por sí mismo, el proceso de formación de la sangre, elemento básico de equilibrio al cuerpo periespiritual o forma preexistente, en el nuevo servicio iniciado. 

Por tanto, la sangre, es como si fuera el fluido divino que nos fija las actividades en el campo material, y en su flujo y reflujo incesantes en la organización fisiológica, nos suministra el símbolo del eterno movimiento de las fuerzas sublimes de la Creación Infinita. Cuando su circulación deja de ser libre, surge el desequilibrio o enfermedad y si surgen obstáculos que impiden su movimiento, de manera absoluta, entonces sobreviene la extinción del tono vital, en el campo físico, al cual le sigue la muerte con la retirada inmediata del alma. (Misioneros de la Luz - Cap. 13.)

Por eso mismo, en su desenvolvimiento embrionario, el futuro cuerpo del hombre no puede ser distinto de la formación del reptil o del pájaro. Lo que opera la diferenciación de la forma, es el valor evolutivo, contenido en el molde periespiritual del ser que toma los fluidos de la carne. (Misioneros de la Luz - Cap. 13.)

 

EL PERIESPÍRITU POSEE CENTROS DE FUERZA SIMILARES A LOS SISTEMAS QUE RIGEN EL CUERPO MATERIAL

Analizando la fisiología del periespíritu, clasifiquemos a sus centros de fuerza, aprovechando los recuerdos de las regiones más importantes del cuerpo terrestre. Tenemos, así, por expresión máxima del vehículo que nos sirve en el presente, el centro coronario, que en la Tierra, es considerado por la filosofía hindú como el loto de mil pétalos por ser el más significativo en razón de su alto potencia l de radiaciones dado que en él se asienta la unión con la mente, fulgurante sede de la conciencia. Ese centro recibe en primer lugar los estímulos del espíritu, comandando a los demás, vibrando así mismo con ellos, en justo régimen de interdependencia. 

Considerando en nuestra exposición los fenómenos del cuerpo físico, y satisfaciendo a los impositivos de simplicidad en nuestras definiciones, debemos decir que de el centro coronario emanan las energías de sostenimiento del sistema nervioso y sus subdivisiones, siendo el responsable por la alimentación de las células del pensamiento y el proveedor de todos los recursos electromagnéticos indispensables a la estabilidad orgánica. Es, por eso, el gran asimilador de las energías solares y de los rayos de la Espiritualidad Superior capaces de favorecer la sublimación del alma. 

A continuación, anotamos el “centro cerebral”, contiguo al centro coronario, que ordena las percepciones de variada especie, percepciones esas que, en la vestimenta carnal, constituyen la visión , la audición, el tacto y la vasta red de procesos de la inteligencia con relación a la Palabra, a la Cultura, al Arte, al Saber. Es en el “centro cerebral” que poseemos el comando del núcleo endocrino, referente a los poderes psíquicos. 

A continuación tenemos el “centro laríngeo”, que preside a los fenómenos de la voz. Incluso, las actividades del timo, de la tiroides, y de las paratiróides. Después, identificamos el “centro cardíaco”, que sostenía los servicios de la emoción y del equilibrio general. 

Continuando en nuestras observaciones, señalamos el “centro esplénico” que, en el cuerpo denso, está situado en el bazo, regulando la distribución y la circulación adecuada de los recursos vita les por todos los rincones del vehículo que nos servimos. 

Continuando, identificamos el “centro gástrico”, que se responsabiliza por la penetración de alimentos y fluidos en nuestra organización y, por fin, tenemos el “centro genésico”, en el que se localiza el santuario del sexo, como templo modelador de formas y estímulos . (Entre la tierra y el cielo. Cap. 20)

 

EL PERIESPÍRITU ESTÁ EN PERMANENTE INTERACCIÓN CON EL CUERPO MATERIAL

Ellos se alimentan diariamente, de formas mentales, sin utilizar su boca física, valiéndose de la capacidad de absorción del organismo periespiritual, pero aún no sienten la extensión de esos fenómenos en sus experiencias diarias. 

En el hogar, en la vía pública, en el trabajo, en las diversiones, cada persona recibe el alimento mental que le es proporcionado por aquellos con quien convive, condimentado por el magnetismo personal de cada uno. De esa alimentación dependen, la mayoría de las veces, los estados íntimos de felicidad o de disgusto, de placer o de sufrimiento, en inmenso porcentaje de encarnados que todavía no alcanzaron el dominio de sus propias emociones.

 Según puede observar, el hombre también absorbe materia mental a todas horas, asimilándola dentro de sí mismo, en los círculos más íntimos de su propia estructura fisiológica. (Misioneros da Luz - Cap. 18.)

