ACTIVIDADES PRESENCIALES CADA 15 DÍAS

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02 junio 2022

NATURALEZA DE LOS FLUIDOS

 


 

Los Espíritus Superiores nos ilustran en cuanto a que existe un fluido etéreo que llena el espacio y penetra los cuerpos. Ese fluido es el éter o materia cósmica primitiva, generadora del mundo y de los seres. Son inherentes a él las fuerzas que han determinado las metamorfosis de la materia, las leyes inmutables y necesarias que rigen el mundo.


Esas múltiples fuerzas, infinitamente variadas según las combinaciones de la materia, localizadas según las masas, diversificadas en sus modos de acción de acuerdo a las circunstancias y a los medios, se conocen en la Tierra con los nombres de gravedad, cohesión, afinidad, atracción, magnetismo, electricidad activa.


Los movimientos vibratorios de ese agente llevan los nombres de sonido, calor, luz, etc. En otros mundos dichas fuerzas se presentan con otros aspectos, revelan otras características desconocidas en la Tierra y, en la inmensa amplitud de los cielos, se han desarrollado fuerzas en número indefinido, en una escala inimaginable, cuya magnitud somos tan incapaces de evaluar como lo es el crustáceo, en el fondo del océano, para comprender la universalidad de los fenómenos terrestres.


Así como hay una única sustancia simple, primitiva, generadora de todos los cuerpos pero diversificada en sus combinaciones, todas esas fuerzas dependen de una única ley universal diversificada en sus efectos, que por los designios eternos fue impuesta soberanamente a la creación a fin de imprimirle armonía y estabilidad.


La enorme diversidad de cuerpos materiales que existen en el universo, incluso en nuestro planeta, se debe a que como son ilimitadas en su número las fuerzas que han regido sus transformaciones y las condiciones en que éstas se produjeron, las distintas combinaciones de la materia no podían dejar de ser ilimitadas. Por consiguiente, ya sea que la sustancia considerada pertenezca a los fluidos propiamente dichos, es decir a los cuerpos imponderables, o que presente los caracteres y las propiedades ordinarias de la materia, sólo hay en todo el universo una única sustancia primitiva: el cosmos o materia cósmica de los uranógrafos (investigadores de la teoría sobre la formación de los planetas).


Los Espíritus Superiores nos ilustran asimismo en cuanto a que la materia cósmica primitiva contenía los elementos materiales, fluídicos, vitales de todos los sistemas solares que ostentan su magnificencia en la eternidad. Es ella la madre fecunda de todas las cosas, la primera antecesora, la generatriz eterna.


La sustancia de donde provienen las esferas siderales no ha desaparecido; esa potencia no ha muerto, pues sin cesar prosigue dando a luz nuevas creaciones, así como sin cesar también recibe los principios reconstituidos de los mundos que borran sus rastros del libro eterno. La sustancia etérea que con mayor o menor enrarecimiento se difunde por los espacios interplanetarios; ese fluido cósmico que llena el mundo, con mayor o menor enrarecimiento, en las inmensas regiones, exuberantes de aglomeraciones de estrellas; con mayor o menor condensación donde el cielo astral no brilla aún; más o menos modificado por diversas combinaciones, de acuerdo con las regiones de la inmensidad, no es otra cosa que la sustancia primitiva donde residen las fuerzas universales, de donde la naturaleza ha extraído todas las cosas.


El Espíritu André Luiz explica que en el fluido cósmico, concebido como el plasma divino, aliento del Creador o fuerza nerviosa del Todo Sabiduría, vibran y viven constelaciones y soles, mundos y seres, como peces en el océano. En esa sustancia original, al influjo del Señor Supremo, ejercen su acción las Inteligencias Divinas que a Él se han sumado en un proceso de comunión indescriptible, extraen de ese hálito espiritual los depósitos de energía con los cuales construyen los sistemas de la Inmensidad, en un servicio de Creación conjunta en nivel superior, de conformidad con los designios del Todo Misericordioso, que los convierte en agentes orientadores de la Excelsa Creación.



El fluido cósmico universal es la materia elemental primitiva y sus modificaciones y transformaciones constituyen la gran variedad de los cuerpos de la Naturaleza. Como principio elemental del Universo, asume dos estados diferentes: el etéreo o de imponderabilidad, que se puede considerar como el primitivo estado normal, y el de materialidad o de ponderabilidad que es, en cierta manera, consecuente de aquel. El punto intermedio es el de la transformación del fluido en materia tangible. Pero, aún allí, no se produce una transición brusca, porque a nuestros fluidos imponderables se los puede considerar como un término medio entre los dos estados.


Cada uno de esos dos estados produce fenómenos especiales: a Los fluidos ponderables los del mundo visible, y a los fluidos imponderables los del mundo invisible. A unos se los llama fenómenos materiales y son del dominio específico de la Ciencia propiamente dicha, los otros, calificados como fenómenos espirituales o psíquicos porque se relacionan de un modo especial a la existencia de los Espíritus, pertenecen a las atribuciones del Espiritismo. Pero, como la vida espiritual y la vida corporal están incesantemente en contacto, muchas veces, los fenómenos de las dos naturalezas se producen simultáneamente.


En el estado de encarnación el hombre sólo puede percibir los fenómenos psíquicos que se relacionen con la vida corporal; los que son del dominio espiritual, escapan a los sentidos materiales y sólo pueden ser percibidos en el estado de Espíritu.


En el estado etéreo, el fluido cósmico no es uniforme; sin dejar de ser etéreo sufre modificaciones muy variadas dentro de su género, y tal vez, más numerosas que en el estado de materia tangible. Esas modificaciones componen distintos fluidos, que aunque proceden del mismo principio, tienen propiedades especiales y originan los fenómenos peculiares del mundo invisible.


Dentro de la relatividad de todo, esos fluidos tienen para los Espíritus, que también son fluídicos, una apariencia tan material como la de los objetos tangibles para los encarnados, y equivalen par a ellos lo que las sustancias del mundo terrestre son para nosotros. Los Espíritus los elaboran y combinan para producir determinados efectos, como hacen los hombres con sus materiales, aunque lo realizan mediante procesos diferentes.


De esta manera, todos los cuerpos, sustancias y fluidos que existen en la naturaleza
se originan en esa materia primitiva. Los fluidos, objeto de estudio de esta Guía, varían a lo infinito.


Los más puros se confunden con el fluido cósmico universal. El punto opuesto es aquel en el que éste se transforma en mate ria tangible. Entre esos dos extremos, se producen innumerables transformaciones que se aproximan a uno o al otro extremo en mayor o menor grado.


Los fluidos más próximos a la materialidad, los menos puros, componen, por consiguiente, lo que podemos llamar la atmósfera espiritual de la Tierra. Es de ese medio, cuyo grado de pureza también varía, que los Espíritus encarnados y desencarnados de este planeta extraen los elementos necesarios para la economía de sus existencias. Por sutiles e impalpables que nos parezcan, esos fluidos no dejan de ser de naturaleza grosera, si los comparamos con los fluidos etéreos de las regiones superiores.


Entre tanto, hay que recordar que toda la Naturaleza está inmersa en el
fluido divino. Ahora bien, en virtud del principio que establece que las partes de un todo son de la misma naturaleza y que tienen las mismas propiedades que él, cada átomo de ese fluido, por así decirlo, posee el pensamiento y los atributos esencia les de la Divinidad, y como ese mismo fluido está en todas partes, todo está sometido a su acción inteligente, a su providencia, a su solicitud. 

 

No hay ningún ser, por ínfimo que nos parezca, que no esté saturado de él. Entonces, nos encontramos constantemente en presencia de la Divinidad; no podemos sustraer a su mirada ninguna de nuestras acciones; nuestro pensamiento está en contacto continuo con su pensamiento, por eso hay pues razón para decir que Dios ve hasta lo más profundo de nuestro corazón. Estamos en él como él está en nosotros, según la palabra de Cristo.


- Propiedades de los fluidos


Al esclarecernos sobre las propiedades de los fluidos –agentes y medios de acción del mundo invisible que constituyen una de las fuerzas y de las potencias de la Naturaleza- el Espiritismo nos brinda la clave de innumerables hechos y cosas que no habían tenido explicación y que son inexplicables de otro modo, hechos y cosas que se consideraron prodigiosos en otras eras.


Del mismo modo que el magnetismo, el Espiritismo nos revela una ley, que aunque no era desconocida, no se la comprendía, o mejor dicho, efectos conocidos por todos, porque se habían producido en todos los tiempos, pero que eran inexplicables porque se ignoraba la ley que los producía, y de esa ignorancia surgió la superstición.


Algunas propiedades de los fluidos:


• Se utilizan como vehículo del pensamiento.


• El cuerpo físico y el periespíritu, como subproductos del fluido cósmico universal, poseen fluidos específicos y el fluido vital es uno de los más importantes.


• Los fluidos espirituales, que constituyen uno de los estados del fluido cósmico universal son, hablando con propiedad, la atmósfera de los seres espirituales; el elemento de donde extraen los materiales sobre los que operan; el medio donde se
producen los fenómenos especiales perceptibles a la vista y a la audición del Espíritu, pero que escapan a los sentidos carnales, que sólo se impresionan con la materia tangible; el medio donde se forma la luz peculiar del mundo espiritual,
diferente, por su causa y por sus efectos, de la luz ordinaria.