Del mismo modo que el cuerpo físico puede ingerir alimentos venenosos que intoxiquen sus tejidos, también el organismo periespiritual puede absorber elementos degradantes que le corroen los centros de fuerzas, con reflejos sobre las células materiales. 

Si la mente de la criatura encarnada aún no alcanzó la disciplina de las emociones, si alimenta pasiones que la desarmonizan con la realidad, puede, en cualquier momento, intoxicarse con las emisiones mentales de aquellos con quienes convive y que se encuentran en el mismo estado de desequilibrio. 

A veces, semejantes absorciones, constituyen simples fenómenos sin mayor importancia; pero, en muchos casos, son susceptibles de ocasionar peligrosos desastres orgánicos. Esto sucede, principalmente, cuando los interesados no llevan una vida de oración, cuya influencia benéfica puede anular innumerables males. (Misioneros da Luz - Cap. 19.)

 

EL PERIESPÍRITU ACOMPAÑA A LA EVOLUCIÓN DEL ESPÍRITU

 Aprendemos que el organismo periespiritual que nos condiciona en materia más suave y más plástica, después del sepulcro, es fruto igualmente del proceso evolutivo. No somos creaciones milagrosas, destinadas al adorno de un paraíso de cartón. Somos hijos de Dios y herederos de los siglos, conquistando valores, de experiencia en experiencia, de milenio en milenio. (En el mundo mayor. Cap. 3)

El prodigioso cuerpo del hombre en la Costra Terrestre fue erigido pacientemente, en el transcurso de los siglos, y el delicado vehículo del Espíritu, en los planos más elevados, viene siendo construido, célula a célula, en la estela de los milenios incesantes... (Entre la Tierra y el cielo. Cap. 20)

Nuestro organismo periespiritual, fruto sublime de la evolución, como ocurre al cuerpo físico en la esfera de la Tierra, puede ser comparado a los polos de un aparato eléctrico. El espíritu encarnado sufre la influencia inferior, a través de las regiones en que se sitúan el sexo y el estómago, y recibe los estímulos superiores, aún procedentes de almas no sublimadas, a través del corazón y del cerebro. 

Cuando la criatura busca manejar su propia voluntad, escoge la compañía que prefiere y se lanza al camino que desea. Aunque no escasean millones de influencias primitivas, manejando emociones y deseos, en bajos círculos, y abocándonos a caídas momentáneas en abismos del sentimiento destructivo, por los cuales ya peregrinamos hace muchos siglos, tampoco nos faltan millones de peticiones santificantes, invitándonos a la ascensión hacia la gloriosa inmortalidad. (Liberación. Cap. 3)

 

EL PERIESPÍRITU REFLEJA LAS CONDICIONES DEL ESPÍRITU

Preguntas si la mente desencarnada puede enfermar...

¡Qué pregunta! ¿Crees que la maldad deliberada no es una molestia del alma o que el odio no constituye una enfermedad terrible? ¿Supones que no existen “gusanos mentales” de la tristeza y de la inconformidad? Aunque podamos actuar en un cuerpo más sutil y suave, gracias a la naturaleza de nuestros pensamientos y aspiraciones, ya distantes de las zonas bajas de la vida que dejamos, no poseemos aún el cerebro de los ángeles.

Conservar la forma actual es un incesante trabajo, camino de conquistas más sublimes. No podemos descansar en los procesos iluminativos, debemos purificar siempre, seleccionar tendencias y cribar conceptos, para no interrumpir la marcha. (En el mundo mayor. Cap. 3)

 

EL PERIESPÍRITU DEFINE, POR SU DENSIDAD, LAS CONDICIONES DE LA MANIFESTACIÓN DEL ESPÍRITU, SEGÚN SU GRADO DE EVOLUCIÓN ESPIRITUAL

El periespíritu, recipiente de nuestras manifestaciones, es, por ahora, nuestra más alta conquista en la Tierra, en el capítulo de las formas. Para las almas esclarecidas, iluminadas de luz redentora, representa un puente para el campo superior de la vida eterna, aún no alcanzado por nosotros mismos

 

Para los espíritus vulgares, es la restricción indispensable y justa, para las conciencias culpables, es una cárcel intraducible, pues registra los errores cometidos, guardándoles con todas los detalles vivos de los momentos de la caída. El género de vida de cada uno, en el cuerpo físico, determina la densidad del periespíritu después de la pérdida del cuerpo denso. (En el mundo mayor. Cap. 3)

 

 

EL PERIESPÍRITU INFLUYE EN LA FORMACIÓN Y EL ESTADO DEL

SISTEMA NERVIOSO DEL CUERPO MATERIAL.

 

Todo el campo nervioso de la criatura constituye la representación de las potencias periespirituales, lentamente conquistadas por el ser, a través de milenios y milenios. Al renacer entre el cuerpo físico, nuestro periespíritu, que se caracteriza, en nuestra esfera menos densa, por una extrema ligereza y extraordinaria plasticidad, se somete, en el plano de la corteza, a las leyes de recapitulación, herencia y desarrollo fisiológico, en conformidad con el mérito o demérito que traemos y con la misión o el aprendizaje necesarios.