• De la misma manera, utilizamos los elementos fluídicos condensados para construir los materiales que existen en el plano físico, ya que la materia es, en todos sus estados, el agente, el intermediario con cuya ayuda y sobre el cual
actúa el Espíritu (desencarnado o no).


- Cualidades de los fluidos


Sería imposible enumerar o clasificar a los buenos y a los malos fluidos, o especificar sus respectivas cualidades, porque la diversidad de ellos es tan grande como la de los pensamientos. Los fluidos no poseen cualidades singulares, sino que las adquieren en el medio donde se elaboran; se modifican a través de los efluvios de ese medio como se modifica el aire con las exhalaciones, el agua con las sales de los estratos que atraviesa.


Según las circunstancias, las cualidades son, como las del agua o las del aire, temporarias o permanentes, lo que los torna especialmente apropiados para producir tales o cuales efectos. También carecen de denominaciones particulares.

Como a los olores, se los designa por sus propiedades y por sus efectos y tipos originales.


Desde el punto de vista moral, tienen el cuño de los sentimientos de odio, de envidia, de celos, de orgullo, de egoísmo, de violencia, de hipocresía, de bondad, de benevolencia, de amor, de caridad, de dulzura, etc.


Desde el aspecto físico, son excitantes, calmantes, penetrantes, astringentes,
irritantes, dulcificantes, soporíferos, narcóticos, tóxicos, reparadores, expulsores; se convierten en fuerza de transmisión, de propulsión, etc.


El cuadro de los fluidos sería pues el de todas las pasiones, de todas las virtudes y de todos los vicios de la Humanidad, así como el de las propiedades de la materia correspondientes a los efectos que ellos producen.


La acción de los Espíritus sobre los fluidos espirituales tienen consecuencias de
importancia capital y directa para los encarnados. Como esos fluidos son el vehículo del pensamiento, y como éste puede modificar sus propiedades, es evidente que deben de estar impregnados de las cualidades buenas o malas de los pensamientos que los hacen vibrar, y que se modifiquen según la pureza o impureza de los sentimientos. 

 

Los malos pensamientos corrompen los fluidos espirituales como los miasmas deletéreos corrompen el aire que se respira. Por lo tanto, los fluidos que envuelven a los malos Espíritus o que éstos proyectan, están viciados, mientras que los que reciben la influencia de los buenos Espíritus, son tan puros como lo sea el grado de perfección moral de estos.


Los Espíritus desencarnados imprimen a los fluidos del plano espiritual esta o
aquella dirección, los aglomeran, combinan o dispersan, organizan con ellos conjuntos que presentan una apariencia, una forma, una coloración determinadas; cambian sus propiedades como un químico cambia la de los gases o la de otros cuerpos combinándolos según ciertas leyes.


Es el gran taller o laboratorio de la vida espiritual. Algunas veces, esas transformaciones son el resultado de una intención; otras, son el producto de un
pensamiento inconsciente. Basta que el Espíritu piense una cosa para que ésta se
produzca, como basta que module un aria para que ésta repercuta en la atmósfera.


Se podrá decir que se pueden evitar a los hombres que sabemos son
malintencionados. Si, sin ninguna duda, pero, 

¿cómo huiremos de la influencia de los malos Espíritus que pululan en torno de nosotros y que se introducen en todas partes sin que los veamos?


El modo de actuar es muy sencillo, porque depende de la voluntad del ser humano que tiene consigo el medio de defensa necesario. Los fluidos se combinan a través
de las semejanzas de sus naturalezas; los que no son semejantes, se repelen; hay
incompatibilidad entre los buenos y los malos fluidos como entre el aceite y el agua.


¿Qué se hace cuando el aire está viciado? 

 

Se procede a sanearlo, se busca depurarlo mediante la destrucción del foco de miasmas disipando los efluvios malsanos por medio de las más fuertes corrientes de aire saludable.


Así pues, la invasión de los malos fluidos requiere que se le opongan fluidos buenos, y, como cada uno tiene en su propio periespíritu una fuente fluídica permanente, todos tienen en sí mismos el remedio para ser aplicado. Sólo se trata
de purificar esa fuente y de darle determinadas cualidades que la transformen en una fuerza que repela las malas influencias en vez de que sea una fuerza de atracción.


Ahora bien, como sus cualidades tienen relación con las del alma, es importante que se trabaje para mejorarla, porque son las imperfecciones del alma las que atraen a los malos Espíritus. De la misma manera, los Espíritus malos van hacia donde el mal los atrae; si el mal se elimina, se apartarán de él. Los Espíritus realmente buenos, encarnados o desencarnados, no han de temer la influencia de los malos.

Ver entrada sobre el Alma (clic aquí)

O o O o O o O o O o O


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