 

Aquí, (en el mundo espiritual) sin embargo, examinamos el organismo que modela las manifestaciones del campo físico, y reconocemos que todo el sistema nervioso es de

un orden sublime. La célula nerviosa es una entidad de naturaleza eléctrica, que diariamente se nutre del combustible adecuado.

 

Hay neuronas sensitivas, motoras, intermedias y reflejas. Existen las que reciben las sensaciones exteriores y las que recogen las impresiones de la conciencia. En todo el cosmos celular se agitan interruptores y conductores, elementos de emisión y de recepción.

 

 La mente es la orientadora de ese universo microscópico, en que billones de corpúsculos y energías multiformes se consagran a su servicio. De ella emanan las corrientes de la voluntad, determinando una amplia red de estímulos, reaccionando ante las exigencias del ambiente exterior, o atendiendo a las sugestiones de las zonas interiores. 

 

Colocada entre lo objetivo y lo subjetivo es obligada por la Divina Ley a aprender, comprobar, escoger, repeler, aceptar, recoger, guardar, enriquecerse, iluminarse y progresar siempre. Del plano objetivo, recibe la influencia de la lucha directa, de la esfera subjetiva, absorbe la inspiración, más o menos intensa, de las inteligencias desencarnadas o encarnadas que le son afines, y los resultados de las creaciones mentales que le son peculiares. Aunque permanezca aparentemente estacionaria, la mente prosigue su camino, sin retroceso, bajo la actuación de las fuerzas visibles o de las invisibles. (En el mundo mayor. Cap. 4)

 

EL PERIESPÍRITU ESTÁ SIEMPRE DE ACUERDO CON LA EVOLUCIÓN DEL ESPÍRITU

El salvaje presenta un cerebro periespiritual con vibraciones muy diferentes de las del órgano del pensamiento en el hombre civilizado. Bajo este punto de vista, el cerebro de un santo emite ondas que se distinguen de las de un científico.

 

En síntesis, el hombre de las últimas decenas de siglos representa a la humanidad victoriosa, emergiendo de la bestialidad primaria. De esta condición participamos nosotros, los desencarnados, en número de muchos millones de espíritus pesados, al no haber aligerado todavía el contenido de inferior calidad de nuestro periespíritu, eso es lo que nos impulsa a vivir, después de la muerte física, en formaciones afines, en sociedades realmente avanzadas, pero semejantes a las terrestres. 

 

Oscilamos entre la liberación y la reencarnación perfeccionándonos, puliéndonos, progresando, hasta conseguir, por el refinamiento propio, el acceso a expresiones sublimes de la vida Superior, que aún no nos es dado comprender. (En el mundo mayor. Cap. 4)

 

Debemos saber que aquí nuestra mente actúa en el periespíritu con poderes mucho más extensos, gracias a la especial naturaleza y elasticidad de la materia de que está revestido nuestro cuerpo astral. 

 

Pero a pesar de todo, en nuestro plano no nos evita las manifestaciones densas, las caídas lamentables o los trastornos enfermizos, porque la mente, el señor del cuerpo, incluso aquí, es accesible al vicio, al relajamiento y a las pasiones ruinosas. (En el mundo mayor. Cap. 4)

 

El periespíritu, para la mente, es una cápsula más delicada, más susceptible de reflejarle la gloria o el estado vicioso, en virtud de los tejidos menos densos de los que se constituye. En razón de eso, las almas decaídas, en un impulso de rebeldía contra los deberes que nos competen a cada uno, en los servicios de sublimación, se alían, unas a las otras, a través de organizaciones en las que exteriorizan, tanto como le es posible, las lamentables tendencias que les son peculiares. (Liberación. cap. 4)

 

 

EL PERIESPÍRITU PUEDE SUFRIR PROFUNDAS TRANSFORMACIONES Y PROFUNDAS MODIFICACIONES EN SU FORMA, REFLEJANDO LAS CONDICIONES MORALES DEL ESPÍRITU, ASÍ COMO SUS MÉRITOS O DEMÉRITOS Y SUS NECESIDADES DE EVOLUCIÓN O DE EXPIACIÓN.

 

El cuerpo periespiritual también se transforma y perece aunque esté estructurado en un tipo de materia más especial.

 

Viste a compañeros –prosiguió el orientador–, que se deshicieron de el periespíritu, rumbo a esferas sublimes, cuya grandeza por lo pronto no nos es dado sondear, y observaste a hermanos que se sometieron a operaciones reductibles y desintegradoras de los elementos periespirituales, para renacer en la carne terrestre.

 

Los ignorantes y los malos, los desviados y los criminales también pierden, un día, la forma periespiritual. Por la densidad de la mente, saturada de impulsos inferiores, no consiguen elevarse y gravitan alrededor de las pasiones absorbentes que, por muchos años, eligieron como centro de intereses fundamentales. Gran número, en esas circunstancias, en especial los participantes de condenables delitos, se imantan a los que se asociaron en los crímenes.

 

Estamos aún presos a las aglutinaciones celulares de los elementos fisio-periespirituales, tanto como la tortuga permanece encadenada a la concha. Nos sumergimos dentro de los fluidos carnales y de ellos nos liberamos, en vicioso vaivén, a través de numerosas existencias, hasta que despertamos a la vida mental, para expresiones santificadoras. Somos cual arbustos del suelo planetario. 

 

Nuestras raíces emocionales se sumergen, más o menos profundamente, en los círculos de la animalidad primitiva. Viene la hoz de la muerte y siega las ramas de nuestros deseos terrenos; sin embargo, nuestros vínculos guardan una gran vitalidad, en las camadas inferiores, y renacemos entre aquellos mismos que se convirtieron en nuestros asociados de largas eras, a través de luchas vividas en común, y a los cuales nos encadenamos por la comunión de intereses de la línea evolutiva en la que nos encontramos. (Liberación. Cap. 6)

 

 

 

EL PERIESPÍRITU REFLEJA LAS EMOCIONES DEL ESPÍRITU

 

Tenemos ante nosotros al vehículo espiritual, por excelencia vibrátil. El cuerpo del alma se modifica, profundamente, según el tipo de emoción que le fluye de lo íntimo. Eso, por cierto, no es novedad. En la misma Tierra, la máscara física se altera en la alegría o en el sufrimiento, en la simpatía o en la aversión. 

 

En nuestro plano, semejantes transformaciones son más rápidas y exteriorizan aspectos íntimos del ser, con facilidad y seguridad, porque las moléculas del periespíritu giran en más alto patrón vibratorio, con movimientos más intensos que las moléculas del cuerpo carnal. La conciencia, como punto de apoyo anímico, se expresa, de ese modo, en la materia sutil con poderes plásticos más avanzados. (Entre la tierra y el cielo. Cap. XIV)

 

 

 

EL PERIESPÍRITU TIENE UN GRADO DE CONDENSACIÓN O SUTILEZA ACORDE AL GRADO DE EVOLUCIÓN DEL ESPÍRITU

 

El crecimiento del influjo mental, en el vehículo electromagnético en que nos movemos, tras abandonar el cuerpo terrestre, está en la medida de la experiencia adquirida y archivada en nuestro propio espíritu. Atentos a semejante realidad, es fácil comprender que sublimamos o desequilibramos el delicado agente de nuestras manifestaciones, según el tipo de pensamiento que nos fluye de la vida íntima. 

 

Cuanto más nos acercamos a la esfera animal, mayor es la condensación oscurecedora de nuestra organización, y cuanto más nos elevamos, al precio del esfuerzo propio, rumbo de las gloriosas construcciones del espíritu, mayor es la sutileza de nuestra envoltura, que pasa a combinarse fácilmente con la belleza, con la armonía y con la luz reinante en la Creación Divina. (Entre la tierra y el cielo. Cap. 20)

 

Los Espíritus pueden perder la forma humana de presentación de su periespíritu, surgiendo como esferas ovoides. Estas son poco mayores que un cráneo humano, variando mucho en las particularidades; algunas tienen movimiento propio, como si fuesen grandes amebas, otros parecen en reposo, aparentemente inertes, ligados al halo vital de otras entidades.

 

En Evolución en Dos Mundos, André Luiz explica que, innumerables desencarnados, poseídos por la idea de hacer justicia con las propias manos o apegados a vicios viles, por repetir, infinitamente, esas imágenes degradantes, acaban en deplorable fijación monoideística, fuera de las nociones de espacio y tiempo, sufriendo, entonces, enormes transformaciones en la morfología del periespíritu. 

 

Por falta de función, los órganos de ese cuerpo sutil quedan retirados, surgiendo, entonces, la forma ovoide. ¿Cuál es la situación psíquica de esos ovoides? La mayoría de ellos duermen en extrañas pesadillas, incapaces de exteriorizaciones mayores. Son, en verdad, “fetos o amebas mentales, movilizables, con todo, por entidades perversas o rebeladas”.¿Cómo quedan en la reencarnación? Así como la simiente tirada a la cueva oscura formará el árbol adulto, los ovoides se desarrollarán, normalmente, como embriones y fetos humanos, formando el nuevo cuerpo de carne, en compañía de socios afines, disfrutando de la bendita oportunidad de acertar ante la ley universal del amor. 

 


 

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